jueves, 13 de diciembre de 2007

Rambla de Fabra i puig, barrio de San Andreu. Hace frío, son las seis de la tarde y ya oscureció. Por la salida del metro veo salir mucha gente, cambian de dirección, se dispersan; algunos se aprestan a cruzar y paran en la esquina a la espera de que corte el semáforo, otros bajan por la rambla. Yo también sigo ese camino en busca de un locutorio para escribir algo en el blog o para ver los mails. Hoy puedo ir a la clase de inglés con los mormones pero no tengo ganas de cruzar toda la ciudad hasta Sants, esperaré hasta el martes; ir a las clases de inglés después de trabajar es lo único que hago ultimamente. Ahora camino y camino con el viento que zumba como único compañero mientras observo a la gente. No veo un locutorio por ningún lado y en el puesto de Diarios no me saben decir donde queda el más cercano; cambio de dirección, subo otra vez hasta Meridiana y empiezo a caminar hacia navas, 10 cuadras más o menos. Veo un negocios decorados con motivos navideños; en la puerta de una tienda de perfumes una chica vestida de papá noel invita a probarse una fragancia, al lado hay una juguetería y veo pequeños que miran con curiosidad el escaparate donde un tren de colores sube y baja por la pequeña trocha rodeada de montañas de cartón con algodones que hacen de nieve. Por la avenida los autos van y vienen, con una incognita en su destino en esta ciudad sin fin, quizás un pueblo más alejado, quizás el extrarriado de Barcelona. Más allá, tras el río Besos, hacia abajo está Badalona, para arriba Santa Coloma, distritos muy poblados. En Santa Coloma trabajé repartiendo volantes, fue hace 10 meses y también hacía frío, pero todo eso quedó muy atrás por suerte. Camino lentamente y grabo en mi memoria lo que voy viendo, quizás porque no sé que va a pasar en mi futuro, quizás me quede poco tiempo aquí pero nunca me voy a olvidar de todo lo que viví, la gente que conocí, los días de trabajo sin parar en donde no podía pensar, los cursos de catalán, los recitales, las fiestas de San Joan, Gracia y de La Merced, las exposiciones, las playas, sus pueblos y las montañas. Las vistas hermosas desde el Montjuic o desde el Tibidabo, los museos, los turistas, los poetas y músicos del casco antiguo, las caminatas interminables por cualquier barrio, las pizzas en el Raval y tantas cosas que viví que están fuera de los lugares típicos. Barcelona, una ciudad que contiene infinitas ciudades y culturas. Amor, arte, lucha, sufrimiento. Mar y montaña. Roja como sus techos, azul como su mar y verde de las montañas, eso es Barcelona y mucho más que hay que vivir entre la gente o desde un bar al verla pasar. Baires-Barna, dos ciudades tan distintas, disfruto de las diferencias pero no quiero llorar más ni acá ni allá. Quiero encontrar mi verdadero yo y la liberación sin culpa si es que existe sino al menos aplacar el dolor y la soledad. Terminar con la ansiedad y esta sensación permanente de no estar donde debería. Hace un año y medio que estoy en esta ciudad y todo es muy vertiginoso. Quisiera expresar más y mejor todo lo que viví y no decir tantos lugares comunes pero esto es lo que me sale en esta fría noche sin un amigo en un locutorio del barrio de navas, distrito San Martí.
Diciembre 2007

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