viernes, 30 de noviembre de 2007
Ayer deambulé por Poble-Nou durante una hora, había poca gente en la rambla; algunos bares abiertos y vacíos. Fui y volví por la rambla varias veces. Luego llegué hasta la costa y caminé lentamente por la playa hasta Villa Olímpica. Me recosté en un unos de los bancos de cemento y no hice otra cosa que mirar el mar. A lo lejos un trasatlántico se alejaba del puerto, avanzaba despacio pero firme en el día limpio. Pensé que iría hacia Grecia o hacia Sicilia. Le saqué una foto acercando la imágen lo máximo posible con el zoom. Pasaron algunos Argentinos y pensé en Buenos aires y mis amigos, ¿qué hora sería allá? ¿ que estarían haciendo? Mediodía de Domingo, muy aburrido aunque si estuviera allá después nos podríamos encontrar para ir a tomar algo a un café. Me levanté del banco y caminé hacia Barceloneta; me compré unas galletas con cereales. Volví a la playa, caminé otra vez un poco por la costa y luego di la vuelta y fui caminando hasta la torre adonde llega el teleférico desde el Montjuic, quise entrar al puerto por un portón pero estaba cerrado el ingreso. Saqué algunas fotos más al atardecer desde el paseo Borbón, el sol se ocultaba tras la montaña, el cielo estaba anaranjado. Quise entrar al museo de historia pero no estaba en horario. Crucé las avenidas, fui hacia el Borne. Por la iglesia Santa María del mar había mucha gente, por Argenterías y el paseo del Born también. Iban y venían todos arreglados, muchos turistas. No sabía a donde ir hasta que me acordé de Joseph, el chico con el que hacía el taller literario. Vivía en Frenería y Llibretería, pleno centro, a una cuadra de la plaza del Rey. Vivía con su madre en un caserón muy antiguo como la mayoría de los del centro, como en el que había vivido yo durante un año en la calle Mirallers. Cuando le toqué el timbre tardó en responder pero luego de un momento lo vi gritarme con alegría desde el balcón y me indicó que lo espere, bajó y fuimos a tomar algo a un bar de llibretería. Me contó que estaba escribiendo más seguido, casi una hoja por día y me leyó un relato muy divertido y exagerado. El personaje era un hombre que tenía mucho exito con las mujeres, se tomaba la seducción como un juego divertido y sencillo y cuando le decían que no la autoestima no se le alteraba, seguía persistiendo sin miedo. Había ideado una técnica de seducción que consistía en elaborar una lista con el nombre y el teléfono de todas la mujere que conocía y llamar a una por una para una cita. En el promedio alguna le tendría que decir que sí. Pensé que era una buena idea pero tampoco nada original.
Miro el mar desde el local arabe del Mas Nou (Maresme) mientras oscurece. Frente a mí veo palmeras, faroles y bancos de playas vacíos. El sol cada vez se esconde más... Poca gente en las calles; cada diez minuto pasa el tren en cualquiera de los dos sentido; los autos circulan raudamente por la ruta hacia Barcelona o hacia el lado de la costa Brava. Como siempre estoy sólo, parece una enfermedad que no me deja. No sé como vencer la soledad, pareciera que no hay salida. A veces pienso que voy a enloquecer pero al final sigo vivo y traspaso esos momentos de locura. A veces pienso que soy yo por buscar y buscar algo que no existe pero lo cierto es que casi no tengo amigos. Busco en mi memoria la gente que conozco de Barcelona y sólo con Joan, joseph y Olivia logré cierta amistad.... También con Bruno, el muchacho del trabajo. Pero con ninguno de ellos salgo seguido. A joan lo llamé ultimamente varias veces pero dice estar ocupado con el trabajo y la universidad. Olivia volvió a argentina porque el padre se enfermó de gravedad y josep está con un dolor muscular en la espalda que le impide salir de su casa. El otro día conocí a una chica mientras le hacía la encuesta pero ya la llamé tres veces y nada. Siempre soy yo el que llama a todos, me siento ridículo. El otro día leí en un libro de autoayuda que si la gente te rechaza es por algo que uno tiene. Puede ser pero la verdad que no sé cual es mi problema, quizás me aparto demasiado de todo, quizás tiendo a aislarme, quizás no sé acercarme lo suficiente pero empiezo a pensar como hace unos años que los libros de autoayuda no sirven demasiado aunque siempre se sacan algunas buenas ideas. El otro día leí uno sobre el optimismo de Rojas pero me pareció superficial y comercial con muchos baches, ninguno me parece serio, de todos los que leí me quedo con uno llamado "optimismo inteligente".
