domingo, 30 de diciembre de 2007
Me despertaron los gritos de Mónica muy temprano y casi no pude dormir durante el resto de la mañana. Estaba muy cansado, me había acostado a las dos de la mañana con la intención de dormir después de una semana de trabajo y no lo pude hacer. La mujer se la pasa gritando, anunciando sus problemas a los cuatro vientos o a un interlocutor invisible. También le grita a la hija que se le escapa de un lugar a otro y por momentos quiere entrar a mi cuarto. Cada día hay un problema nuevo, ahora parecen que la hechan del piso y claro, yo también estoy en el asunto. Me pidió 300 E. de préstamo pero no se los voy a dar, ya le presté varias veces, aunque no tanto y no puedo seguir perdiendo dinero que no me devuelve, al final... para que trabajo? Estoy cansado de estar mal, no tener un lugar cómodo para estar, llegar cansado del trabajo y no poder sentirme "en mi casa", escuchar los gritos, no tener alguien con quien hablar en paz, es una mierda, siento angustia, soledad, hasta cuando. Trabajo con angustia y cuando llego también tengo angustia. Había pensado quedarme aquí hasta que llegue mi hermano pero viendo como son las cosas quizás tenga que buscar un lugar para febrero. Ya no aguanto más, hasta donde tengo que esperar. Gritos, problemas, todo sobre mí. Encima no llama ningún inquilino para la otra habitación y así menos va poder pagar los 1200 Euros que debe para que no la hechen. Le dije que haga papelitos anunciando el piso que yo le hago fotocopias y los pego por los negocios de la zona. En eso estoy pero me siento ridículo e inutil, cansado, sólo, triste y con frío. Bueno, tengo trabajo, comida, un lugar para dormir, algunos ahorros y estoy en Barcelona pero quiero estar mejor, poder conectarme con la gente y dejar esta soledad que me acosa y por fin vivir en un lugar cómodo. Siempre el destino te saca algo, como si hubiera algo alla arriba que te da y te saca y no permitiera que tuvieras lo suficiente para estar completo. El año pasado no tuve un euro pero estaba bien en ese piso del Borne, ahora tengo un poco de dinero pero no sé como usarlo, ya probé en varios pisos y las dos fueron malas experiencias, quizás sea mi culpa, por no saber elegir por seguir mal sin hacer nada. Quiero liberarme, sentirme libre y en armonía; el problema es mi falta de acción y mi inmovilidad. No puedo estar siempre con soledad, angustia y sin buscar lo que me puede hacer mejor. Pero quizás la vida sea eso, considerar lo poco y bueno que se tiene y pensar que siempre se puede estar peor pero este pensamiento puede ser un conformismo ya que al mismo tiempo tengo todo para estar bien y no puedo, como si estuviera desaprovechando mis días y mis posibilidades y sufriera innecesariamente. Sigo leyendo a Robinson Cruzoe.
viernes, 28 de diciembre de 2007
Estuve en Sant Boi. Hacía mucho tiempo que no venía hasta acá. Durante un mes trabajé en este pueblo casi todos los días, creo que fue por abril o quizás por Mayo, no recuerdo con exactitud; recuerdo que el 15 de abril, el día que cumplí años estuve haciendo encuestas por este pueblo, aunque no me sentí tan desolado como hubiera pensado, fue el primer cumpleaños en que pasé todo el día sólo sin un amigo y sin hermanos. Festejé en soledad mi cumpleaños.
En aquella época los trenes llegaban directos de Plaza España, no como ahora que con las obras del AVE hay que hacer combinaciones. Del tren al bus y del bus al tren, depende adonde una vaya pero siempre hay que hacer cambios y por lo tanto siempre hay retrasos. El otro día tardé 2 horas en llegar desde Barcelona hasta Viladecans después de varias combinaciones realmente increíbles.
Hoy me tocó hacer encuestas por el barrio de Casablanca de Sant Boi así que al bajarme del tren tuve que tomarme un bus hasta esa zona. Aquí también ya había estado varias veces. Es más, me acuerdo de la primera vez que vine, fue en marzo de este año y todavía no había cobrado mi primer sueldo con las encuestas, no tenía nada de dinero, por la mañana desayunaba bien y pasaba casi todo el día sin comer hasta que volvía pero en esa época estaba mi hermano y me sentía más acompañado. Recuerdo que aquella vez me empezó a doler mucho la cabeza y me fui con cinco encuestas aunque en esa época hacía generalmente siete cada día.
Hoy trabajé siempre en la calle Juan XXIII, donde hay algunos negocios y bares. Empecé hacia la 1 de la tarde y a las seis paré en uno de estos bares a tomar un cocaolat (chocoloate) caliente con la idea de seguir hasta las 8 pero me sentía bien en el bar y me fui quedando más tiempo del planeado. Miraba en la pared una pintura de un pueblo vacío de la costa brava, me refugiaba en esa pintura,en el pueblo, en el mar, en la tranquilidad del paisaje con la barca, el pescador, las rocas y el sol que se filtraba entre las nubes, me hubiera gustado estar adentro de la pintura, me hubiera gustado vivir un tiempo en ese pueblo o en uno en el sur de Italia sin preocupaciones, tener una pequeña casa y vivir con una chica que me gustara, escuchar todo el día rock, punk, pop y música en general, pintar, hacer collages con dibujos y fotos de revistas, ver películas; trabajar desde mi casa escribiendo algunas notas... y así pensaba en una vida apasible, sueños, ilusiones. Se hicieron las siete y decidí volverme a Barcelona con la cantidad de encuestas hechas, 5, igual que aquella vez que recién empezaba, no tenía más ganas de trabajar. En la parada de bus me acordé mucho de mis primeros tiempos en este trabajo cuando cada día empezaba con miedo y strees por temor a no lograr hacer encuestas. Ahora es otra cosa, estoy más tranquilo, pero cansado, cada día vuelvo más cansado a lo que se agrega el frío y la soledad de estar en España. Ya pasaron diez meses desde que empecé a trabajar y un año y medio desde que estoy en Cataluña. Quien sabe si seguiré aquí o me iré a otro lugar. Me gustaría cambiar de Pais, donde se hable otra lengua, quizás Irlanda, Inglaterra o Italia pero empezar de nuevo no es fácil, conocer la ciudad, buscar trabajo, conseguir habitación, trámites y todo eso que no me gusta hacer... si me fuera con alguien tal vez sería diferente pero estoy sólo; aunque la verdad que extraño Argentina cada vez más pero ahora no podría volver, tengo que hacer mi camino que no se cual es aunque duela y por momentos se parezca a cruzar un desierto. Me pregunto como puedo estar tan sólo pero no encuentro respuesta y pienso que en Buenos Aires no tenía trabajo ni nada que hacer pero casi todos los días me encontraba con mis amigos y nos quedábamos en la casa de nuestros padres o íbamos a un bar de Rivadavia o Av. La Plata y nos quedábamos hablando mucho tiempo, a veces hasta la madrugada.
En aquella época los trenes llegaban directos de Plaza España, no como ahora que con las obras del AVE hay que hacer combinaciones. Del tren al bus y del bus al tren, depende adonde una vaya pero siempre hay que hacer cambios y por lo tanto siempre hay retrasos. El otro día tardé 2 horas en llegar desde Barcelona hasta Viladecans después de varias combinaciones realmente increíbles.
Hoy me tocó hacer encuestas por el barrio de Casablanca de Sant Boi así que al bajarme del tren tuve que tomarme un bus hasta esa zona. Aquí también ya había estado varias veces. Es más, me acuerdo de la primera vez que vine, fue en marzo de este año y todavía no había cobrado mi primer sueldo con las encuestas, no tenía nada de dinero, por la mañana desayunaba bien y pasaba casi todo el día sin comer hasta que volvía pero en esa época estaba mi hermano y me sentía más acompañado. Recuerdo que aquella vez me empezó a doler mucho la cabeza y me fui con cinco encuestas aunque en esa época hacía generalmente siete cada día.
Hoy trabajé siempre en la calle Juan XXIII, donde hay algunos negocios y bares. Empecé hacia la 1 de la tarde y a las seis paré en uno de estos bares a tomar un cocaolat (chocoloate) caliente con la idea de seguir hasta las 8 pero me sentía bien en el bar y me fui quedando más tiempo del planeado. Miraba en la pared una pintura de un pueblo vacío de la costa brava, me refugiaba en esa pintura,en el pueblo, en el mar, en la tranquilidad del paisaje con la barca, el pescador, las rocas y el sol que se filtraba entre las nubes, me hubiera gustado estar adentro de la pintura, me hubiera gustado vivir un tiempo en ese pueblo o en uno en el sur de Italia sin preocupaciones, tener una pequeña casa y vivir con una chica que me gustara, escuchar todo el día rock, punk, pop y música en general, pintar, hacer collages con dibujos y fotos de revistas, ver películas; trabajar desde mi casa escribiendo algunas notas... y así pensaba en una vida apasible, sueños, ilusiones. Se hicieron las siete y decidí volverme a Barcelona con la cantidad de encuestas hechas, 5, igual que aquella vez que recién empezaba, no tenía más ganas de trabajar. En la parada de bus me acordé mucho de mis primeros tiempos en este trabajo cuando cada día empezaba con miedo y strees por temor a no lograr hacer encuestas. Ahora es otra cosa, estoy más tranquilo, pero cansado, cada día vuelvo más cansado a lo que se agrega el frío y la soledad de estar en España. Ya pasaron diez meses desde que empecé a trabajar y un año y medio desde que estoy en Cataluña. Quien sabe si seguiré aquí o me iré a otro lugar. Me gustaría cambiar de Pais, donde se hable otra lengua, quizás Irlanda, Inglaterra o Italia pero empezar de nuevo no es fácil, conocer la ciudad, buscar trabajo, conseguir habitación, trámites y todo eso que no me gusta hacer... si me fuera con alguien tal vez sería diferente pero estoy sólo; aunque la verdad que extraño Argentina cada vez más pero ahora no podría volver, tengo que hacer mi camino que no se cual es aunque duela y por momentos se parezca a cruzar un desierto. Me pregunto como puedo estar tan sólo pero no encuentro respuesta y pienso que en Buenos Aires no tenía trabajo ni nada que hacer pero casi todos los días me encontraba con mis amigos y nos quedábamos en la casa de nuestros padres o íbamos a un bar de Rivadavia o Av. La Plata y nos quedábamos hablando mucho tiempo, a veces hasta la madrugada.
miércoles, 26 de diciembre de 2007
Me levanté muy tarde, casi a las once. Sabía que hoy no trabajaba y lo que debía alegrarme no me alegró. Un día libre y sin embargo mi ánimo no estaba bien predispuesto. No muchas cosas que hacer, pero hice algunas. Primero me bañé y me afeité luego desayuné un café con unas tostadas con manteca y hablé con Guenia, Max y mi hermano. Bajé al locutorio de internet y en mi casilla tenía un mail de Gorchi, mi hermano de dieciseis años. Me contaba de la derrota de San Lorenzo el otro día y que había estado en la cancha con mi hermano Emiliano. Al salir del locutorio una chica que estaba sentada esperando su turno me miró insistentemente, con fijeza; yo también la miré pero no le dije nada. Otra vez la angustia, la imposibilidad de decirle algo, de que no me salgan las palabras. Era linda, me hizo bien al mirarme pero me quedé triste por no haberle hablado. Seguí caminando, miré un rato la iglesia Santa María del Mar, di una vuelta por el Borne y me acordé de la noche del viernes, cuando con Diego y Juan, dos chicos argentinos, cantamos y zapamos con una guitarra canciones de Los Redondos, Moris y Las Pelotas. La pasé muy bien aquella vez; dijeron que solían estar seguido debajo de la llama de fuego al lado de la iglesia pero al otro día no los encontré; les dí mi teléfono a los dos pero es imposible que se comuniquen conmigo porque mi celular se arruinó ayer, cuando un caño del bar donde trabajo se agujereó e inundó todo el local, incluída mi mochila con móvil adentro. Tampoco me puede llamar ninguno de los pocos conocidos de Barcelona. Los podría llamar yo pero hasta la semana que viene no cobro un Euro, es increíble hace cuarenta días que estoy sin plata, literalmente. Sólo tengo la comida en la alacena sin embargo vivo como siempre, debe ser que no me importa porque estoy en Europa y todo es novedoso y atractivo, si, es eso.
Por la tarde fui a la biblioteca pública de Sant pere Baix a devolver los libros y C.D. que saqué la semana pasada. El de "Los delincuentes" me gustó mucho. "Después del humo negro, hay que ser valiente y despertar y vivir, como vive la gente, hay que ser valiente amigo, tenemos que volar".
Por la tarde fui a la biblioteca pública de Sant pere Baix a devolver los libros y C.D. que saqué la semana pasada. El de "Los delincuentes" me gustó mucho. "Después del humo negro, hay que ser valiente y despertar y vivir, como vive la gente, hay que ser valiente amigo, tenemos que volar".
martes, 25 de diciembre de 2007
Me acuerdo de fines del 91, de las calles de mi barrio en caballito sur con las pintadas en las paredes sobre bandas emergentes de rock de la zona, también de las palabras que clamaban por "El Ciclón" en cualquier muro de P. Chacabuco. Yo mismo había escrito en viejas paredes con aerosoles comprados en el Carrefour, rápido y con miedo de que pase la policía o me viera algún vecino. Había escrito muchas veces "ciclón capo", por ejemplo. Me pregunto si aún quedará algún rastro de todo lo que escribí en el paredón que va desde Cachimayo hasta Emilio Mitre, donde se guardan y reparan los antiguos subtes de la línea A, frente a la casa donde viví con mis padres entre el 79 y el 99. Sobretodo esa pintada frente a la casa de la chica que me gustaba y salía bien temprano todos los días al colegio; me pregunto si alguna vez la habrá visto porque yo nunca le dije nada, solo le escribí. Me acuerdo de tanto, era una época rara, no entendía mucho, salía de la niñez y me identificaba con tantas cosas que veía alrededor. Todo me gustaba, y a mis ojos todo le resultaba nuevo, bohemio, melancólico, importante, trascendente, interminable. El parque Chacabuco por las mañanas cualquier día de semana en que no había clases, los días sábado por la tarde caminaba por los edificios de la calle Dávila, Baldomero Fernández Moreno, Primera Junta, Avenida del trabajo, Hortiguera, siempre caminaba por esas calles, muchas veces solo, alguna vez con Mónica, una chica con la que salí un par veces aunque nunca fue mi novia. Caminar y hablar por calles vacías y una siesta que poco a poco se desperezaba y todos parecían empezar a salir. La música era la misma en todo Buenos Aires los sábados por la noche, canciones de moda que sonaban en las discos de Flores o Belgrano, algunas de Ataque 77, Rata Blanca o Los Redondos me gustaban mucho.... y que lejos quedaba Saavedra, Coghlan, Belgrano, Devoto. Qué pasaría en esos barrios? cómo sería su gente? Cómo serían las niñas de allá? Seguramente también hermosas. Y las de Villa Luro , Mataderos, Liniers. Toda una ciudad enorme, calles y calles que cruzar para llegar hasta allá y cuantas veces emprendía esa caminata desde Bonifacio y Centenera. Cuantas veces había caminado por cualquier calle hasta el final en la General Paz y cuantas veces había vuelto por Tapalqué hasta Floresta y de ahí por Directorio, Bonifacio o Alberdi. Algunas veces me tomaba el colectivo a cualquier parte y comenzaba a caminar al azar: Paternal, Barracas, Chacarita, Ortuzar, el bajo belgrano, la cancha de excursionistas, adonde llegué ese verano del 92 con el colectivo 42. Pagué la entrada y vi el partido contra colegiales. Todo me sorprendió: Los cantos, los colores, la gente en el pequeño estadio. Lo mismo otro sábado en que con mi amigo Pody, hincha de Sarmiento, fuimos en el 126 a Mataderos a ver Chicago-Sarmiento y el empate 1-1 que vimos desde la popular local. Volví contento, experimentado, obserbava el barrio que estaba detrás de tribuna local, el famoso barrio hecho durante el peronismo, Mataderos... atrás de la ciudad, cuanto encerraba en sus calles al igual que el bajo flores por donde siempre caminaba, de Avenida del trabajo a la izquierda o por los pasajes a la derecha, Robertson, Cipolleti.... el caserón de Baldomero Fernandez Moreno... o caminaba por Varela hasta los edificios verdes junto al hospital Piñeiro donde vivía un compañero del colegio, más allá se construía el Nuevo Gasómetro y yo miraba la ciudad desde el piso alto. Tenía 15 o 16 años y los domingos iba a ver a San Lorenzo a la cancha de Velez o a Ferro, "Todos, todos tienen cancha, unas de cemento, otras de tablón, oh, oh, pero no me importa nada, no tienen la hinchada que tiene el ciclón" decía esa canción mientras se doblaban los tablones de Ferro en la calle Martín de Gainza con olor a bosta de caballo de la policía que custodiaba los partidos. Las pintadas amenazantes de una hinchada a otra en las paredes. Recuerdo unas que me daban mucha bronca y al mismo tiempo miedo: "cuervo: te vamos a llenar de plomo. La 12." o "Cuervo: Va a empezar a correr tu puta sangre. La 12", era el año 91 y muy fresco el recuerdo del caño sobre Saturnino Cabrera en ese suspendido San Lorenzo-Boca de diciembre de 1990, episodio trágico y repetido de la violencia en los estadios. Siempre recuerdos de cancha, asociados a una nostalgia que venía de una época no vivida pero que atravesaba casi todo el siglo veinte, gente saliendo con traje y sombrero del viejo gasómetro, los tranvías atestados sobre Avda. La Plata en 1929 por ejemplo o la cancha de boca atestada a principios de los 50. Los sábados veía tribunas con colores raros que no eran de la "A". Conocía barrios, miraba casas y edificios; conocía mi ciudad y la gente, las costumbres con muchas de las que me identificaba. A veces me acercaba a las villas. Con mi amigo Diego había entrado varias veces al Bajo Flores, había estado entre los pasillos, había hablado con la gente, Pablo vivía en el centro del bajo Flores, justo en el medio de la villa y con él entraba y me quedaba toda la tarde ahí. También solía entrar a una pequeña villa que estaba por la costanera, compraba en un almacén de adentro y me quedaba hablando. El bajo flores, ciudad oculta, Fuerte apache en la general paz ; era la pobreza de mi país pero también me gustaba estar allí, sentirme integrado aunque no viviera en el lugar. Así pasaban mis días a principio de los noventa con el Rock nacional y el Tango. Todos los discos que cambiaba con Leonel en el 91 y 92 : Manal, Moris, Spinetta, Pastoral, Charly, Goyeneche, Gardel. Era la música urbana y se me ponía la piel de gallina cuando escuchaba ciertos temas "Esto va para atrás" de Moris, cómo me gustaba esa canción que resumía en una frase todo lo que sentía. "Escuchame entre el ruido", "una casa con diez pinos", "a estos hombres tristes". Esa era mi música, sentía que era mía, no podía ser otra. "Salva tu piel, la ciudad, que llegó el verano, vive de Azul, que al morir, los hombres son blancos, tan blancos..." Y un video con esa canción de la misma ciudad que yo recorría ahora, una ciudad en blanco y negro, habitada por mis padres y abuelos, una ciudad que no conocía pero podía presentir, la antigua ciudad del 69.
