jueves, 1 de mayo de 2008

Por causa de ciertas actitudes de la clientela el bar no parecía muy refinado pero en verdad el dueño se preocupaba por mantener sus instalaciones con prolijidad. Todos los días una mujer de nacionalidad uruguaya, que solía hablar de los encantos de la ciudad de Piriapolis cuando alguien le preguntaba por la tierra oriental, limpiaba y fregaba con esmero el establecimiento y también todos los días el mismo dueño solía cambiar el papel higiénico del baño, además de colocar una tolla limpia junto a la pileta. No todos los clientes apreciaban estos detalles pero los pocos que se daban cuenta felicitaban a Pepe por tales minucias y preocupaciones. El bar había cambiado varias veces de nombre hasta decidirse por el que más le gustaba a los clientes "Aquí me quedo" lo que le daba cierta ambiguedad debido a que no se sabía si uno se quedaba allí por el estado de ebriedad o por la amenidad del ambiente. Por la noche el local se llenaba de gente, especialmente de hombres que permanecían en el establecimiento hasta pasada la medianoche. Había gente de diversos origenes y nacionalidades: Catalanes, gallegos, vascos, rusos, marroquíes, ecuatorianos y paquistaníes. Los más ruidosos, un grupo de árabes oriundos de la ciudad de "El Rabat" se juntaban en el fondo del bar donde había una mesa de billar, una máquina tragaperras y un tiro al blanco alrededor del cual se reunían unos pacíficos apostadores también de nacionalidad marroquí aunque no de la ciudad capital. Este bar quedaba cerca de la estación de metro Valvidriera en la línea de color verde. En una de estas salidas algún pintor solía dejar oleos al agua y de esta manera inauguraba improvisadas exposiciones de arte al aire libre. Había cuadros que el artista dejaba llevarse mientras que los demás estaban amarrados con una cadena a una reja. Lamentablemente nunca pude conocer a tal artista pero junto a los oleos atados dejaba una libreta para que la gente pueda escribir sus opiniones. Alguna vez me había llevado alguno de estos cuadros hasta mi departamento del Born, siempre y cuando no hubiera bebido mucha cerveza ya que generalmente salía del bar un poco ebrio. Esto sucedía generalmente los sábados por la noche cuando con Joan y Manel nos reuníamos para ver los partidos que televisaba la Sexta. A veces, también, solía venir Alberto pero por lo general llegaba siempre en el entretiempo después de haberse fumado algún finito por el camino o en su casa del Carmelo. Yo siempre cantaba canciones de la hinchada de San Lorenzo con las manos en alto y ellos me seguían emocionados y asombrados. Joan lamentablemente era de Boca pero Manel ya era hincha de San Lorenzo de Almagro gracias a mis convencimientos, un culé y cuervo nacido en Sabadell Centro y ahora en su casa de Ripoiet un pueblo en las montañas de la verde Cataluña cantando por el equipo de Boedo, sin duda algo muy curioso que sucedía en los entretiempos de la liga de octubre del 2006.

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