viernes, 2 de noviembre de 2007

Las ciudades se mueven como trompos histéricos entre luces de neón; nadie responde por sus orígenes y mucho menos por sus destinos. Sólo incógnitas en los papeles afiches que decoran las calles, publicidades que quieren arroparme con lo que no necesito; sabemos que la luminosidad no es una variable de la que podamos confiarnos. Provisorios algibes fueron construidos en sus calles y como venganza del tiempo no se mueven de la modernidad mostrándonos la sencillez de hombres de otras épocas que eran felices con agua en las esquinas. A lo lejos se avecina un viento dispuesto a erosionar las declaraciones de reyes que no cumpieron sus promesas. Ardientes doncellas esperaban a los mancebos que tampoco acudieron mientras centauros enjabeljados desayunaban sus manjares casi por casualidad. Ningún argumento sirvió para salvarlos de su condena que fue escrita sobre protocolos hoy caducos que cuelgan andrajosos en los pasillos de museos sin visitantes. Un guardia viejo y muy antiguo suele oficiar las pocas y humildes ceremonias. Es él quien habla de tan variada y rica fauna aristocrática que infiel en sus quehaceres ejercía el poder sobre un pueblo ignorante y añorante de un mundo más jugoso. Era lo que más deseaban pero el cordel no era fácil de desanudarse, más teniendo en cuenta las convenciones que daban cierto cariz de estabilidad, aunque todos sabían que había algo más tras los espejos o tras las calles de esa ciudad. Fueron pocos quienes escaparon, fueron los que desde un principio intuían con mucha fuerza ese horizonte de sol y colores, ese arco de mil intencidades como un brebaje de catarata de agua natural en el bosque.
A los demás los vi restregarse las manos frente a espejos gastados; a muchos se les caían los labios de verguenza pero hablaban igual y ninguno parecía exigente consigo mismo ni con los demás. Tampoco ninguno conseguía balbucear una mísera palabra de valor; eran miedos ancestrales que los controlaban. Melodías suaves bañaban las reuniones con sus propias almas. La conciencia en algún momento los abrumó... parece que esa vez si fueron justos...

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