sábado, 22 de diciembre de 2007
Después de dos horas de viaje en tren y media en "cremallera" llegué a vall de Nuria. Un paisaje de ensueño con montañas nevadas, un lago pequeño totalmente congelado, un hotel gigante que me hizo acordar a los de Chapadmalall hechos por Perón. Hermoso lugar, linda vista de los valles con pinos y nieve. En el pueblo de Ribas antes de tomar la cremallera hablé con dos chicas andaluzas y un chico canario que hacen la temporada en el restaurant del hotel. Me dijeron que en el restaurant buscaban trabajadores y me dieron el teléfono por si acaso. Hablamos un rato mientras yo miraba el paisaje, luego bajamos del transporte y entraron al hotel. Cambié el teléfono con el muchacho canario, no estaría mal trabajar aquí una temporada, sería una buena experiencia. No los vi más, me hubiera gustado hablar con una de las chicas andaluzas pero todo es así, vertiginoso, tenían que empezar a trabajar. Caminé un rato por el hotel, leí la historia del lugar y de la cremallera. Luego enganché con la telecabina y subí. Viajé sólo, muy poca gente, una especie de gigante paraíso fantasmal. En lo alto de la montaña había un albergue y un restaurant muy amplio con muy poca gente, me hizo acordar a la película "El Resplandor". Pedí un té y me senté a mirar el paisaje. Detrás mío había una montaña totalmente cubierta de nieve, adelante una cubierta parcialmente donde se podía ver mucha vegetación. No hay casi nadie aquí; en el fondo, unas mujeres leen revistas de modas y farándula. Hay un par de esquiadores jóvenes que entran al albergue con sus bolsos nuevos y ropas de marca aunque me da la impresión de que los que esquían aquí no tienen tanto dinero como los de otras pistas tipo las de andorra porque algunos llegan en tren con sus mochilas, es la primera vez que veo gente que llega en tren con los esquíes. Se que abajo mío está la pista aunque desde aquí no la puedo ver bien. Salgo del restaurante y me adentro en la montaña. Hago algunas pelotas de nieve y las tiro hacia el vacío. La nieve parece muy finita. Saco algunas fotos a los cerros blancos. Hay mucha niebla y el sol se oculta frente a mí tras la montaña frente a mí. Adelante se puede ver al pequeño tren que sube por el valle en el atardecer, es una vista de fantasía. Tomaré la cremallera de las seis y media de la tarde, luego tendré que esperar más de media hora al tren en la estación. Llegaré a Barcelona a eso de las diez y en Fabra y Puig habrá la congestión típica de la ciudad pero ahora miro la montaña y me cuesta creer que estoy en lo alto de Cataluña, frontera con Francia entre la nieve del principio de mi segundo invierno en Europa.
viernes, 21 de diciembre de 2007
Barberá del Valles es un lindo pueblo; es el que más me gustó de todos lo que trabajé el último mes . Desde la estación de trenes se puede ver una parte de la zona con casas bajas y unos blockes verdes y grises de altura mediana a la distancia; aunque en realidad este es el pueblo llamado Badía, otra zona. En el medio se ven árboles y a lo lejos las montañas del "valles". Por el verde y la amplitud de la zona da la impresión de estar mucho más alejado de Barcelona y no es así ya que en tren son unos veinte minutos desde Plaza Cataluña. Es la segunda vez en mi vida que vengo aunque pasé decenas de veces en el camino a terrasa; pienso que de vivir en un pueblo cercano a Barcelona viviría en este lugar, es pequeño y tranquilo, parece muy natural y apartado con montañas detrás aunque por ahora prefiero vivir en la ciudad. La otra vez que vine a trabajar me gustaron unos blockes sobre la plaza Rusiñol, además también me gustó la pequeña plaza con el bebedero de agua.
Hoy estuvo nublado y llovió de a ratos; todo parecía un poco apagado, incluso el campo cuando se iba abriendo luego del extraradio barcelonés; desde la ventanilla escasa gente por las calles; bajé del tren con muy pocas ganas de trabajar y me senté en el bar con un café. Mientrás miraba la ciudad vacía escuchaba las conversaciones detrás mío: Una chica se había olvidado los apuntes de la facultad en el tren y ahora el jefe de la estación trataba de comunicarse con Terrassa para que cuando el tren llegara recuperaran los apuntes. Hablaron mucho tiempo sobre más o menos esto: todo depende de la persona que encuentre las cosas, alguien las puede tirar, alguien las puede robar, alguien las puede devolver. Contaron anécdotas con respecto a esto, sacaron conclusiones con las que estuve de acuerdo, con las que no: la gente es buena aunque uno tienda a pensar lo contrario, aunque hay algunos a los que le gusta hacer maldades y quizás tire los apuntes por la ventana o se los lleve. Hablaron de anécdotas relacionadas con las perdidas y encuentros en los trenes. Muchos lugares comunes aunque ciertos, el eterno tema del bien y el mal. Mi conclusión: quizás haya más bondad y esto es alentador pero el mal es poderoso y destructivo y cuando este se produce no hay nada que hacer aunque pensar que hay más bien que mal produce tranquilidad y reconforta pero saber que el mundo está mal quizás por ese mal que sea tan poderoso...., Aunque en el bien también puede haber mal, en fin , el eterno dilema del yin- yan.
Diez minutos después encontraron las cosas de las chicas. Ella tomó el próximo tren a Terrassa para recuperarlas. Yo pagué el café y caminé hacia los blockes para hacer encuestas. La calle se llamaba Cantabrica, había negocios, cafés, fruterías, un especie de centrito. Empecé alrededor de las dos de la tarde luego de comer el sandwich de atún que tenía en la mochila en la escaleras que bajan desde la estación hacia Badía la parte izquierda del pueblo, primero las casas bajas lindas, luego los blockes verdes. Terminé casi a las siete de la tarde pero muy cansado; siento que cada vez tengo menos ganas de trabajar haciendo encuestas, no es como al principio que estaba entusiasmado y me esforzaba por hacer siempre siete, este mes a duras penas hago cinco cada día, serán las fiestas o el final del año o será que esto no me da más que dinero. Me siento un poco triste y sólo, siento que tampoco hago lo que me gustaría como escribir en alguna revista o periódico por ejemplo pero tampoco sé si lo podría hacer, además no busco algún trabajo en periodismo.. donde ir? con quien hablar? cuales son las conecciones? También me tiene mal el tema de no lograr vivir en un lugar que me guste y no hacer lo suficiente para cambiarme, además de casi no tener amigos. Bueno, espero a mi hermano que llega en 40 días, mientras tanto me cuesta erradicar la tristeza. Todavía no se con quien pasaré las fiestas, no arreglé con nadie, faltan sólo tres días y hay mucho ambiente del que no me puedo evadir. Diciembre 2007.
Hoy estuvo nublado y llovió de a ratos; todo parecía un poco apagado, incluso el campo cuando se iba abriendo luego del extraradio barcelonés; desde la ventanilla escasa gente por las calles; bajé del tren con muy pocas ganas de trabajar y me senté en el bar con un café. Mientrás miraba la ciudad vacía escuchaba las conversaciones detrás mío: Una chica se había olvidado los apuntes de la facultad en el tren y ahora el jefe de la estación trataba de comunicarse con Terrassa para que cuando el tren llegara recuperaran los apuntes. Hablaron mucho tiempo sobre más o menos esto: todo depende de la persona que encuentre las cosas, alguien las puede tirar, alguien las puede robar, alguien las puede devolver. Contaron anécdotas con respecto a esto, sacaron conclusiones con las que estuve de acuerdo, con las que no: la gente es buena aunque uno tienda a pensar lo contrario, aunque hay algunos a los que le gusta hacer maldades y quizás tire los apuntes por la ventana o se los lleve. Hablaron de anécdotas relacionadas con las perdidas y encuentros en los trenes. Muchos lugares comunes aunque ciertos, el eterno tema del bien y el mal. Mi conclusión: quizás haya más bondad y esto es alentador pero el mal es poderoso y destructivo y cuando este se produce no hay nada que hacer aunque pensar que hay más bien que mal produce tranquilidad y reconforta pero saber que el mundo está mal quizás por ese mal que sea tan poderoso...., Aunque en el bien también puede haber mal, en fin , el eterno dilema del yin- yan.
Diez minutos después encontraron las cosas de las chicas. Ella tomó el próximo tren a Terrassa para recuperarlas. Yo pagué el café y caminé hacia los blockes para hacer encuestas. La calle se llamaba Cantabrica, había negocios, cafés, fruterías, un especie de centrito. Empecé alrededor de las dos de la tarde luego de comer el sandwich de atún que tenía en la mochila en la escaleras que bajan desde la estación hacia Badía la parte izquierda del pueblo, primero las casas bajas lindas, luego los blockes verdes. Terminé casi a las siete de la tarde pero muy cansado; siento que cada vez tengo menos ganas de trabajar haciendo encuestas, no es como al principio que estaba entusiasmado y me esforzaba por hacer siempre siete, este mes a duras penas hago cinco cada día, serán las fiestas o el final del año o será que esto no me da más que dinero. Me siento un poco triste y sólo, siento que tampoco hago lo que me gustaría como escribir en alguna revista o periódico por ejemplo pero tampoco sé si lo podría hacer, además no busco algún trabajo en periodismo.. donde ir? con quien hablar? cuales son las conecciones? También me tiene mal el tema de no lograr vivir en un lugar que me guste y no hacer lo suficiente para cambiarme, además de casi no tener amigos. Bueno, espero a mi hermano que llega en 40 días, mientras tanto me cuesta erradicar la tristeza. Todavía no se con quien pasaré las fiestas, no arreglé con nadie, faltan sólo tres días y hay mucho ambiente del que no me puedo evadir. Diciembre 2007.
domingo, 16 de diciembre de 2007
Hoy estuve en Girona; es la segunda vez que visito la ciudad. Las dos veces vine en tren. La primera fue en Septiembre del año pasado, cuando cobré el primer sueldo de Block de ideas. Aquella vez había paseado con mi hermano pero como no teníamos cámara no nos llevamos ningún recuerdo fotográfico de esta pintoresca ciudad. Hoy saqué varias fotos en el centro histórico, en el río, en la catedral, en la estación, en el mirador, en las callecitas históricas. Hice el mismo recorrido que el año pasado. Subí hasta donde terminan los edificios de la Universidad y miré la ciudad desde arriba. Llegué hasta un mirador por una escalera caracol y ahí me quedé más de una hora mirando la ciudad hacia un lado y las verdes montañas hacia atrás. Para el lado de Francia se divisaban los pirineos muy lejos, algunos tenían nieve en sus puntas. Desde arriba se veía toda la comarca del Ampurdá, un paisaje suave y tranquilo. El viento era ameno y el sol me acariciaba con delicadeza. Me pregunté a cuantos quilómetros estaría el mar pasando las montañas que estaban detrás mío. En todo el tiempo que estuve no ascendió ningún ser humano al mirador pero sucedió un hecho muy curioso: un perro agotado subió las escaleras y se me quedó mirando con la lengua afuera; era de raza ovejero alemán con algunas manchas blancas, sin duda un perro muy simpático y peculiar, callejero y campestre por naturaleza. Me hizo compañía durante el tiempo que estuve y cuando bajé me siguió; luego, lo perdí de vista. En el jardín de abajo saqué algunas fotos. Una pareja de jóvenes fotografiaba el pequeño bosque con una cámara profesional. En el otro extremo del jardín un hombre hablaba en portugués por celular. Seguí por las pequeñas calles intrincadas, atravesé arcadas y túneles y bajé unas escaleras muy viejas. Calles y carteles que recordaban a personajes de hace trescientos años, curas, funcionarios, hombres honorarios de la ciudad. Atravesé otra vez el río y las casas pintorescas con colores de Florencia, saqué algunas fotos más desde el puente más importante. Después caminé hasta la estación de omnibus. Mi intención era poder llegar a plaja de Aro o a algún lugar de la costa brava antes de las cinco y estar un par de horas para poder sacar algunas fotos antes de que oscureciera pero todas las ventanillas de las empresas de omnibus estaban cerradas. Esperé un tiempo en la estación pero el único bus que se movía era el que iba al aeropuerto de esta pequeña capital. Al final decidí abordar un bus interurbano y dí una vuelta por Girona de media hora por tan sólo 1 euro con 15 céntimos. Retorné a la estación a las cuatro y media pero el tren a Barcelona recién salía a las 5: 15. Tenía hambre, me compré unas barras de cereal y me senté tranquilamente en la plaza de cemento con esculturas contigua a la estación. Luego saqué el billete y esperé que se hiciera la hora de vuelta. El regreso a Barcelona se hizo interminable, me sentía sólo y con una ansiedad que no podía calmar, ganas de hacer sin saber qué, como tantas otras veces.
jueves, 13 de diciembre de 2007
Rambla de Fabra i puig, barrio de San Andreu. Hace frío, son las seis de la tarde y ya oscureció. Por la salida del metro veo salir mucha gente, cambian de dirección, se dispersan; algunos se aprestan a cruzar y paran en la esquina a la espera de que corte el semáforo, otros bajan por la rambla. Yo también sigo ese camino en busca de un locutorio para escribir algo en el blog o para ver los mails. Hoy puedo ir a la clase de inglés con los mormones pero no tengo ganas de cruzar toda la ciudad hasta Sants, esperaré hasta el martes; ir a las clases de inglés después de trabajar es lo único que hago ultimamente. Ahora camino y camino con el viento que zumba como único compañero mientras observo a la gente. No veo un locutorio por ningún lado y en el puesto de Diarios no me saben decir donde queda el más cercano; cambio de dirección, subo otra vez hasta Meridiana y empiezo a caminar hacia navas, 10 cuadras más o menos. Veo un negocios decorados con motivos navideños; en la puerta de una tienda de perfumes una chica vestida de papá noel invita a probarse una fragancia, al lado hay una juguetería y veo pequeños que miran con curiosidad el escaparate donde un tren de colores sube y baja por la pequeña trocha rodeada de montañas de cartón con algodones que hacen de nieve. Por la avenida los autos van y vienen, con una incognita en su destino en esta ciudad sin fin, quizás un pueblo más alejado, quizás el extrarriado de Barcelona. Más allá, tras el río Besos, hacia abajo está Badalona, para arriba Santa Coloma, distritos muy poblados. En Santa Coloma trabajé repartiendo volantes, fue hace 10 meses y también hacía frío, pero todo eso quedó muy atrás por suerte. Camino lentamente y grabo en mi memoria lo que voy viendo, quizás porque no sé que va a pasar en mi futuro, quizás me quede poco tiempo aquí pero nunca me voy a olvidar de todo lo que viví, la gente que conocí, los días de trabajo sin parar en donde no podía pensar, los cursos de catalán, los recitales, las fiestas de San Joan, Gracia y de La Merced, las exposiciones, las playas, sus pueblos y las montañas. Las vistas hermosas desde el Montjuic o desde el Tibidabo, los museos, los turistas, los poetas y músicos del casco antiguo, las caminatas interminables por cualquier barrio, las pizzas en el Raval y tantas cosas que viví que están fuera de los lugares típicos. Barcelona, una ciudad que contiene infinitas ciudades y culturas. Amor, arte, lucha, sufrimiento. Mar y montaña. Roja como sus techos, azul como su mar y verde de las montañas, eso es Barcelona y mucho más que hay que vivir entre la gente o desde un bar al verla pasar. Baires-Barna, dos ciudades tan distintas, disfruto de las diferencias pero no quiero llorar más ni acá ni allá. Quiero encontrar mi verdadero yo y la liberación sin culpa si es que existe sino al menos aplacar el dolor y la soledad. Terminar con la ansiedad y esta sensación permanente de no estar donde debería. Hace un año y medio que estoy en esta ciudad y todo es muy vertiginoso. Quisiera expresar más y mejor todo lo que viví y no decir tantos lugares comunes pero esto es lo que me sale en esta fría noche sin un amigo en un locutorio del barrio de navas, distrito San Martí.
