lunes, 19 de mayo de 2008

     Desde un Bar de la Avenida Diagonal en Poble Nou miro la calle. Cada pocos minutos pasa el tranvía verde y blanco hacia Glorias. La gente cruza la avenida, algunos doblan por la calle Tanger y desaparecen de mi vista. No se escuchan ruidos, los autos tras los vidrios del bar se desplazan silenciosos y a mediana velocidad por los distintos carriles, a ambos lados de la la vía. Recién dejé de leer un poco de inglés de un libro de aprendizaje que retiré de la biblioteca; de a poco me quedan nuevas frases, palabras y gramática en esta etapa de aprendizaje del anglosajón que es muy lenta pero es mejor que nada y si me remonto a los orígenes empezó alrededor de los seis años cuando mis padres me mandaba al instituto de ingles debajo de mi casa "Thompson English" que dejé alrededor de los quince porque me parecía que no tenía sentido estudiar inglés; me acuerdo que con un amigo del barrio un día dijimos "ma que inglés y que inglés, vamos a la cancha a ver a San Lorenzo" y nos fuimos caminando hasta la cancha de Ferro, creo que jugábamos con talleres, creo que empatamos 1-1, creo que era el 91 y así lo dejé; más tarde me parecía que era estudiar el idioma del imperialismo, de los yankies, etc; pero ahora a mis 30 años quiero aprovechar y mejorar esos conocimientos. Dicen que nunca es tarde y me siento con ganas de aprovechar esta base.
   Bebo lentamente el café en este bar administrado por cautelosos y pausados chinos al frente de cuya barra hay una adolecente, seguramente la hija de la pareja, mientras que los padres van y vienen del fondo donde está la cocina. Todos los bares de Barcelona son de los chinos, es increíble!  Miro un poco: Un hombre de edad avanzada, acodado en la barra, con ropa vieja y pelo blanco va por su tercera cerveza, cabecea, se queda dormido y luego abre los ojos. A veces me mira y me dice "¿cómo estás niño?" y como no le contesto gira la cabeza hacia la puerta y ríe estupidamente. Dos jóvenes están concentrados con las máquinas electrónicas tragamonedas. Uno de ellos parece ganar bastante seguido y vuelve a poner más y más monedas, pero luego pierde todo. Cuando se queda sin dinero saca un billete, pide cambio en la barra y vuelve al juego. El otro parece más tranquilo, fuma y coloca pocas monedas con delicadeza y cierta paciente filosofía. Un televisor encendido detrás mío: hace unos minutos terminó el partido de España y Francia en el que España ganó por 4-0, en un encuentro sin mucha importancia. Luego las noticias de la sexta y el gobierno de Berlusconi que quiere perseguir a los inmigrantes sin papeles en Italia, Chavez y Zapatero se vuelven a encontrar, esta vez, sin altercados y sin rey, sismo en china con miles de muertos, nuevo atentado de E.T.A., noticias que no quiero escuchar cansado ya de las desgracias, de los muertos números, de la intolerancia y de que el mundo siga siendo tan viejo, cada días nuevas malas noticias para un mundo demasiado antiguo y acostumbrado. Amén, de Argentina y las interminables peleas entre el gobiero y los acomodados del campo, pero de eso hoy nada en las noticias. Luego las propagandas que duran más que los programas y quieren vender cualquier cosa.... Por suerte me evado de la televisión y escribo en este bar sin pensar demasiado, dejandome llevar por las palabras que surgen mientras afuera la claridad desaparece y a mí me da la impresión de que se nota que es viernes por la cantidad de gente que veo circular. Se me ocurre que hoy puedo ir a bailar, quizás conocer a una chica, escuchar buen rock and roll en el magic pero sé que sin alcohol no la voy a pasar bien y mañana tengo que trabajar y no quiero ir sin dormir y con dolor de cabeza, aunque podría ir más tarde, alrededor del mediodía. No sé, ya veré. Ahora miro por la ventana y veo dos carros de bomberos que atraviesan las viás y la avenida, "Bombers de Barcelona" y me da por pensar en el oficio delicado de ser bombero; entrar en el fuego, tratar de rescatar personas de las llamas, salir del lugar y del riesgo que todo eso implica. Noble trabajo el de bombero cuando sucede algo, claro porque los demás días no creo que tengan mucho que hacer.
  Hoy hice siete encuestas. Empecé a las 12 de la mañana y terminé a las 20 hs. pero paré varias veces, una vez a comer y dos o tres veces en una plazoleta frente a una vieja pared de grafitis frente al cuartel de los bomberos donde tomaba sol con tranquilidad y pensaba en lo afortunado que era de poder trabajar en las calles y no encerrado en un local o en una oficina y siempre en la duda si es conformismo o agradecimiento.        Este mes me propuse tratar de hacer siempre siete encuestas, luego parar en un bar a estudiar inglés y escribir un poco pero cuando escribo me parece que no sale nada demasiado interesante. Los bares son un ancla después del trabajo, a eso de las siete u ocho me instalo en cualquier mesa de café a mirar el mundo que transcurre y escribir un poco. Esté en el lugar que esté; hoy en Poble Nou, ayer en Horta o El carmelo, antes de ayer en Gracia, mañana en Nou Barris o San Andreu y si tengo que alejarme hasta Sabadell, Barberá, Rubí o incluso Girona y es temprano hago lo mismo, soy el visitante que entra todos los días en un nuevo bar, consume su café y escribe mientras desde la ventana mira el mundo y extraña a la Argentina, para que negarlo, pero ahora no puedo volver y por algún motivo que todavía desconozco llegué hasta esta ciudad hace un tiempo a vivir. Me pregunto una y otra vez a donde voy en estos días, que me espera en los próximos meses, si a veces me siento tan triste que tengo miedo de mi futuro, me siento con culpa por mi pasado, tengo un rencor que no me puedo sacar y se que por mi bien debo drenar todos esos sentimientos ¿Cómo hacerlo me pregunto una y mil veces? por ahora se que tengo que seguir con el trabajo y con los paseos por la ciudad, además de escuchar música nueva, sacar fotos, estudiar un poco de inglés, catalán e Italiano y viajar de mochila a algún otro país, todo sin tomármelo con demasiado drama. Nada de todo esto está mal pero a mí me parece que estoy siempre en el mismo lugar y que no salgo a buscar algo mejor.
  Los útimos días en el trabajo ya me llamaron la atención varias veces porque no cumplo exactamente con lo que me piden; en algunas cosas tienen razón pero la verdad que me siento un poco cansado de hacer siempre lo mismo. No hay fórmulas, no hay nada, sólo tantear en la oscuridad y pisotear a la razón y al miedo que me retienen, eso es lo que debería hacer pero tampoco se de lo que me retienen, es decir adonde quiero ir en verdad, para que realmente tengo capacidad o mediana cualidad si es que se puede hablar de eso. Bueno, quizás el camino siga seguir con estos textos fragmentarios, escribir un poco más, todavía más seguido, todos los días un poco. Hoy me acordé, no sé por qué, de un libro de Enrique Wernicke que nunca leí titulado "los que se van", realmente sugestivo pero nunca me voy a olvidar de "La Ribera" uno de los mejores libros de literatuta argentina que leí. El hombre solitario en el delta, evadido de la sociedad a mediados del 40. Luego me acordé de una frase de Herman Hesse: "Yo no busco, encuentro". Así me voy acordando de diferentes cosas, a veces una no tiene mucho que ver con la otra, en un minuto puedo pensar muchas cosas.Cuantas frases en mi memoria que a veces quisiera olvidar, cuantos horas van, cuantos días van, cuantos años de desierto y soledad.

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