martes, 25 de diciembre de 2007
Me acuerdo de fines del 91, de las calles de mi barrio en caballito sur con las pintadas en las paredes sobre bandas emergentes de rock de la zona, también de las palabras que clamaban por "El Ciclón" en cualquier muro de P. Chacabuco. Yo mismo había escrito en viejas paredes con aerosoles comprados en el Carrefour, rápido y con miedo de que pase la policía o me viera algún vecino. Había escrito muchas veces "ciclón capo", por ejemplo. Me pregunto si aún quedará algún rastro de todo lo que escribí en el paredón que va desde Cachimayo hasta Emilio Mitre, donde se guardan y reparan los antiguos subtes de la línea A, frente a la casa donde viví con mis padres entre el 79 y el 99. Sobretodo esa pintada frente a la casa de la chica que me gustaba y salía bien temprano todos los días al colegio; me pregunto si alguna vez la habrá visto porque yo nunca le dije nada, solo le escribí. Me acuerdo de tanto, era una época rara, no entendía mucho, salía de la niñez y me identificaba con tantas cosas que veía alrededor. Todo me gustaba, y a mis ojos todo le resultaba nuevo, bohemio, melancólico, importante, trascendente, interminable. El parque Chacabuco por las mañanas cualquier día de semana en que no había clases, los días sábado por la tarde caminaba por los edificios de la calle Dávila, Baldomero Fernández Moreno, Primera Junta, Avenida del trabajo, Hortiguera, siempre caminaba por esas calles, muchas veces solo, alguna vez con Mónica, una chica con la que salí un par veces aunque nunca fue mi novia. Caminar y hablar por calles vacías y una siesta que poco a poco se desperezaba y todos parecían empezar a salir. La música era la misma en todo Buenos Aires los sábados por la noche, canciones de moda que sonaban en las discos de Flores o Belgrano, algunas de Ataque 77, Rata Blanca o Los Redondos me gustaban mucho.... y que lejos quedaba Saavedra, Coghlan, Belgrano, Devoto. Qué pasaría en esos barrios? cómo sería su gente? Cómo serían las niñas de allá? Seguramente también hermosas. Y las de Villa Luro , Mataderos, Liniers. Toda una ciudad enorme, calles y calles que cruzar para llegar hasta allá y cuantas veces emprendía esa caminata desde Bonifacio y Centenera. Cuantas veces había caminado por cualquier calle hasta el final en la General Paz y cuantas veces había vuelto por Tapalqué hasta Floresta y de ahí por Directorio, Bonifacio o Alberdi. Algunas veces me tomaba el colectivo a cualquier parte y comenzaba a caminar al azar: Paternal, Barracas, Chacarita, Ortuzar, el bajo belgrano, la cancha de excursionistas, adonde llegué ese verano del 92 con el colectivo 42. Pagué la entrada y vi el partido contra colegiales. Todo me sorprendió: Los cantos, los colores, la gente en el pequeño estadio. Lo mismo otro sábado en que con mi amigo Pody, hincha de Sarmiento, fuimos en el 126 a Mataderos a ver Chicago-Sarmiento y el empate 1-1 que vimos desde la popular local. Volví contento, experimentado, obserbava el barrio que estaba detrás de tribuna local, el famoso barrio hecho durante el peronismo, Mataderos... atrás de la ciudad, cuanto encerraba en sus calles al igual que el bajo flores por donde siempre caminaba, de Avenida del trabajo a la izquierda o por los pasajes a la derecha, Robertson, Cipolleti.... el caserón de Baldomero Fernandez Moreno... o caminaba por Varela hasta los edificios verdes junto al hospital Piñeiro donde vivía un compañero del colegio, más allá se construía el Nuevo Gasómetro y yo miraba la ciudad desde el piso alto. Tenía 15 o 16 años y los domingos iba a ver a San Lorenzo a la cancha de Velez o a Ferro, "Todos, todos tienen cancha, unas de cemento, otras de tablón, oh, oh, pero no me importa nada, no tienen la hinchada que tiene el ciclón" decía esa canción mientras se doblaban los tablones de Ferro en la calle Martín de Gainza con olor a bosta de caballo de la policía que custodiaba los partidos. Las pintadas amenazantes de una hinchada a otra en las paredes. Recuerdo unas que me daban mucha bronca y al mismo tiempo miedo: "cuervo: te vamos a llenar de plomo. La 12." o "Cuervo: Va a empezar a correr tu puta sangre. La 12", era el año 91 y muy fresco el recuerdo del caño sobre Saturnino Cabrera en ese suspendido San Lorenzo-Boca de diciembre de 1990, episodio trágico y repetido de la violencia en los estadios. Siempre recuerdos de cancha, asociados a una nostalgia que venía de una época no vivida pero que atravesaba casi todo el siglo veinte, gente saliendo con traje y sombrero del viejo gasómetro, los tranvías atestados sobre Avda. La Plata en 1929 por ejemplo o la cancha de boca atestada a principios de los 50. Los sábados veía tribunas con colores raros que no eran de la "A". Conocía barrios, miraba casas y edificios; conocía mi ciudad y la gente, las costumbres con muchas de las que me identificaba. A veces me acercaba a las villas. Con mi amigo Diego había entrado varias veces al Bajo Flores, había estado entre los pasillos, había hablado con la gente, Pablo vivía en el centro del bajo Flores, justo en el medio de la villa y con él entraba y me quedaba toda la tarde ahí. También solía entrar a una pequeña villa que estaba por la costanera, compraba en un almacén de adentro y me quedaba hablando. El bajo flores, ciudad oculta, Fuerte apache en la general paz ; era la pobreza de mi país pero también me gustaba estar allí, sentirme integrado aunque no viviera en el lugar. Así pasaban mis días a principio de los noventa con el Rock nacional y el Tango. Todos los discos que cambiaba con Leonel en el 91 y 92 : Manal, Moris, Spinetta, Pastoral, Charly, Goyeneche, Gardel. Era la música urbana y se me ponía la piel de gallina cuando escuchaba ciertos temas "Esto va para atrás" de Moris, cómo me gustaba esa canción que resumía en una frase todo lo que sentía. "Escuchame entre el ruido", "una casa con diez pinos", "a estos hombres tristes". Esa era mi música, sentía que era mía, no podía ser otra. "Salva tu piel, la ciudad, que llegó el verano, vive de Azul, que al morir, los hombres son blancos, tan blancos..." Y un video con esa canción de la misma ciudad que yo recorría ahora, una ciudad en blanco y negro, habitada por mis padres y abuelos, una ciudad que no conocía pero podía presentir, la antigua ciudad del 69.
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