Diciembre 2007
Diciembre 2007
lunes, 10 de diciembre de 2007
Me compré dos pantalones y un par de zapatillas en Sants, cerca de la estación Hostafranca, al lado del mercado. No me gusta esto de venir a comprar pero lo necesitaba. Por suerte los pantalones me fueron bien y no debí perder tiempo en ir cambiando los talles; las zapatillas no me convencieron demasiado pero no quise dar vueltas. Ya está, tengo algo de ropa, gasté en total 60 euros y quedé vestido. Hacía mucho tiempo que no me compraba ropa, exceptuando medias; es más, en españa es la primera vez que compro. En los quince días que estuve en Argentina compré algo en la calle Avellaneda pero el pantalón se agujereó de tanto usarlo para trabajar durante seis meses. Las zapatillas que tenía las había encontrado en la calle, algunas remeras también y necesitaba un poco de ropa nueva.
No fui a trabajar, llamé para decir que cerraba la ruta de las encuestas en cero porque me sentía mal y por supuesto no me dijeron nada, no me importa si este mes gano menos, ahora tengo un poco de dinero, con llegar a 1000 euros el próximo mes está más que bien. Tengo que mudarme de departamento pero no hago lo suficiente, no tengo ganas de llamar, concertar los encuentros, ir a ver los lugares, etc.. pero si no hago nada el tema no se va a resolver por si solo aunque tengo fe que quizás conozca a alguien que sepa de un lugar, puede salir por algún conocido. Mañana voy a llamar a jennifer una chica venezolana a la que le hice una encuesta la semana pasada. Tiene 15 años pero parece muy madura, además cuando hablamos hubo buena energía. Espero que pueda salir y si quiere no debo forzar nada antes de conocerla. Tendría que aprovechar más este trabajo de encuestador para arreglar con chicas, tendría que llamar a una por semana por lo menos pero no lo hago, muchas veces me quedo callado. Voy a ver si empiezo a confeccionar una lista de tel. con los números de la chicas que me gustan y después las llamo por cualquier exusa de la encuesta y la invito a salir.
No fui a trabajar, llamé para decir que cerraba la ruta de las encuestas en cero porque me sentía mal y por supuesto no me dijeron nada, no me importa si este mes gano menos, ahora tengo un poco de dinero, con llegar a 1000 euros el próximo mes está más que bien. Tengo que mudarme de departamento pero no hago lo suficiente, no tengo ganas de llamar, concertar los encuentros, ir a ver los lugares, etc.. pero si no hago nada el tema no se va a resolver por si solo aunque tengo fe que quizás conozca a alguien que sepa de un lugar, puede salir por algún conocido. Mañana voy a llamar a jennifer una chica venezolana a la que le hice una encuesta la semana pasada. Tiene 15 años pero parece muy madura, además cuando hablamos hubo buena energía. Espero que pueda salir y si quiere no debo forzar nada antes de conocerla. Tendría que aprovechar más este trabajo de encuestador para arreglar con chicas, tendría que llamar a una por semana por lo menos pero no lo hago, muchas veces me quedo callado. Voy a ver si empiezo a confeccionar una lista de tel. con los números de la chicas que me gustan y después las llamo por cualquier exusa de la encuesta y la invito a salir.
Ahora estoy un poco mejor en la casa donde vivo; ya pasaron dos semanas desde que llegué y aunque al principio no me gustaba, terminé por adaptarme, aunque espero irme el mes que viene. Con Mónica limpiamos la cocina y el baño; Juan Carlos, el camarero andaluz, puso una luz en el pasillo y destapó la canería del baño, además compró papel higiénico. Ahora uso un grabador y puedo ver un poco de televisión después de casi 4 meses sin ver nada lo que no estuvo mal, pero me perdí los noticieros en catalán de TV3 y los documentales de la 33 que es la forma que tengo de incorporar palabras en esta lengua. Me falta conseguir un diccionario para no perder el sentido de las frase pero ahora entiendo mucho más que el año pasado. Mónica dijo que me iba a hablar en Catalán para que pudiera mejorar. Ella siempre lo habla, con su hija y con su madre, es su primera lengua. No creo que llegue a hablarlo con perfección pero los dos cursos del ayuntamiento me sirvieron bastante. En el tercero me voy a anotar más adelante porque hay más escritura y una prueba final; quizás me convendría leer un libro e ir anotando en una hoja todas las palabras que no conozco. Tengo en mi pequeña biblioteca "Señyor de les mosques" de William Golding, una rareza, un libro que nunca había leído.
La verdad que esto de no tener un buen lugar para vivir es una mierda. El año pasado no tenía trabajo ni dinero ni nada pero estaba en una casona del Borne supercómodo y no me daba cuenta de eso. Había estudiantes, siempre venía alguien interesante con quien hablar y ahora... Ahora tengo algo de dinero y trabajo pero no encuentro un lugar y no me gusta buscar, lo odio. La última vez visité más de quince lugares en cuatro días para terminar acá y no quiero pasar por lo mismo otra vez. Si por lo menos alguien me ayudara... pero a veces me faltan las fuerzas para hacer las cosas por mi mismo, no me animo, necesito un apoyo; el año pasado con mi hermano todo me resultaba más fácil, ahora cada paso es un sufrimiento, pasos que ni siquiera doy porque estoy mal y no hago nada para cambiarlo, no sé cómo, siento impotencia.
Los primeros días casi no hablaba con mónica pero ahora me contó muchos aspectos de su vida. Trabaja en una disco como "acompañante" de hombres. Primero toma una copa y luego pasa con el cliente a un privado, el funcionamiento típico de los clubes. Dice que esto es temporal hasta que su marido vuelva de "Francia". Luego me enteré de que "Francia" es la cárcel modelo de Barcelona donde su marido está hace cinco años por participar en un asalto a mano armada. Mónica también vende "chocolate" y cuando puede algo de merca. Para esto tiene una pequeña balanza electrónica donde se asegura de que sus cortes y medidas sean buenas. Mientras yo cocino los fideos suele envolver el chocolate en un papel metálico, a veces no me deja espacio para cocinar y si la cocaína cae en mi olla o el agua moja la merca sería un problema. Dice que con la cocaína no se quiere arriesgar tanto, sólo vende de vez en cuando. A veces sus amigos vienen al piso y se ponen a escuchar Sex pistols, Ramones o Led Zepeling a todo lo que da, a veces lo hacen a las tres de la mañana. El otro día uno de sus amigos, ya mayorcito, me contó que había estado veinte años presos porque lo estafaron en un negocio y el se vengó. Hacía traer merca de Colombia y Ecuador, aparentemente le iban saliendo bien las cosas, "el negocio funcionaba" pero la última vez le mandaron bicarbonato. Claro, se vengó y lo que hizo fue cortarle el cuello una noche en una esquina de este mismo barrio al supuesto traidor. No tardaron mucho en encontrarlo lo que le costó una pena de 20 años. Ahora debía tener cerca de cincuenta, había caído a los treinta. Cosas que salen mal, fracasos, me dijo. Yo lo miraba y trataba de poner cara de comprensión. Esto sucedía cerca de la estación navas del metro de Barcelona al lado de un centro social donde el ayuntamiento tiene un comedor. Mónica muchas veces conseguía comida de aquí, además de que tenía la ayuda social del gobierno para los más necesitados. Todos los amigos siempre andaban en este centro de ayuda; a veces yo solía tomar cerveza con ellos en el comedor de la casa o en el bar de al lado pero no me gustaba juntarme demasiado con ellos, todos roban y trafican.
15 de octubre de 2007
La verdad que esto de no tener un buen lugar para vivir es una mierda. El año pasado no tenía trabajo ni dinero ni nada pero estaba en una casona del Borne supercómodo y no me daba cuenta de eso. Había estudiantes, siempre venía alguien interesante con quien hablar y ahora... Ahora tengo algo de dinero y trabajo pero no encuentro un lugar y no me gusta buscar, lo odio. La última vez visité más de quince lugares en cuatro días para terminar acá y no quiero pasar por lo mismo otra vez. Si por lo menos alguien me ayudara... pero a veces me faltan las fuerzas para hacer las cosas por mi mismo, no me animo, necesito un apoyo; el año pasado con mi hermano todo me resultaba más fácil, ahora cada paso es un sufrimiento, pasos que ni siquiera doy porque estoy mal y no hago nada para cambiarlo, no sé cómo, siento impotencia.
Los primeros días casi no hablaba con mónica pero ahora me contó muchos aspectos de su vida. Trabaja en una disco como "acompañante" de hombres. Primero toma una copa y luego pasa con el cliente a un privado, el funcionamiento típico de los clubes. Dice que esto es temporal hasta que su marido vuelva de "Francia". Luego me enteré de que "Francia" es la cárcel modelo de Barcelona donde su marido está hace cinco años por participar en un asalto a mano armada. Mónica también vende "chocolate" y cuando puede algo de merca. Para esto tiene una pequeña balanza electrónica donde se asegura de que sus cortes y medidas sean buenas. Mientras yo cocino los fideos suele envolver el chocolate en un papel metálico, a veces no me deja espacio para cocinar y si la cocaína cae en mi olla o el agua moja la merca sería un problema. Dice que con la cocaína no se quiere arriesgar tanto, sólo vende de vez en cuando. A veces sus amigos vienen al piso y se ponen a escuchar Sex pistols, Ramones o Led Zepeling a todo lo que da, a veces lo hacen a las tres de la mañana. El otro día uno de sus amigos, ya mayorcito, me contó que había estado veinte años presos porque lo estafaron en un negocio y el se vengó. Hacía traer merca de Colombia y Ecuador, aparentemente le iban saliendo bien las cosas, "el negocio funcionaba" pero la última vez le mandaron bicarbonato. Claro, se vengó y lo que hizo fue cortarle el cuello una noche en una esquina de este mismo barrio al supuesto traidor. No tardaron mucho en encontrarlo lo que le costó una pena de 20 años. Ahora debía tener cerca de cincuenta, había caído a los treinta. Cosas que salen mal, fracasos, me dijo. Yo lo miraba y trataba de poner cara de comprensión. Esto sucedía cerca de la estación navas del metro de Barcelona al lado de un centro social donde el ayuntamiento tiene un comedor. Mónica muchas veces conseguía comida de aquí, además de que tenía la ayuda social del gobierno para los más necesitados. Todos los amigos siempre andaban en este centro de ayuda; a veces yo solía tomar cerveza con ellos en el comedor de la casa o en el bar de al lado pero no me gustaba juntarme demasiado con ellos, todos roban y trafican.
15 de octubre de 2007
sábado, 8 de diciembre de 2007
Metro de via Julia, Nou Barris. Hoy es sábado y de "puente" como se suele decir en España a los fines de semanas que se enganchan con algún feriado. El 6 de diciembre fue el día de la constitución de Cataluña y mucha gente se fue afuera, yo ni estaba enterado y trabajé haciendo encuestas. Algunos me decían con ironía: ¿la fiesta trabájas? y yo le respondía que sí y que eran otros los días que me tomaba libres.
Me gusta el aspecto de este barrio tranquilo. Al bajar del metro se ve la rambla que desciende; la gente va y viene, negocios abiertos y vendedores ambulantes que ofrecen su mercadería: c.d., ropa, flores, películas, carteras. Al costado de la estación de metro hay una feria improvisada para navidad donde venden arbolitos, luces, pesebres, láminas para colorear con motivos del 24, unos papa noeles que descienden en parapente, los papa noele que cagan. De la estación para arriba es un barrio de muchos latinos; las 5 encuestas del día se las hice a sudamericanos : un muchacho de honduras (ciudad de San pedro, segunda en importancia después de Tegucigalpa, que escuchaba un grupo de música Mexicana llamado "los caminantes" que me gustó), otro chico Brasileño de una ciudad cercana a Brasilia (hincha del corinthias) que me pidió el teléfono de la empresa para trabajar de encuestador, una chica de venezuela morocha y muy linda aunque casada. Luego le hice las preguntas a un hombre mayor boliviano y hablamos de Evo Morales aunque me llamó la atención que escuchara la radio "cope" ( de tendencia franquista) pero quizás la usaba para comparar o divertirse porque a veces lo que dicen es para reirse de la incoherencia. Me hace acordar a la radio de Babi echecopaz están todos locos o "no tanto"; confunden con ignorancia y autoritarismo. La última encuesta se la hice a un ecuatoriano con el que sólo hablé para darle las gracias; hoy ningún argentino. A las tres de la tarde, en medio de las encuestas, fui a comer a un restaurante chino. Pagué 8 euros. Cuando terminé, a eso de las seis de la tarde entré a un locutorio de la calle Más Duran donde había hecho la última encuesta. Otras calles del barrio por donde anduve en este día frío: villandrosa, joaquin vall, Via julia y algunos pasajes cuyos nombre no me acuerdo. Estuve en internet más de una hora buscando distintos temas en el google y después fui sólo a festejar a un bar que cobré el miercoles y que no trabajo hasta el lunes. Una chibeca y a mirar el mundo pasar. Me gustaría salir con alguien pero estoy sólo como siempre; a no llorar, no hay reglas para vencer la soledad; se que lo intento y no puedo pero si no obtengo tengo respuestas tampoco me voy a arrodillar. Ya llamé dos o tres veces y no me llamaron. A M. José dos veces, a Joan tres, a Emilse cuatro. Las relaciones deben ser de igual a igual, tampoco voy a mendigar amistad. Bueno, a beber y mirar la gente en esta noche que cae sobre Barrio nuevo. El lunes tengo que ir a encuestar a "La verneda". Me pregunto donde queda ese lugar, creo que no estuve nunca.
Diciembre 2007.
