sábado, 22 de diciembre de 2007

   Después de dos horas de viaje en tren y media en "cremallera" llegué a vall de Nuria. Un paisaje de ensueño con montañas nevadas, un lago pequeño totalmente congelado, un hotel gigante que me hizo acordar a los de Chapadmalall hechos por Perón. Hermoso lugar, linda vista de los valles con pinos y nieve. En el pueblo de Ribas antes de tomar la cremallera hablé con dos chicas andaluzas y un chico canario que hacen la temporada en el restaurant del hotel. Me dijeron que en el restaurant buscaban trabajadores y me dieron el teléfono por si acaso. Hablamos un rato mientras yo miraba el paisaje, luego bajamos del transporte y entraron al hotel. Cambié el teléfono con el muchacho canario, no estaría mal trabajar aquí una temporada, sería una buena experiencia. No los vi más, me hubiera gustado hablar con una de las chicas andaluzas pero todo es así, vertiginoso, tenían que empezar a trabajar. Caminé un rato por el hotel, leí la historia del lugar y de la cremallera. Luego enganché con la telecabina y subí. Viajé sólo, muy poca gente, una especie de gigante paraíso fantasmal.  En lo alto de la montaña había un albergue y un restaurant muy amplio con muy poca gente, me hizo acordar a la película "El Resplandor". Pedí un té y me senté a mirar el paisaje. Detrás mío había una montaña totalmente cubierta de nieve, adelante una cubierta parcialmente donde se podía ver mucha vegetación. No hay casi nadie aquí; en el fondo, unas mujeres leen revistas de modas y farándula. Hay un par de esquiadores jóvenes que entran al albergue con sus bolsos nuevos y ropas de marca aunque me da la impresión de que los que esquían aquí no tienen tanto dinero como los de otras pistas tipo las de andorra porque algunos llegan en tren con sus mochilas, es la primera vez que veo gente que llega en tren con los esquíes. Se que abajo mío está la pista aunque desde aquí no la puedo ver bien. Salgo del restaurante y me adentro en la montaña. Hago algunas pelotas de nieve y las tiro hacia el vacío. La nieve parece muy finita. Saco algunas fotos a los cerros blancos. Hay mucha niebla y el sol se oculta frente a mí tras la montaña frente a mí. Adelante se puede ver al pequeño tren que sube por el valle en el atardecer, es una vista de fantasía. Tomaré la cremallera de las seis y media de la tarde, luego tendré que esperar más de media hora al tren en la estación.  Llegaré a Barcelona a eso de las diez y en Fabra y Puig habrá la congestión típica de la ciudad pero ahora miro la montaña y me cuesta creer que estoy en lo alto de Cataluña, frontera con Francia entre la nieve del principio de mi segundo invierno en Europa.

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