Esta historia fue verdad pero no la recuerdo con exactitud, es decir, los pormenores de lo que pasó, aunque sí algunos rasgos originales. Había viajado de Amsterdam a Bruselas en tren y estaba muy cansado porque la noche anterior había dormido en la estación luego de haberme fumado dos porros grandes y bien provistos en un bar del barrio rojo que me causaron un efecto extrano haciendome saltar de la cama antes de las tres de la manana. Tenía el teléfono de una chica que había conocido un tiempo atrás en mirallers n. 7 en Barcelona cuando daban un corto conceptual de un director under italiano. Quería dormir sin pagar en la capital Belga porque casi no tenía dinero. Entonces la llamé
Esto pasó tres días después de ese llamado. Anduve caminando por calles vacías y al azar. No había casi nadie en ese barrio de Bruselas donde terminé. El tranvía amarillo me había dejado casi en la puerta de la universidad Libre que hoy domingo estaba cerrada y escondido entre las plantas debía encontrar el sobre del que me habían hablado. Hurgué en el macetero naranja y efectivamente allí estaba todo; lo siguiente era muy fácil, sólo llevarlo y entregarlo.
El viernes, a última hora, este lugar era un conglomerado de estudiantes que entraban y salían, bajaban o subían hacia las aulas interiores, mientras en las calle paraban y arrancaban los pintorescos tranvías amarillos. Yo los miraba desfilar desde la puerta de entrada mientras esperaba a Marisa ( la chica de Ecuador que había conocido en Barcelona) quien me iba a prestar un cuarto para dormir dos días. Casi no la conocía pero no iba a desaprovechar la posibilidad de ahorrarme dos días de hostel u hotel así que con un llamado creí resolver mi problema de vivienda. Habíamos quedado a las tres de la tarde, eran las seis del viernes y todavía no había aparecido. Cada media hora la llamaba desde un locutorio y ella me contestaba lo mismo, "que estaba terminando un trabajo de entrega". Cuando llegó, a eso de las siete, tuve que esperar todavía una hora más a que hablara con uno de los profesores. Luego tomamos otra vez el tranvía hacia el centro de la ciudad y me presentó a varios amigos que de a poco se fueron yendo y sólo quedo uno que siempre se reía. Fuimos a un bar muy conocido de ese barrio a tomar cerveza. Me dijeron que podía elegir entre más de doscientas. "es lo típico de bélgica, igual que las historietas" y nos reimos del lugar común. El amigo de Marisa hablaba casi perfectamente castellano, creo que dijo haber vivido 3 años en Ecuador. Luego nos emborrachamos y caminamos un buen rato, yo no conocía nada de nada, ni los barrios, ni la gente pero estaba con ellos. Al final terminé en el altillo de Marisa, aunque no pude dormir en toda la noche porque empezaba a sospechar algo, aunque no sabía bien qué.
Nada quedaba ahora de la congestión de antes de ayer pero tenía el sobre en la mano y la seguridad que me proporcionaban esos papeles; ahora sólo debía golpear la puerta de la casa y entregarselos a una mujer que seguramente no vería nunca más en mi vida. Era fácil la tarea a cambio de los dos días con sus noches mal dormidas. No sabía nada de nada, sólo debía recoger eso y dejárselo a la mujer. Era mi último paseo por bruselas, después me iría. Claro que tenía curiosidad por saber de que se trataba todo aquel misterio pero mi "comodidad" se pagó con el aplacamiento de la intriga ya que cualquier violación del sobre era muy fácil de percibir, debido a la peculiar forma del paquete, especialmente diseñado para estos casos. También podría haberme escapado con las cosas pero Marisa sabía mi dirección de Barcelona y no valía la pena complicarme. El problema fue que cuando golpié nadie me atendió en aquella casa vieja de dos plantas en el fondo de un callejón. No esperé demasiado y lo dejé como pude en el dintel entreabierto tras la reja. Mi tren partía en una hora y no podía perder más tiempo. No sabría que ese sería el comienzo de una persecusión de la que no me daría cuenta hasta mucho tiempo después. Nunca supe del todo bien si esta historia fue realmente así porque no la recuerdo con exactitud pero lo cierto es que un rato después de dejar el sobre estaba perdido en Bruselas, perdía el tren y mi escaso por no decir nulo francés complicaba todo; para peor estaba seguro de que un hombre me perseguía. Era un pelado de estatura mediana, que cada vez que miraba para atrás hacía como que no me veía y reía con ironía. No quería hablar con la policía para no complicar las cosas pero las calles vacías, la escasa facilidad para comunicarme y la persecución del pelado complicaba todo, además, no tenía ningún conocido en todo bélgica a excepción de Marisa que ya a esta altura la creía cómplice de lo que estaba sucediendo, aunque no podía armar las piezas y todo me resultaba extraño y difuso. No quiero seguir contando mucho más pero para terminar diré que llegué a una estación perdida de metro, pregunté la dirección de la "estación central de trenes" y hacia allá me dirigí. Llegué justo a horario y me subí al comboy que partía hacia Amberes en unos minutos, el hombre seguía tras de mí, traté de dormir pero no podía y no era para más. El efecto de los dos porros fumados en el cofee Shop de amsterdam no se me iba, estaba mareado y no entendía nada de lo que pasaba. Sólo me aseguraba de tener el pasaporte y la billetera con 50 euros en la riñonera para pasar dos últimos días en amsterdam antes de volver a Barcelona.
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