Me gusta el aspecto de este barrio tranquilo. Al bajar del metro se ve la rambla que desciende; la gente va y viene, negocios abiertos y vendedores ambulantes que ofrecen su mercadería: c.d., ropa, flores, películas, carteras. Al costado de la estación de metro hay una feria improvisada para navidad donde venden arbolitos, luces, pesebres, láminas para colorear con motivos del 24, unos papa noeles que descienden en parapente, los papa noele que cagan. De la estación para arriba es un barrio de muchos latinos; las 5 encuestas del día se las hice a sudamericanos : un muchacho de honduras (ciudad de San pedro, segunda en importancia después de Tegucigalpa, que escuchaba un grupo de música Mexicana llamado "los caminantes" que me gustó), otro chico Brasileño de una ciudad cercana a Brasilia (hincha del corinthias) que me pidió el teléfono de la empresa para trabajar de encuestador, una chica de venezuela morocha y muy linda aunque casada. Luego le hice las preguntas a un hombre mayor boliviano y hablamos de Evo Morales aunque me llamó la atención que escuchara la radio "cope" ( de tendencia franquista) pero quizás la usaba para comparar o divertirse porque a veces lo que dicen es para reirse de la incoherencia. Me hace acordar a la radio de Babi echecopaz están todos locos o "no tanto"; confunden con ignorancia y autoritarismo. La última encuesta se la hice a un ecuatoriano con el que sólo hablé para darle las gracias; hoy ningún argentino. A las tres de la tarde, en medio de las encuestas, fui a comer a un restaurante chino. Pagué 8 euros. Cuando terminé, a eso de las seis de la tarde entré a un locutorio de la calle Más Duran donde había hecho la última encuesta. Otras calles del barrio por donde anduve en este día frío: villandrosa, joaquin vall, Via julia y algunos pasajes cuyos nombre no me acuerdo. Estuve en internet más de una hora buscando distintos temas en el google y después fui sólo a festejar a un bar que cobré el miercoles y que no trabajo hasta el lunes. Una chibeca y a mirar el mundo pasar. Me gustaría salir con alguien pero estoy sólo como siempre; a no llorar, no hay reglas para vencer la soledad; se que lo intento y no puedo pero si no obtengo tengo respuestas tampoco me voy a arrodillar. Ya llamé dos o tres veces y no me llamaron. A M. José dos veces, a Joan tres, a Emilse cuatro. Las relaciones deben ser de igual a igual, tampoco voy a mendigar amistad. Bueno, a beber y mirar la gente en esta noche que cae sobre Barrio nuevo. El lunes tengo que ir a encuestar a "La verneda". Me pregunto donde queda ese lugar, creo que no estuve nunca.
Diciembre 2007.
viernes, 30 de noviembre de 2007
Ayer deambulé por Poble-Nou durante una hora, había poca gente en la rambla; algunos bares abiertos y vacíos. Fui y volví por la rambla varias veces. Luego llegué hasta la costa y caminé lentamente por la playa hasta Villa Olímpica. Me recosté en un unos de los bancos de cemento y no hice otra cosa que mirar el mar. A lo lejos un trasatlántico se alejaba del puerto, avanzaba despacio pero firme en el día limpio. Pensé que iría hacia Grecia o hacia Sicilia. Le saqué una foto acercando la imágen lo máximo posible con el zoom. Pasaron algunos Argentinos y pensé en Buenos aires y mis amigos, ¿qué hora sería allá? ¿ que estarían haciendo? Mediodía de Domingo, muy aburrido aunque si estuviera allá después nos podríamos encontrar para ir a tomar algo a un café. Me levanté del banco y caminé hacia Barceloneta; me compré unas galletas con cereales. Volví a la playa, caminé otra vez un poco por la costa y luego di la vuelta y fui caminando hasta la torre adonde llega el teleférico desde el Montjuic, quise entrar al puerto por un portón pero estaba cerrado el ingreso. Saqué algunas fotos más al atardecer desde el paseo Borbón, el sol se ocultaba tras la montaña, el cielo estaba anaranjado. Quise entrar al museo de historia pero no estaba en horario. Crucé las avenidas, fui hacia el Borne. Por la iglesia Santa María del mar había mucha gente, por Argenterías y el paseo del Born también. Iban y venían todos arreglados, muchos turistas. No sabía a donde ir hasta que me acordé de Joseph, el chico con el que hacía el taller literario. Vivía en Frenería y Llibretería, pleno centro, a una cuadra de la plaza del Rey. Vivía con su madre en un caserón muy antiguo como la mayoría de los del centro, como en el que había vivido yo durante un año en la calle Mirallers. Cuando le toqué el timbre tardó en responder pero luego de un momento lo vi gritarme con alegría desde el balcón y me indicó que lo espere, bajó y fuimos a tomar algo a un bar de llibretería. Me contó que estaba escribiendo más seguido, casi una hoja por día y me leyó un relato muy divertido y exagerado. El personaje era un hombre que tenía mucho exito con las mujeres, se tomaba la seducción como un juego divertido y sencillo y cuando le decían que no la autoestima no se le alteraba, seguía persistiendo sin miedo. Había ideado una técnica de seducción que consistía en elaborar una lista con el nombre y el teléfono de todas la mujere que conocía y llamar a una por una para una cita. En el promedio alguna le tendría que decir que sí. Pensé que era una buena idea pero tampoco nada original.
Miro el mar desde el local arabe del Mas Nou (Maresme) mientras oscurece. Frente a mí veo palmeras, faroles y bancos de playas vacíos. El sol cada vez se esconde más... Poca gente en las calles; cada diez minuto pasa el tren en cualquiera de los dos sentido; los autos circulan raudamente por la ruta hacia Barcelona o hacia el lado de la costa Brava. Como siempre estoy sólo, parece una enfermedad que no me deja. No sé como vencer la soledad, pareciera que no hay salida. A veces pienso que voy a enloquecer pero al final sigo vivo y traspaso esos momentos de locura. A veces pienso que soy yo por buscar y buscar algo que no existe pero lo cierto es que casi no tengo amigos. Busco en mi memoria la gente que conozco de Barcelona y sólo con Joan, joseph y Olivia logré cierta amistad.... También con Bruno, el muchacho del trabajo. Pero con ninguno de ellos salgo seguido. A joan lo llamé ultimamente varias veces pero dice estar ocupado con el trabajo y la universidad. Olivia volvió a argentina porque el padre se enfermó de gravedad y josep está con un dolor muscular en la espalda que le impide salir de su casa. El otro día conocí a una chica mientras le hacía la encuesta pero ya la llamé tres veces y nada. Siempre soy yo el que llama a todos, me siento ridículo. El otro día leí en un libro de autoayuda que si la gente te rechaza es por algo que uno tiene. Puede ser pero la verdad que no sé cual es mi problema, quizás me aparto demasiado de todo, quizás tiendo a aislarme, quizás no sé acercarme lo suficiente pero empiezo a pensar como hace unos años que los libros de autoayuda no sirven demasiado aunque siempre se sacan algunas buenas ideas. El otro día leí uno sobre el optimismo de Rojas pero me pareció superficial y comercial con muchos baches, ninguno me parece serio, de todos los que leí me quedo con uno llamado "optimismo inteligente".
Octubre 2007
Octubre 2007
domingo, 25 de noviembre de 2007
Suena de fondo la música de Amaral en el locutorio Pakistaní mientras trato de escribir en el blog. Hace un rato me preparé arroz y unas chuletas de cerdo y comí carne después de mucho tiempo. Escuche un poco de música mientras almorzaba, nada más. Abandono, pasividad, soledad, lo de siempre. Traté de leer un poco y no pude. Luego escuché más música en el grabador, la de siempre: Serrat, Moris, Sabina, Rosendo, Virus, Almafuerte, spinetta, Las Pelotas. Guardé unos libros en la mochila, caminé hasta la plaza de Espronceda, hacía frío. Miré un rato la gente pasar, pocos jóvenes. Me sentía aburrido y sólo, es "El reino de la soledad"dice ahora la canción de Amaral y también "no quedan días de verano para pedirte perdón". Ayer soñé: Mi madre me reprochaba haber actuado de cierta manera y me hablaba de Evita Perón y también del Che. No me acusaba de manera directa pero era un especie de juicio, luego ella desapareció y la extrañé mucho, quise volver a verla pero una mujer mayor de pelo blanco y aspecto serio y siñiestro me cerró el paso a un pasillo nebuloso, traté de mirar pero no se veía nada. La mujer entró y cerró con violencia la puerta. Luego miré hacia un costado y vi unas oficinas que expendían pasaportes, quizás una frontera, quizás un consulado, quizás un aeropuerto aunque no podía distinguir de que lugar se trataba. Tras unos vidrios algo empañados se veía un paredón largo con alambre de púas en lo alto. Había mucha gente que hacía cola, su intención era pasar de un país a otro y no podían porque no tenían lo necesario: pasaportes, papeles, dinero, billetes de avión, siempre a alguno de ellos les faltaba algo. Algunos estaban muy nerviosos, otros lloraban, otros miraban a las autoridades. Yo estaba ahí pero no tenía el problema de ellos aunque me daba bronca lo que les pasaba porque alguna vez había estado en ese lugar. Me llamaba la atención un chico jóven que estaba entre las autoridades, vestido bien pero con cierta informalidad, tenía un tatuaje, aspecto rebelde pero estaba para decir "no". Veía mucha gente alrededor mío. Entre estas personas me encuentro con un viejo amigo del colegio, luego aparece una mujer morena, quizás peruana, quizás Boliviana, muy hermosa, vestida con una minifalda y un escote blanco, recuerdo que la desié. Hablo con mi amigo y le explico que estoy viviendo en otro país pero no le preciso el lugar. El me dice que su intención es trasladarse pero todavía no tiene el pasaporte. La chica habla con nosotros; tampoco puede viajar. Ellos están unidos por un problema, comienzan a hablar entre sí y yo quedo a un lado. Luego los veo caminar juntos hacia una ventanilla. Miro al costado y cuando vuelvo la vista los pierdo entre la multitud. No hay más nada más. Entre la gente busco a mi madre pero no la veo, busco a mi compañero y a la chica pero tampoco. A lo lejos descubro a la mujer siniestra pero luego desaparece en el tumulto como si quisiera ocultarse de mí. Veo gente que llora detrás mío. Me siento sólo y busco la puerta para irme a otro lugar pero todo está muy abarrotado y no encuentro la salida por lo que debo permanecer quien sabe hasta cuando.
Octubre 2007
Octubre 2007
sábado, 17 de noviembre de 2007
Hoy estuve haciendo encuestas sobre una publicidad de móviles. El lugar de las entrevistas era en un bar-restaurant de Rambla Catalunya 57, llamado Rodilla; las hacíamos en las mesas del fondo aunque la captación debía hacerla en la calle o en la Rambla. Aunque no me correspondía trabajar, Bruno me llamó y me preguntó si quería hacerlo y decidí ir sólo como un juego, porque no tenía nada que hacer y además me sentía sólo. Hacía mucho frío, tenía puesto un pullover y una campera de abrigo encima del buzo. Trabajé con Marta, una chica de Cadiz que había llegado a Barcelona 4 meses atrás. Tenía el típico look punkie y vivía de okupa en Gracia. Me cayó bien con su simpatía y su acento andaluz y nos divertíamos mientras parábamos a la gente, aunque lograr las encuestas no era tan fácil como pensaba. Había muchos extrangeros y catalanes bien vestidos que no nos pretaban atención, poca gente jóven. Pero la mañana pasaba hablando con Marta. Me contó que a la tarde iría a la manifestación contra el fascismo y en homenaje al chico asesinado el otro día en Madrid por los skinhead. Hablamos un rato del Anarquismo y me sorprendió que hubiera leído "La Ayuda mutua" de Kropotkin; Yo le hablé de "La conquista del pan" y nos complementámos hablando sobre temas Acrátas. Algún mes voy a dedicarme a leer sólo libros anarquistas, hace tiempo que quiero leer "La libertad" de Bakunin, pero no sé donde conseguirlo, quizás en la librería libertaria de la calle Joaquín costa del Raval lo tengan. Hace poco acaba de leer un libro excelente, quizás lo mejor en ¿política? que había leído hasta ahora; el autor es un conocido anarquista individualista llamado Emile Arnand y el libro se titula "lo que es, puede y vale". Marta Tenía tatuado en el cuello el símbolo anarquista, tenía un piercing en la nariz y otro en la lengua, ojos color de miel y pecas en su cara. La verdad que me atraía y además me tocaba jugetonamente, pero en ningún momento le dije nada directamente. Ella captaba más gente que yo; todos la miraban por su aspecto con pelo teñido, media cabeza rapada, además de la ropa negra y las medias de colores. Me gustaba estar al lado de ella, me sentía contento y alegre hablando de Kropotkin. Me dijo que tenía un sueño: su idea era recorrer Europa en una camioneta y vivir allí con otras personas y por eso estaba haciendo el curso para sacar el carnet. Hacía frío y siempre nos movíamos hacia donde pegara el sol pero los edificios lo tapaban y sólo llegaban algunos pocos rayos que había que aprovechar. El sol se ocultaba un poco cada media hora y la tarde fue pasando hasta que el cielo empezó a oscurecer, yo logré repuntar con unas encuestas más, tomamos unos cafés y ella dijo de golpe que se iba a la manifestación. Eran las seis de la tarde pero afuera por la oscuridad parecían las diez, antes de que se fuera la invité a hacer algo por la noche pero me dijo que no sabía porque estaba cansada a lo que no insistí. Me quedé mirándola como bajaba hacia la Rambla Catalunya. Adios, Marta.
martes, 13 de noviembre de 2007
LLegué a Bologna desde Florencia, el viaje en tren tardó algo más de una hora en recorrer los 100 km, hacía bastante frío; en la ciudad había dos estaciones, me bajé en la segunda, la central. La tarde se hacía noche y el frío del invierno recrudecía. Al bajar del tren Caminé con lentitud por las interminables galerías de la Avenida Independencia durante una hora; en el camino me detuve en un negocio de discos donde me quedé leyendo una revista de rock de bandas italianas y luego escuché en los audífonos del local un disco de Módena city Ray; esa banda me gustaba desde que el hijo de Stefan me la había hecho escuchar en Roma durante un almuerzo donde cambiamos algunas palabras de español e italiano y dijimos que un día nos ibamos a reunir a intercambiar palabras y a aprender mutuamente, cosa que nunca hicimos porque mi estadía en Roma duró sólo ocho días y cada jornada la aprovechaba para recorrer la ciudad o para entrar a algún museo lo que me llevaba mucho tiempo. Ese día, en casa del hijo de stefan, también escuchamos otros discos de Punk Italiano. Cuando me fui me regaló un compilado que más tarde perdí en el pueblo de Bassano Romano, un lugar a donde llegué en autobus desde Roma porque había leído en una guía que era pintoresco y medieval, lo que era cierto, aunque no fue muy pintoresco lo que me sucedió ( Me instalé en una casa abandonada a la que pude entrar sin problemas por la ventana; en realidad era una casa en obras, con una parte del techo rota por donde entraba viento y frío y era una noche de bajas temperaturas; tuve que hacer fuego con lo que encontré; quemé unas zapatillas rojas, viejas y agugereadas que había en un estante hecho con madera de árbol y luego quemé el estante aunque no sirvió de mucho porque la temperatura era demasiado baja. También tenía mucho hambre porque no había comido nada en todo el día. Unas galletas viejas que había en el marmol sucio de la cocina paliaron mi apetito momentaneamente, tenían un sabor horrible pero ayudaron a mi estómago; a media noche escuché unos ruidos y al bajar la escalera del altillo veo que en el paquete de galletitas había varios roedores que me miraban con sus ojos irónicamente... ah ah ah por un momento no supe que pensar y luego me di cuenta de que yo me las había comido todas; claro, esa noche no pude dormir... y a la mañana siguiente metí rápido todo en la mochila y en la ligereza me olvidé entre otras cosas el compact de Modena City Ray)
Bueno, en la disquería de Bologna el dependiente empezó a mirarme con ojos molestos porque yo no paraba de escuchar música. Seguramente eso se ponía para el público, pero nadie contaba con que alguien se quedara tanto tiempo escuchando las canciones así que me fui.
A la salida del local hablé con un negro de Etiopía que vendía poesía en Italiano. ¡ un vendedor ambulante de libros! y ¡ africanos traducidos al italiano! No lo dudé y gasté los tres euros en una hermosa edición de tapa verde artesanal con varios poetas africanos traducidos al Italiano.¡ una rareza para mí! Me contó que estaba en Bologna desde hacía tres años y que la policía solía perseguirlo por carecer de permiso para vender además de no tener los papeles, claro.; si, igual que en Barcelona, ya sé, le dije, conozco la historia. Seguí caminando y llegué a la plaza Maggiore y Neptuno. Al costado de la plaza estaba la Iglesia San Petronio, detrás la gigantesca biblioteca municipal. Entré y leí que las primeras lecciones de anatomía humana que se dieron en el mundo se impartieron aquí, en lo que se considera la universidad más vieja del mundo donde también leí que estudió Dante Alighieri. Caminé unas cuadras hacia atrás de las plazas centrales pero la ciudad parecía diluirse lentamente. El encanto del centro histórico de a poco desaparecía; en una calle perdida de estas había un argentino que hacía tangos pero nadie le prestaba atención, no sé porque se ubicaba en una calle tan marginal, estaba vestido de sombrero y traje y hacía una versión libre de "che bandoneón". Me quedé un rato escuchándolo y luego volví por otra calle hasta la plaza Neptuno donde se halla la fuente del siglo XVI cuyo fornido Neptuno de bronce está rodeado de Querubines y sirenas. Estas últimas despiden agua de sus pezones, todo un avance de la ingeniería para esa época pensé, aunque en realidad nunca supe si toda la fuente tenía 500 años. Por vía Rizzoli llegué hasta las dos torres más famosas de la ciudad. En algún lugar leí que las torres eran símbolos del poder de las familias. La altura de la torre simbolizaba el poder pero ahora ya no había muchas, la mayoría habían sido derribadas. Pasaron muchas más cosas en Bologna, especialmente después de conocer a Marisa y María José en ese hostel tan alejado del centro desde donde nos tomábamos el bus sin pagar. Hacía frío en ese invierno.
