jueves, 15 de mayo de 2008

    Estuve toda la tarde en el barrio de Horta. Llegué a la plaza Iviza después del mediodía y me quedé sentado en un banco casi dos horas, sólo me moví unos minutos para comprar una manzana en una verdulería que luego mastiqué con mucha lentitud. Miraba la estatua de color Blanco y los bares, leía un ejemplar de "público", el diario que compro el domingo y leo de a poco durante toda la semana. Antes de empezar a trabajar tomé agua en uno de los bebederos de la plaza. Subí por Horta y comencé a tocar timbres álrededor de las 15:30 de la tarde. La zona estaba un poco dura de encuestar, había muchas casa bajas, así que caminé un poco más arriba donde había más edificios. La primera encuesta se la hice a un muchacho italiano de Módena que hacía un año que vive en Barcelona, en su ventana tenía colgada una bandera del Lazio, lo que me llamó la atención porque no era oriundo de esa zona, aunque eso no significa nada, aquí en Barcelona también hay hinchas de Betis, por ejemplo. Después de la encuesta hablamos un poco y le conté que había estado una noche en Módena pero que no me acordaba casi nada, sólo de la plaza que da a la estación y de sus calles vacías y silenciosas de aquella madrugada fría de invierno en que yo me dirigía a Milano en tren. También recordaba una esquina donde había un negocio de Benetton. Desde ahí tuve que seguir derecho y luego doblar hacia la estación. De noche nunca hay nadie en la ciudad, ni siquiera en el centro, me dijo. Hablamos un poco más, nos despedimos y seguí tocando timbres. Doblé en el pasaje Santo Thomas donde hice tres encuestas más, aunque no seguidas, sobre todo la última, que lograrla me costó mucho tiempo, casi 1 hora. Mientras, la tarde pasaba y se escuchaban chicos jugando en un jardín, voces catalanas de niños que me infundían ternura. Veía madres que venían del colegio con sus hijos, ancianos que caminaban con parsimonia. Alrededor de las 20 Hs. doblé en Fontanet y entré en el primer edificio que vi, justo cuando salía una mujer mayor; entré con seguridad como quien sabe adonde va, no sea que me restringieran la entrada. La última encuesta se la hice a una chica de 30 años que estaba muy apurada y me preguntaba todo el tiempo cuanto faltaba y yo siempre le contestaba dos minutos, luego me volvia a preguntar otra vez y yo le volvía a repetir dos minutos más pero no se ofendía de que le siguiera mintiendo. Cuando terminé me senté un rato en la puerta de la casa a descansar porque había trabajado casi cinco horas sin parar y tenía cansancio mental y físico de mirar tanto la computadora y subir y bajar las escaleras ya que la mayoría de los edificios no tenían ascensor. Pero cinco horas de trabajo está muy bien, yo no quiero trabajar más de siete, ese es el límite para mí, aunque no siempre lo logro, claro, especialmente cuando me voy al extraradio de Barcelona donde todo se hace más largo. Traté de ubicarme para llegar a la plaza Iviza y entonces bajé por S. Thomas, luego doblé a la izquierda hacia la iglesia, bajé por Chapi hasta una calle muy pequeña llamada Santa Olivia donde hay un macetero, un árbol y un descanso donde me quedé sentado un buen tiempo. Esta callecita siempre me gustó, cada vez que vengo a este barrio la veo, sobretodo el edificio con azulejos amarillos de la esquina. Atravesé el pasaje y miré por la calle Horta hacia la derecha donde se veía la verde montaña y a la izquierda los edificios de techos rojizos de la ciudad. Por la estrecha calle subía el 45 que venía desde la playa, alguna vez lo había tomado. Bajé por Horta, pasé por la peatonal Alt Mariner que me gusta mucho porque es muy pintoresca, luego más abajo hay una biblioteca y sala de lectura y después enfrente la gran biblioteca del barrio con la calle que sube y gira también en peatonal. Llegué a la plaza del barrio y me metí en un bar donde casi no había nadie pero tenía una pantalla muy grande con la música un poco alta. Pedí un café y un croissand y me puse a escribir mientras afuera el cielo de a poco oscurecía. Sonaba la canción "algo contigo" pero no era la original de Vicentico quien cantaba sino una mujer. Escuché algunas canciones más, pagué lo que consumí y bajé al metro línea azul hasta Diagonal y de ahí la verde hasta Plaza España. Una forma de aplacar la ansiedad y la soledad es escribir, no del todo, pero por lo menos siento que no desperdicio el tiempo, siento que el hueco de la angustia se reduce aunque no me conforme lo que escribo; pienso que tendría que escribir todos los días pero soy un poco haragán, si esa es la palabra, y no lo hago, además a veces termino cansado de trabajar y al llegar no hago nada o escucho música. Ahora tendría que por lo menos ponerme esa meta, una página por día, quizás lo mínimo que pueda hacer para combatir esta sensación de que no estoy donde debería estar que me acompaña hace tantos años pero que ahora siento con más fuerza.

No hay comentarios: