jueves, 5 de junio de 2008
Muchas veces hice encuestas por aquí cerca pero no exactamente en estas calles. Ahora estoy en Alfons El Magnanim 99, frente a la estación del tranvía que veo pasar cada cinco o diez minutos hacia ambas direcciones. Blockes a los dos lados de la vía, árboles, bancos, plazoletas entre los edificios, personas que caminan tras los edificios en la Rambla de Prim, una especie de zona oculta donde vive mucha gente tras la "Gran vía de los Corts". Hoy trabajé durante toda la tarde. Llegué a las tres pero no encontraba las calles y paré en un bar a tomar un café mientras consultaba una guía de la ciudad que le pedí al camarero. Encontré por fin las calles y tardé en empezar pero terminé antes de que oscureciera. Ahora son más de las nueve y escribo frente a un gran ventanal en el bar "Montserrat"; en la calle hay una galería sostenida por columnas cuadradas y no se ve a nadie caminar, sólo a algunas personas que esperan el tranvía. El bar-restaurante donde estoy es un local muy amplio que tiene dos comedores paralelos, yo escribo en el segundo, el de atrás. Durante la primera media hora estoy sólo, luego, a unos metros míos hay dos parejas jóvenes con muchos niños alrededor, hablan sobre el trabajo, las vacaciones, la baja, temas recurrentes entre españoles y catalanes mientras los niños revolotean a su lado o se trepan a las sillas. Observo algunas de las pinturas colgadas en la pared al lado mío: un oso polar camina por la nieve, en otra hay un paisaje de islas nocturnas entre el mar bañadas por la luna. Veo el televisor que muestra un programa de preguntas y respuestas en tele 5, al lado una pintura del escudo del Barcelona. Me gusta estar en este barrio de blockes con plazas en el medio, apariencia de tranquilidad, ropa en las ventanas y el hecho de que parezca escondido a pesar de estar al lado de la gran vía. Escribo en este bar después de haber terminado las encuestas, miro el reloj y me empiezo a apurar, ya son casi las once de la noche y tengo hambre. El tranvía de enfrente me deja en Glorias y de ahí el metro hasta Plaza España donde vivo desde hace poco. Barcelona es chico y grande, siempre encuentro rincones nuevos. A veces tras una calle por la que ya pasé descubro una esquina nueva, una casa con detalles especiales, un graffiti, una fachada antigua, aunque esto también me pasaba en Buenos Aires y supongo que pasa en todas las ciudades y lugares. Otras veces camino por barrios repetidos pero no siempre es el mismo ya que según por donde se camine la óptica es diferente y tardo en darme cuenta que ya había pasado por ese lugar. Ahora voy hacia la parada de tranvía Alfons El Magnanim, debo antes pagar la consumición y luego cruzar la calle. Estoy contento de poder viajar en este tranvía eléctrico, el transporte más cómodo de Barcelona.
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