Enero 2007
Bueno, en la disquería de Bologna el dependiente empezó a mirarme con ojos molestos porque yo no paraba de escuchar música. Seguramente eso se ponía para el público, pero nadie contaba con que alguien se quedara tanto tiempo escuchando las canciones así que me fui.
A la salida del local hablé con un negro de Etiopía que vendía poesía en Italiano. ¡ un vendedor ambulante de libros! y ¡ africanos traducidos al italiano! No lo dudé y gasté los tres euros en una hermosa edición de tapa verde artesanal con varios poetas africanos traducidos al Italiano.¡ una rareza para mí! Me contó que estaba en Bologna desde hacía tres años y que la policía solía perseguirlo por carecer de permiso para vender además de no tener los papeles, claro.; si, igual que en Barcelona, ya sé, le dije, conozco la historia. Seguí caminando y llegué a la plaza Maggiore y Neptuno. Al costado de la plaza estaba la Iglesia San Petronio, detrás la gigantesca biblioteca municipal. Entré y leí que las primeras lecciones de anatomía humana que se dieron en el mundo se impartieron aquí, en lo que se considera la universidad más vieja del mundo donde también leí que estudió Dante Alighieri. Caminé unas cuadras hacia atrás de las plazas centrales pero la ciudad parecía diluirse lentamente. El encanto del centro histórico de a poco desaparecía; en una calle perdida de estas había un argentino que hacía tangos pero nadie le prestaba atención, no sé porque se ubicaba en una calle tan marginal, estaba vestido de sombrero y traje y hacía una versión libre de "che bandoneón". Me quedé un rato escuchándolo y luego volví por otra calle hasta la plaza Neptuno donde se halla la fuente del siglo XVI cuyo fornido Neptuno de bronce está rodeado de Querubines y sirenas. Estas últimas despiden agua de sus pezones, todo un avance de la ingeniería para esa época pensé, aunque en realidad nunca supe si toda la fuente tenía 500 años. Por vía Rizzoli llegué hasta las dos torres más famosas de la ciudad. En algún lugar leí que las torres eran símbolos del poder de las familias. La altura de la torre simbolizaba el poder pero ahora ya no había muchas, la mayoría habían sido derribadas. Pasaron muchas más cosas en Bologna, especialmente después de conocer a Marisa y María José en ese hostel tan alejado del centro desde donde nos tomábamos el bus sin pagar. Hacía frío en ese invierno.
Enero 2007
domingo, 11 de noviembre de 2007
Sangre con ruedas en las ecaleras del castillo. El rey prueba esa sangre, luego hace gestos con vehemencia y dice que no mientras los vasallos se retiran. Más tarde encarga un banquete y por la noche le sirven junto a su hijo una mesa fastuosa de majares; las doncellas presentes sonríen su beatitud. Al otro día, bajo el sol de la comarca, cuatro vagabundos andrajosos se secan al sol entre mendrugos y sonrisas. Pero no todo es rosas entre ellos; el más chico a veces cuestiona ese estilo de vida que juntos decidieron unos años atrás a pesar de que los demás se mantienen firmes en sus promesas. Y así sus días pasan entre libros y fogones, coversaciones y libertad. En las escaleras del castillo el príncipe lee historias, mitos y leyendas y a veces sueña con dejar su comodidad y su destino prefijado pero el rey día a día pone a prueba su sangre azul y sus dudas se evaporan. En las noches océanos oscuros enfrían las tierras donde todos conviven. Los vagabundos pasan los días en los bosques donde encuentran su refugio; los aristócratas en sus recámaras. Mientras, la gente de la aldea que rodea la zona sigue con su ritmo de trabajo inalterable y no se cruzan ni con unos ni con otros; Muchas veces el rey se acuclilla ante cuadros de Dioses paganos mientras en el cielo de la noche los buitres buscan sus presas. El principe, a pesar de las dudas, aprende los rituales y cada tarde se arrodilla ante figuras ancestrales mientras en los jardines pastizales enormes son quemados en nombre de Dios. Los vagabundos adoran los árboles y estrellas y deliberan sobre algunos de los cuestionamientos hechos por el menor, sobre si vale la pena seguir con esta vida que alegremente sobrellevan a pesar de algunas carencias materiales.
Con ruedas la sangre fluye por el palacio y el rey ajeno a los sentimientos y dudas de su hijo prepara la descendencia . Desde los bosques los cuatro vagabundos perciben el color púrpura que ilumina el castillo bajo el cielo de la comarca . Esa noche, el más jóven, que dudaba sobre su estilo de vida soñará que es un principe que sueña con ser vagabundo. Se levantará confundido pero al fin contento y en paz. Desde una roca no hará otra cosa que mirar el castillo (al que nunca tendrá acceso) donde desde una ventana verá a un jóven pensativo y mirar hacia donde está el junto a sus amigos rodeados por el pequeño fogón de la mañana.
Con ruedas la sangre fluye por el palacio y el rey ajeno a los sentimientos y dudas de su hijo prepara la descendencia . Desde los bosques los cuatro vagabundos perciben el color púrpura que ilumina el castillo bajo el cielo de la comarca . Esa noche, el más jóven, que dudaba sobre su estilo de vida soñará que es un principe que sueña con ser vagabundo. Se levantará confundido pero al fin contento y en paz. Desde una roca no hará otra cosa que mirar el castillo (al que nunca tendrá acceso) donde desde una ventana verá a un jóven pensativo y mirar hacia donde está el junto a sus amigos rodeados por el pequeño fogón de la mañana.
domingo, 4 de noviembre de 2007
Las piscinas a medio vaciar recuerdan los días de verano hace tan sólo unos meses atrás, aunque hoy es una noche fría de otoño y recuerde aquellos días de calor en los últimos tiempos que parecen tan cerca, tanta diferencia de clima en tan poco tiempo. El cielo se oscurece aún más y el viento presagia las noches de invierno. Bajo las pérgolas un grupo de invitados habla tranquilamente. Veo a un hombre gordo que gesticula con vehemencia y a veces pega algún alarido que llega hasta aquí un poco más apagado. No entiendo de que hablan. A mi costado veo la casa, parda en su fachada con alguna pizca de pintura verde gastada y resquebrajada. En el techo, sostenido por un hierro, sobresale un gallo de ojalata que indica los puntos cardinales; se mueve sin cesar con el viento a uno y otro lado. Bajo la parra de la casa un hombre viejo toca su violín. Se lo ve vestido con un traje vetusto y desaliñado con una flor en el bolsillo del saco que sobresale; esta sólo con su instrumento y apenas lo ilumina una bombilla de luz muy tenue. Su música es dulce y meláncólica pero por momento el violín chirría demasiado. Se lo ve muy concentrado en la pieza; nadie parece prestarle atención. A lo lejos se ve un grupo muy nutrido de gente que salta en una pista de baile pero muy lejos de donde estoy yo, el músico y el grupo del hombre gordo. Es raro este grupo apartado; se que yo estaba invitado a la fiesta pero al mirar la pista preferí dar la vuelta y quedarme por aquí. Es así todo esto: la casa, la pista de baile y la gente que me rodea al lado de la casa en esta pérgola antigua. No conozco a nadie de los que están a mi lado, nunca vi ninguna de estas caras en mi vida. Las estrellas titilan en la lejanía, tras la sierras, y la luna es apenas visible en su cuarto menguante débil. Recuerdo ahora, una noche similar a esta hace muchos años cuando aún vivía con mis padres y no había salido de mi ciudad natal. Era una noche de verano suave, fresca pero también aquella vez me preguntaba lo mismo ¿ qué hacía en ese lugar? Sonaba un disco de Soda Stereo o de los Fabulosos Cadillacs en el final de los 80 en Mar del Plata o Buenos Aires. Recuerdo a un jóven diez años mayor que yo que me aconsejaba y me hablaba de sus experiencias. Iba muy bien vestido, se subía a un auto, salía a toda velocidad. Yo no entendía muy bien y ahora recordándolo desde este tiempo entiendo menos aún pero había algo en el jóven que no me sonaba a verdad, como si estuviera en una pose, recuerdo que sentí eso y al mismo tiempo al reflexionar más tarde me pareció que también estaba siendo injusto con él, pero era realmente lo que me transmitía.
sábado, 3 de noviembre de 2007
Enterró el tesoro en el jardín de la casa pero se atrasó en la huída y fue alcanzado por el bombardeo que lo dejó tendido junto a la casa en ruinas; nadie supo lo que había hecho con sus riquezas. Su hermano y compinche fue apresado por los aliados cuando intentaba escapar por la frontera Suiza. Su hijo mayor se escondió en un pequeño pueblo vecino durante meses y meses. Dormía en un establo y por las tardes se acercaba al centro del pueblo en busca de comida. Cuando por fin el ejército invasor se retiró se fue a vivir un tiempo a una ciudad de la costa. Allí se escondió en un barco y viajó de polizón a Buenos Aires. No llevaba dinero ni pertenencias, tan sólo su pasaporte italiano y el odio a los ejércitos y las guerras. El viaje fue largo y penoso, su esfuerzo para que no lo descubrieran demasiado grande. Cuando bajó del barco hacía mucho calor y todo parecía nuevo en aquella metrópoli : nuevos aires, nuevo año, nuevo gobierno. Era enero del 47 y él apenas había oído hablar de Argentina y de Perón. Pero tampoco le importaba quien gobernara, tan sólo buscaba sobrevivir en una ciudad que le era totalmente desconocida. Los primero días, al tiempo que buscaba trabajo, dormía donde podía: aunque era duro, los bancos de plaza en verano se podían soportar. Tuvo suerte y lo contrataron de peón en una obra en el barrio lejano de Mataderos, calle Tapalqué al 5000. Con su primer sueldo alquiló una habitación en un pequeño hotel del barrio de Liñiers que compartió con otros obreros venidos del interior del país y de países limítrofes. No tenía amigos pero hacía su nueva vida con esfuerzo: se levantaba temprano, trabajaba los sábados, trataba de mejorar en sus tareas en la obra, conocía en su poco tiempo libre la nueva ciudad pero así y todo no le resultaba nada fácil olvidarse de ciertos momentos de la guerra, tenía 25 años.
viernes, 2 de noviembre de 2007
Yo no quiero agregar más nada de lo que te dije ayer o las otras veces que estuvimos juntos; tampoco quiero deslumbrarte con palabras altisonantes que no me van a salir en estos momentos pero si prestaste atención seguramente te hayas dado cuenta de ciertos sentimientos. Simplemente quisiera decirte algunas frases breves que todavía no sé si las inventé o si las tomé de poesías que leí y canciones románticas que escuché, como por ejemplo la famosa "me gustas cuando callas", referida a ya sabés qué o eso quiero ahora suponer. También puedo decirte entre otras cosas que tus labios rojos y los pliegues de tus ojos me gustan mucho y veo en tus párpados el amor que guardas tan adentro. Como si en eso se fuera la vida, si, besos en el rincón de tus ojos es lo que te quisiera dar una y otra vez para bajar lentamente hasta tu boca y poder en lazar tu lengua con la mía hasta olvidarme de que existe el tiempo y la finitud porque estoy en la eternidad y así ofrecerte también una canción milagrosa que reuna la mejor estrofa y melodía del mundo para que escuchemos juntos y dedicartela una y otra vez. Ahora recuerdo el primer día que te conocí y supe ver la espontaneidad que contagiaba y me llenaba de ganas de besarte y estar enlazado con tus palabras amables, transparentes y simples. Y es que hasta hace unos días no sabía nada tuyo, apenas te veía pasar y me hacías pensar en otra cosa pero como decirte que hoy me levanté pensando en tu sonrisa y en tu forma de caminar y hablar. Es raro todo esto, tan raro como los años que dejé atrás sin aprovechar exigiendome mucho más de lo que podía hacer y lo peor, también exigiéndoselo a los demás. Las cadenas se cortan por la parte más gastada u oxidada y es mejor darse cuenta antes de que nos enrosquen y nos asfixien. El juicio de los justos era mi lema, y tenía razón desde todo punto de vista pero mi alma no llegaba a ningún lugar, a ninguna casa. Claro, la idea era cambiar de dirección y de libreto, todos esos falsos prejuicios que fui creando, quizás excusas que me impedían romper el caparazón. Días muy negros, alma que no podía escapar de su aprisionamiento. Es rara esta confesión pero todo este raconto nace de vos y tiene que ver con tus veintipocos años que ya no tengo y aunque no estoy tan lejos los dejé pasar sin enterarme de muchas cosas. Ahora en este día tan pero tan sin nada, tan pero tan vacío en que unas fotos y unos cuadros colgados frente a la pared en la que escribo me alegran las horas, me preguntó si sabré llegar hasta vos, si podré acercarme con naturalidad y sin miedo. Es una chance más, quizás una oportunidad pero otra vez el miedo empieza a rodear mi alma y tengo temor de perder todo gesto espontáneo por pensar... ¿ por qué me voy si me quiero quedar? ¿ por qué me enredo si me quiero desatar? ¿por qué me ato más cuando me quiero liberar? ¿por qué me enfrío más cuando más fuego tengo? ay, ay, amor mío, quiero llegar pero hay algo que lo impide, dentro mío quiero cambiar pero no entiendo lo que me tira para atrás. Cuando todo se acerca es cuando todo más se aleja. No quiero darte soledad ni me gustaría herir tu vulnerabilidad; quisiera que seas mi estrella pero mis dudas me llevan a que a veces el sol de mi alma se vaya apagando. La melancolía no debe ser defensa para no avanzar y se que muchas veces es mi refugio pero antes debo intentarlo. Ay, si pudiera llegar, ay, si pudiera acercarme y no siempre caer. Hay tanto que no entiendo, tanto dolor que disimulo con sonrisas y seguridades fabricadas como defensas. La verdad es que quisiera amarte como reclama mi corazón y rápidamente se me ocurre que buscar no siempre es encontrar. ¿ Cuál es el camino para poder llegar? Ojalá cesara mi llanto y se abrieran por siempre la llave de mi esperanza y las estrellas empezaran a brillar en este cielo.
Las ciudades se mueven como trompos histéricos entre luces de neón; nadie responde por sus orígenes y mucho menos por sus destinos. Sólo incógnitas en los papeles afiches que decoran las calles, publicidades que quieren arroparme con lo que no necesito; sabemos que la luminosidad no es una variable de la que podamos confiarnos. Provisorios algibes fueron construidos en sus calles y como venganza del tiempo no se mueven de la modernidad mostrándonos la sencillez de hombres de otras épocas que eran felices con agua en las esquinas. A lo lejos se avecina un viento dispuesto a erosionar las declaraciones de reyes que no cumpieron sus promesas. Ardientes doncellas esperaban a los mancebos que tampoco acudieron mientras centauros enjabeljados desayunaban sus manjares casi por casualidad. Ningún argumento sirvió para salvarlos de su condena que fue escrita sobre protocolos hoy caducos que cuelgan andrajosos en los pasillos de museos sin visitantes. Un guardia viejo y muy antiguo suele oficiar las pocas y humildes ceremonias. Es él quien habla de tan variada y rica fauna aristocrática que infiel en sus quehaceres ejercía el poder sobre un pueblo ignorante y añorante de un mundo más jugoso. Era lo que más deseaban pero el cordel no era fácil de desanudarse, más teniendo en cuenta las convenciones que daban cierto cariz de estabilidad, aunque todos sabían que había algo más tras los espejos o tras las calles de esa ciudad. Fueron pocos quienes escaparon, fueron los que desde un principio intuían con mucha fuerza ese horizonte de sol y colores, ese arco de mil intencidades como un brebaje de catarata de agua natural en el bosque.
A los demás los vi restregarse las manos frente a espejos gastados; a muchos se les caían los labios de verguenza pero hablaban igual y ninguno parecía exigente consigo mismo ni con los demás. Tampoco ninguno conseguía balbucear una mísera palabra de valor; eran miedos ancestrales que los controlaban. Melodías suaves bañaban las reuniones con sus propias almas. La conciencia en algún momento los abrumó... parece que esa vez si fueron justos...
