sábado, 17 de noviembre de 2007
Hoy estuve haciendo encuestas sobre una publicidad de móviles. El lugar de las entrevistas era en un bar-restaurant de Rambla Catalunya 57, llamado Rodilla; las hacíamos en las mesas del fondo aunque la captación debía hacerla en la calle o en la Rambla. Aunque no me correspondía trabajar, Bruno me llamó y me preguntó si quería hacerlo y decidí ir sólo como un juego, porque no tenía nada que hacer y además me sentía sólo. Hacía mucho frío, tenía puesto un pullover y una campera de abrigo encima del buzo. Trabajé con Marta, una chica de Cadiz que había llegado a Barcelona 4 meses atrás. Tenía el típico look punkie y vivía de okupa en Gracia. Me cayó bien con su simpatía y su acento andaluz y nos divertíamos mientras parábamos a la gente, aunque lograr las encuestas no era tan fácil como pensaba. Había muchos extrangeros y catalanes bien vestidos que no nos pretaban atención, poca gente jóven. Pero la mañana pasaba hablando con Marta. Me contó que a la tarde iría a la manifestación contra el fascismo y en homenaje al chico asesinado el otro día en Madrid por los skinhead. Hablamos un rato del Anarquismo y me sorprendió que hubiera leído "La Ayuda mutua" de Kropotkin; Yo le hablé de "La conquista del pan" y nos complementámos hablando sobre temas Acrátas. Algún mes voy a dedicarme a leer sólo libros anarquistas, hace tiempo que quiero leer "La libertad" de Bakunin, pero no sé donde conseguirlo, quizás en la librería libertaria de la calle Joaquín costa del Raval lo tengan. Hace poco acaba de leer un libro excelente, quizás lo mejor en ¿política? que había leído hasta ahora; el autor es un conocido anarquista individualista llamado Emile Arnand y el libro se titula "lo que es, puede y vale". Marta Tenía tatuado en el cuello el símbolo anarquista, tenía un piercing en la nariz y otro en la lengua, ojos color de miel y pecas en su cara. La verdad que me atraía y además me tocaba jugetonamente, pero en ningún momento le dije nada directamente. Ella captaba más gente que yo; todos la miraban por su aspecto con pelo teñido, media cabeza rapada, además de la ropa negra y las medias de colores. Me gustaba estar al lado de ella, me sentía contento y alegre hablando de Kropotkin. Me dijo que tenía un sueño: su idea era recorrer Europa en una camioneta y vivir allí con otras personas y por eso estaba haciendo el curso para sacar el carnet. Hacía frío y siempre nos movíamos hacia donde pegara el sol pero los edificios lo tapaban y sólo llegaban algunos pocos rayos que había que aprovechar. El sol se ocultaba un poco cada media hora y la tarde fue pasando hasta que el cielo empezó a oscurecer, yo logré repuntar con unas encuestas más, tomamos unos cafés y ella dijo de golpe que se iba a la manifestación. Eran las seis de la tarde pero afuera por la oscuridad parecían las diez, antes de que se fuera la invité a hacer algo por la noche pero me dijo que no sabía porque estaba cansada a lo que no insistí. Me quedé mirándola como bajaba hacia la Rambla Catalunya. Adios, Marta.
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