domingo, 14 de diciembre de 2008

Nos encontramos en la casa de Jorge en Quilmes 81, a unos metros de Caseros y chiclana; hacía mucho calor, estaban Martín y Pody. Hablamos un rato sentados en la mesa mientras tomabamos unos mates. Yo leía el diario Crítica que había comprado ayer y había dejado en su casa pero no había podido leer, había en la contratatapa una nota de Caparrós haciendo un balance de los meses de Cristina Kirchner. Ellos miraban un programa de televisión sobre diferentes tenistas argentinos; Jorge recordaba a Haite, ahora en un estado físico deplorable, después escuché que empezaron a rememorar tenistas. Antes de las seis, con las raquetas de tenis nos fuimos por Caseros para Parque Patricios. Los chicos me contaron que ultimamente se la pasan yendo a esas canchas; el polideportivo Municipal las alquila gratis con sólo hacer una reserva previa y Podi la había hecho por la mañana; Hacía mucho calor. Como eramos cinco uno quedaba afuera, y luego elegía pareja con uno de los perdedores. Jugamos más de una hora hasta que nos dijeron que cerraban las canchas, de los cuatro partidos gane tres, menos el que jugué con Martín. Después nos fuimos caminando otra vez hacia Quilmes por caseros donde había mucho tráfico, en el 85 pasaban cantando los de Huracán que le había ganado 3 a 0 a Velez, sacaban unas banderitas por las ventanas. Una vez en lo de Jorge compramos cerveza. Martín se fue en bici hasta Cobo y Centenera a comprar carne para el asado. Empezamos a hacer el Fuego en la vereda con unos ladrillos y la tapa de una luz. Oscurecía de a poco, el fuego iluminaba la calle. Martín tardó mucho en llegar de Cobo y Centenera y nunca pudimos entender bien a que se debió el retraso, le preguntamos varias veces pero no supo o no quiso respondernos. Más tarde llegó mi amigo Sebastián que hacía un montón que no veía. Algunos vecinos miraban con curiosidad, otros nos desearon buen provecho, no es muy común en estas épocas comer en la vereda, los vecinos amables tenían alrededor de 70 años, a mí me parecío que le hacíamos recordar a otra época en que ellos hacían lo mismo o que les hubiera gustado estar en nuestro lugar.

domingo, 7 de diciembre de 2008

   Hace tiempo que vivo en Barcelona pero es la primera vez que me bajo en la estación Trinitat Vella de metro. Mucho frío, es domingo y no sé de donde saco las pocas ganas que tengo para hacer encuestas. Pero no me puedo quejar, tengo muchos motivos para sacar fuerzas y es que ya faltan dos días para volver a Buenos Aires, (vaya vuelta, como si fuera acá nomás) y ese es un estímulo para seguir aunque sea un domingo de frío y soledad como tantos otros en que hago encuestas en calles vacías de la ciudad catalana. Me sorprende y alegra poder conocer esta zona que mi memoria no registraba, un lugar por donde no había pasado nunca. El parque, los blockes, la "Vía Barcino" que zigzaguea frente la montaña con los edificios de colores que siempre se ven desde el tren. Riqueza de mi trabajo conocer lugares y gente que parecen interminables; cada lugar y cada situación unica e irrepetible aunque haya ido cien veces al mismo sitio, cada día es diferente, cada conversación es única.
Hoy perdí mucho tiempo antes de llegar acá porque me fijé mal en el mapa y fui hacia hospitalet, anduve mucho tiempo por el mercado de Collblanck hasta que me di cuenta de que allí no quedaban esas calles, no comprendo todavía porque me fijé tan mal en el mapa de google. Luego tuve que cruzar la ciudad otra vez hasta Trinidat Vella. El clima de diciembre es horrible para trabajar.

Fui a dejar la computadora, las baterías y el cargador a la empresa. Saqué 500 E. del cajero, ordené un poco las habitación, puse un poco de ropa en la mochila, algunas remeras y un par de pantalones, voy a llevar muy poco a Buenos Aires. Después salí a comprar algunos regalos para mis amigos, cerca de la rambla. No pude encontrar nada especial,siempre me pasa lo mismo cuando quiero hacer un ragalo original, nunca encuentro algo que me parezca adecuado, eso por esperar al último día y no ir comprando de a poco. Al final les compré unas remeras que decían Barcelona con los lugares turísticos de la ciudad que a pesar tener imágenes típicas eran atractivas, luego unos turrones y chocolates por Ferrán en el negocio barato donde había comprado la primera vez que volví 20 días en junio del 2007.

sábado, 29 de noviembre de 2008

Hace mucho frío. Podría salir pero ya no creo que lo haga. Ahora van a ser las 12.00 de la noche. Escribo por hacer algo, quizás porque más tarde me gusta leer lo que escribo; escribo, aunque ahora no tenga muchas ganas. Hoy escuché música, principalmente a Extremoduro, leí noticias de recortes de diarios viejos que suelo guardar, miré un poco televisión, di vuelta por la casa y luego no supe que más hacer; entonces miré por la ventana y recordé un poco el día. A la mañana estuve en el grupo de conversación de Catalán en Nou de la Rambla 43. LLegué mojado porque llovía mucho y no tenía paraguas. Luego de la clase me quedé con uno de los chicos en un bar. Es un árabe de la ciudad de "El Rabat" que me contó mucho de su vida. Antes vivió en Francia y más atrás en Bélgica pero Bruselas le resultaba aburrida y lenta. Me dijo que tenía intención de casarse aunque ahora no tuviera novia. Yo le pregunté extrañado como era que tenía intención de casarse si todavía no tenía una novia y me dijo que eso no era un impedimento para tener ganas, lo que a mí me resultó muy raro. Estuvimos hablando hasta las tres de la tarde, mientras un hombre con su guitarra tocaba rumbas y flamencos en la barra del bar; desafinaba un poco pero a mí me gustaba.
A las 15:30 me encontré con Maya, una chica rusa que conocí en el curso de catalán el año pasado. Subimos al Fnac, estuvimos mirando discos y libros. Escuchamos mucho tiempo música en los aparatos en que se pasa el código de barra y se puede escuchar, lástima que las canciones están cortadas. Al final me llevé uno de "Heroes del silencio", gira 2007 y otro de "Extremoduro" que estaban en oferta de 6.50 E. Fuimos caminando a mi casa por el Raval, en Mistral paramos a comprar una caja de té y un poco de frutas. Llegamos a mi casa y le mostré mi habitación y la ventana por donde se ve el Montjuic, el M.N.A.C. y el paisaje. Me ayudó a hacer un archivo en la computadora con las fotos de los viajes ya que las tengo todas en C.D. pero no sabía como pasarlas, ahora por suerte me queda una colección de las mejores fotos, algo que deseaba hace tiempo. Maya habló con el marido por móvil y me dijo que se tenía que ir. Seguí escuchando música, me hice un té, miré por la ventana.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

Noche de invierno. A las siete, cuando terminé de trabajar cayeron algunas gotas; Volví caminando despacio a mi cuarto desde el barrio de la Bordeta, no tardé mucho en cruzar Plaza España. Al llegar me hice un sandwich de queso, le puse un tomate y un poco de mayonesa; como habíamos quedado me pasó a buscar Joan. Fuimos al camp nou en metro. Bajamos en "María Cristina". Llevé la camiseta de San Lorenzo, me saqué algunas fotos en un estadio con muy poca gente. Entramos gratis gracias al primo que le prestó dos carnet de los suegros que no iban. Cuando alguien no va se puede prestar el carnet a otra persona, son lugares con derecho a ocuparse pase quien pase con dicho carnet. Messi pateó un penal justo frente a mí que estaba abajo de todo del lado de ese arco. Le saqué una foto. Gano 1-0 al Benidorm, "un clásico de los paises catalanes" dijo en Broma Joan cuando nos fuimos. Esta copa es rara, juegan equipos grandes contra equipos chicos de segunda categoría como si jugara San Lorenzo-Sarmiento, por ejemplo. Otra noche de Domingo, fuimos otra vez al camp nou. Barcelona jugó contra el Getafe. Le compramos las entradas a un chileno que las revendía en la puerta. 25 E. cada una. Fuimos arriba, al medio frente a los palcos. Había mucha gente, casi llena, lindo ambiente, aunque mucho frío y pocos cantos. Se veía muy bien. Golaso del Getafe, desde lejos y bien colocada que vi perfecto. En el entretiempo subí hasta el final del estadio para mirar la ciudad desde arriba: A un lado se veía la montaña de colserrola y para el otro la del Montjuic con el castillo iluminado y las luces. En el segundo tiempo gol de Keita de cabeza. El arquero del Geta es abondanzieri. Empataron 1-1; la verdad que esperaba más ; se notó la ausencia de Messi que miró el partido desde el palco, frente a mí. Igualmente el Barca sigue primero. A la salida caminamos por Diagonal hasta la plaza Francesc Masia. Tomamos el metro y fuimos hacia la zona de Gracia, nos quedamos en un bar indio y pedimos un shawarma cada uno y un agua mineral que compartimos, miramos un poco de tele. Acompañé a Joan hasta la casa, cruzamos la nueva pza. Lesseps y joan me dijo que a algunos de los vecinos no le gustaba esta nuevas esculturas de finos hierros gigantes, fueron tres años de obras, de un puente de madera que había que cruzar para traspasar la avenida; para mí las obras estaban bien. Subimos por Rep. Argentina, hablamos del premio literario concedido a Juan Marsé, le pregunté si había leído algo y me dijo que sólo notas sueltas de revistas, yo le conté que había leído "si te dicen que caí" cuando estudiaba en el profesorado J. V. Gonzalez en Argentina pero que ahora no me acordaba mucho, pero le dije que hablaba de este barrio, del puente de Balkarka y del carmelo, de chicos que crecieron en la calle y de una mujer paralítica y tiránica de que el libro estaba escrito como en flashes que mezclaban tiempos, época de la posguerra franquista. Hablamos un poco de los barrios de "Horta" y "El Carmelo", de la nueva estación de metro que estaban por inaugurar en el carmelo donde se había producido un derrumbe por la obras tiempo atrás. Me acompañó hasta la estación Balcarca pero no tenía ganas de volver en metro así que salimos por la otra entrada y esperé el 27 en la Avenida; a la izquierda el puente, la montaña con el tibidabo iluminado que parecía cercano, el viento movía algunos papeles en la calle vacía iluminada por los faroles. Invierno en cataluña, noche de fútbol, poca gente en la calle, vuelvo a mi casa a medianoche.

sábado, 22 de noviembre de 2008

De apoco la melodía aumenta pero es suave y relajante como campanadas dulces mezcladas con organos eclesiásticos y voces afinadas y corales que cantan en la lejanía; luego una batería y un bajo se animan a integrarse para darle por fin lugar a los acordes de una guitarra eléctrica. No había ninguna iglesia cerca del bar pero el sonido penetraba y tapaba a las canciones que sonaban en la fonola. Les digo a los demás pero nadie escucha la moderna música feligresa, todos cantan a Fito@Fitipaldi que está muy bien. Yo no lo conozco mucho y Alberto me dice que se volvió más comercial, que le gustaba más con platero y t y empieza a cantar.... Nosotros jugamos distendidos al billar en una punta del bar. Están Joan, Alberto y Manel. El primer y segundo partido juego con Alberto y les ganamos con facilidad. En un sólo tiro metí tres bolas lisas y cuando la negra tuvo que entrar lo hizo en el lugar indicado sin dificultad. Joan no decía nada, Manel protestaba contra el corto tamaño del billar y hacía enremolinados gestos vehementes. Durante el tercer partido Manel se subió encima de los bordes del billar para poder tirar mejor y por momentos se balanceaba para adelante y para atrás; el espectáculo se veía desde distintos puntos del bar y al dueño no le pasó inadvertido por lo que se acercó para decirle que se bajara. Manel accedió rápidamente pero el hombre parecía enojado y se quiso llevar nuestras cervezas antes del último trago a los que nos negamos con rotundidad. Le remarcó a Manel que no volviera a subirse y se fue con cara de enfado. El tercer encuentro lo jugué con Manel. Perdimos muy rapidamente, tan rápido como la velocidad con que terminamos los últimos tragos. Manel no intentó subirse a la mesa sólo daba algunos saltos de alegría cuando bajamos unas escaleras y doblamos por un pasillo que daba a un pequeño bar pintado de rojo y azul añil. Botellas de todos los colores se alineaban en un escaparate arriba de la barra. Manel seguía dando saltos de alegría, Joan trataba de calmarlo pero sus palabras no hacían mucho efecto. Alberto nos volvió a invitar y hubo cervezas para todos; era el único que tenía dinero en el bolsillo y sin embargo no trabajaba ya que como había tenido un buen empleo ahora cobraba una suma considerabla por desempleo; hacía cinco meses que no trabajaba, hacía cinco que cobraba, beneficios interesantes de la socialdemocraciaeuropea, ojalá eso existiera del país que vengo. No estaba mal vivir así por un tiempo pero según sus palabras ya se estaba cansando y pronto comenzaría a buscar trabajo pero todos sabíamos que siempre postergaba ese momento y hacía tres meses que le escuchábamos decir lo mismo. Alberto gastaba mucho dinero en todo tipo de bebidas, marihuana, chocolate y cigarros y cuando salía invitaba sin regatear. También siempre andaba con blanca y esa misma noche nos invitó a todos pero nadie quiso. Más tarde fue hasta el baño y tardó unos minutos. Volvió con la cara mojada y un poco más contento y hablador. Se acercó a la barra junto con Joan y trajeron fichas de dominó. Siete fichas para cada uno y a esperar que la suerte beneficie a alguno de los cuatro, como premio una cerveza pagada por los restantes. Para
mí que me deshago de los números grandes y puedo ganar el partido mientras miro las botellas de colores en la pared y el humo de cigarrillo que ensortijado se dirije hacia la puerta. Es el único que gano de los cinco que jugamos. Joan ganó los otros cuatro y es el indiscutible campeón. Luego hablamos un rato de fútbol, son todos del Barca e insisten para que me haga hincha del club. Les digo que no, que soy hincha azulgrana pero argentino y les canto alguna canción de la hinchada de San Lorenzo y me escuchan con atención. Me dicen que tengo que ir al Camp nou y les digo que sí pero como la entrada es supercara necesito un carnet.. ahí estábamos hablando de todo un poco y del partido Valencia-Barcelona a jugarse el próximo domingo.