A los demás los vi restregarse las manos frente a espejos gastados; a muchos se les caían los labios de verguenza pero hablaban igual y ninguno parecía exigente consigo mismo ni con los demás. Tampoco ninguno conseguía balbucear una mísera palabra de valor; eran miedos ancestrales que los controlaban. Melodías suaves bañaban las reuniones con sus propias almas. La conciencia en algún momento los abrumó... parece que esa vez si fueron justos...
sábado, 27 de octubre de 2007
El avión aterrizó un poco bruscamente , dió dos o tres cabezazos y frenó varias veces con dureza lo que hizo que los pasajeros nos fueramos hacia adelante consecutivamente en cada frenada. Ya estaba en Roma después de una hora de vuelo, un poco antes de lo previsto. En Girona habían anunciado que el vuelo tardaría 80 minutos. Desde el aeropuerto secundario de la capital italiana hasta Monte Sacro, el Barrio donde vivía mi amigo Stefan, el bus tardó más de una hora. Vivía en un departamento de clase media en un barrio muy tranquilo, alejado del centro; en realidad era la casa de sus padres quienes no sabían que también llegaba yo. Subimos al anteúltimo piso y me hizo esperar en el pasillo mientras saludaba y hablaba con los padres. Luego de un momento salió y me indicó una puerta de servicio en un piso más alto, una zona donde los padres nunca iban. Allí podría dormir seguro sin que me vieran , aunque yo los vería a ellos, me dijo. Y en efecto, cada mañana desde mi cama y por el hueco de la escalera veía ir y venir a la madre, una viejita de abundantes cabellos blancos que se paseaba con el desabillé y hablaba sola en Italiano. Era extraño que no me viera porque yo la veía perfectamente pero por suerte nunca miraba hacia arriba. Eso si, trataba de permanecer en el máximo silencio aunque apenas me movía la cama chirriaba, pero la vieja nunca miraba para arriba.
La tarde de mi llegada traté de dormir un poco pero no pude, estaba muy entuciasmado de estar en Roma por primera vez y miraba por un gran ventanal desde donde se veía la gigante ciudad; había niebla. Antes del atardecer Stefan me indicó como llegar al centro. El bus número 60 llegaba directo a la plaza Venecia y no hacía falta sacar pasaje ni mostrar ningún comprobante para ingresar al vehículo, sólo tenía que tener cuidado de que no subiera el inspector y según él, nunca pasaba. En el metro, en cambio, tenía que cuidarme un poco más pero también podía viajar gratis. Por ahora era fácil tenía techo y transporte cubierto, sólo debía gastar en la comida y en los museos que quisiera entrar. El viaje en el 60 romano fue muy confortable, viajé sentado mirando Roma por la ventanilla y casi al anochecer me bajé enfrente de la famosa Plaza Venecia; ahí estaba ese gigantesco palacio blanco que algunas veces había visto en documetales sobre el fascismo. Pasé por el lado izquierdo del palacio, y a lo lejos, mágicamente, se alzaba el coliseo. Me costaba creerlo pero estaba allí, a unos trecientos metros del coloso de espectáculos bárbaros Romanos. Caminé con exaltación a la vez que miraba a mi derecha la oscuridad del foro Romano iluminado por los focos. Nunca me imaginé que todo estuviera tan bien conservado, parecía como si los romanos todavía estuvieran allí. Me quedé mirando como abobado todas las ruínas alrededor de quince minutos. A lo lejos, en el museo de Arte había una exposición sobre Matisse, se veía el cartel muy bien iluminado pero el espectáculo del foro era impresionante: templos, columnas, arcos, edificios y aunque no podía identificar cada lugar me bastaba con sólo saber que ese era el centro del poder político de la antiguedad. En una placa leí que este lugar estuvo enterrado hasta el siglo XlX cuando fue descubierto por arqueólogos. Luego de mirar un buen rato seguí caminando y a la derecha distinguí cuatro mapas esculpidos en piedra que indicaban el crecimiento del imperio Romano; el último mapa estaba casi todo cubierto por el imperio. Cuando llegué al coliseo ya era de noche y estaba cerrado pero el monumento era iluminado por faroles luminosos. Di varias vueltas y en una esquina le pedí a una chica que me tomara una foto. Típica foto frente al coliseo casi en la oscuridad. Yo, con una vincha roja y atrás mío el coliseo.
La tarde de mi llegada traté de dormir un poco pero no pude, estaba muy entuciasmado de estar en Roma por primera vez y miraba por un gran ventanal desde donde se veía la gigante ciudad; había niebla. Antes del atardecer Stefan me indicó como llegar al centro. El bus número 60 llegaba directo a la plaza Venecia y no hacía falta sacar pasaje ni mostrar ningún comprobante para ingresar al vehículo, sólo tenía que tener cuidado de que no subiera el inspector y según él, nunca pasaba. En el metro, en cambio, tenía que cuidarme un poco más pero también podía viajar gratis. Por ahora era fácil tenía techo y transporte cubierto, sólo debía gastar en la comida y en los museos que quisiera entrar. El viaje en el 60 romano fue muy confortable, viajé sentado mirando Roma por la ventanilla y casi al anochecer me bajé enfrente de la famosa Plaza Venecia; ahí estaba ese gigantesco palacio blanco que algunas veces había visto en documetales sobre el fascismo. Pasé por el lado izquierdo del palacio, y a lo lejos, mágicamente, se alzaba el coliseo. Me costaba creerlo pero estaba allí, a unos trecientos metros del coloso de espectáculos bárbaros Romanos. Caminé con exaltación a la vez que miraba a mi derecha la oscuridad del foro Romano iluminado por los focos. Nunca me imaginé que todo estuviera tan bien conservado, parecía como si los romanos todavía estuvieran allí. Me quedé mirando como abobado todas las ruínas alrededor de quince minutos. A lo lejos, en el museo de Arte había una exposición sobre Matisse, se veía el cartel muy bien iluminado pero el espectáculo del foro era impresionante: templos, columnas, arcos, edificios y aunque no podía identificar cada lugar me bastaba con sólo saber que ese era el centro del poder político de la antiguedad. En una placa leí que este lugar estuvo enterrado hasta el siglo XlX cuando fue descubierto por arqueólogos. Luego de mirar un buen rato seguí caminando y a la derecha distinguí cuatro mapas esculpidos en piedra que indicaban el crecimiento del imperio Romano; el último mapa estaba casi todo cubierto por el imperio. Cuando llegué al coliseo ya era de noche y estaba cerrado pero el monumento era iluminado por faroles luminosos. Di varias vueltas y en una esquina le pedí a una chica que me tomara una foto. Típica foto frente al coliseo casi en la oscuridad. Yo, con una vincha roja y atrás mío el coliseo.
viernes, 26 de octubre de 2007
Esta historia fue verdad pero no la recuerdo con exactitud, es decir, los pormenores de lo que pasó, aunque sí algunos rasgos originales. Había viajado de Amsterdam a Bruselas en tren y estaba muy cansado porque la noche anterior había dormido en la estación luego de haberme fumado dos porros grandes y bien provistos en un bar del barrio rojo que me causaron un efecto extrano haciendome saltar de la cama antes de las tres de la manana. Tenía el teléfono de una chica que había conocido un tiempo atrás en mirallers n. 7 en Barcelona cuando daban un corto conceptual de un director under italiano. Quería dormir sin pagar en la capital Belga porque casi no tenía dinero. Entonces la llamé
Esto pasó tres días después de ese llamado. Anduve caminando por calles vacías y al azar. No había casi nadie en ese barrio de Bruselas donde terminé. El tranvía amarillo me había dejado casi en la puerta de la universidad Libre que hoy domingo estaba cerrada y escondido entre las plantas debía encontrar el sobre del que me habían hablado. Hurgué en el macetero naranja y efectivamente allí estaba todo; lo siguiente era muy fácil, sólo llevarlo y entregarlo.
El viernes, a última hora, este lugar era un conglomerado de estudiantes que entraban y salían, bajaban o subían hacia las aulas interiores, mientras en las calle paraban y arrancaban los pintorescos tranvías amarillos. Yo los miraba desfilar desde la puerta de entrada mientras esperaba a Marisa ( la chica de Ecuador que había conocido en Barcelona) quien me iba a prestar un cuarto para dormir dos días. Casi no la conocía pero no iba a desaprovechar la posibilidad de ahorrarme dos días de hostel u hotel así que con un llamado creí resolver mi problema de vivienda. Habíamos quedado a las tres de la tarde, eran las seis del viernes y todavía no había aparecido. Cada media hora la llamaba desde un locutorio y ella me contestaba lo mismo, "que estaba terminando un trabajo de entrega". Cuando llegó, a eso de las siete, tuve que esperar todavía una hora más a que hablara con uno de los profesores. Luego tomamos otra vez el tranvía hacia el centro de la ciudad y me presentó a varios amigos que de a poco se fueron yendo y sólo quedo uno que siempre se reía. Fuimos a un bar muy conocido de ese barrio a tomar cerveza. Me dijeron que podía elegir entre más de doscientas. "es lo típico de bélgica, igual que las historietas" y nos reimos del lugar común. El amigo de Marisa hablaba casi perfectamente castellano, creo que dijo haber vivido 3 años en Ecuador. Luego nos emborrachamos y caminamos un buen rato, yo no conocía nada de nada, ni los barrios, ni la gente pero estaba con ellos. Al final terminé en el altillo de Marisa, aunque no pude dormir en toda la noche porque empezaba a sospechar algo, aunque no sabía bien qué.
Nada quedaba ahora de la congestión de antes de ayer pero tenía el sobre en la mano y la seguridad que me proporcionaban esos papeles; ahora sólo debía golpear la puerta de la casa y entregarselos a una mujer que seguramente no vería nunca más en mi vida. Era fácil la tarea a cambio de los dos días con sus noches mal dormidas. No sabía nada de nada, sólo debía recoger eso y dejárselo a la mujer. Era mi último paseo por bruselas, después me iría. Claro que tenía curiosidad por saber de que se trataba todo aquel misterio pero mi "comodidad" se pagó con el aplacamiento de la intriga ya que cualquier violación del sobre era muy fácil de percibir, debido a la peculiar forma del paquete, especialmente diseñado para estos casos. También podría haberme escapado con las cosas pero Marisa sabía mi dirección de Barcelona y no valía la pena complicarme. El problema fue que cuando golpié nadie me atendió en aquella casa vieja de dos plantas en el fondo de un callejón. No esperé demasiado y lo dejé como pude en el dintel entreabierto tras la reja. Mi tren partía en una hora y no podía perder más tiempo. No sabría que ese sería el comienzo de una persecusión de la que no me daría cuenta hasta mucho tiempo después. Nunca supe del todo bien si esta historia fue realmente así porque no la recuerdo con exactitud pero lo cierto es que un rato después de dejar el sobre estaba perdido en Bruselas, perdía el tren y mi escaso por no decir nulo francés complicaba todo; para peor estaba seguro de que un hombre me perseguía. Era un pelado de estatura mediana, que cada vez que miraba para atrás hacía como que no me veía y reía con ironía. No quería hablar con la policía para no complicar las cosas pero las calles vacías, la escasa facilidad para comunicarme y la persecución del pelado complicaba todo, además, no tenía ningún conocido en todo bélgica a excepción de Marisa que ya a esta altura la creía cómplice de lo que estaba sucediendo, aunque no podía armar las piezas y todo me resultaba extraño y difuso. No quiero seguir contando mucho más pero para terminar diré que llegué a una estación perdida de metro, pregunté la dirección de la "estación central de trenes" y hacia allá me dirigí. Llegué justo a horario y me subí al comboy que partía hacia Amberes en unos minutos, el hombre seguía tras de mí, traté de dormir pero no podía y no era para más. El efecto de los dos porros fumados en el cofee Shop de amsterdam no se me iba, estaba mareado y no entendía nada de lo que pasaba. Sólo me aseguraba de tener el pasaporte y la billetera con 50 euros en la riñonera para pasar dos últimos días en amsterdam antes de volver a Barcelona.
Esto pasó tres días después de ese llamado. Anduve caminando por calles vacías y al azar. No había casi nadie en ese barrio de Bruselas donde terminé. El tranvía amarillo me había dejado casi en la puerta de la universidad Libre que hoy domingo estaba cerrada y escondido entre las plantas debía encontrar el sobre del que me habían hablado. Hurgué en el macetero naranja y efectivamente allí estaba todo; lo siguiente era muy fácil, sólo llevarlo y entregarlo.
El viernes, a última hora, este lugar era un conglomerado de estudiantes que entraban y salían, bajaban o subían hacia las aulas interiores, mientras en las calle paraban y arrancaban los pintorescos tranvías amarillos. Yo los miraba desfilar desde la puerta de entrada mientras esperaba a Marisa ( la chica de Ecuador que había conocido en Barcelona) quien me iba a prestar un cuarto para dormir dos días. Casi no la conocía pero no iba a desaprovechar la posibilidad de ahorrarme dos días de hostel u hotel así que con un llamado creí resolver mi problema de vivienda. Habíamos quedado a las tres de la tarde, eran las seis del viernes y todavía no había aparecido. Cada media hora la llamaba desde un locutorio y ella me contestaba lo mismo, "que estaba terminando un trabajo de entrega". Cuando llegó, a eso de las siete, tuve que esperar todavía una hora más a que hablara con uno de los profesores. Luego tomamos otra vez el tranvía hacia el centro de la ciudad y me presentó a varios amigos que de a poco se fueron yendo y sólo quedo uno que siempre se reía. Fuimos a un bar muy conocido de ese barrio a tomar cerveza. Me dijeron que podía elegir entre más de doscientas. "es lo típico de bélgica, igual que las historietas" y nos reimos del lugar común. El amigo de Marisa hablaba casi perfectamente castellano, creo que dijo haber vivido 3 años en Ecuador. Luego nos emborrachamos y caminamos un buen rato, yo no conocía nada de nada, ni los barrios, ni la gente pero estaba con ellos. Al final terminé en el altillo de Marisa, aunque no pude dormir en toda la noche porque empezaba a sospechar algo, aunque no sabía bien qué.
Nada quedaba ahora de la congestión de antes de ayer pero tenía el sobre en la mano y la seguridad que me proporcionaban esos papeles; ahora sólo debía golpear la puerta de la casa y entregarselos a una mujer que seguramente no vería nunca más en mi vida. Era fácil la tarea a cambio de los dos días con sus noches mal dormidas. No sabía nada de nada, sólo debía recoger eso y dejárselo a la mujer. Era mi último paseo por bruselas, después me iría. Claro que tenía curiosidad por saber de que se trataba todo aquel misterio pero mi "comodidad" se pagó con el aplacamiento de la intriga ya que cualquier violación del sobre era muy fácil de percibir, debido a la peculiar forma del paquete, especialmente diseñado para estos casos. También podría haberme escapado con las cosas pero Marisa sabía mi dirección de Barcelona y no valía la pena complicarme. El problema fue que cuando golpié nadie me atendió en aquella casa vieja de dos plantas en el fondo de un callejón. No esperé demasiado y lo dejé como pude en el dintel entreabierto tras la reja. Mi tren partía en una hora y no podía perder más tiempo. No sabría que ese sería el comienzo de una persecusión de la que no me daría cuenta hasta mucho tiempo después. Nunca supe del todo bien si esta historia fue realmente así porque no la recuerdo con exactitud pero lo cierto es que un rato después de dejar el sobre estaba perdido en Bruselas, perdía el tren y mi escaso por no decir nulo francés complicaba todo; para peor estaba seguro de que un hombre me perseguía. Era un pelado de estatura mediana, que cada vez que miraba para atrás hacía como que no me veía y reía con ironía. No quería hablar con la policía para no complicar las cosas pero las calles vacías, la escasa facilidad para comunicarme y la persecución del pelado complicaba todo, además, no tenía ningún conocido en todo bélgica a excepción de Marisa que ya a esta altura la creía cómplice de lo que estaba sucediendo, aunque no podía armar las piezas y todo me resultaba extraño y difuso. No quiero seguir contando mucho más pero para terminar diré que llegué a una estación perdida de metro, pregunté la dirección de la "estación central de trenes" y hacia allá me dirigí. Llegué justo a horario y me subí al comboy que partía hacia Amberes en unos minutos, el hombre seguía tras de mí, traté de dormir pero no podía y no era para más. El efecto de los dos porros fumados en el cofee Shop de amsterdam no se me iba, estaba mareado y no entendía nada de lo que pasaba. Sólo me aseguraba de tener el pasaporte y la billetera con 50 euros en la riñonera para pasar dos últimos días en amsterdam antes de volver a Barcelona.
