viernes, 2 de noviembre de 2007
Yo no quiero agregar más nada de lo que te dije ayer o las otras veces que estuvimos juntos; tampoco quiero deslumbrarte con palabras altisonantes que no me van a salir en estos momentos pero si prestaste atención seguramente te hayas dado cuenta de ciertos sentimientos. Simplemente quisiera decirte algunas frases breves que todavía no sé si las inventé o si las tomé de poesías que leí y canciones románticas que escuché, como por ejemplo la famosa "me gustas cuando callas", referida a ya sabés qué o eso quiero ahora suponer. También puedo decirte entre otras cosas que tus labios rojos y los pliegues de tus ojos me gustan mucho y veo en tus párpados el amor que guardas tan adentro. Como si en eso se fuera la vida, si, besos en el rincón de tus ojos es lo que te quisiera dar una y otra vez para bajar lentamente hasta tu boca y poder en lazar tu lengua con la mía hasta olvidarme de que existe el tiempo y la finitud porque estoy en la eternidad y así ofrecerte también una canción milagrosa que reuna la mejor estrofa y melodía del mundo para que escuchemos juntos y dedicartela una y otra vez. Ahora recuerdo el primer día que te conocí y supe ver la espontaneidad que contagiaba y me llenaba de ganas de besarte y estar enlazado con tus palabras amables, transparentes y simples. Y es que hasta hace unos días no sabía nada tuyo, apenas te veía pasar y me hacías pensar en otra cosa pero como decirte que hoy me levanté pensando en tu sonrisa y en tu forma de caminar y hablar. Es raro todo esto, tan raro como los años que dejé atrás sin aprovechar exigiendome mucho más de lo que podía hacer y lo peor, también exigiéndoselo a los demás. Las cadenas se cortan por la parte más gastada u oxidada y es mejor darse cuenta antes de que nos enrosquen y nos asfixien. El juicio de los justos era mi lema, y tenía razón desde todo punto de vista pero mi alma no llegaba a ningún lugar, a ninguna casa. Claro, la idea era cambiar de dirección y de libreto, todos esos falsos prejuicios que fui creando, quizás excusas que me impedían romper el caparazón. Días muy negros, alma que no podía escapar de su aprisionamiento. Es rara esta confesión pero todo este raconto nace de vos y tiene que ver con tus veintipocos años que ya no tengo y aunque no estoy tan lejos los dejé pasar sin enterarme de muchas cosas. Ahora en este día tan pero tan sin nada, tan pero tan vacío en que unas fotos y unos cuadros colgados frente a la pared en la que escribo me alegran las horas, me preguntó si sabré llegar hasta vos, si podré acercarme con naturalidad y sin miedo. Es una chance más, quizás una oportunidad pero otra vez el miedo empieza a rodear mi alma y tengo temor de perder todo gesto espontáneo por pensar... ¿ por qué me voy si me quiero quedar? ¿ por qué me enredo si me quiero desatar? ¿por qué me ato más cuando me quiero liberar? ¿por qué me enfrío más cuando más fuego tengo? ay, ay, amor mío, quiero llegar pero hay algo que lo impide, dentro mío quiero cambiar pero no entiendo lo que me tira para atrás. Cuando todo se acerca es cuando todo más se aleja. No quiero darte soledad ni me gustaría herir tu vulnerabilidad; quisiera que seas mi estrella pero mis dudas me llevan a que a veces el sol de mi alma se vaya apagando. La melancolía no debe ser defensa para no avanzar y se que muchas veces es mi refugio pero antes debo intentarlo. Ay, si pudiera llegar, ay, si pudiera acercarme y no siempre caer. Hay tanto que no entiendo, tanto dolor que disimulo con sonrisas y seguridades fabricadas como defensas. La verdad es que quisiera amarte como reclama mi corazón y rápidamente se me ocurre que buscar no siempre es encontrar. ¿ Cuál es el camino para poder llegar? Ojalá cesara mi llanto y se abrieran por siempre la llave de mi esperanza y las estrellas empezaran a brillar en este cielo.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario