viernes, 30 de mayo de 2008

Ayer no sé qué me llevó a ese barrio tan alejado de donde vivo y tan diferente de donde habité siempre. Creo que llegué sin darme cuenta después de bajarme del tren y caminar algunas cuadras tranquilas y arboladas. No reconocí casi ninguna calle, nunca había ido a hacer encuestas a ese lugar ni había caminado en ningúno de los paseos en mis días libres por la ciudad. Recuerdo que había una empinada rambla circular que descendía por donde caminaba mucha gente, recuerdo negocios iluminados, balcones con ventanales abiertos, algunos viejos sentados en bancos, una estatua grande de aluminio que representaba un pez y al final de la rambla una plazoleta donde montaban una pequeña feria de libros. Si ahora intentara volver hasta allí creo que no podría a pesar de que conozco mucho Barcelona; realmente una zona nueva y extraña para mí. Pero mejor dejarla así, la zona desconocida de la ciudad, algún otro día quizás vuelva a pasar y ya será diferente; la segunda vez que se recorre un lugar ya pasa a formar parte de nuestros paisajes habituales, y hasta se puede decir que uno ya lo conoce, como cuando se puede decir que se conoce al director cuando se ve su segunda película. Seguí camino, no había pensado en ningún encuestro trascendental, sólo caminar y caminar, no esperaba un buen amigo, ni una mujer para enamorarme, ni alguna idea inspiradora para escribir, nada; sólo mirar la calle y observar al mundo desde mis ojos, el ritmo del loco mundo; aunque siempre quiero huir de estos pensamientos que me hacen tanto daño, este escepticismo que no me deja ver y me cierra, quiero huir y pensar mejor, afirmativamente, aunque me cueste dejar de ver lo malo o lo que yo considero malo; pero no puedo sacarme de la cabeza el ver como me parece que muchos niegan lo que daña pero por pensar así me vuelve soberbio y no quiero; entonces me planteo que lo que yo considero malo está presente pero hago un esfuerzo por pensar en que algo está mejor y en que yo también estoy mejor, el mundo y yo, mejores, porque yo también, al igual que el mundo y los demás muchos de los cuales también piensan como yo nos merecemos alguna de vez en cuando y no esta soledad y esta tristeza irremediable que dura años y años y no encuentra forma de erradicar. ¿Hay tu tristeza dirán algunos ironicamente? y yo no sabré que responder pero sé bien lo que es sentirla al igual que la angustia, la depresión, la absoluta soledad y el no saber que hacer ni a donde ir. Seguí mucho tiempo a pie, doblé algunas calles y caminé más de una hora siempre hacia el mar, crucé Aragó y luego la Gran vía, llegé hasta Sants y caminé recto otro rato más después de dar una vuelta por el mercado de Hostafranca, luego más adelante por Plaza de Sants y Badal. Poco después Hospitalet, subí por la transitada Progress hasta Paris y reconocí la zona donde había estado varias veces haciendo encuestas un tiempo atrás; viejo Hospitalet popular, el mercado, la plaza, infinidad de pequeños negocios e inmigrantes latinos, gente y más gente un mundo de gente por esta zona. Doblé por Paris unas calles más y después bajé otra vez hacia Sants. Caminé por aquí y en una esquina vi un negocio de ropa con una chica de grandes ojos verdes y un poco rellenita al frente del mostrador, me quedé mirándola, ella también me miró así que entré y empecé a probarme varias remeras y algunos pantalones; mientras hacía esto revisé mis bolsillos y conté 11 euros, quizás me alcanzaba para una remera. Seguí durante mucho tiempo probándome ropa. Elegí una remera, me acerqué al mostrador y pagué; me hubiera gustado decirla algo a la chica pero como tantas veces me quedé callado. Volví a mi casa un poco más contento después de intercambiar unas palabras con un vendedor de la 11, aunque me hubiera gustado hablar con la chica. Ahora tenía una nueva remera roja.