viernes, 14 de noviembre de 2008

 Salí a caminar un poco. Primero anduve despacio por Paralel abajo y paré a comer en la Pizzería vieja, esa pizzería que en la entrada solo dice Pizzas y que me hace acordar a Retiro o a Constitución por los colores marrones y la simpleza, una barra, un horno, azulejos, ninguna decoración estrafalaria, sólo lo indispensable para cocinar. El dueño, un Uruguayo que lleva décadas acá, cuando no trabaja se la pasa leyendo un libro del lado de la calle, hiperconcentrado en esa tarea, como si el trabajo no fuera tan importante, algo secundario que hay que hacer para poder vivir pero no la tarea principal, lo importante es leer.  No sé que libro estará leyendo pero parecen clásicos porque siempre son libros gordos y ediciones antiguas aunque nunca pude ver el titulo de ninguno. Los domingos a la hora del futbol hay una vieja radio que transmite los partidos y se reúne mucha gente a hablar y comentar los resultados. Sin embargo, hoy viernes 7 de la tarde, el lugar está vacío, el único que come parado en la barra soy yo aunque al fondo  hay otro hombre jóven de pelo largo que habla con el pizzero, empleado que tiene tantas atribuciones como el dueño o incluso más ya que parece encargarse de todo. Hoy me faltaban unas monedas y me dijo que no me preocupara, que por cincuenta centavos no iba a ser más rico ni más pobre y se rio. Comí dos porciones enteras, tomé una coca light y luego caminé por Nou de la Rambla derecho con más ritmo que antes; subí un par de veces por las ramblas y después fui hacia El Borne; entré en el Parque de la ciutadella. Me quedé sentado un rato por la estatua que homenajea a la exposición universal de 1888, esa gigantesca estatua pero hacía mucho frío para quedarse y seguí caminando. Luego, cuando volví pasé por el convento que está al lado del museo de chocolate. Anunciaban un recital gratuito en el bar del lugar. Pregunté y me dijeron que ya empezaba, entonces entré. Me gusta la arquitectura de este convento, los detalles de los arcos, el patio, la tranquilidad del lugar. Pasé al bar: era una chica argentina llamada Ignacia que hacía un pop Electrónico según anunciaban. Abrió con el tema de Charly "Vía Muerta", una linda interpretación. Después cantó algunas canciones en inglés y otras en español que supuse eran de su autoría. Me quedé pensando si estaría viviendo en Barcelona o estaba sólo haciendo una gira, no sé porque se me dió en pensar eso y de alguna forma pensé en que sería lindo vivir en Argentina y desde allí tener la posibilidad de viajar al exterior, fortuna de la que gozaban muchos artistas. Anunció un próximo concierto para el jueves 27 de noviembre por la zona del metro de torrassa, zona de muchos latinos, vieja zona conocida por mí por haber trabajado tanto con las encuestas. La chica tenía actitud y mucha seguridad en la interpretación, además era muy sensual al expresarse. Al terminar me quedé un rato en el bar observando el ambiente y como se retiraba la poca gente. Cuando ya no quedaba nadie me fui hacia la rambla del Borne y me quedé sentado en un banco mirando a la gente. Luego le compré una cerveza a un vendedor ambulante Pakistani y seguí mirando a la gente en un banco de piedra sin hacer nada.

domingo, 9 de noviembre de 2008

     Hoy domingo trabajé por la zona de Fabra y Puig. A las tres de la tarde, mientras le hacía una encuesta a su mujer, un hombre me cerró la puerta en la cara y me dijo que si no salía del edificio ya mismo llamaba a la policía; pasé un mal momento y por las dudas preferí irme. Poca gente quiere contestar un domingo, además de que a todos les resulta raro un entrevistador golpeando puertas en el día de descanso. Me sentía cansado y paré más de media hora a tomar un café en un bar atendido por chinos. Leí un poco el "Periódico de catalunya" en catalán. Luego de un rato, al entrar a un edificio, una mujer aceptó la encuesta; habían pasado más de dos horas desde que había hecho la última. Hice dos encuestas más, se hicieron las siete de la tarde y cerré el trabajo. Por la noche pasé por la casa de Pablo, un chico argentino de Avellaneda que trabajó un tiempo en la empresa y conocí casualmente en la oficina un día que iba a cambiar una batería que no funcionaba. Fui caminando desde Fabra i Puig hasta el Clot, todo derecho por Meridiana y descubrí la nueva entrada de la estación Navas que cuando yo vivía estaba en construcción. Pablo compartía el piso con tres chicas vascas de Vitoria, una de las cuales eran muy linda y trabajaba de modelo pero estaba con un chico de ocasión tirada en el sillón y casi no miraba. Las otras dos también eran interesantes, hablamos un poco pero todo quedó nada más ahí.

Hoy hice encuestas por la zona de Avenida Tibidado, Balmes arriba de todo. Era difícil entrar a los edificios y me tuve que colar en varias ocasiones en el horario en que no había portero. La última la hice en la calle Hurtado a un catedrático en Comunicación audiovisual llamado Román; desde la puerta podía ver una biblioteca con cientos e incluso miles de libros y videos de todo tipo, parece que el tipo es importante en el ambiente. Luego del trabajo subí por las escaleras mecánicas en la calle Roma y entré al Parque Turot Puget que tiene una vista hermosa de Barcelona con la luna llena sobre la ciudad. No había nadie en el lugar y mis pasos repiqueteaban en la noche silenciosa. En un cesto de basura encontré una revista, me senté en un banco iluminado por un farol y me quedé leyendo más de media hora la nota sobre un chico anorexico que había sido modelo. Después de leer me quedé mirando la ciudad desde la montaña, se veían muy bien las torres altas de Villa Olímpica. Caminé un poco más por el parque vacío. Luego, bajé por otra parte del Parque que da a la calle Homer pero no seguí por esta sino que fui hacia a la Avenida República Argentina y me sorprendí de que estuviera tan cerca de la zona de Balmes; se me ocurrió pasar a buscar a Joan pero tuve que esperar porque estaba comiendo. Bajó luego de un momento y me contó que el primo le dejaba dos carnets para el partido del Barca contra Benidorm. Excelente idea la de ir al Cap Nou. Quedamos en encontrarnos el miercoles una hora antes del partido en la estación María Cristina, cerca de la gasolinera. Bajé hacia Lesseps y esperé el 27 que me dejó en plaza España. Al llegar a mi casa me hice unos fideos con atún y manteca. Luego en la televivión daban la película "Cadena Perpetua", una hermoso film sobre la perseverancia y la insistencia hasta en las peores condiciones; yo la había visto hace unos años y justamente el otro día estaba pensando en esa película. Las pèlículas del género "Escape de carcel" me gustan mucho; recordé también "un concenado a muerte se escapa", "Papillón" y "Expreso de Medianoche". Me gustaría ver todavía más de este género. Antes de acostarme me quedé reflexionando en la libertad y su significado y deimensión verdadera y sin compararme con alguien que sufre una condena pensé que yo muchas veces me sentía sino preso atrapado, con falta de libertad o limitado; el hecho de trabajar tanto sin parar y luego en los días libres no saber que hacer, sentir que no aprovecho el tiempo, no escribir como quisiera hacerlo si quiero mejorar la escritura, la falta de motivación y todo eso, además de pasar tanto tiempo solo me hizo hacer esta comparación.

martes, 4 de noviembre de 2008

     Habíamos ido a un recital de Sui Generis gratis en P. Sarmiento a fines del 2000, en ese mismo ciclo creo que después tocaron los cadillacs. Volvimos en colectivo a Villa Ortuzar y ya en la casa de la calle Guevara la vi buscar algo que no pude ver bien detrás de los libros. Luego nos tomamos el 65 a caballito, después de atravesar el cementerio. Fiestas de año nuevo, ambiente seco de enero en Buenos Aires próxima a quedar más vacía por todos los que se van a la costa. Bajamos en Rosario y Avda. La Plata, giramos en Doblas y caminamos hacia el parque. Nos quedamos cerca del monumento. Miré el reloj, eran casi las dos de la mañana. No era tan tarde y sin embargo la noche me parecía eterna, interminable desde las 9 de la noche en que habíamos empezado a hacer cosas. Ella no hablaba demasiado y se reía todo el tiempo, miraba para arriba. Me hubiera gustado besarla en ese momento pero no quería apresurar los tiempos como otras veces que me había equivocado, esperé y pensé que lo mejor era la naturalidad, también para mí.  Seguimos hablando, ella miraba la luna y a veces me miraba también a mí y hasta me parecía que le brillaban los ojos. El parque le hacía acordar a su época del secundario, a principio de los 90 cuando salía del nacional 17 y se sentaba en el pasto con sus amigos del que solo conserva a dos o tres aunque se ve muy poco. No le quise preguntar mucho, no quería saber nada de sus ex -novios para no entrar en la postura del perdedor. Pero yo me imaginaba esa época, además había visto algunas fotos suyas. Se hicieron las tres de la mañana y fuimos hacia la casa donde yo vivía con mis padres que en ese momento dormían. Saqué una sidra sobrante de la heladera y fuimos al balcón. Tomamos con tranquilidad, el tiempo parecía detenido. Sacó de su cartera un papel, lo puso en la mesa y aspiró. Yo veía al vecino de enfrente como observaba, pero no le dí importancia. Hablamos mucho tiempo, nos reíamos de cualquier cosa. Le dije que si quería podía quedarse a dormir en mi casa. Al principio puso algunos peros pero después se fue dejando llevar por la suave conversación que no dejaba entreveer ninguna intención que yo tuviera sobre ella. Seguimos hablando en el silencio de la noche y a eso de las cuatro fuimos a mi cuarto, la dejé dormir en mi cama y yo me tiré en el piso. Apenas pude dormir. Cuando se hicieron las seis me acerqué a la cama y me hice un lugar entre ella y la pared. Al principio la toqué y luego la abracé delicadamente, luego le dije que me gustaba. Ella inmediatemente replicó: "Todos los hombres son iguales, buscan lo mismo y además no sé si estas diciendo la verdad" pero no sacó mi brazo de su cuerpo ni mis labios de su boca.