sábado, 20 de octubre de 2007
Cuando llegué el portero me increpó ¿ a dónde vas? pero yo sólo le dije hola y no agregué nada más. El tipo pareció molestarse y me dijo con orgullo "soy el portero hermano", de que te ofendés. "Yo no me ofendí", le contesté y le respondí que iba al séptimo 4to. Ah, a lo de Mónica, me dijo más satisfecho y pareció sentirse contento de mi respuesta. Sospeché algo raro. Arrastré los bultos y tomé el ascensor. En el departamento estaba Mónica y su madre peleándose a los gritos. Les entregué los 600 euros ( 300 de depósito + 300 de fianza) y dejé mis bolsos en la habitación. Era la habitación de una niña pequeña, seguramente la hija de Mónica. Había osos de peluches, muñecas, florcitas de plástico, ropa de la niña en los cajones y en los estantes, cartulinas pintadas de colores. Dejé todo dónde pude porque el espacio era reducido. Sólo colgué la tela del dios Hindú en el placard. A los cinco minutos Mónica se me acerca y me empieza a explicar entre llantos muchos de sus problemas, especialmente el último con el portero. Parece que el tipo le reclamaba 150 Euros que ella no podía pagarle por ahora. Decía: "es prestamista, tiene negocios en Ecuador, acá, tiene mucho dinero y no puede esperar un tiempo más conociendo mi situación", "más conozco al mundo y más me espanto le escuchaba decir" y luego "toda le gente es una mierda" y así una y otra vez; a veces se daba vuelta y le gritaba a la madre en Catalán y luego pasaba al castellano y me contaba todo a mí: "Es prestamista, tiene negocios en ecuador", volvió a decir mientras lloraba. Luego de esto me pidió dinero. Le dije varias veces que no, que recién le había pagado pero insistía al tiempo que se abría la bata y me mostraba rápidamente sus pechos redondos y caídos, "necesito dinero, dame lo que tengas, debo darle algo al portero, por favor" Le dí todo lo que tenía en ese momento, 25 Euros, mientras miraba como mi billetera quedaba vacía. Me fui a trabajar y que sea lo que Dios quiera pensé entre mí, sólo espero que cuando vuelva estén mis cosas. Antes de salir pude comprobar que la casa estaba bastante abandonada: la cocina sucia, el pasillo sin luz, los interruptores sin tapas, además por ahora no había agua, pero había que adaptarse al nuevo lugar. Saludé a mónica, bajé por las escaleras y volví a saludar al portero. Me dijo: "chau hermano". Luego, escuché que le decía a una vecina "hay que ver cuanto aguanta".
domingo, 14 de octubre de 2007
Primer día de trabajo en "map 21", "servicios publicitarios". Me levanté a las siete de la mañana, muy temprano si lo comparo con el último tiempo en Argentina (cuando vendía libros) y en Barcelona donde por lo general me estaba despertando antes de las nueve, aunque un buen horario si lo comparo con todo el 2005, cuando atendía el puesto de Diarios de Saenz Peña y Estados Unidos y tenía que despertarme antes de las cinco, aunque después muchas veces dormía la siesta. Sin embargo, a pesar del horario, la época del Kiosco de diarios la recuerdo con cariño: la gente, el barrio, la insinuación a las chicas, los travestis, el café de la esquina atendido por Mariana. Espero que ahora a osvaldo le esté yendo bien con el pequeño puesto, todo eso es otro tema, ahora muy atrás, aunque haya sido nada más que en el 2005 y parte del 2006, menos de dos años de distancia que parecen mucho más.
Bueno, desayuné unas tostadas con manteca y miel, salí de mi casa rápido y enfilé por Argenterías hasta la estación Jaume 1. Me colé en el metro y en Verdaguer hice combinación hasta Cornellá, unos veinte minutos desde el centro; allí tomé el moderno y nuevo tranvía una sola parada, hasta la carretera Espugler donde quedaba el depósito de la empresa. Al cruzar la Avenida vi que el portón estaba abierto y había movimiento de personas y furgonetas. Desde lejos vi a un jóven que esperaba fumando y rápidamente me di cuenta de que era el mismo que había visto el jueves pasado cuando vine a hacer la entrevista. Era un Brasilero que estaba en Barcelona desde Julio, casi desde el mismo tiempo que yo. Aquel día habiamos hablado un poco y me había contado que era de Bahía y que su casa en Brasil se hallaba a 500 metros del mar. Se había casado con una chica de Zaragoza y se habían instalado en Barcelona hacía unos meses.
Entramos al depósito y me recibió la mujer que me había hecho la entrevista la semana anterior, creo que la dueña o una de ellas. En el trajín del momento me mostró el contrato y me hizo firmar unas hojas. Mi contrato era temporal, sólo duraba un mes. "ojalá dure un mes", pensé entre mí. Firmé rápidamente y fui hasta el fondo del taller. Allí me esperaba mi "jefe de equipo", un hombre de unos cuarenta años, con aspecto de profesor de gimnasia de escuela secundaria: flaco, móvil, flexible, con el pelo teñido de rubio y el metón sobresalido hacia afuera, como un hombre de Neandhertal o un Vikingo pacífico. Me dijo que lo siguiera y me llevó hasta un cuarto amplio, un especie de gabinete de educación física con una mesa redonda de madera en el centro y un espejo en la pared. En una esquina había una pequeña cocina y en un extremo, el baño. Me dijo: "esto lo cuidamos entre todos, cada día lo limpia uno de nosotros después del almuerzo". Luego volvimos y nos pusimos a cargar cajas en una de las furgonetas. Las cajas contenían publicidades de distintas empresas: sillones, electrodomésticos, muebles. Llenamos el vehículo hasta el tope, luego pusimos como pudimos las carretillas. Un momento después llegó el brasileño con otro chico de la empresa que era jefe de reparto; un ecuatoriano que parecía muy integrado a la vida catalana, era muy jóven, de menos de 25 años. El brasileño y yo nos subimos en los asientos de atrás mientras el rubio catalán manejaba; el ecuatoriano iba de acompañante y entre ellos hablaban de los partidos del domingo, especialmente del que había jugado el barca. El ecuatoriano hablaba con todos los giros españoles tío, joder, se le fue la olla... Salimos de la empresa casi a las 9 de la mañana y la calle estaba muy congestionada aunque la camioneta se abría paso entre la carretera llena de autos. La mañana era muy fría y a medida que avánzábamos el paisaje se abría: de un lado a lo lejos se veían las montañas, del otro antenas, torres, chimeneas, fábricas, un paisaje industrial. Nos alejábamos de la ciudad, creo que íbamos hacia Mataró donde debíamos repartir publicidad toda la mañana. Una vez yo había estado en Mataró simplemente por curiosidad. Recuerdo que había llegado en tren desde Barcelona y me había bajado en esa estación como me podría haber bajado en cualquier otra. Ese día me quedé mirando el mar más de dos horas y luego había caminado por sus calles durante toda la tarde y había terminado sentado en un parque observando el ritmo de la pequeña ciudad. Ahora no llegaba para pasear sino para repartir publicidad. Cuando el jefe de equipo me mostró el mapa de lo que tenía que repartir en 4 horas me asusté; era un cuadrado gigante que abarcaba gran parte de la ciudad. Cargué la carretilla y enfile hacia la zona donde debía empezar. Antes de comenzar a trabajar leí en un periódico que Wody Allen Filmaría en Barcelona en pocos días.
Febrero del 2007
Bueno, desayuné unas tostadas con manteca y miel, salí de mi casa rápido y enfilé por Argenterías hasta la estación Jaume 1. Me colé en el metro y en Verdaguer hice combinación hasta Cornellá, unos veinte minutos desde el centro; allí tomé el moderno y nuevo tranvía una sola parada, hasta la carretera Espugler donde quedaba el depósito de la empresa. Al cruzar la Avenida vi que el portón estaba abierto y había movimiento de personas y furgonetas. Desde lejos vi a un jóven que esperaba fumando y rápidamente me di cuenta de que era el mismo que había visto el jueves pasado cuando vine a hacer la entrevista. Era un Brasilero que estaba en Barcelona desde Julio, casi desde el mismo tiempo que yo. Aquel día habiamos hablado un poco y me había contado que era de Bahía y que su casa en Brasil se hallaba a 500 metros del mar. Se había casado con una chica de Zaragoza y se habían instalado en Barcelona hacía unos meses.
Entramos al depósito y me recibió la mujer que me había hecho la entrevista la semana anterior, creo que la dueña o una de ellas. En el trajín del momento me mostró el contrato y me hizo firmar unas hojas. Mi contrato era temporal, sólo duraba un mes. "ojalá dure un mes", pensé entre mí. Firmé rápidamente y fui hasta el fondo del taller. Allí me esperaba mi "jefe de equipo", un hombre de unos cuarenta años, con aspecto de profesor de gimnasia de escuela secundaria: flaco, móvil, flexible, con el pelo teñido de rubio y el metón sobresalido hacia afuera, como un hombre de Neandhertal o un Vikingo pacífico. Me dijo que lo siguiera y me llevó hasta un cuarto amplio, un especie de gabinete de educación física con una mesa redonda de madera en el centro y un espejo en la pared. En una esquina había una pequeña cocina y en un extremo, el baño. Me dijo: "esto lo cuidamos entre todos, cada día lo limpia uno de nosotros después del almuerzo". Luego volvimos y nos pusimos a cargar cajas en una de las furgonetas. Las cajas contenían publicidades de distintas empresas: sillones, electrodomésticos, muebles. Llenamos el vehículo hasta el tope, luego pusimos como pudimos las carretillas. Un momento después llegó el brasileño con otro chico de la empresa que era jefe de reparto; un ecuatoriano que parecía muy integrado a la vida catalana, era muy jóven, de menos de 25 años. El brasileño y yo nos subimos en los asientos de atrás mientras el rubio catalán manejaba; el ecuatoriano iba de acompañante y entre ellos hablaban de los partidos del domingo, especialmente del que había jugado el barca. El ecuatoriano hablaba con todos los giros españoles tío, joder, se le fue la olla... Salimos de la empresa casi a las 9 de la mañana y la calle estaba muy congestionada aunque la camioneta se abría paso entre la carretera llena de autos. La mañana era muy fría y a medida que avánzábamos el paisaje se abría: de un lado a lo lejos se veían las montañas, del otro antenas, torres, chimeneas, fábricas, un paisaje industrial. Nos alejábamos de la ciudad, creo que íbamos hacia Mataró donde debíamos repartir publicidad toda la mañana. Una vez yo había estado en Mataró simplemente por curiosidad. Recuerdo que había llegado en tren desde Barcelona y me había bajado en esa estación como me podría haber bajado en cualquier otra. Ese día me quedé mirando el mar más de dos horas y luego había caminado por sus calles durante toda la tarde y había terminado sentado en un parque observando el ritmo de la pequeña ciudad. Ahora no llegaba para pasear sino para repartir publicidad. Cuando el jefe de equipo me mostró el mapa de lo que tenía que repartir en 4 horas me asusté; era un cuadrado gigante que abarcaba gran parte de la ciudad. Cargué la carretilla y enfile hacia la zona donde debía empezar. Antes de comenzar a trabajar leí en un periódico que Wody Allen Filmaría en Barcelona en pocos días.
Febrero del 2007
lunes, 24 de septiembre de 2007
Vivo en el centro de Barcelona, alquilo una habitación en un departamento de la calle Mirallers número 7, barrio de "la Ribera", aunque más conocido como el Born por la calle de este nombre que desemboca en la Iglesia Santa María del Mar, uno de los punto turísticos de la ciudad y famosa ahora por el best seller "La catedral del mar". También donde empieza esta calle están las ruinas y estructuras del viejo mercado del born, actualmente cercado porque debajo se ha encontrado material arqueológico; es el casco antiguo de la ciudad, que se remonta a la edad media. La iglesia, según algunos historiadores, la empezaron a construir alrededor del año 1000 y si bien las casa del barrio no son tan viejas todas son anteriores a 1900, aunque la mayoría refaccionadas. El edificio en donde vivo se remonta a principios de 1700 y tuvo una gran reforma en 1850; esa fecha figura inscripta en el hierro de una ventana de las escaleras generales. Es una casa conocida por su historia y figura en algunos libros del barrio ya que según la leyenda aquí tuvo una de su viviendas el famoso cura y escritor catalán Jacinto Verdaguer. Se dice que en el piso de arriba del que vivo practicaba sesiones de exorcismo alla por 1920 tantos... y a veces grupos de turistas llegan por la mañana a ver la puerta de la entrada mientras el guía les cuenta un poco la historia de este famoso personaje catalán; en fin historias como tantas otras en pueblos y ciudades.
Las calles del barrio son medievales, estrechas y oscuras como muchos centros históricos de Europa, es la parte turística de la ciudad al lado del barro gótico donde sobresale la Plaza Real con sus galerías y su arquitectura simétrica y ornamentada. Es una zona donde viven muchos turistas y estudiantes de otras partes de Europa. En la casa donde vivo hay una chica italiana, una mexicana y un chico Holandes. Mi hermano y yo alquilamos una habitación doble, ellos viven cada uno sólo. En la casa somos cinco en total y si juntamos el dinero de todos estamos pagando más de 1500 euros. Conseguimos esta habitación casi de casualidad después de ir a ver dos o tres departamentos que no nos gustaban. Luego fuimos a un lugar llamado Barcelona houses, por la calle Torrente de la olla, cerca del metro de Lesseps pero había que ser estudiante para ingresar en el departamento, entonces le rogamos que no encontrábamos lugar y la chica que nos atendía nos dijo que no dependía de ella sino que era el dueño quien fijaba esos requisitos. Yo le dije que estaba escribiendo una novela y necesitaba tomar cursos de estilo pero que todavía no había decidido en que universidad inscribirme. Ella se quedó pensando un raro y nos dijo que había unos cursos de Catalán gratuitos que servían como comprobantes de que eramos estudiantes así que fui hasta Plaza Cataluña y me inscribí, aunque no comencé el curso en ese momento. Fuimos con la inscripción y por suerte nos alquilaron. Gastamos todo el dinero del que disponíamos en el alquiler. Nos quedaron 100 Euros a cada uno, ahora debíamos buscar trabajo para mantenernos y poder seguir viviendo. Mi hermano piensa quedarse por un año y luego volver a Argentina; yo no tengo nada definido, quizás me quede unos años más pero no creo que siempre en España; también me gustaría estar un tiempo en un país anglosajón o en cualquier otro donde la cultura sea diferente. Por ahora disfuto de estar en esta ciudad y abro los ojos bien grandes para guardar todo lo que veo de la vieja Europa. Vinieron tiempos de todo tipo, algunos duros y otros más divertidos de viajes y gente.
Las calles del barrio son medievales, estrechas y oscuras como muchos centros históricos de Europa, es la parte turística de la ciudad al lado del barro gótico donde sobresale la Plaza Real con sus galerías y su arquitectura simétrica y ornamentada. Es una zona donde viven muchos turistas y estudiantes de otras partes de Europa. En la casa donde vivo hay una chica italiana, una mexicana y un chico Holandes. Mi hermano y yo alquilamos una habitación doble, ellos viven cada uno sólo. En la casa somos cinco en total y si juntamos el dinero de todos estamos pagando más de 1500 euros. Conseguimos esta habitación casi de casualidad después de ir a ver dos o tres departamentos que no nos gustaban. Luego fuimos a un lugar llamado Barcelona houses, por la calle Torrente de la olla, cerca del metro de Lesseps pero había que ser estudiante para ingresar en el departamento, entonces le rogamos que no encontrábamos lugar y la chica que nos atendía nos dijo que no dependía de ella sino que era el dueño quien fijaba esos requisitos. Yo le dije que estaba escribiendo una novela y necesitaba tomar cursos de estilo pero que todavía no había decidido en que universidad inscribirme. Ella se quedó pensando un raro y nos dijo que había unos cursos de Catalán gratuitos que servían como comprobantes de que eramos estudiantes así que fui hasta Plaza Cataluña y me inscribí, aunque no comencé el curso en ese momento. Fuimos con la inscripción y por suerte nos alquilaron. Gastamos todo el dinero del que disponíamos en el alquiler. Nos quedaron 100 Euros a cada uno, ahora debíamos buscar trabajo para mantenernos y poder seguir viviendo. Mi hermano piensa quedarse por un año y luego volver a Argentina; yo no tengo nada definido, quizás me quede unos años más pero no creo que siempre en España; también me gustaría estar un tiempo en un país anglosajón o en cualquier otro donde la cultura sea diferente. Por ahora disfuto de estar en esta ciudad y abro los ojos bien grandes para guardar todo lo que veo de la vieja Europa. Vinieron tiempos de todo tipo, algunos duros y otros más divertidos de viajes y gente.
sábado, 22 de septiembre de 2007
Empezaron las fiestas de La Merced. Ya a las diez de la mañana escuché sonidos de trompetas que venían desde la plaza S. Familia; es la fiesta más importante de Barcelona y recuerdo que el año pasado estuve por las ramblas y por Ferrán viendo los gigantes y dragones, los bailes, murgas y exposiciones, todo muy colorido y populoso, gente por todos lados. Me acuerdo que aquella vez mi hermano trabajaba de camarero en el bar de la esquina de Argenterías y Laietana y mientras yo miraba la fiesta por Ferrán lo vi servir una mesa pero no lo quise interrumpir y sentí un poco de culpa al verlo trabajar sin parar mientras yo miraba el despliegue festivo. Ahora mi hermano está en Buenos Aires y esta vez no creo que vaya a ver la fiesta, prefiero ir a un recital a la noche y nada más, creo que toca "Ojos de Brujo" en el Forum, me tengo que informar sobre la hora. Ahora son las dos de la tarde y recién volví de la Biblioteca Sagrada Familia después de mirar durante más de una hora los estantes sin decidirme por ningún libro; al final como no me podía ir con las manos vacías, viejo vicio de lector, elegí "El cuaderno gris" de Josep Pla pero en castellano. Es una obra clásica y mítica en forma de diario y me interesa porque escribe vivencias del día a día; tengo que observar como los grandes escritores construyen sus obras, a ver si puedo mejorar en mi forma de narrar. Ahora estoy en el locutorio y copié dos teléfonos de alquiler de pisos, voy a tratar de visitar por lo menos uno durante la tarde, esto de buscar habitación no me gusta para nada, encima algunos son superexigentes, piden nóminas, dos fianzas, no se quieren arriesgar en nada, en cambio, yo como inquilino, no les pido nada ; deberían fijarse más que nada en como es uno, observando es como mejor se conoce a la persona. Espero encontrar un buen lugar y no tener otra vez una mala experiencia y sentirme con plena libertad en la casa. Hoy también toca Miguel Cantilo en Badalona, me enteré ayer mientras escuchaba un programa de Radio argentino, es a las seis de la tarde en un bar o centro cultural, también tengo la idea de ir, sólo tengo que tomar el tren que tarda diez minutos, voy a ver si me animo. Bueno, "ojos de Brujo" y "Miguel Cantilo", no está nada mal el proyecto de recitales para el día de hoy.