Octubre 2007
Octubre 2007
domingo, 25 de noviembre de 2007
Suena de fondo la música de Amaral en el locutorio Pakistaní mientras trato de escribir en el blog. Hace un rato me preparé arroz y unas chuletas de cerdo y comí carne después de mucho tiempo. Escuche un poco de música mientras almorzaba, nada más. Abandono, pasividad, soledad, lo de siempre. Traté de leer un poco y no pude. Luego escuché más música en el grabador, la de siempre: Serrat, Moris, Sabina, Rosendo, Virus, Almafuerte, spinetta, Las Pelotas. Guardé unos libros en la mochila, caminé hasta la plaza de Espronceda, hacía frío. Miré un rato la gente pasar, pocos jóvenes. Me sentía aburrido y sólo, es "El reino de la soledad"dice ahora la canción de Amaral y también "no quedan días de verano para pedirte perdón". Ayer soñé: Mi madre me reprochaba haber actuado de cierta manera y me hablaba de Evita Perón y también del Che. No me acusaba de manera directa pero era un especie de juicio, luego ella desapareció y la extrañé mucho, quise volver a verla pero una mujer mayor de pelo blanco y aspecto serio y siñiestro me cerró el paso a un pasillo nebuloso, traté de mirar pero no se veía nada. La mujer entró y cerró con violencia la puerta. Luego miré hacia un costado y vi unas oficinas que expendían pasaportes, quizás una frontera, quizás un consulado, quizás un aeropuerto aunque no podía distinguir de que lugar se trataba. Tras unos vidrios algo empañados se veía un paredón largo con alambre de púas en lo alto. Había mucha gente que hacía cola, su intención era pasar de un país a otro y no podían porque no tenían lo necesario: pasaportes, papeles, dinero, billetes de avión, siempre a alguno de ellos les faltaba algo. Algunos estaban muy nerviosos, otros lloraban, otros miraban a las autoridades. Yo estaba ahí pero no tenía el problema de ellos aunque me daba bronca lo que les pasaba porque alguna vez había estado en ese lugar. Me llamaba la atención un chico jóven que estaba entre las autoridades, vestido bien pero con cierta informalidad, tenía un tatuaje, aspecto rebelde pero estaba para decir "no". Veía mucha gente alrededor mío. Entre estas personas me encuentro con un viejo amigo del colegio, luego aparece una mujer morena, quizás peruana, quizás Boliviana, muy hermosa, vestida con una minifalda y un escote blanco, recuerdo que la desié. Hablo con mi amigo y le explico que estoy viviendo en otro país pero no le preciso el lugar. El me dice que su intención es trasladarse pero todavía no tiene el pasaporte. La chica habla con nosotros; tampoco puede viajar. Ellos están unidos por un problema, comienzan a hablar entre sí y yo quedo a un lado. Luego los veo caminar juntos hacia una ventanilla. Miro al costado y cuando vuelvo la vista los pierdo entre la multitud. No hay más nada más. Entre la gente busco a mi madre pero no la veo, busco a mi compañero y a la chica pero tampoco. A lo lejos descubro a la mujer siniestra pero luego desaparece en el tumulto como si quisiera ocultarse de mí. Veo gente que llora detrás mío. Me siento sólo y busco la puerta para irme a otro lugar pero todo está muy abarrotado y no encuentro la salida por lo que debo permanecer quien sabe hasta cuando.
Octubre 2007
Octubre 2007
sábado, 17 de noviembre de 2007
Hoy estuve haciendo encuestas sobre una publicidad de móviles. El lugar de las entrevistas era en un bar-restaurant de Rambla Catalunya 57, llamado Rodilla; las hacíamos en las mesas del fondo aunque la captación debía hacerla en la calle o en la Rambla. Aunque no me correspondía trabajar, Bruno me llamó y me preguntó si quería hacerlo y decidí ir sólo como un juego, porque no tenía nada que hacer y además me sentía sólo. Hacía mucho frío, tenía puesto un pullover y una campera de abrigo encima del buzo. Trabajé con Marta, una chica de Cadiz que había llegado a Barcelona 4 meses atrás. Tenía el típico look punkie y vivía de okupa en Gracia. Me cayó bien con su simpatía y su acento andaluz y nos divertíamos mientras parábamos a la gente, aunque lograr las encuestas no era tan fácil como pensaba. Había muchos extrangeros y catalanes bien vestidos que no nos pretaban atención, poca gente jóven. Pero la mañana pasaba hablando con Marta. Me contó que a la tarde iría a la manifestación contra el fascismo y en homenaje al chico asesinado el otro día en Madrid por los skinhead. Hablamos un rato del Anarquismo y me sorprendió que hubiera leído "La Ayuda mutua" de Kropotkin; Yo le hablé de "La conquista del pan" y nos complementámos hablando sobre temas Acrátas. Algún mes voy a dedicarme a leer sólo libros anarquistas, hace tiempo que quiero leer "La libertad" de Bakunin, pero no sé donde conseguirlo, quizás en la librería libertaria de la calle Joaquín costa del Raval lo tengan. Hace poco