domingo, 2 de noviembre de 2008



     Era un viejo Marinero de casi 100 años que solía pasearse por los muelles del puerto. Caminaba por las dársenas, entraba y salía de los barcos, hablaba con los capitanes y marineros y también se entretenía dándole de comer a los lobos marinos y a los  perros vagabundos. También le gustaba estar cerca de los gatos pero a estos nunca les daba de comer, sino que le gustaba acariciarlos y podía pasar horas con un gatito en su regazo. Sabía que a los gatos no había que buscarlos sino esperar que ellos se acercaran. 
 El marinero siempre llevaba puesto un traje azul, (pantalón gastado y camiseta vieja) y una boina blanca y nunca dejaba su pipa, cuyo humo con olor a tabaco viejo parecía seguirle como su propia sombra. En otros tiempos, aunque no tan lejanos, ya que había dejado de navegar hacía relativamente poco, supo recorrer con distintas embarcaciones los mares del mundo como pescador o trabajador de a bordo y ahora solía contar sus experiencias a los jóvenes o a quien tuviera curiosidad de escucharlo. Siempre tenía una historia diferente a mano, nunca regateaba detalles y podía extenderse horas y horas sobre cualquiera de sus vivencias y conocimientos. Era un buen narrador oral de aventuras y muchas veces contaba con varios oyentes que se admiraban de lo que el viejo había vivido además de todo lo que sabía ya que también solía hablar de la historia de Fenicia, Grecia, Roma, Egipto o Cartago y demás civilizaciones antiguas. Es que claro, durante sus largas travesías siempre llevaba libros para leer en las noches de insomnio o para las semanas de mal tiempo en que había poco pique.  Algunos habitantes del pueblo lo tenían por delirante, otros por sabio, otros por vagabundo, otros por filósofo; en fin, era un viejo que daba que hablar y a nadie le resultaba indiferente. Ahora parecía sentirse en un remanso de paz después de una larga vida agitada entre el mar, los puertos, las aventuras y los libros.
  El viejo marinero tenía su propia filosofía de vida que a veces resumía en dichos populares o frases como"tranquilidad y buenos alimentos" "o "Dios aprieta pero no ahorca". Toda su sabiduría parecía exudar desde las arrugas de su cara y sus pequeños ojos azules y vivaces que a veces se abrían como platos ante una sorpresa o hermosos detalles de la naturaleza como una puesta de sol o una noche estrellada. El viejo poseía una rutina que repetía casi a diario: por la mañana, que para él empezaba cuando los gallos cantaban y todavía el cielo estaba negro se hacía unos mates mientras se  desperezaba; después, al aclarar, se acercaba al bar del muelle donde desayunaba su infaltable café con leche y medialunas de grasa mientras leía el periódico, hacía un crucigrama o repasaba algún volumen de historia universal sacado de la biblioteca. Miraba el cielo y la dirección del viento y ya sabía como sería el clima y las mareas,ya no necesitaba escuchar la radio de la prefectura.  Luego, pasada la media mañana pescaba con su vieja caña un par de horas en el muelle central; a veces tenía suerte y llenaba un balde de corvinas o pejerreyes y otros días sacaba muy poco. Era raro esto de la pesca y después de tantas décadas no siempre estaba del todo seguro cuando habría pique y cuando no; a eso de las dos de la tarde caminaba hasta su hogar, una buhardilla en un quinto piso con vista al mar que le cedían en un viejo edificio portuario donde se cocinaba, generalmente pescado y luego comía con parsimonia; más tarde, después de una pequeña siesta y a eso de las cinco daba vueltas por el pueblo y hablaba con la gente fueran pescadores o no y se informaba de noticias o anécdotas. Cuando empezaba a caer la tarde, volvía a su casa a cambiarse de ropa, se abrigaba y se sentaba otra vez en el rincón de alguno de los tres cafetines que había en la circunvalación que rodeaba al puerto a mirar el cielo y las estrellas mientras sorbía pausadamente un poco de ginebra. Bebía y fumaba, pero con moderación y nunca se lo vio desubicarse en alguna tarde o noche que se pasó con el alcohol.  En fin, era un viejo noble, con luz y brillo propio que nunca olvidaba el arte de la vida según se lo oía decir. Se lo notaba vivir en concordia y tranquilidad después de una vida muy agitada entre las olas del mar que había navegado, entre soledades y tempestades de viejo marino que atravesó el siglo XX en los barcos.
   Este viejo no había nacido en la zona sino que provenía de una ciudad del interior, ni grande ni chica pero ciudad al fin. Había llegado de muy pequeño junto a sus padres para poblar esa zona costera y ya nunca se había movido del barrio del puerto sino para navegar. Conocía los cinco continentes, pero siempre por haber desembarcado unos días, ya que sus viajes estaban ineludiblemente unidos al trabajo.
   Sus progenitores, al llegar, se instalaron en una casa pequeña de frente color verde y enorme jardín en la parte trasera donde él solía jugar durante todo el día cuando era niño. Esto ocurrió promediando la década del 30, hacia el 35 o 36. En este pueblo el chico fue despuntando su adolescencia e integrándose a la vida del pueblo. En esa época, después del colegio, sus días pasaban entre los muelles y los barcos, entre redes y anzuelos y hombres que conocían el mar y el trabajo de marineros viejos desde fines del siglo XIX. Empezó jugando en los barcos, saltando de una popa a otra, escondiéndose con otros chicos en las cabinas y los camarotes, en las viejas casetas del puerto y debajo de las maderas podridas de los muelles. En ese ambiente, donde abundaban antiguas historias de piratas y bucaneros, islas lejanas, tesoros perdidos, naufragios y marineros desaparecidos fueron pasando los años. Cuando cumplió 17 el capitán de un pequeño barco le ofreció como regalo acompañarlo junto a su tripulación a un viaje muy corto de dos días y sus padres lo autorizaron un poco a regañadientes. Fue así como por primera vez el chico, futuro marinero, surcó el mar en el largo invierno del 43, mientras la vieja Europa estaba en guerra y las noticias se oían y leían como algo muy lejano, aunque algunos habitantes del pueblo a veces comentaban  que la guerra se trasladaría al sur del continente americano.  Este viaje, fue una pequeña iniciación que decidiría para siempre su futuro en los océanos inmensos. Luego empezó a hacer un trayecto cada mes o a veces más. Estos primeros viajes fueron muy suaves si se los compara con los años duros que prosiguieron. 
    La década del cincuenta lo encontró de lleno dedicado a los trabajos de pescador.  Los viajes que emprendían eran verdaderas travesías que podían durar varios meses. El barco se alejaba de la costa y podía estar muchas semanas sin tocar ningún puerto con días nublados, noches cerradas y largas tormentas. Con el tiempo fue comprendiendo las mañas del oficio ya que el trabajo del mar se hace bien después de mucho tiempo y siempre le asignaban junto a otros compañeros nóveles como él, los trabajos más pesados como limpiar el barco, levantar las pesadas redes luego de la pesca o quedarse toda la noche de vigía. A pesar de la dureza de estas labores pudo adaptarse alegremente y sentía alegría de haber elegido el oficio. Había decidido que este sería su futuro y por eso trabajaba y se esforzaba hasta poder dominar todas las tareas. Fue así como pasó temporadas realmente duras entre el frío, el cansancio y el sueño pero su decisión siempre lo mantenía en pie y su esfuerzo se veía poco a poco recompensado al percibir los pequeños pasos que lo hacían progresar y volverse  más diestro en las faenas. Por ejemplo, después de mucho tiempo, podía levantar las velas, incluso con el viento soplando fuerte; tampoco le costaba ordenar y clasificar los anzuelos y las redes le pesaban cada vez menos a la hora de levantarlas y enrollarlas. Lo más duro, al principio, fue dormir atado con fuerza al camastro en las noches de mucha marea para no caerse con el vaivén de la nave.
       El viejo nunca se casó, aunque se enamoró tres veces en su vida, sacando los amores furtivos de la adolescencia.Una vez a los veinticinco años de una mujer llamada Paula con quien tuvo a su único hijo. Con ella vivió casi treinta años hasta que las peleas,las rutinas y sus largas ausencias hicieron que la pareja se quebrara y ella se fuera a vivir a otras tierras. Quedó sólo con el hijo a quien le enseñó todas las tareas del mar y a quien inició en sus primeros viajes. A sus casi cincuenta años se volvió a enamorar de otra mujer, pero no fue correspondido. Con esa mujer joven, casi veinte años menor que él, habló en muchas ocasiones y siempre le quedó la sensación de que los prejuicios y la oposición familiar (ella pertenecía a una de las familias ricas de la zona) hicieron que ese amor no fuera posible. Quedó años golpeado por ese desamor pero los viajes en el mar lo hacían si no olvidar, apaciguar la tristeza. A sus casi sesenta años conoció a su última mujer con quien vivió durante veinticinco años y quien murió en sus brazos a los setenta y ocho años. Luego de ese momento vivió en soledad hasta la época actual.Ya no buscaba amores, sino que repasaba los que habían sido y se alegraba de ello. No fue un hombre de muchas mujeres, pero quiso y respetó mucho a las que estuvo y sintió que ellas también lo quisieron. Ya su soledad no lo mortificaba como durante su juventud y se sentía contento desde hacía muchos años. También había tenido la oportunidad de ubicarse en un trabajo de más prestigio y mejor visto socialmente pero lo dejó. A sus cincuenta años le ofrecieron trabajar de profesor de historia o geografía (las materias para las que estaba más preparado) en el excelente colegio nacional de la zona. Aceptó unos meses pero luego el amor por el mar pudo más y dejó la tarea docente, que de por sí ya la hacía en los barcos y a veces en los muelles transmitiendo a los trabajadores más jóvenes sus conocimientos del mar y de historia mundial. Así que no es que le desagradase la docencia pero su amor por el mar lo atraía poderosamente. Años después le ofrecieron un cargo político, ya que era un vecino antiguo y de comportamiento ejemplar pero también lo rechazó. No porque no coincidiera con ese partido político (de hecho era simpatizantes de ellos desde hacía muchísimos años)  sino porque sabía que a veces en la política pagaba justo por pecador. Digamos que el viejo prefería apoyarlos desde afuera, como un ciudadano común y no ocupar ningún cargo por más que estos le significaran un aumento grande en sus ingresos. A sus setenta y cinco años otra vez le ofrecieron trabajar con la prefectura en un puesto jerárquico que consistía en entrenar a los que controlaban el estado de los barcos pero tampoco aceptó y siguió navegando hasta casi los noventa. Luego se júbilo con los aportes mínimos y empezó a llevar vida humilde de muelle. El dinero de la jubilación se lo gastaba en los pocos bares del puerto y en algunos libros.  Ahora,lo estaban por nombrar "ciudadano ilustre de la ciudad", a lo que no se negaría, al fin y al cabo su vida además del mar había estado ligada a ese puerto al que siempre volvía. No fue falsa modestia rechazar empleos de prestigio o con mayores sueldos, simplemente lo atraía más el mar.  El siempre había seguido a su corazón, que le indicaba que su camino era en las naves que surcan el mar.          

sábado, 1 de noviembre de 2008

Fue un día curioso a pesar de haber hecho sólo dos encuestas. Por la mañana, antes de salir de casa, como no tenía paraguas le pedí uno a María, la señora con la que vivo y pasé por el kiosko de diarios a comprar Público que traía la peli "24 hour party people";  luego Viajé desde Plaza España hasta el metro de Glorias donde esperé unos minutos el tranvía eléctrico. Le Pregunté a una chica por el que iba por la Gran vía, cuya última parada era Gorg y me dijo que no tardaría mucho. Llegó después de unos minutos, viajé sentado y relajado como siempre que voy en este transporte, realmente un lujo, el mejor transporte de Barcelona. Pasó por debajo de la gran vía, luego la zona de los blockes de Alfons el Magnanim, giró y a los cinco minutos cruzó el río Besos. Me gustó cruzar el río en tranvía y ver de golpe Badalona otro distrito donde cambian a rojo los letreros de las calles y se nota que es otra zona. El tranvía atravesó la calle Torrassa y cuandó giró bajé. Al salir miré hacia la izquierda y vi las tres grandes chimeneas marrones, símbolo de la zona, a lo lejos; luego empecé a caminar hacia los blockes de Mareu de ... no me acuerdo. Las cuotas de las encuestas estaban muy cerradas y no podía hacercela a nadie. Bajaba y subía escaleras, tocaba puertas pero nada. Intenté varias veces pero la computadora me ponía "Selección fuera de cuota", necesitaban personas de 50 años que trabajaran y que vivieran con más de tres y no parecía haber. Ya eran casi las dos de la tarde y no había hecho ninguna. Seguí tocando timbres y en los bajos de un edificio me atendió una chica jóven toda vestida de negra y con una capucha roja como un Samurai oriental, una indumentaria realmente muy extraña. Me dijo que tenía poco tiempo porque estaba de luto debido a la muerte de su abuelo de 84 años y me mostró la foto: un viejo de pelo rojizo, ojos aceituna y mirada pálida. La chica tenía un aspecto sombrió con ese traje, además de que se la notaba cansada y con los ojos rojos. Empecé a hacerle las primeras preguntas y de repente escucho la voz de la hermana que me empieza a decir "Chico guapo" "a que hora nos vemos" "guapetón" y otros piropos, yo la escuchaba pero no la podía ver, escondida detrás de una segunda puerta que parecía dar a un patio. La encuesta no se la pude hacer porque también estaba fuera de cuota pero traté de hablar con la hermana que me seguía diciendo esas cosas, le dije que se acercara pero me decía que era muy tímida, logré verla y no era muy linda pero tampoco podría decir que fuera fea; tenía puesto un pijama rosado y estaba en ojotas. Le dije que más tarde pasaría a buscarla pero cuando se hizo de noche y terminé de trabajar no pasé, fui directo al tranvía que me dejó en Glorias. A las tres de la tarde recuerdo que comí en un bar. Una historia en Badalona uno de mis tantos días de encuestador. Ahora que releo la historia no entiendo porque no volví, quizás fue desgano o el presentimiento de que no iba a pasar nada.