Después entré al bar del chino de la vuelta de mi casa en la calle Viladomat y empecé a escribir un poco lo que veía alrededor: La rueda de una carreta sujetada al techo por cadenas, documental en televisión sobre el mundo árabe traducido al catalán, noticias en el periódico gratuito metro, escritura autómática y telegráfica que intento una vez más a ver si sale de mi cabeza una combinación de palabras dignas, que valgan la pena. Me acuerdo del mediodía de hoy cuando antes de salir a pasear sólo por la ciudad me llamó la coordinadora de las encuestas para decirme que no cumplía con las cuotas y que había bajado mucho mi rendimiento. El problema es que Justo me lo viene a decir en el día que tengo libre. Yo había trabajado seis días seguidos, estaba muy cansado y tampoco lo pude disfrutar del todo porque me quedé pensando en sus reproches; tendría que despreocuparme de todo. Tuve que escucharla un largo rato y decirle al teminar que iba a tratar de cuajar las edades y el sexo de las personas que me pedía. Me quedé pensando en todo y de lo que me dijo hay cosas que son verdad ya que ultimamente hice encuestas muy rápido y sin pasar todo el cuestionario, tampoco respeté las cuotas y menos el sistema de conteo de viviendas pero también es verdad que trabajé dos sábados y dos domingos y que las encuestas se hacen, algunas mejor que otras, pero se hacen, que al fin y al cabo, es lo que realmente importa, hablar con la gente, conseguir la información que ellos necesitan, y bueno, que se yo, la verdad que ultimamente estaba un poco cansado y uno no siempre está con las mismas ganas. En realidad me da un poco de miedo perder el trabajo en este momento porque después de esto creo que no podría hacer otra cosa. ¿De que podría trabajar que no sea con las encuestas? Me parece que no podría trabajar en otro sector, ya tuve muchos trabajos en mi vida y siento que lo único que puedo hacer con tranquilidad es esto aunque soy consciente de que pensar así es limitarse pero no me imagino un trabajo encerrado en un lugar ni cumpliendo horarios y menos que menos con algún jefecillo dando vueltas cerca mío. Si ahora perdiera el trabajo entraría sin dudar en el paro de desempleado y me dedicaría sólo a intentar escribir pero espero no perderlo porque sería un golpe bajo; debo esforzarme en lo que queda del mes por hacer las cosas mejor.
Pedí un café y empecé a leer una nota sobre los indios norteamericanos de una revista española de 1995. Decía esto: Cuando un indio Lakota corta un sauce para construir una Inipi o tienda de sudación le dice al árbol: "perdóname hermano, pero te necesito". Cuando busca una planta medicinal ora delante de ella para pedirle su vida. De la misma manera, cuando sus antepasados cazaban un bisonte en las praderas murmuraban: "perdóname hermano pero mi pueblo tiene que vivir". Después, tras haberlo matado y despedazado, tomaban su cráneo y lo colocaban hacia el sur, en señal de ofrenda. Eran su manera de darle las gracias a Maka, la tierra, por su sustento. Sabían que todo biene de ella, y nunca tomaban más de lo que necesitaban. "La tierra es nuestra madre, tal fue la intención del creador - dice el ciervo paticojo - por eso hemos respetado y preservado nuestro entorno durante tanto tiempo.... Este sentimiento sagrado de la naturaleza, de la creación, esta conciencia de la tierra como un ser vivo ha desaparecido en occidente. "El hombre occidental ya no tiene el sentido de la tierra; la ha contaminado completamente, mientras despliega grandes esfuerzos por conquistar los otros planetas. Lo plantamos todo de la forma más rápida y práctica para nosotros, pues ya no tenemos paciencia. Es preciso comprender que la tierra nos destruirá antes de que nosotros la destruyamos a ella dice el paticojo". Eso fue lo que leí en el bar del chino de la vuelta de Paralel mientras sorbía mi café y en la televisión pasaban un documental sobre el Mayo Francés en el canal 33.

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