Al final fui a ver a andrea Cor, mucha gente en plaza Cataluña, chicas adolescentes con cámaras digitales. Sólo escuché un par de canciones, luego bajé por la rambla a caminar, mucha gente por todos lados. En la explanada del puerto había un concierto de música latina.
Al final fui a ver a andrea Cor, mucha gente en plaza Cataluña, chicas adolescentes con cámaras digitales. Sólo escuché un par de canciones, luego bajé por la rambla a caminar, mucha gente por todos lados. En la explanada del puerto había un concierto de música latina.
viernes, 21 de septiembre de 2007
Salí de mi casa a las 12:00 del mediodía pero me equivoqué y fui hasta el Clot creyendo de que de ahí partían los trenes para Terrasa por lo que tuve que volver hasta Arco del triunfo. Por suerte no tuve que esperar para el viaje, el tren salía en ese momento. Me senté comodamente y viajé leyendo "al filo de la navaja" de maughan mientras el tren avanzaba por el tunel oscuro, después me dediqué a mirar el paisaje Catalán; me gustan ver las montañas verdes y los pueblos de casas rojizas, me gusta este paisaje con vegetación exhuberante y húmeda y cielo cargado que tapa los brillos del sol en este principio del otoño. El tren tardó en llegar casi 40 minutos aunque me hubiera gustado seguir viajando y leyendo, llegar hasta Francia y luego seguir hacia Suiza o Austria pero tuve que bajar en la Terrassa. Las calles de las encuestas por suerte eran cercanas a la estación del norte adonde llegué con el tren de renfe; Lo supe recién al llegar cuando desorientado le pregunté a una chica por la calle donde debía trabajar. Eran casi las dos de la tarde, hora de la comida así que decidí esperar a que pasara la hora del almuerzo y me senté en un bar en diagonal a la estación. Como nadie me atendía fui y le dije al hombre del mostrador, seguramente el dueño, que quería un café con leche y me volví a sentar. Estuve leyendo y como no me lo traía levanté las cosas y me fui, no sin antes ir al baño; me dió la impresión de que no quería molestarse en traerme el café y quería que yo fuese a la barra pero yo no iba porque había mucha gente, algunos observándome y esas situaciones no me gustan. Cuando me fui oí un murmullo acerca de mí pero no me importó. Empecé a tocar timbres pero se hacía difícil entrar en los edificios por la calle del Nord en terrasa centro. Eran buenos departamentos, clásicos y antiguos. Me quedé hablando con un hombre rapado a cero que bajaba a tirar la basura, no quiso hacerme la encuesta pero me sentía solo y la buena onda del tipo me dió ánimo aunque no haya accedido a la encuesta. Seguí caminando y encontré a una mujer que salía de un edificio, me dijo que me la hacía, era argentina pero no me di cuenta, hablaba catalán perfecto, hacía 31 años que estaba en españa, justo desde el 76, pensé que quizás había venido exiliada por la dictadura pero no le dije nada, por suerte cada vez soy menos curioso con ciertos temas, no como cuando era más chico que siempre me iba la boca. Tardé en hacer las encuestas y después de hacer la segunda, a eso de las cinco de la tarde, me senté en un bar a tomar el café que me debía desde temprano. Las tres encuestas restantes las hice una tras otra y a las 8 de la tarde- noche con cielo de color violeta estaba en los jardines de una plaza debajo del puente cantando una cancion de moris; me esperaba casi una hora de viaje entre metro y tren. Empecé a caminar; por suerte la estación estaba cerca; Volví leyendo "al filo de la navaja".
miércoles, 19 de septiembre de 2007
Hace frío en Barcelona, es temprano y llovizna. Me levanté hace casi una hora. Miro el reloj redondo en la pared , son casi las 9:30. Mientras me visto pongo un disco color amarillo de Leonard Cohen. Me coloco dos pares de media y un joggin viejo debajo del pantalón. Intento encender la estufa del comedor pero es inútil porque necesita un butano especial que no tengo. Entonces enciendo un aparato que emana aire caliente y se utiliza especialmente para bañarse en días de invierno;tengo ganas de tomar té pero me acuerdo que se me acabó y bajo al supermercado Pakistaní a comprar. Luego de la compra doy una vuelta por el born; veo muy poca gente por Montcada en esta mañana, la puerta del museo Picasso está vacía. Cruzo Princesa y veo que un hombre le pega a un perro y lo hace entrar por la fuerza a un comercio, se ríe y le dice a su acompañante, una mujer jóven, " Hay que pegarle para que aprenda". Sigo caminando y veo que en bicicleta pasa una chica abrigada con un chal de colores, tiene puestos unos audífonos, la cara colorada y se la ve muy concentrada en la música que escucha. Doy otra vuelta a la manzana pero no hay nadie. A lo lejos veo un cura que camina con presteza, es una escena curiosa, un tanto surreal en esta mañana vacía de invierno. Vuelvo rápido al departamento, subo los cuatro pisos y pongo el agua a calentar. Saco el disco de Cohen y pongo el de Rosendo. Pienso que tengo que escribir y no lo hago. "pero no es una obligación, me digo", aunque sienta que tenga que hacerlo. Tomo el té con lentitud mientras escucho la guitarra rockera de Rosendo pero me siento mal, insatisfecho y trato de buscar algunas explicaciones a este malestar; de a poco las voy encontrando. En estos meses tengo que decidir cosas importantes y aunque trate de tomarmelo con calma tengo que decidir. 1) volver a la Argentina 2) cuando retornar a Europa y a qué lugar ? Barcelona? Ibiza? Italia? 3) Encontrar un trabajo que pueda hacer . Sin lo último no podré hacer nada de lo anterior porque no tengo un euro, apenas pude pagar el mes de la habitación y todavía le debo a mi hermano como 400 euros. Con respecto al trabajo hay otro problema y me di cuenta quizás demasiado tarde de que no sirvo para cualquier trabajo y por eso no duro nada. Todos los que no me gustaban los hacía a desgano, haciendo un sobreesfuerzo, evadiendome, a veces se soportaba más que otras veces y otras directamente no podía, como el último en el que dure 15 días. Hubo otros trabajos, en los que hubo esfuerzo, pero no sufrimiento y pude hacer con relativa tranquilidad. Lo ideal sería buscar este tipo de trabajos pero en tres meses se me vence el pasaje de vuelta a Argentina y no hay demasiado tiempo para elegir. Ayer dejé un curriculum en un bar que están a punto de abrir en la calle Argenterías, a cincuenta metros del piso que alquilo, es para camarero y me dijeron que pasara en dos días pero el problema es que no estoy demasiado convencido. En agosto, a dos meses de haber llegado, trabajé de camarero en el Gran vía 2, centro comercial gigante de Hospitalet y no fue una experiencia para nada gratificante pero así y todo lo pude hacer hasta que me hecharon pero no por mal desempeño sino por que otra empleado me acusó de robar 300 Euros. No tuve forma de defenderme pero es otra historia que no tengo ganas de desarrollar, algo más de la estupidez humana. Tal vez parezca una exageración pero la verdad que no puedo hacer cualquier trabajo pero inmediatamente me pregunto y si pruebo unos días? total, que pierdo? pero, no sé, me viene la duda inmediatamente. El trabajo de las encuestas era lo único que podía hacer sin problemas pero ahora en ninguna de las empresas que trabajé hay trabajo; Que hacer? lo primero que salga o empezar a que empiecen las encuestas? La verdad que no puedo darme el lujo de esperar demasiado y tengo que decidirme... Siempre igual, las mismas dudas, los mismos miedos y silencios....
febrero 2007
febrero 2007
domingo, 16 de septiembre de 2007
El sol ilumina la casa y el jardín en un día claro y de esplendor, un día normal de la casa deshabitada pero hay un rumor entre las flores que de a poco empieza a correrse. Las flores y plantas lentamente empiezan a cumplir sus quehaceres, los que desde un principio debieron realizar pero para los que esperaron más de la cuenta. En los aleros las rosas rojas crecen, crecen y desbordan a los maceteros colocados en las cornisas para satisfacer a los antiguos visitantes. Las violetas y margaritas inundan la entrada del camino, antes cubierta por lajas y ladrillos. Desde la ventana crecen naranjos y limoneros redondos, brillantes. En el comedor girasoles y abetos se entremezclan extrañamente. La casa cruje y se desestabiliza, jadea pausadamente. En el techo azul las abejas construyen sus panales, indiferentes al calor de las tejas; su tarea es ardua y persistente; salen y entran por la blanca chimenea cubierta de orquídeas. Zanahorias, calabazas y hortalizas muy verdes se agigantan en los baños, encuentran su lugar en cada hueco vacío. Nada parece poder detener esta lenta vehemencia, ni siquiera el jardinero que atónito observa la curiosa e inexplicable situación..
Los pisos se levantan y la tierra cubre las habitaciones donde hormigas laboriosas trasladan a sus hormigueros las hojas de los álamos que crecen en la cocina. Los ciruelos y almendros se erigen en la sala de estar y la madre naturaleza organiza su festín acompasadamente, con ritmos sabios que vienen de un tiempo milenario y en soledad nace la belleza. El agua fresca y cristalina fluye por las cañerías que cortaron las raices y los cálidos rayos del sol ingresan por los espacios del techo que produjeron los manzanos. En las paredes exteriores las enredaderas escalan y escalan a pasos agigantados cubriéndolo todo. El pasto verde parece una alfombra prolija y en el jardín un palo borracho parece ser el nuevo rey. Todo se ve hermoso y la casa deja hacer sin ningún atisbo de rebelión, como si también gozara de tal florecimiento.
Mientras tanto los dueños nada saben de todo esto y contentos cuentan el dinero de sus rentas pero lentamente y sin pausa un malestar les subirá hasta sus gargantas cuando al llegar vean lo que pasa y no puedan hallar explicaciones del jardinero que yace asesinado junto al palo borracho, en la dulce fiesta de las plantas, la que desde un principio debieron realizar pero para lo que esperaron más por reservas que por temor.
Los pisos se levantan y la tierra cubre las habitaciones donde hormigas laboriosas trasladan a sus hormigueros las hojas de los álamos que crecen en la cocina. Los ciruelos y almendros se erigen en la sala de estar y la madre naturaleza organiza su festín acompasadamente, con ritmos sabios que vienen de un tiempo milenario y en soledad nace la belleza. El agua fresca y cristalina fluye por las cañerías que cortaron las raices y los cálidos rayos del sol ingresan por los espacios del techo que produjeron los manzanos. En las paredes exteriores las enredaderas escalan y escalan a pasos agigantados cubriéndolo todo. El pasto verde parece una alfombra prolija y en el jardín un palo borracho parece ser el nuevo rey. Todo se ve hermoso y la casa deja hacer sin ningún atisbo de rebelión, como si también gozara de tal florecimiento.
Mientras tanto los dueños nada saben de todo esto y contentos cuentan el dinero de sus rentas pero lentamente y sin pausa un malestar les subirá hasta sus gargantas cuando al llegar vean lo que pasa y no puedan hallar explicaciones del jardinero que yace asesinado junto al palo borracho, en la dulce fiesta de las plantas, la que desde un principio debieron realizar pero para lo que esperaron más por reservas que por temor.
martes, 11 de septiembre de 2007
Yo vivo de mis sueños a quien nadie les cuento. Me refugio en mis fantasías y así puedo caminar más tranquilo después que golpeo una puerta y me niegan lo que hay detrás. Cada día mi imaginación me lleva a lugares muy lejanos en los que nunca estuve o a un lugar que visité y que ya mi memoria no lo recuerda con exactitud por lo cual se ve obligado inventarlo o exagerarlo agregando lo que le da placer a mi memoria . Soy yo mismo y los demás; cada vida cobra en mí más vida y de todas tomo la que mejor encaja con mi estado de ánimo del momento. Ahora pienso en el barriletero de claromecó y mis barriletes son hermosos e imbatibles, suben y bajan con sus colores brillantes, se alejan y traspasan el mar azul o los campos trigados de tres arroyos. Los chicos vienen hasta mis rodillas y me piden historias y yo entonces les cuento mis recuerdos de los años 30 y 40 cuando caminaba como un vagabundo por los terraplenes de Santa Fé. Era un croto libertario por los campos verdes y amarillos. Soles y estrellas en su esplendor, solamente para mí. Rico en mi pobreza y con sol o con tempestad tenía mis refugios entre malesas, casas y estaciones abandonadas. Cambiaba soledad por libertad y así fueron muchos años de mi vida por rieles y estaciones entre vagabundos Argentinos, Italianos, Rusos y polacos que profesaban una fe que asustaba a los burgueses y seguros del mundo. Fuego en las noches de los campos, refugio de vagones, pacifismo irónico frente al poder.
Luego dejé esa vida y trabajé durante mucho tiempo en una oficina central de la ciudad, no estaba mal, aunque era algo muy diferente a lo que había hecho antes pero con esfuerzo me pude ir adaptando. Trabajaba con traje y entre paredes con cajones y estanterías y hasta llegué a tener una secretaria que me ayudaba en mis tareas. En ese tiempo concurría a un taller donde aprendía poco a poco el oficio hoy tan olvidado de armar barriletes. Ahora, después de muchos años de práctica remonto los barriletes más grandes del país; son además los que llegan más lejos y las avionetas que fumigan el campo levantan vuelo cuando pasan por el pueblo por miedo a enredarse con el tenso hilo del barrilete y yo veo como el avión sube y se aleja más y más. Algunos envidian mi oficio y quisieran llegar a remontar barriletes tan alto y yo les digo que todo es cuestión de práctica. De todas formas yo creo que no hay nada que envidiarme y a veces me gustaría cambiar de vida y ser como los demás, es decir dejar de llevar cometas a los aires, pero no puedo; es por eso que mis barriletes son también gritos de soledad pero poca gente los comprende.
Luego dejé esa vida y trabajé durante mucho tiempo en una oficina central de la ciudad, no estaba mal, aunque era algo muy diferente a lo que había hecho antes pero con esfuerzo me pude ir adaptando. Trabajaba con traje y entre paredes con cajones y estanterías y hasta llegué a tener una secretaria que me ayudaba en mis tareas. En ese tiempo concurría a un taller donde aprendía poco a poco el oficio hoy tan olvidado de armar barriletes. Ahora, después de muchos años de práctica remonto los barriletes más grandes del país; son además los que llegan más lejos y las avionetas que fumigan el campo levantan vuelo cuando pasan por el pueblo por miedo a enredarse con el tenso hilo del barrilete y yo veo como el avión sube y se aleja más y más. Algunos envidian mi oficio y quisieran llegar a remontar barriletes tan alto y yo les digo que todo es cuestión de práctica. De todas formas yo creo que no hay nada que envidiarme y a veces me gustaría cambiar de vida y ser como los demás, es decir dejar de llevar cometas a los aires, pero no puedo; es por eso que mis barriletes son también gritos de soledad pero poca gente los comprende.
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