jueves, 25 de septiembre de 2008

Rue Frederic Mistral en la entrada del casco antiguo de Avignon, café L´Americain. Mientras mi tío pinta una acuarela sobre ciertos detalles art decó del decorado clásico francés color verde oscuro yo miro por la ventana y trato de escribir. La luz del día de a poco desaparece y todavía se ve gente que camina por las calles: turistas europeos y algunos típicos japoneses con cámaras de fotos colgadas. En los días anteriores, además de Avignon, estuve en algunos pueblos de la Provenza Francesa: Nimes, Uzes, Arles. También una mañana estuve en S. María del mar, pueblo costero a una hora de Arles donde Van Gogh pintó varios cuadros, las famosas barcas coloridas junto al mar son de este pueblo. Allí caminé mucho tiempo por la costa pero era difícil reconocer el lugar de las barcas, no cómo en Arlés donde todo lo que pintó parece ser más identificable, además de que en los sitios están las placas: el río Ródano, el hospital, el anfitetaro, el café, el puente de madera que se encuentra a unos kilómetros y que poco tiene que ver con el bello y colorido pintado por Van Gogh; en realidad nada tiene que ver demasiado con lo que pintaba el holandés, su virtuosismo consistía en mostrar una belleza cromática que en realidad no era tal; por ejemplo el ródano en Arlés, es un río anodino sin demasiados atractivos pero Van gogh le supo dar grandiosidad y así con muchas de las famosas pinturas. Se me ocurre que el buen artista hace de cualquier cosa oro.
Luz diáfana en la costa mediterránea, cielo azul y rayos de sol sobre la arena vacía, agua fría en mis pies mientras ando lentamente por la orilla del mar y observo a lo lejos a alguna pareja que camina, algún chico que corretea a un perro. Hoy es el último día en La provenza y debo organizar la partida en mi cabeza de la forma menos dolorosa y siento tristeza de que todo sea tan corto y haya pasado tan rápido, cuatro días hermosos en diferentes pueblos del sur francés. Ahora recuerdo el silencio y la tranquilidad de la posada de Uzes donde dormí la primera noche y desde donde se veía el cielo oscuro estrellado y las pequeñas sierras a lo lejos. En la tarde me zambullí en una pileta con agua muy fría; mi tío no se animó, dijo que temía que le agarrara hipotermia. Dormí con mucha paz. Luego de un desayuno excelente con jugos, cafés y embutidos y una charla con una pareja norteamericana de turismo, nos despedimos de la posada... durante la mañana caminé por el pueblo entre sus pequeñas calles y bajo los arcos de la plaza central. Más tarde entré a la iglesia S. Theodoric y escuche unos minutos la misa en Francés; en el momento que llegué todos se daban la mano deseándose la paz, costumbres que se repiten en todos los idiomas, diferencias y comparaciones que me gusta hacer. Después caminé más abajo por un jardín alfombrado de hojas marrones y con árboles casi pelados que parecían inaugurar el otoño en esta parte de la geografía. Desde allí había una vista hermosa al tenue y tranquilo paisaje del campo verde. Me muevo un poco y un suave viento me acaricia la cara, camino sin saber que hacer por estas calles, saco algunas fotos a la feria de vendedores y a los edificios y a las construcciones viejas. Un pueblo del que días atrás no tenía noticias y ahora ya conozco de memoria de andar de un lado para otro por sus calles centrales y adyacentes durantes horas y horas bajo el tibio sol del otoño. Ronda Gambetta, el bar donde los lugareños paran a beber y charlar, mi tío habla en inglés con una mujer francesa y yo los observo callado pronunciar algunas palabras de su rudimentario francés y admiro su facilidad para comunicarse con la gente aunque casi no sepa el idioma. Luego se encuentra con una vieja amiga que no ve desde hace más de diez años, una amiga que conoció en Nueva York, cuando fue artista callejero desde mediados de los 90 a principios del 2000. Miles de anécdotas sobre esa época, momentos duros para hacerse un lugar en la calle, donde sobresale el día de la caída de las torres y como vió incrustarse al segundo avión en el edificio, historia que ya me cansé de escuchar tantas veces. Su amiga Kate vive aquí desde el 95 y nunca más volvió a Estados Unidos, es más, nunca más salió de Francia, creo que ni siquiera de Uzes. Por el pueblo se traslada en una bicicleta verde muy vieja que chirría y vive en una casa prestada donde plancha y hace algunos trabajos a cambio del techo. En los primeros tiempos tuvo una pequeña companía de teatro llamada Black dog, nombre que le puso en homenaje a los perros que mi tío pintaba en las calles de Nueva York. Kate ahora intentaba formar un grupo de teatro Gregoriano y su sueño es poder trasladarse a Roma o a Paris para presentarse. Luego de su larga charla subimos al autobús que nos trasladó a Nimes. No me acuerdo si tardamos un hora en llegar. Al bajar de la estación caminamos por una rambla larga hasta un monumento y una gran plaza de toros. En torno a este se montaban ferias y negocios de todo tipo, había mucha gente por las calles en un sábado de alegría. Mientras mi tío descansa en el monumento de la plaza yo salgo a caminar por los puestos y las calles del centro donde veo toda clase de feriantes y mucha gente que camina de un lado a otro. Vuelvo después de casi una hora y otra vez volvemos por la rambla. Más tarde tomamos el tren hacia Arlés, el viaje duró menos de una hora, también el paisaje verde suave; bajamos del tren, miramos un poco el mapa en la estación y caminamos. Nos alojamos en un hotel barato con un bar abajo donde había mucha gente mirando un partido de fútbol. Desde la ventana del hotel se veían las murallas de la entrada del pueblo. Por la noche comimos en un Restaurant al lado del café de noche que pintó Van Gogh en la plaza. Inédito, increíble, mientras mastico una pizza miro el techo del restaurant que pintó Van gogh hace más de cien años en esta plaza de Arlés. Mi tío me cuenta de una mujer viejísima que murió hace unos años y conoció a Van gogh de pequeña, hasta hace poco era una de las mujeres más viejas del mundo.

Septiembre 2008.

viernes, 29 de agosto de 2008

LLegué a Sabadell sur a las tres de la tarde, estuve en el barrio de blockes de la zona de Espronceda y Aribau, a unos pocos minutos de la estación de tren cuya distancia caminé muy despacio; en la primera parte del trayecto algunas fábricas, después una rotonda con una estatua alta y fina en el centro; doblé a la derecha por Goya y caminé hasta Espronceda. Tardé un poco en hacer la primera entrevista, nadie me atendía. Logré rápido la segunda encuesta y me quedé hablando con un hombre de barba, bajo y algo pelado de unos 55 años sobre diferentes temas entre ellos política y música. Me contó que le gustaba la llamada "música de protesta" y el folcklore argentino y que había visto a Jorge Cafrune en un teatro de sabadell; también me dijo que lo había visto unas horas antes de ese mismo recital caminar por las calles de la ciudad con su barba larga y su poncho y que todo el mundo lo miraba. Me imagino a Cafrune en estas calles de Sabadell a principios de los 70, realmente algo muy curioso. Luego hablamos un poco de Larralde, Facundo Cabral, Zitarrosa y de LLach, Jaume sisa, Pau Riba y Serrat, en fin cantantes latinos y catalanes. El sabía que Cafrune había promocionado a Larralde, conocía Cosquín y a mi en un principio me parecio raro que supiera tanto pero pensandolo bien no tanto porque todo está muy conectado; luego me dijo que no era el único y que había mucha gente que escuchaba folcklore latino, argentino y tango. Un amigo suyo aprendía tango en un centro cultural y cada dos años viajaba a Buenos Aires para perfeccionar sus pasos. Después me nombró al Tortoni y la Avda. de Mayo. Le pregunté si algún día iba a viajar y me dijo que no porque era mucho dinero del que no disponía pero suponiendo que alguna vez pudiera costearlo no viajaría por miedo a los aviones. Nunca había volado y nunca lo haría por que en los accidentes de aviones no hay posibilidad de salvarse y todo lo que sigue de este conocido y real argumento... me dijo . Luego hablamos un poco de izquierda Unida, el partido político del cual formaba parte y que había perdido muchos votos en la última elección por el voto útil al P.S.O., bueno algunas cosas típicas. Terminé la encuesta, le dije que me había agradado hablar con él y busqué una calle donde hubiera más blockes porque cuando hay edificios hago más encuestas. Así pasaba la tarde de calor en sabadell... Otro día: es un barrio de Barberá del Valles al norte, cerca de sabadell. Hay una rambla con bancos, faroles y árboles a sus dos lados y una ligustrina de casi un metro entre los árboles. La calle se llama Vía de Sant Oleguer. Atardece, el sol se esconde a mi izquierda, y el resplandor de la última claridad se agiganta entre las montañas. En la rambla hay muchos viejos sentados y se escucha a veces el acento andaluz. Un muchacho jóven de musculosa blanca y peinado punk modernoso pasea un perro y habla con una chica y otra mujer mayor que supongo es la madre de la chica. En los bancos muchos hombres y mujeres de más de 70 años. Algunos están solos y otros hablan en grupo. Por las dos calles paralelas a la rambla pasan autos, a veces alguno despide música alta de sus parlantes. Veo a un latino morocho de mediana edad, creo que Ecuatoriano con peinado parado español, se baja de una camioneta muy moderna,de donde sale el regaetón, lleva una bolsa de supermercado llena. Detrás mío hay una Avenida, llamada carretera de Barcelona y los autos circulan a mayor velocidad. Recién terminé de trabajar en la calle Sabonería, quise hacer más encuestas pero se me acabó la segunda batería y como no llevaba el cargador de la batería fue imposible seguir, es una lástima porque tenía ganas de hacer más. Un día de fines de verano en este pueblo y una rambla con árboles y faroles que avanza hacia una iglesia, al costado un video club, una farmacia, un locutorio, gente en las calles en el final de la tarde. Frente a mí el portal de un gran edificio de muchos pisos de donde entra y sale gente constantemente; es el número 2 de la vía S. Oleguer al lado del bar Kim´s @ Ton´s donde paré a comer a eso de las cinco y donde, el camarero, un chico jóven me preguntó a que me dedicaba. Le conté que en Buenos Aires había estudiado Periodismo y que ahora hacía encuestas sobre medios de comunicación por Barcelona y demás lugares de Cataluña. El me respondió sonriendo "has triunfado", aunque yo no le contesté nada pero me quedé pensando en lo que dijo. Yo no había estudiado para hacer encuestas pero bueno, él lo interpretó así, como que estaba dedicado a lo que había estudiado y me iba bien. Después hablamos un poco más sobre Barberá y me contó un poco sobre este barrio alejado. Hoy anduve por muchas calles de esta zona tranquila con casas bajas y edificios de pocos pisos: Ausias March, Ramón Muntaner, Once de Septiembre y demás. Ahora los faroles de la rambla ya están encendidos, la noche se acerca, guardo esta hoja y empiezo a caminar hacia donde me parece que se encuentra la estación. Recién me dijeron que estoy casi a la misma distancia tanto de la de Sabadell como de la de Barberá, veré por cual me decido para regresar; Me veo media hora en la estación esperando el tren. Bueno, capaz que puedo leer un poco, en el bolso llevo el libro "Intimidad" de Hanif Kureishi, es uno de esos pocos libros que logró entusiasmarme en estos últimos meses en que casi no leí nada más que notas de revistas y periódicos, algunos fragmentos de novelas y el libro de aprendizaje de inglés que llevo en el bolso para leer en los viajes. En el último año o más creo que sólo leí partes de cinco o seis libros de algunos autores como Pessoa, Hamsun, Miller, osvaldo Lamborghini, Cortazar, Defoe, Lawrence Durrel más algunos otros diccionarios y libros de aprendizaje de catalán, Italiano e inglés, leo muy poco en comparación a unos años atrás cuando vivía en Argentina. Otro día en Barberá, en la zona del centro. Sábado con mucho calor y con un sol que por la mañana, en la entrada de Pza. España me hacía picar la piel debajo de la ropa. En Pza. Cataluña no tuve que esperar mucho el tren, luego veinte minutos hasta el pueblo. Anduve por la zona del ayuntamiento, Avda. de la generalitat, Pintor Fortuni. Le hice una encuesta a una mujer mayor de 77 años que pintaba y tenía el estudio montado en su propia casa. Me hizo pasar, me invitó un poco de agua, me mostró algunas de sus pinturas de paisajes y naturalezas muertas. Me impresionó una donde estaba el castillo de LLoret y se veía el mar que golpeaba con fuerza en las rocas, debajo y a los costados de la fortaleza, un cielo azul, árboles entre las piedras, una pintura muy vívida y real. Me dijo que le había resultado tan difícil, sólo un poco de técnica y práctica sobre todo esto último además de persistencia. Estuvimos hablando mucho tiempo,no sé por qué salió la política y ella dijo que muchos de los que se la daban de socialistas deshonraban esta palabra, "ahora cualquiera es socialista pero antes no era así", dijo y criticó a la gente que tenía varias casa y autos y decía que era de izquierdas. Luego, cambiamos de tema y me contó que tenía primos hermanos en Argentina que no conocía y que tenía ganas de ver pero que no sabía como rastrearlos; le dije que no era tan difícil, que había gente que se ocupaba de eso. Más tarde hablamos de tango y en un momento se puso a cantar "Barrio reo" y "Volver", mientras yo miraba un buda gordo que tenía en una mesa junto a un cántaro con flores artificiales de todos colores. Estuve casi una hora en su pequeño departamento lleno de caballetes, lienzos, pinceles y pintura hablando de distintos temas. Antes de irme me dijo que si un día volvía a Barberá tenía una amiga a quien visitar. Nunca se sabe, le dije, si vuelvo seguro que paso. La saludé y seguí golpeando puertas, creo que hice una encuesta más. Después, durante la tarde, mientras tomaba un café en un bar me empecé a sentir mal, sin saber que hacer con mi vida como tantas otras veces, con ganas de hacer pero sin saber qué. Ansiedad, soledad, impotencia, nada que decidir aunque con ganas. Me quedé en el bar "Easo" de la Avenida Generalitat, saqué un hoja del bolso y me puse a escribir durante un rato algunas de las anécdotas del día. Se hicieron las seis y media de la tarde y decidí hacer una encuesta más. Salí del Bar y pasé frente a la oficina cerrada del "Diari de Barberá" que es bastante leído según pude comprobar al hacer las encuestas aunque no tanto como el "Diari de Sabadell" o el "Diari de terrassa". Volveré a Barcelona de noche en la Renfe, es sábado, quizás pueda salir a algún lado o simplemente bajar y subir por la Rambla un poco a mirar el paisaje y la gente de la noche. Otro día: Ahora escribo en un banco de la rambla Justo Olivera, frente al local de documentación para extrangeros. Cuantas mañanas he visto largas colas de inmigrantes que intentan tramitar sus papeles, cuantos de ellos están años para conseguir la residencia o el permiso de trabajo, años y años para "estabilizarse". Hoy seguramente no atendían porque a la mañana no había nadie. El día fue largo, empecé alrededor de las 11.00 y terminé después de las 19:00, hice encuestas cerca de la zona del ayutamiento y del mercado donde venden ropa. Calles: San Roc, Santa Rosa, Josep Prat, Francesc Maragas. Paré casi una hora, primero comí un snack de palitos de cereales y luego entré en un café donde sucedió algo muy curioso con una dominicana que atendía: cuando entré la chica me miraba con insistencia hasta que me explicó que alguien que dijo que ya volvía había dejado la máquina tragamonedas encendida . Pero el tiempo pasaba y el tipo no aparecía. Ella no se animaba a presionar el botón y necesitaba un cómplice, eso era todo.. entonces le dije que si ganábamos algo lo dividíamos y apreté el botón, la máquina comenzó a emparejar manzanas y después a escupir monedas de un euro que no paraban de caer. Si el tipo hubiera llegado en ese momento obviamente se me complicaba a mí pero no llegó. Además del dinero la chica me invitó con el café. Luego me puse a pensar si todo eso era verdad o había sido un truco de la empleada para quedarse con dinero de la máquina. Bueno, de todas formas no me importaba. Tomé el café, la saludé y me fui. Ella me dijo: "esto queda entre los dos". Sin duda algo muy extraño en la calle Francesc Moragas al 80, vereda impar, Hospitalet. Ahora es de noche y mucha gente sube y baja por las dos direcciones de la rambla en Just Olivera. Recién me compré un cuaderno de tapas duras de color blanco, rosado y marrón. Antes de comprarlo lo acaricié un poco ya que en un cuaderno entran muchas cosas. Me ilusiono con eso, con la idea de que pueda escribir mucho, que las letras vayan llenando las páginas con una imágen interesante de mí, de lo que me sucede pero pasa el tiempo y nada, nunca escribo al ritmo que me propongo, a veces pasan quince días y no escribí ni una página. Me ilusiono con el cuaderno pero me desilusiono al darme cuenta de que no voy a escribir mucho, es lo que tienen las cosas, pienso, el efecto materialista de pensar que al tener algo las cosas van a ser de otra manera pero nada, la vida sigue igual con una cosa más: un cuaderno, un pantalón, una camisa, un auto, una casa, da igual lo que sea, al principio nos ilusiona pero si pensamos profundamente nos damos cuenta de que no tiene mucho sentido tampoco.

domingo, 24 de agosto de 2008

Hoy chatié con mi viejo durante bastante tiempo. Me preguntó como estaba y le dije que me sentía un poco sólo, nada más; luego, no sé por que motivo empezamos a hablar de noticias y sucesos Argentinas. Le comenté que a veces suelo entrar a Clarín, Crítica y Página 12 por internet y que trato de mantenerme al tanto con algunas cosas. Me preguntó si había oído hablar del triple crimen de los "empresarios jóvenes" y le dije que claro, que en la última semana cada día salía algo. Entonces me comentó que él le había vendido un auto a Forza, uno de los asesinados y el principal investigado para averiguar las causas que motivaron el mafioso crimen ya que aparecieron en un zanjón de General Rodriguez con casi 20 tiros y maniatados después de haber estado tres días secuestrados. Hay indicios, por el tipo de asesinato, de que fueron los narcos por una mala entrega, una adulteración o una deuda que no pudo o no quiso pagar, también se especula que Forza fue quien denunció al grupo que fabricaba las drogas en Ingeniero Maswick, en fin muchas teorías. Al chatear mi viejo me contó un poco como fue la venta del auto en ese principios del 2005. Publicó un aviso en internet y Forza lo fue a buscar al negocio y de ahí fueron a casa. Mi mamá le sirvió un café. Mi viejo me dijo, "era un pibito con plata", "parecía macanudo" me dijo que se dedicaba a la distribución de medicamentos. No sé porque no puedo dejar de pensar en eso. Yo no me acuerdo donde estaría porque todavía vivía allí, quizás estaba en alguna clase del profesorado o en el puesto de Diarios, sólo sé que ese marzo del 2005 fue terrible para mí, comienzo terrible de un año, todavía más terrible; y ahora se me ocurre pensar en mis padres con Forza tomando un café en ese marzo. Luego el año terminó de la peor manera: en octubre a mi mamá le diagnosticaron cancer y y en diciembre murió; unos meses después decidí el viaje a España después de vender libros durante todo el verano en la costa para pagarme el viaje. Hoy no sé por que escribo todo esto y que tiene que ver, quizás tenga que escribir sobre algo, quizás en un momento distintas vidas se relacionan; Lo social con lo individual.
Otro día: Chatié con mi hermano, me cuenta que el hemano de Forza fue compañero suyo y que el asesinado fue también al Calasanz, dos años mayor que yo pero no me acuerdo de su cara. Si, en cambio me acuerdo de hermano, alguna vez estuvo en la casa de Bonifacio, un pibe alto, rubio, un poco dientudo me parece. Así que yo me cruzaba en el patio con el Forza asesinado.. pero la verdad no lo recuerdo. Bueno, basta de escribir sobre esto que tiene que ver con mi vida aunque me llama la atención tantas relaciones. El barrio, el colegio, mi viejo, mi hermano,todo conectado.

viernes, 15 de agosto de 2008

   Servilletas con migas en el plato del bar donde escribo después de terminar mi sandwich de jamón y queso, nadie en las mesas de afuera, yo solo adentro; muy poca gente por la calle. El empleado ordena la barra mientras su mujer barre, un viejo ventilador gira en un rincón y despide un poco de aire al acalorado local que se mezcla con el humo de la plancha donde cocina el dueño, el chino con el que siempre hablo. El televisor muestra las competencias de natación femenina de los juegos olímpicos y yo de nuevo en Barcelona recuerdo el viaje a Portugal que pasó demasiado rápido, más rápido de lo que podía pensar. Me parece ayer cuando estaba en este mismo bar bebiendo una cerveza y festejando en soledad que por más de 15 días no volvía al trabajo. Pero ya el viaje terminó. Fueron días en Lisboa, Porto y otras ciudades como Sintra, Aveiro, Coimbra y Braga. Recuerdo el primer día cuando llegué en el vuelo a Lisboa y vi toda la ciudad roja desde arriba, una vista espectacular de los dos lados del tajo; después de bajarme del bus que me tomé en el aeropuerto caminé por la "Plaza de Comercio" sin saber que hacer hasta que me decidí a buscar los hostels cuya direcciones tenía anotado en un pequeño papel en la riñonera. Caminé mucho esa media mañana pero por suerte la mochila no me pesaba como otras veces porque había decidido sólo cargar lo necesario. Me acuerdo que en el primer hostel no había lugar y después me costó un poco encontrar el old hostel pero al verlo me di cuenta de que era un buen lugar. En la entrada había una chica italiana que había estado un tiempo en Buenos Aires,  muy simpática y cordial que me recibió y me encontró lugar en el repleto hostel, uno de los pocos que quedaban. Eran 20 euros por cada noche, un precio normal para este tipo de alojamientos. Fueron siete días en Lisboa donde caminé toda la ciudad desde un barrio a otro y anduve en muchos de sus viejos tranvías desvencijados y pintorescos que se desplazan por sus calles empedradas que suben y bajan en desnivel. Muchas veces viajaba en el 28 que tomaba en la plaza Camoes para cualquiera de los dos lados. Caminaba por el barrio de Alfama con sus pequeñas calles y la gente que se asomaba desde las ventanas abiertas, ropa tendida en los balcones, hombres que tomaban sus cervezas en las mesas de afuera. Algunos pequeños jugaban al fútbol en las calles. Después de mucho caminar me sentaba en algún bar y pedía un café. Recuerdo el mirador Santa Lucía desde donde se veía el Tajo y la parte histórica de la ciudad con sus tejas rojas y el panteón de color blanco. Del otro lado del río estaba la ota parte de Lisboa más olvidada y desconocida para los turistas a donde crucé en barco unos días después para ir a las playas de Caparica; a esa zona era la zona de Alamada donde en realidad vive más gente que en la misma Lisboa; el famoso puente 25de abril separa las dos zonas. Recuerdo también ahora la mañana en que estuve en el castillo San Jorge desde donde la visión era todavía más amplia del río y de la vieja ciudad con techos rojizos. Caminar por el centro y seguir derecho hacia la zona de Pombal, la ciudad subía poco a poco y más allá el museo Gundelkian y sus hermosos jardines con estanques, pequeños ríos artificiales y el sol que iluminaba los verdes parques con gente que se sentaba en el pasto. Caminar un poco más, seguir camino hasta campo pequeño, sacarle una foto desde afuera a la espectacular plaza de Toros Roja y circular con sus bares y paradas debajo. Luego volver ciudad abajo otra vez a pie hacia el barrio de Alfama; fueron tardes y tardes en que no paraba de caminar por muchas calles. La casa de pessoa hasta donde me acercó el tranvía 28 para el lado contrario del barrio de Alfama desde la plaza de camoes; luego un jardín grande y oscuro en el que paré a comer una manzana y después unas callecitas tranquilas hasta llegar al caserón del poeta. Por las noches muchas veces me iba al barrio alto tan cercano del hostel, desde la plaza Camoes hacia arriba, tomaba unas cervezas con amigos ocasionales del hostel y veía a la gente ir y venir por las calles oscuras e iluminadas por los bares; los primeros días había un grupo de irlandeses simpáticos pero después se fueron y la gente solía cambiar muy frecuentemente, nadie se quedaba más de dos días. Luego vinieron unos franceses y una chica Vietnamita que me dijo que la capital no era Saigón como creía yo. Todo un día dediqué para ir a Sintra. Primero el tren y luego el autobus que me subió hasta el Castillo. Desde allí una visión amplia del verde y suave paisaje de montañas. Más abajo se divisabaun castillo Musulmán, restos de la cultura árabe en la zona.
 Hoy, como tantas veces, estoy frente el mar: Escribo estas líneas frente a arenas golpeadas por olas del atlántico que se estrellan contra el inicio de Europa en estas playas cerca de Porto. Más de una hora en llegar a pie desde el centro de la ciudad, luego de viajar de paseo en el tranvía marrón que me dejó a orillas del Duero. Estoy en una cafetería llamada "ondas de mar" y desde acá veo la costa y la playa. El día es espléndido, sólo algunas nubes pequeñas y débiles sobre el cielo azul; el sol gigantesco ilumina todo con claridad. Frente a mí hay una larga escollera que en su final tiene una torre vieja muy desgastada, las olas golpean, la espuma rebota alto y con fuerza para luego caer en el mar; afuera hace calor pero hay una brisa que ayuda a liberarse un poco de la alta temperatura. Desde la ventana del bar veo los autos que se dirigen a las playas, los niños que juegan en una hamacas al lado del café que de a poco se empieza a llenar; son casi las dos, la hora de almorzar. Por la puerta entra una pareja de unos sesenta años, la mujer está un poco pintarrajeada, el hombre calvo parece tranquilo, me miran y luego giran hacia la derecha. Escucho conversaciones en este raro y primer portugués, acostumbrado a escuchar el tono de Brasil más abierto y cantado. En la mesa tengo algunos libros que traje en la mochila: Pessoa, Hamsun, Cortázar, Cercas. Leo partes de cada uno pero no me puedo concentrar demasiado en ninguno. Leo alguna poesía corta de Pessoa o de alguno de sus heterónimos, nada más. Luego miro mucho tiempo por la ventana: la gente, los niños, el día, el sol, el mar, el despliegue playero de la gente que parece repetirse en todos los países. Me siento cansado, ayer dormí muy poco, desde las 6:00 hasta las 9:00. Por la noche me sentía insatisfecho y mal, siempre el deseo que no puedo evitar, lo que no puedo o no sé como hacer. Muchas chicas en el hostel, un poco de vino, caminata por la ciudad, la salida a una discoteca. Hablé mucho tiempo con una y la impresión de que no me daba la atención necesaria. Era polaca, de Cracavia y vino a estudiar portugués en Oporto en un curso intensivo de un mes, para luego volverse. Me contó un poco de su vida y de los sitios que conoció. Vivió en Finlandia más de un año, en una ciudad llamada Our donde completó su carrera de filóloga según entendí. Había unos chicos austríacos muy jóvenes, un holandes, tres chicas norteamericanas, una vasca y yo. Después de la discoteca salimos por la calle en busca de marihuana pero nadie nos sabe decir donde venden. Unos chicos negro en una esquina tienen, pero se nota que es de mala calidad. La muestran, la ofrecen, el holandés dice que no. Seguimos camino por las calles oscuras, el holandés y el austríaco mayor van adelante, las chicas los siguen. Nos paramos en una esquina donde hay una calle que baja hacia el centro de la ciudad y hablamos. Ellos quieren bajar hacia la zona del río y yo digo que prefiero ir a la zona de la rambla Santa Catarina, cerca del hostel, me parece que puede haber algunos bares abiertos. Entonces el grupo se divide. Las cuatro chicas se van con el austríaco y el holandés. Vuelvo a pie con los dos restantes austríacos, los más chicos, de unos veinte años. Deambulamos perdidos un rato por las calles oscuras y preguntamos dos o tres veces por la Rua de la Firmeza o por la Santa Caterina. Llegamos al hostel alrededor de las dos de la mañana. Los austríacos se van a dormir y yo me quedo en la computadora que en ese momento está libre. Escribo lo que me viene a la cabeza sin pensar demasiado, me descargo contra mi soledad y la imposibilidad de hacer lo necesario para lograr la atención de alguna chica, especialmente con la de Polonia que fue con la que intenté. Media hora después entran dos de las chicas norteamericanas. Entonces, me imagino las parejas, la vasca con el austríaco y la yankie con el holandés. No me equivoco, al rato aparecen sigilosamente. Me da la impresión que se besan detrás mío aunque no estoy seguro. Luego, suben las escaleras mientras yo sigo escribiendo en la computadora. Siento bronca, no porque me gustara especialmente alguna de ellas sino porque me da la sensación de estar perdiéndome algo y me pregunto por qué ellos sí y yo no. Hace unas horas ni se conocían y ahora ya están juntos. Pienso una y otra vez.. ¿qué es lo que yo no tengo? ¿cuál es la actitud?. En realidad creo que yo no puedo ir tan rápido. Me siento triste, esa sensación que tanto conozco de derrota y de soledad. Sigo escribiendo durante un rato más pero ya no se me ocurre que más y me parece que ya escribí todo lo que tenía adentro. Entonces busco en el you tube algunas canciones de Los Redondos, Rosendo, Calamaro, Bersuit, Los delincuentes y de a poco me empiezo a sentir mejor y muy de a poco salgo de esa horrible sensación de fracaso; pienso entonces que quizás el arte tenga ese efecto de ver el dolor del otro y sentirse amparado. No sé, pienso que no quiero sentirme más así pero no encuentro la forma de salir y de lograr la conexión suficiente, la atención, la onda necesaria. Ahora estoy de vacaciones, viajo por el norte de Portugal y el deseo de lo que no puedo obtener me hiere y me lastima una y otra vez. Desde la ventana sigo mirando el mar que golpea con fuerza a la torre de la escollera a unos kilómetros de oporto.

