viernes, 30 de noviembre de 2007
Ayer deambulé por Poble-Nou durante una hora, había poca gente en la rambla; algunos bares abiertos y vacíos. Fui y volví por la rambla varias veces. Luego llegué hasta la costa y caminé lentamente por la playa hasta Villa Olímpica. Me recosté en un unos de los bancos de cemento y no hice otra cosa que mirar el mar. A lo lejos un trasatlántico se alejaba del puerto, avanzaba despacio pero firme en el día limpio. Pensé que iría hacia Grecia o hacia Sicilia. Le saqué una foto acercando la imágen lo máximo posible con el zoom. Pasaron algunos Argentinos y pensé en Buenos aires y mis amigos, ¿qué hora sería allá? ¿ que estarían haciendo? Mediodía de Domingo, muy aburrido aunque si estuviera allá después nos podríamos encontrar para ir a tomar algo a un café. Me levanté del banco y caminé hacia Barceloneta; me compré unas galletas con cereales. Volví a la playa, caminé otra vez un poco por la costa y luego di la vuelta y fui caminando hasta la torre adonde llega el teleférico desde el Montjuic, quise entrar al puerto por un portón pero estaba cerrado el ingreso. Saqué algunas fotos más al atardecer desde el paseo Borbón, el sol se ocultaba tras la montaña, el cielo estaba anaranjado. Quise entrar al museo de historia pero no estaba en horario. Crucé las avenidas, fui hacia el Borne. Por la iglesia Santa María del mar había mucha gente, por Argenterías y el paseo del Born también. Iban y venían todos arreglados, muchos turistas. No sabía a donde ir hasta que me acordé de Joseph, el chico con el que hacía el taller literario. Vivía en Frenería y Llibretería, pleno centro, a una cuadra de la plaza del Rey. Vivía con su madre en un caserón muy antiguo como la mayoría de los del centro, como en el que había vivido yo durante un año en la calle Mirallers. Cuando le toqué el timbre tardó en responder pero luego de un momento lo vi gritarme con alegría desde el balcón y me indicó que lo espere, bajó y fuimos a tomar algo a un bar de llibretería. Me contó que estaba escribiendo más seguido, casi una hoja por día y me leyó un relato muy divertido y exagerado. El personaje era un hombre que tenía mucho exito con las mujeres, se tomaba la seducción como un juego divertido y sencillo y cuando le decían que no la autoestima no se le alteraba, seguía persistiendo sin miedo. Había ideado una técnica de seducción que consistía en elaborar una lista con el nombre y el teléfono de todas la mujere que conocía y llamar a una por una para una cita. En el promedio alguna le tendría que decir que sí. Pensé que era una buena idea pero tampoco nada original.
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