LLegué a Bologna desde Florencia, el viaje en tren tardó algo más de una hora en recorrer los 100 km, hacía bastante frío; en la ciudad había dos estaciones, me bajé en la segunda, la central. La tarde se hacía noche y el frío del invierno recrudecía. Al bajar del tren Caminé con lentitud por las interminables galerías de la Avenida Independencia durante una hora; en el camino me detuve en un negocio de discos donde me quedé leyendo una revista de rock de bandas italianas y luego escuché en los audífonos del local un disco de Módena city Ray; esa banda me gustaba desde que el hijo de Stefan me la había hecho escuchar en Roma durante un almuerzo donde cambiamos algunas palabras de español e italiano y dijimos que un día nos ibamos a reunir a intercambiar palabras y a aprender mutuamente, cosa que nunca hicimos porque mi estadía en Roma duró sólo ocho días y cada jornada la aprovechaba para recorrer la ciudad o para entrar a algún museo lo que me llevaba mucho tiempo. Ese día, en casa del hijo de stefan, también escuchamos otros discos de Punk Italiano. Cuando me fui me regaló un compilado que más tarde perdí en el pueblo de Bassano Romano, un lugar a donde llegué en autobus desde Roma porque había leído en una guía que era pintoresco y medieval, lo que era cierto, aunque no fue muy pintoresco lo que me sucedió ( Me instalé en una casa abandonada a la que pude entrar sin problemas por la ventana; en realidad era una casa en obras, con una parte del techo rota por donde entraba viento y frío y era una noche de bajas temperaturas; tuve que hacer fuego con lo que encontré; quemé unas zapatillas rojas, viejas y agugereadas que había en un estante hecho con madera de árbol y luego quemé el estante aunque no sirvió de mucho porque la temperatura era demasiado baja. También tenía mucho hambre porque no había comido nada en todo el día. Unas galletas viejas que había en el marmol sucio de la cocina paliaron mi apetito momentaneamente, tenían un sabor horrible pero ayudaron a mi estómago; a media noche escuché unos ruidos y al bajar la escalera del altillo veo que en el paquete de galletitas había varios roedores que me miraban con sus ojos irónicamente... ah ah ah por un momento no supe que pensar y luego me di cuenta de que yo me las había comido todas; claro, esa noche no pude dormir... y a la mañana siguiente metí rápido todo en la mochila y en la ligereza me olvidé entre otras cosas el compact de Modena City Ray)
Bueno, en la disquería de Bologna el dependiente empezó a mirarme con ojos molestos porque yo no paraba de escuchar música. Seguramente eso se ponía para el público, pero nadie contaba con que alguien se quedara tanto tiempo escuchando las canciones así que me fui.
A la salida del local hablé con un negro de Etiopía que vendía poesía en Italiano. ¡ un vendedor ambulante de libros! y ¡ africanos traducidos al italiano! No lo dudé y gasté los tres euros en una hermosa edición de tapa verde artesanal con varios poetas africanos traducidos al Italiano.¡ una rareza para mí! Me contó que estaba en Bologna desde hacía tres años y que la policía solía perseguirlo por carecer de permiso para vender además de no tener los papeles, claro.; si, igual que en Barcelona, ya sé, le dije, conozco la historia. Seguí caminando y llegué a la plaza Maggiore y Neptuno. Al costado de la plaza estaba la Iglesia San Petronio, detrás la gigantesca biblioteca municipal. Entré y leí que las primeras lecciones de anatomía humana que se dieron en el mundo se impartieron aquí, en lo que se considera la universidad más vieja del mundo donde también leí que estudió Dante Alighieri. Caminé unas cuadras hacia atrás de las plazas centrales pero la ciudad parecía diluirse lentamente. El encanto del centro histórico de a poco desaparecía; en una calle perdida de estas había un argentino que hacía tangos pero nadie le prestaba atención, no sé porque se ubicaba en una calle tan marginal, estaba vestido de sombrero y traje y hacía una versión libre de "che bandoneón". Me quedé un rato escuchándolo y luego volví por otra calle hasta la plaza Neptuno donde se halla la fuente del siglo XVI cuyo fornido Neptuno de bronce está rodeado de Querubines y sirenas. Estas últimas despiden agua de sus pezones, todo un avance de la ingeniería para esa época pensé, aunque en realidad nunca supe si toda la fuente tenía 500 años. Por vía Rizzoli llegué hasta las dos torres más famosas de la ciudad. En algún lugar leí que las torres eran símbolos del poder de las familias. La altura de la torre simbolizaba el poder pero ahora ya no había muchas, la mayoría habían sido derribadas. Pasaron muchas más cosas en Bologna, especialmente después de conocer a Marisa y María José en ese hostel tan alejado del centro desde donde nos tomábamos el bus sin pagar. Hacía frío en ese invierno.
Enero 2007
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