jueves, 31 de julio de 2008


   Sangre que nadie ve en la oscuridad y en mi silencio; un día mas que dejo pasar sin que nada que me alegre se expanda en mi cuerpo que busca salir de la angustia. Mi costumbre de caer y caer y no encontrar un lugar donde poder descansar y abrirme al camino que quiero empezar. No es consuelo y llanto en vano pero es el remedio que utilizo, la descarga contra el dolor. Intento pero no puedo que es mejor que no hacer nada aunque también pienso que seguir así es como no seguir. Vivir así no es vivir como dice la canción pero no quiero dramatizar y voy a agradecer lo poco que tengo a pesar de todo, quizás sea mejor así, para que mas; a veces pienso que no hay solución y la razón no tiene un lugar donde encontrar amor y eso que hablo y hablo, intento y más pero no encuentro la respuesta, la onda necesaria... quizás sea la actitud pero que hacer... Recuerdo algunos días hermosos muy lejanos que quiero llevarme para siempre, horas que están en mi memoria pero fueron pocas y efímeras; paso tanto pero tanto tiempo. ¿Alguna vez todo esto sera un mal recuerdo, casi una pesadilla, alguna vez? ¿y si no? y si es esto y nada más y no hay ningún tiempo de benaventuranza, no hay nada más. Ok, hay que seguir aunque no sepa como, por qué, ni adonde. Alrededor mío veo como otros obtienen lo que quieren, no sólo eso, sino más aún y yo me quedo sin nada; algo me dice que la vida eso o que pensaste. No sé, yo creía que todo podía cambiar alguna vez, pero el tiempo pasa y ya no hay mas tiempo que perder, ya se acaban los minutos, segundos y horas, queda muy poco o casi nada de esta etapa y cuando me de cuenta voy a estar en otro lugar sin haber tenido lo que quise. No sé porque utilizo este tono dramático pero es lo que siento; mi madre me decía que por lo menos disfrute del sol y eso voy a hacer, mirar el sol, el cielo, caminar, escribir y esperar un poco más aunque ya estoy muy cansado de esperar y siempre perder o quedarme a un costado, ya van demasiados partidos que no hago un gol y en que no logro casi jugar aceptablemente y el contrincante se lleva la gran victoria que aplauden los buitres. Una intuición de corazón me dice que debo esperar aunque siga atravesando pisos de dolor y se bien que no soy el único, aunque eso no es consuelo. Las comparaciones odiosas, frase hecha, pero cierta. Todo error está en uno dice una frase, toda problemática nace de nuestro propios problemas interiores que chocan y no se resuelven hacia ningún lugar vivificador. Trémulo espero, no sé como me puedo acostumbrar a perder siempre pero quizás es la condición del que viaja sin rumbo y en trenes hacia estaciones cuyo nombre no conoce. Esa es la ruta de los perdedores irremediables que a pesar de comerse el dolor y ver como el que ellos se chupan otros disfrutan sigue su camino, esa es la gran desventura de la aventura de los que no transan, soportar el escarnio en cada situación que no queremos. Ay, si, supiera llegar, ay, si pudiera escalar los muros de la insatisfacción constante pero no puedo, simplemente y no es una palabra que utilizo por utilizar, es lo que realmente me sucede en este tiempo de densidad y desasosiego. Dicen que las dificultades y el dolor deben ser estímulos para lograr lo que deseamos, dicen y dicen y en eso estoy, esperando vencer esas barreras que me inflingen desde mi negatividad que es como la muerte y mi contexto, no hay más que decir; Sólo que a veces no se puede esperar más. Hay que reírse de uno mismo también, jaja.
      Hace un dia que estoy en Porto, Portugal; llegue ayer por la noche en tren desde Lisboa despues de parar dos días en Coimbra  y uno en Aveiro, un paisaje verde y calmo como la gente que la habita. Las gente de las ciudades en este Pais parecen moverse a un ritmo más sosegado que en otras ciudades de europa. Me hospedo en un hostel llamado Ãndharilo que se encuentra cerca de la Rambla Santa Catarina, en la calle de La Firmeza que es una calle en subida desde la rambla; tiene una pequeña puerta de metal color blanca en la entrada y luego una escalera que conduce a un jardín a la izquierda. A la derecha está la cocina y la sala de estar. El lugar lo administran unos chicos de mi edad que alquilan la propiedad y la trabajan en cooperativa, se turnan los horarios y se dividen el dinero. Esta calle es tranquila pero por La rambla se desplaza mucha gente durante la mañana y el mediodía según pude comprobar hoy cuando salí a caminar; van y vienen para hacer las compras cotidianas o pasear; desde arriba de la peatonal, cerca del gran teatro saqué algunas fotos de la gente abigarrada que caminaba calle arriba o abajo concentrada en sus pasos. Temprano salí a caminar por el centro, anduve en el tranvia de color marrón que me dejó junto al puente de cemento luego de recorrer gran parte del centro y después en el bus numero 500 que bordea el Duero de casa viejas y pintorescas con flores y plantas en sus ventanas; subi en el elevador hasta el puente Luis I que cruza el rio Duero, tan conocido por su estructura metálica semejante al de la torre Eiffel y del mismo grupo de arquitectos. Crucé el puente una y otra vez, me quede en la parte de enfrente donde hay una plaza con un mirador, le pedi a algunas personas que me tomaran fotografias con la ciudad vieja de techos rojos y anaranjados como fondo. Más tarde camine por la costa, el barrio de "La Ribeira" y anduve por las callejuelas y vi algunas iglesias. Entre en un cafe y pedi uno con leche y con media luna, pague 1, 30 mucho menos que en Barcelona; al rato empezó a llover y me refugié en los lugares que pude, cobertizos, zaguanes, techos de verdulerias de esas calles antiguas de piedra que bajan hacia el río junto al puente, algunos vecinos me miraban con extrañeza como si adivinaran que era un turista más. Vi durante mas de media hora como una vendedora de paraguas gritaba en portugues lo que ofrecia en la gran plaza de la torre de los clérigos, al lado de una pequeña estatua de un cartero. Mientras estuve mirando creo que vendió tres paraguas; era una chica joven que gritaba para todas las direcciones con vehemencia. Tardé mucho en llegar al hostel, antes compré unos fideos y una manteca, pedí salsa pero no tenían. Cuando llegué habia muchos chicos coreanos preparando comida. Me quedé con ellos. Me convidaron con un poco de salsa y pan. Trataba de hacerme entender en mi rudimentario inglés. Una chica negra de origen holandes y padres congoleños empezó a tocar la guitarra, canciones románticas del sur norteamericano, blues, Soul y demás, realmente una pequeña artista con una actitud muy humilde. Tome varios vasos de vino oporto, intercambié bandas de rock con los chicos coreanos, nos anotabamos en los papeles los nombres de la bandas. Así fue pasando la tarde en este hostel de la rua Firmeza de la ciudad de porto a menos de un día de haber llegado. Más tarde pasaron muchas mãs cosas que sería muy largo de explicar ahora pero sin duda fue muy lindo conocer a dos chicas Gallegas llamadas Alba y Ana y a un chico Chileno llamado Erwin; con ellos anduve más de dos días sin parar y el sábado por la tarde fuimos a una exposición sobre derechos humanos y luego en la noche cenamos barato en la costa del río Duero, luego de buscar varios restaurantes . Justo antes de cenar, cuando nos bajamos en la estación de metro "Jardines de Morro" conocimos a un hombre llamado Serafín que nos empezó a contar la historia del convento y del centro histórico de la ciudad, dijo ser escritor y estar a punto de publicar un libro que le llevó cuatro años escribir, llamado "La duda" con un argumento sin duda muy extraño: Todo empezaba cuando el protagonista era abandonado de repente en un hotel de Milan por su mujer, con la que había convivido ocho años. A partir de allí el personaje sufre una gran crisis porque la mujer se va sin darle explicaciones en la madrugada de una noche. Entonces el hombre vuelve a oporto de donde también era oriunda la mujer a buscarla pero no la encuentra por ningún lado y la familia de esta tampoco sabe donde está. Creyendo que la había raptado una mafia de prostitutas, busca por todos los burdeles de oporto, habla con prostitutas, muestra sus fotos pero no logra dar con esta.

