jueves, 26 de junio de 2008

Esta asepcia del alma que quiere llenarse y no encuentra el camino o la forma. Dime la forma Dios si es que existís? Estos recuerdos que vienen a mí y muchas veces suplen mi vacío actual. Son esas melodías de mi adolescencia que aún resuenan en cada pensamiento, como si se negaran a irse, como si la sustancia se rebelara a escapar y pienso que así está bien. Son las canciones que me hicieron feliz durante tanto tiempo; son esas letras que descubrí justo cuando había un mundo que descubrir y estaban esperándome. Pasan los años y están ahí, al igual que un bandoneón que siempre se escucha en la vieja casa planta baja de mi vecino con sus ventanas semiabiertas. Son las melodías del Tango y del rock argentino, son las canciones que compuse con mis amigos y nunca sonaron en la radio pero si se hicieron escuchar por las calles de caballito sur y Parque Chacabuco; metáforas y estrofas que intenté mientras abrazaba la música urbana, frente al colegio donde crecí con hermanos y amigos. Salas de ensayo donde intentábamos crear algo diferente, síntesis entre el rock y el pop. Era la novia de Av.La plata a quien esperaba que saliera del colegio con quien me escondía en las escaleras de su edificio porque no teníamos plata para otro lugar y cuando el ascensor paraba en el piso de abajo subíamos las escaleras y cuando para arriba bajábamos. La camiseta de San Lorenzo Adidas todavía de la década del 80, aunque ahora cuente sobre mediados de los 90 cuando no tenía mucho que hacer, ningún lugar adonde ir, ningún trabajo al que adaptarme mientras alrededor circulaba el dinero y también crecía la tristeza. Pero es esa poca parte buena de mis años anteriores que me alegraba entre tanto gris cotidiano. Ahora giro la cabeza atrás y encuentro pocos momentos buenos pero algunos brillan en ese oscuro pasado. En ese pasado los ladrillos duros no paraban de caer, piezas de barro cocido que dolían cuando golpeaban pero no hacían cambiar a nadie, total los golpes se pueden soportar mientras traigan beneficios. Sólo palabras y nadie hizo lo necesario,no es lo mismo que callar pero no alcanza. Si algo me consuela al evocar ese tiempo es mi corta edad y mi poca madurez pero el pasado no se puede cambiar y no hay final más amargo que el que tuvo mi mamá y lloramos con mis hermanos. Nosotros compartimos una vida de búsqueda y milagro pero en esa búsqueda se fue su vida, en el intento de aprehender unos minutos más calmos, más amorosos, más sentimentales. Se le fue la vida en ese trayecto, en ese largo y sinuoso camino que trató de empezar a andar cuando se dió cuenta de que el viejo no servía. Su generosidad fue valiente y tierna, nunca pidió otra cosa que amor para el que no sé si estábamos a sus altura entre la indiferencia, ausencia y egoismo de mi padre y los problemas de cada uno de sus hijos que ella tomaba como propios y nosotros nos enojábamos cuando se entrometía demasiado. A veces cuesta ver lo que se tiene en sus propias narices, a veces cuesta dejar el automatismo hasta que de golpe estalla la bomba. Hay que ser muy lúcido para saber mirar justo a tiempo.

No hay comentarios: