Si no fuera por el arte no sé que hubiera hecho tanto tiempo, no digo el que intento yo, pobre de mí y del que me lea (aunque esto último ya no es asunto mío) pero el de los demás me ayuda y me consuela; me proporciona una tabla de madera en este mar agitado que es la vida diaria, si, aunque parezca sentencioso. Hoy no sé porque escribo esto, quizás es la tristeza y la soledad, que ya es habitual, quizás entender que el arte salva; en realidad copio esto de un papel que escribí en un local de rock de Hospitalet hace unos meses y que encontré un noche atrás en un bolsillo.
El local, llamado Salamandra es muy conocido. El día que fui pagué 10 Euros en taquilla. Tocaron dos bandas inglesas "Empyr" y "Protoangel", la segunda me gustó más. Había muy poca gente en el lugar y la cerveza era cara. Me acuerdo de una chica tatuada que atendía en la puerta. La casualidad hizo que unos meses después le hiciera una entrevista por la zona de Horta y lo más extraño es que apenas me dijo que había trabajado ahí la reconocí, no sé, quizás me gustaba. Nos quedamos hablando un poco y me contó algunas anecdotas de la puerta del local, me dijo que ya no trabajaba más en Salamandra.
El día del recital me costó volver, tuve que esperar mucho el bus y después tomar otro pero cuando llegué a Plaza España me fui hasta Poble nou donde me quedé bailando toda la noche. Salí de madrugada, por suerte el metro ya estaba abierto; dormí cinco horas y fui a trabajar hasta Viladecans con dolor de cabeza. Estuve en un barrio residencial de casas bajas, arriba de todo, las calles tenían nombres de flores. Para llegar hasta ahí, después del tren me tomé el Bus B1. El día se hizo muy duro, paraba cada media hora a tomar un poco de agua en el único bar que había en la zona, cosa rara en un pais de bares como españa pero no tan raro si se tengo en cuenta que era una zona mu alejada. Cuanto calor en este barrio vacío en la montaña.
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