sábado, 12 de julio de 2008

Me debería haber bajado en la estación que sigue a San Boi pero no sabía que ahí estaba el barrio de la cooperación. Por eso llegué en un bus desde la estación de tren hasta los blockes donde tuve que encuestar. Estuve como una hora buscando el número en el que tenía que empezar, hasta que después de preguntar, un viejo habitante del barrio que iba para la estación me supo guíar. Me contó que había nacido en cáceres pero que vivía en este lugar desde la década del 60, cuando se empezó a construir el barrio. Bajamos unas escaleras y ahí estaban los edificios donde tenía que comenzar. Empecé alrededor de las dos de la tarde justo cuando la gente empieza a almorzar. Hice varias encuestas en el mismo edificio, luego, alrededor de las cuatro y media paré a comer en un bar. Había mucha gente de la zona que se conocía entre sí y hablaban por eso me sentía un poco inhibido, siempre me pasa lo mismo en los bares cuando entro y hay gente hablando. Me senté en una mesa y pedi un bocata de vegetal y para beber un agua. Justo por la puerta entraron dos policías y saludaron a varios de los hombres que tomaban cerveza en la barra, se quedaron hablando. Terminé de comer, pagué y volví a la zona a hacer más encuestas. Alrededor de la siete me llamó Isabel, la chica Dominicana con la que había estado dos semanas antes. Ya me había cansado de llamarla, casi me había olvidado. Quedamos en encontrarnos en Plaza Cataluña a las 9:30. Que milagro que me haya llamado y ahora que lo pienso, seguro que se debió a mi indiferencia. Hice algunas encuestas más, luego me quedé cinco minutos en una plaza desde donde veía unos edificios de pintura amarilla requebrajada con andamios sin obreros; una mujer con un vestido azul tendía la ropa en un blacón. En la plazoleta algunos viejos sentados, en el extremo un puesto de diario, enfrente la biblioteca, bajo la escalera la estación de tren. Veo a una chica que sale de un blocke con un bolso amarillo y azul y las siglas "C.N. de San Boi", un árabe bebe agua de una fuente. Pasadas las 8 camino hacia la estación de tren, cruzo una avenida y el puente elevado, alcanzo justo a subirme a un vagón desde donde veo el nombre de la estación: "Molin nou". LLego rápido a Plaza España, subo a mi casa, miro el reloj y eran las 9 me cambié rápido de ropa y me tomé el metro hasta Plaza Cataluña. Isabel parecía un poco borracha, tambaleaba al caminar y me contaba que había renunciado a su puesto de ayudante de cocina en un Bar de la calle Joan de Borbón en Barceloneta. Me dijo que fueron cinco meses en que no paraba. Empezaba a las diez de la mañana hasta las cuatro y luego tenía que volver a las siete, hasta las doce de la noche, así cada día durante tantos meses a un ritmo frenético. Una explotación total; le dije que había tomado la mejor decisión y que tenía que buscarse un trabajo con menos horas. Así me estuvo hablando del bar durante casi media hora mientras caminábamos por Hospital hacia la Rambla del Rabal, ella a veces se tambaleaba. Además me preguntaba hacia donde iba, a lo que yo no sabía que responderle. Primero tenía que encontrar un cajero para sacar 20 euros y luego un bar pero no cualquiera. Después de caminar un rato apareció un bar adecuado de luces rojas bajas y ella me esperó mientras yo iba a buscar el dinero hasta un cajero; Le dije que mientras para mí pidiera una clara. Crucé rápido, saqué la plata y volví. El bar estaba bien, había poca gente, sillones cómodos, nos sentamos atrás. Pasó un vendedor de Rosas árabe y le compré una rosa. Empecé a tomar cerveza, la necesitaba para entonarme un poco, después nos besamos aunque no por mucho tiempo. Nos quedamos un rato más en el bar, después tomamos un taxi hasta mi casa y la taxista resultó ser la misma que la había llevado desde su casa en Navas hasta Pza. Cataluña para encontrarse conmigo, casualidades, azares de la vida. Subimos a mi habitación. En mi casa escuchamos un poco de música, nos besamos, se quedó a dormir, estuvo muy bueno, alguna vez también a mí me toca, alguna vez, y doy las gracias.

domingo, 6 de julio de 2008

Fui a bailar al local que está arriba del Maremagnum. Luego de subir y bajar por la rambla varias veces, debajo del monumento a Colón me dieron una entrada libre. Para llegar tuve que dar una vuelta larga porque habían sacado el puente del puerto. Pasaban típicas canciones aburridas como "dame más gasolina" y todo eso; había algunas lindas chicas y bailé un rato con una rubia alta, extrangera, aunque no sé de donde porque se lo pregunté muchas veces y no me respondía; después se fue. Cuando trataba de hablarle decía que no me entendía. El resto del tiempo bailé sólo y apartado. No consumí ningún trago porque había tomado mucho el viernes y todavía me sentía un poco asquedado de tanta cerveza, además eran caros, salían 8 euros aunque el segundo te lo daban gratis pero en realidad no tenia ganas de tomar. La música no me gustaba pero mientras bailaba cantaba canciones que componía en el momento y otras del rock argentino, algunas de Las Pelotas, de Bersuit o Los Visitantes. A eso de las 2:30 me fui. Volví caminando por el puerto pero lo tuve que bordear otra vez porque el puente que da a Colon seguía levantado, luego por Paralel hasta mi casa, muy poco gente en la calle en la madrugada, algunos pocos en la zona del metro Paralel, en Nou de la rambla, cerca de la estatua de la chica con la canasta.

domingo, 29 de junio de 2008

Escucho las bocinas y los festejos en Paralel. España salió campeón de la Eurocopa, le ganó a Alemania 1-0 con un juego superior, incluso pudo haber ganado por más goles; fue un merecido campeón después de muy buenos partidos, especialmente el de la goleada a turquía. Miré el segundo tiempo en el bar del chino de la vuelta mientras tomaba un Nestea, luego fui a ver los festejos por las calles. Caminé por Paralel y en varias esquinas había grupos festejando. Si bien los festejos eran amplios es fácil darse cuenta de que mucha gente no participa. Algunos me parece que por que no les gusta el fútbol y otros, porque se sienten catalanes y no españoles. Por Poble sec vi como desde un balcón le tiraban agua a un grupo que festejaba pero supongo que fue algo aislado y los que no quieren participar simpemente cierran las ventanas. En el monumento a Colón había otro grupo numeroso de personas y por la rambla iban y venían con la bandera de España. Algunos pocos también tenían la bandera de catalunya y la del Barca. Mucha policía controlando la situación con carros por todas partes. En la esquina con Ferrán tiraban cohetes y saltaban, lo mismo en la esquina con Hospital; así y todo los festejos son muy tranquilos comparados con argentina por no decir que carecen de cierta pasión; tampoco hay grandes desbordes lo que es mejor. A las canciones también les falta ingenio: "Campeones oe oe", en fin bastante amargas comparadas con las nuestras. Estuve dos horas dando vueltas por el centro. Luego caminé hacia el Borne donde compré una cerveza en la calle y me quedé tranquilo en uno de los bancos de piedra mirando a la gente, por esa zona casi no había festejos. Había unas chicas argentinas al lado mío que hablaban con una española, me quedé escuchando un poco la conversación. Una se hacía la Stoncita, cantaba la típica y estúpida canción "Luca no se murió... que se muera Cerati", era muy linda y me hubiera gustado hablarle pero no le dije nada. Fui y volví caminando hasta mi casa. Luego volví a bajar y a eso de las 12 la llamé a Isabel para salir pero ya había terminado su horario en el restaurant y se volvía en el metro para su casa en la zona del clot. Me dijo que la llame mañana. Hace varios días que me dice lo mismo. Esta chica trabaja sin parar, horario interminable en el restaurante. Cada vez tengo más ganas de verla después de esa noche que dormí con ella. Espero poder seguir viendola y que una vez que se me da no se me corte esta posibilidad.

jueves, 26 de junio de 2008

Esta asepcia del alma que quiere llenarse y no encuentra el camino o la forma. Dime la forma Dios si es que existís? Estos recuerdos que vienen a mí y muchas veces suplen mi vacío actual. Son esas melodías de mi adolescencia que aún resuenan en cada pensamiento, como si se negaran a irse, como si la sustancia se rebelara a escapar y pienso que así está bien. Son las canciones que me hicieron feliz durante tanto tiempo; son esas letras que descubrí justo cuando había un mundo que descubrir y estaban esperándome. Pasan los años y están ahí, al igual que un bandoneón que siempre se escucha en la vieja casa planta baja de mi vecino con sus ventanas semiabiertas. Son las melodías del Tango y del rock argentino, son las canciones que compuse con mis amigos y nunca sonaron en la radio pero si se hicieron escuchar por las calles de caballito sur y Parque Chacabuco; metáforas y estrofas que intenté mientras abrazaba la música urbana, frente al colegio donde crecí con hermanos y amigos. Salas de ensayo donde intentábamos crear algo diferente, síntesis entre el rock y el pop. Era la novia de Av.La plata a quien esperaba que saliera del colegio con quien me escondía en las escaleras de su edificio porque no teníamos plata para otro lugar y cuando el ascensor paraba en el piso de abajo subíamos las escaleras y cuando para arriba bajábamos. La camiseta de San Lorenzo Adidas todavía de la década del 80, aunque ahora cuente sobre mediados de los 90 cuando no tenía mucho que hacer, ningún lugar adonde ir, ningún trabajo al que adaptarme mientras alrededor circulaba el dinero y también crecía la tristeza. Pero es esa poca parte buena de mis años anteriores que me alegraba entre tanto gris cotidiano. Ahora giro la cabeza atrás y encuentro pocos momentos buenos pero algunos brillan en ese oscuro pasado. En ese pasado los ladrillos duros no paraban de caer, piezas de barro cocido que dolían cuando golpeaban pero no hacían cambiar a nadie, total los golpes se pueden soportar mientras traigan beneficios. Sólo palabras y nadie hizo lo necesario,no es lo mismo que callar pero no alcanza. Si algo me consuela al evocar ese tiempo es mi corta edad y mi poca madurez pero el pasado no se puede cambiar y no hay final más amargo que el que tuvo mi mamá y lloramos con mis hermanos. Nosotros compartimos una vida de búsqueda y milagro pero en esa búsqueda se fue su vida, en el intento de aprehender unos minutos más calmos, más amorosos, más sentimentales. Se le fue la vida en ese trayecto, en ese largo y sinuoso camino que trató de empezar a andar cuando se dió cuenta de que el viejo no servía. Su generosidad fue valiente y tierna, nunca pidió otra cosa que amor para el que no sé si estábamos a sus altura entre la indiferencia, ausencia y egoismo de mi padre y los problemas de cada uno de sus hijos que ella tomaba como propios y nosotros nos enojábamos cuando se entrometía demasiado. A veces cuesta ver lo que se tiene en sus propias narices, a veces cuesta dejar el automatismo hasta que de golpe estalla la bomba. Hay que ser muy lúcido para saber mirar justo a tiempo.

sábado, 21 de junio de 2008

Con joan caminamos por la pasarela hasta la última playa. El ambiente cambiaba, se veían más jóvenes tendidos en la arena, muchas chicas haciendo topless. El sol picaba bastante; eran las cuatro de la tarde y Villa Olímpica ya había quedado atrás, creo que estábamos por Bogatell. Por momentos hablábamos y en otros no sabíamos como llenar los silencios, no había mucho que decir. Creo que recordamos a unas chicas Irlandesas con las que habíamos hablado la noche anterior en Sidecar, había una con pecas y camisa de color roja a cuadras, más típica no podía ser su vestimenta, le faltaba sólo el sombrero de granjera. Yo le dije a Joan que había que animarse y decidirse más y el decía que no le importaba "ligar". La noche anterior me había ido antes con bronca e insatisfecho a pesar de que difruté la música mientras él se quedó bailando con Manel y Uriol.
LLegamos a una playa y nos tiramos en la arena. A lo lejos se escuchaba música electrónica. El mar parecía tranquilo, con menos escolleras frente a nosotros; una lancha roja con una línea de color amarilla maniobraba en la costa. Algunos nadadores se acercaban bastante. Un hombre cambió la bandera del mástil y enseguida la lancha giró hacia la zona del puerto, antes incluso de que zonara el claxon. La boyas se movieron un poco y la escollera me tapó la visión de la lancha. Me fijé en la arena y me di cuenta de que había mucha más gente que un rato atrás, una cabeza al lado de otra, muchos italianos. En el mar se bañaba mucha gente, atrás nuestro una marea humana iba y venía por el camino paralelo al mar. De repente Joan sacó un libro de Sartre y recostado en la arena parecía leer tranquilamente aunque cada vez que lo miraba estaba en la misma página. Una mujer china pasó ofreciendo sus servicios de masajes, un árabe vendía latas abajo nuestro, algunos negros pasaban vendiendo anteojos y carteras. Todos estos vendedores me hicieron acordar a que yo trabajé de lo mismo en Mar del Plata con los libros. Caminaba desde el Faro hasta Tamarindo, ida y vuelta, varias veces con la mochila cargada de libros. Cuando había algún recital interesante me quedaba en la olla de la famosa radio, recuerdo ahora los recitales de "Arbol" y "Las Pelotas" en el verano del 2006, aunque también hubo otros en los veranos del 2004 y 2005. Todo eso pasó hace tan sólo un año y algunos meses pero ya me parece muy atrás. Ahora recuerdo esto, el sol me da de frente y me siento cansado y con sueño. Se junta el humo de la noche anterior en que la irlandesa se fue con otro, el calor del sol que me da de frente y el recuerdo de la venta ambulante que había estado bien, me había gustado hacerlo pero ya no volvería a eso de nuevo, era un trabajo para los 28 años, aunque nunca se sabe las vueltas del destino, digo que no me gustaría volver aunque me encantó hacerlo al igual que vender los libros en las puertas de la facultad, experiencias sin las cuales no sería lo que soy y hoy no estaría en las playas de Barcelona. Joan sigue en la misma página de siempre. Es raro un libro de Sartre en Catalán.

lunes, 16 de junio de 2008

     Si no fuera por el arte no sé que hubiera hecho tanto tiempo, no digo el que intento yo, pobre de mí y del que me lea (aunque esto último ya no es asunto mío) pero el de los demás me ayuda y me consuela; me proporciona una tabla de madera en este mar agitado que es la vida diaria, si, aunque parezca sentencioso. Hoy no sé porque escribo esto, quizás es la tristeza y la soledad, que ya es habitual, quizás entender que el arte salva; en realidad copio esto de un papel que escribí en un local de rock de Hospitalet hace unos meses y que encontré un noche atrás en un bolsillo.
El local, llamado Salamandra es muy conocido. El día que fui pagué 10 Euros en taquilla. Tocaron dos bandas inglesas "Empyr" y "Protoangel", la segunda me gustó más. Había muy poca gente en el lugar y la cerveza era cara. Me acuerdo de una chica tatuada que atendía en la puerta. La casualidad hizo que unos meses después le hiciera una entrevista por la zona de Horta y lo más extraño es que apenas me dijo que había trabajado ahí la reconocí, no sé, quizás me gustaba. Nos quedamos hablando un poco y me contó algunas anecdotas de la puerta del local, me dijo que ya no trabajaba más en Salamandra.
    El día del recital me costó volver, tuve que esperar mucho el bus y después tomar otro pero cuando llegué a Plaza España me fui hasta Poble nou donde me quedé bailando toda la noche. Salí de madrugada, por suerte el metro ya estaba abierto; dormí cinco horas y fui a trabajar hasta Viladecans con dolor de cabeza. Estuve en un barrio residencial de casas bajas, arriba de todo, las calles tenían nombres de flores. Para llegar hasta ahí, después del tren me tomé el Bus B1. El día se hizo muy duro, paraba cada media hora a tomar un poco de agua en el único bar que había en la zona, cosa rara en un pais de bares como españa pero no tan raro si se tengo en cuenta que era una zona mu alejada. Cuanto calor en este barrio vacío en la montaña.
   Por la noche fui al local de shawarmas "Buen Bocado" de la Plaza Tripi. Pedí uno y como me quedé con hambre volví a pedir otro. Saludé a los pakistaníes, salí del local y anduve dando vueltas por el cemento de la plaza sin saber que hacer. Un muchacho borracho de pelo ruloso y revuelto, pantalón de gimnasia gris y gorrita verde golpeaba la estructura metálica de un carrito de compras contra la calle, la pared y todo lo que veía; estaba muy excitado y descontrolado, también gritaba contra los políticos en un acento andaluz muy marcado. Alguien llamó a la policía; llegaron de prisa y dos o tres le dijeron que se calmara. El le mostró lo que hacía y volvió a sacudir el carro diciendo que era inofensivo, que sólo golpeaba en el cemento para descargarse contra como eran las cosas en el mundo. "A usted le parece que todo esto es justo, le decía a los mossos" y luego decía "yo creo que no y por eso me descargo... pero no le pego a nadie" La policía le sacó el pedazo de carro y le volvieron a decir que cesara con sus gritos y golpes porque había vecinos durmiendo; luego el muchacho se retiró cantando. El carro policial se instaló en el lugar así que me fui. Seguí por escudellers, doblé por Vidre y antes de llegar a la Plaza Real vi a dos chicas, una parecía borracha y nos pusimos a hablar. La chica ebria era inglesa y la otra Nueva zelandesa, y me propusieron ir a tomar Sangría al pub Bahía. Así que volvimos a la Tripi. Pidieron el trago, yo quise aportar unos euros pero no me dejaron. Hablamos un buen rato, mezcla de castellano e inglés. Me dijeron que eran instructoras de yoga hot, o por lo menos eso es lo que entendí, "una variante del yoga" me explicaron; les pregunté si en esa disciplina había sexo y me dijeron que no. No hubo más explicaciones sobre eso y cambiamos de temsa; la chica de Nueva Zelanda me contó que había estado en Argentina y me habló de su estadía en Buenos Aires, de palermo y de la plaza serrano; todos los que van a Buenos Aires me hablan de Palermo. Pienso que tendría que haber un nuevo barrio alternativo para los turistas además de La Boca y Palermo. La inglesa no sabía casi nada de castellano así que nos comunicábamos con mi inglés rudimentario y algunos gestos. Salimos y en la esquina pedimos tres pases para la Macarena; nos dieron además una consumición gratis de cerveza así que cuando entramos lo primero que hice fue pedirla; no había casi nadie en el pequeño club oscuro de luces bajas y música electrónica. A mí me gustaba la Nueva zelandesa aunque la inglesa parecía más predispuesta conmigo. La de Nueva Zelanda me contó que era hija de padre egipcio y madre suiza aunque se la pasaba mirando para otro lado. La inglesa me tocaba y hablaba pero como yo trataba de hablar con la otra se fue a baila con un negro que no parecía perder el tiempo. Luego se separó del negro y me puse a bailar con ella pero rapidamente vinieron unos muchachos amigos del negro y me dijeron amenazadoramente que la deje y como el negro no estaba la dejé. A los cinco minutos volví hacia ella le dije de salir y fuimos a caminar por las calles del centro. Me preguntó si vivía cerca, pregunta que me hizo pensar si quería venir a mi casa. Así pasaba la noche en el barrio gótico a principios de este junio caluroso del 2008. La amiga no aparecía y nos quedamos un rato en escudellers y la rambla; yo la tocaba y no me decía nada, empecé a acariciarle el brazo suavemente justo cuando apareció la amiga. De golpe se tomaron de los brazos y me saludaron, la inglesa me dió un beso en la boca pero se fue rambla arriba y no me dió tiempo de hacer mucho. Me parece que dormí otra vez.

martes, 10 de junio de 2008

Me compre la computadora portátil en cuotas en un negocio de electrodomésticos por el mercado de San Antonio, pago 70 euros por mes durante un año. Es bueno esto de tener a mano la computadora y más ahora que escribo tan seguido pero hay que tener control porque es una droga mucho peor que la televisión; entro con la intensión de quedarme una hora y me paso cuatro. Es que hay muchas cosas: información en google, el you tube que te ofrece cualquier video, la prensa escrita que también esta digitalizada, el msn que siempre uso para ver si hay alguien conocido, el traductor para el inglés, catalán o italiano, y mucho más... un verdadero Aleph que te retiene y te retiene. Pero todo es cuestión de saber controlarse, ir dosificando y no dejarse atrapar, cuestión difícil en esta euforia principiante de tener computer. En el Aleph de Borges el protagonista ve todo desde ahí con una afable sorpresa en cambio uno a veces se queda frente a la pantalla por inercia buscando lo primero que le viene a la cabeza, una cosa te va llevando a otra en este collage de información mediática. De un tema a otro sin parar. En estos días la computadora me saca el tiempo que antes usaba para caminar por la calle o estar en un café con un periódico o una revista; por algo representa el consuelo a la soledad de nuestra época. También se utiliza para escuchar música pero no es lo mismo tener el disco con todo el concepto y la definición que propone el artista que escucharla bajada o en Mp3. Bueno, nada de lo que estoy diciendo es nuevo pero por suerte ahora estoy escribiendo en un café y no en la computadora. No dejo de escribir en bares, el placer de mirar el mundo frente a la ventana y todo lo que sigue... aunque algunos van con la computadora a bares que tienen señal,pero se que no voy a caer en eso, tecnología absurda? absurdo yo? Me contesto que no, todo depende del uso que le dé. Ninguna cosa es mala por si sóla, se me ocurre, lo malo es el abuso.

sábado, 7 de junio de 2008

Los treinta no me pesan y aunque no podría decir que este satisfecho con mi vida sí puedo decir que salí del pozo o por lo menos del último peldaño de la escalera en donde estaba, más abajo no había; ahora después de todo lo que perdí habrá que ver si puedo empezar a subir sin equivocarme tanto, sin los errores que al mirar el pasado siento que fueron mis únicos compañeros, además de la tristeza, la decepción y la impotencia. A veces pienso que es tarde y que ya me perdí muchas cosas por mis errores y que en muchas ocasiones fui el sepulturero de mi mismo sin darme cuenta, pero quizás algo pueda recuperar y en algún momento empiece a pasarla mejor. En estos últimos días no he dejado de pensar en todo lo que me sucedió en los tres años anteriores, pasividad, desamparo, muerte, depresión, pobreza. No sé por qué me acuerdo de mi padre, que sólia decir que esas cosas siempre pasan con respecto a la enfermedad de mi madre. "En toda las familias pasa eso" y yo no podía creer lo que escuchaba pero lo tenía que escuchar y callarme. Se puede culpar a alguien de producir una enfermedad? Decir eso es muy duro ... Pero el rencor sólo me hace daño a mí y de alguna forma tengo que perdonar y limpiarme, aunque sea por mi bien. Aunque hay cosas que son difíciles de perdonar, casi imposible.

¿ Debo escribir más? Sólo un poco para entretenerme y llenar páginas y tranquilizarme a mi mismo que por lo menos intento escribir y cumplo con la tarea de aumentar el caudal de páginas aunque no sea esa mi intención pero valgan o no valgan siempre es mejor escribir a no hacerlo. Si escribo tengo la sensación de que no pierdo el tiempo.
Transcurrieron así muchos más días dando vueltas y trabajando en la ciudad y que sólo estaba,no tenía ningún amigo , no podía salir ni verme con nadie a pesar de que lo deseaba. Estaba sólo en una ciudad tumultuosa en pleno verano. Hacía encuestas, hablaba con mucha gente, de noche iba a bailar, intentaba hablar con alguna chica y sin embargo estaba sólo, muchas veces volvía borracho y triste; durante el día paraba en los cafés leía cualquiera de los diarios,El periodico de Catalunya, sport, La Vanguardia, cruzaba mirada con chicas lindas pero mi timidez no me permitía ir más allá y ellas tampoco me decían nada. Hoy por ejemplo le hice una encuesta a una chica cerca de la estación de metro de Via Julia, bajando la Rambla a la izquierda. Me sonreía cuando le hacía las preguntas y se acercaba a mí, así que cuando finalizó la entrevista la invité a tomar un café pero me dijo que no podía porque tenía muchas cosas que hacer; siempre las chicas tienen cosas que hacer. Entonces me fui a tomar el café sólo a un bar atendido por otra chica argentina. Me quedé un rato mirando por la ventana y leyendo el periódico gratuito 20 minutos; luego la chica que invité a tomar un café pasó apurada por la vereda de enfrente, la llamé, pero me dijo que no podía. Hice dos encuestas más, terminé pasadas las nueve de la noche. Después, en el camino de vuelta, pasé a buscar a la chica de la encuesta y ya no estaba, su madre desde el balcón me dijo que se había ido a la casa de su amigo Pedro ¿ lo conóces me preguntó? y yo le contesté que no. ¿ cómo conocerla si apenas la conocía a ella? Desde el balcón me preguntó si tenía su teléfono y yo le dije que tampoco, entonces me hizo pasar y me dictó el teléfono que yo anoté en el primer papel que encontré en mi bolso y me fui rápido y con un poco de verguenza. Cosa rara que la madre le de el téléfono a alguien que no conoce, parecía una madre muy liberal. Ahora no sé si la voy a llamar y si la llamo hay que ver si acepta verse conmigo,actitudes extrañas. Nada más que decir del día de hoy. Anduve un poco por la rambla y luego en un supermercado compré jabón de lavar para la ropa; tengo una bolsa de ropa acumulada desde hace varios días y ya no tengo medias para ponerme.Me vuelvo hacia el metro, cierro los ojos y pienso en ella, una chica que me gustaba en un barrio alejado del centro de Barcelona y que seguramente no vuelva a ver nunca más.