acaba de leer un libro excelente, quizás lo mejor en ¿política? que había leído hasta ahora; el autor es un conocido anarquista individualista llamado Emile Arnand y el libro se titula "lo que es, puede y vale". Marta Tenía tatuado en el cuello el símbolo anarquista, tenía un piercing en la nariz y otro en la lengua, ojos color de miel y pecas en su cara. La verdad que me atraía y además me tocaba jugetonamente, pero en ningún momento le dije nada directamente. Ella captaba más gente que yo; todos la miraban por su aspecto con pelo teñido, media cabeza rapada, además de la ropa negra y las medias de colores. Me gustaba estar al lado de ella, me sentía contento y alegre hablando de Kropotkin. Me dijo que tenía un sueño: su idea era recorrer Europa en una camioneta y vivir allí con otras personas y por eso estaba haciendo el curso para sacar el carnet. Hacía frío y siempre nos movíamos hacia donde pegara el sol pero los edificios lo tapaban y sólo llegaban algunos pocos rayos que había que aprovechar. El sol se ocultaba un poco cada media hora y la tarde fue pasando hasta que el cielo empezó a oscurecer, yo logré repuntar con unas encuestas más, tomamos unos cafés y ella dijo de golpe que se iba a la manifestación. Eran las seis de la tarde pero afuera por la oscuridad parecían las diez, antes de que se fuera la invité a hacer algo por la noche pero me dijo que no sabía porque estaba cansada a lo que no insistí. Me quedé mirándola como bajaba hacia la Rambla Catalunya. Adios, Marta.
martes, 13 de noviembre de 2007
LLegué a Bologna desde Florencia, el viaje en tren tardó algo más de una hora en recorrer los 100 km, hacía bastante frío; en la ciudad había dos estaciones, me bajé en la segunda, la central. La tarde se hacía noche y el frío del invierno recrudecía. Al bajar del tren Caminé con lentitud por las interminables galerías de la Avenida Independencia durante una hora; en el camino me detuve en un negocio de discos donde me quedé leyendo una revista de rock de bandas italianas y luego escuché en los audífonos del local un disco de Módena city Ray; esa banda me gustaba desde que el hijo de Stefan me la había hecho escuchar en Roma durante un almuerzo donde cambiamos algunas palabras de español e italiano y dijimos que un día nos ibamos a reunir a intercambiar palabras y a aprender mutuamente, cosa que nunca hicimos porque mi estadía en Roma duró sólo ocho días y cada jornada la aprovechaba para recorrer la ciudad o para entrar a algún museo lo que me llevaba mucho tiempo. Ese día, en casa del hijo de stefan, también escuchamos otros discos de Punk Italiano. Cuando me fui me regaló un compilado que más tarde perdí en el pueblo de Bassano Romano, un lugar a donde llegué en autobus desde Roma porque había leído en una guía que era pintoresco y medieval, lo que era cierto, aunque no fue muy pintoresco lo que me sucedió ( Me instalé en una casa abandonada a la que pude entrar sin problemas por la ventana; en realidad era una casa en obras, con una parte del techo rota por donde entraba viento y frío y era una noche de bajas temperaturas; tuve que hacer fuego con lo que encontré; quemé unas zapatillas rojas, viejas y agugereadas que había en un estante hecho con madera de árbol y luego quemé el estante aunque no sirvió de mucho porque la temperatura era demasiado baja. También tenía mucho hambre porque no había comido nada en todo el día. Unas galletas viejas que había en el marmol sucio de la cocina paliaron mi apetito momentaneamente, tenían un sabor horrible pero ayudaron a mi estómago; a media noche escuché unos ruidos y al bajar la escalera del altillo veo que en el paquete de galletitas había varios roedores que me miraban con sus ojos irónicamente... ah ah ah por un momento no supe que pensar y luego me di cuenta de que yo me las había comido todas; claro, esa noche no pude dormir... y a la mañana siguiente metí rápido todo en la mochila y en la ligereza me olvidé entre otras cosas el compact de Modena City Ray)
Bueno, en la disquería de Bologna el dependiente empezó a mirarme con ojos molestos porque yo no paraba de escuchar música. Seguramente eso se ponía para el público, pero nadie contaba con que alguien se quedara tanto tiempo escuchando las canciones así que me fui.
A la salida del local hablé con un negro de Etiopía que vendía poesía en Italiano. ¡ un vendedor ambulante de libros! y ¡ africanos traducidos al italiano! No lo dudé y gasté los tres euros en una hermosa edición de tapa verde artesanal con varios poetas africanos traducidos al Italiano.¡ una rareza para mí! Me contó que estaba en Bologna desde hacía tres años y que la policía solía perseguirlo por carecer de permiso para vender además de no tener los papeles, claro.; si, igual que en Barcelona, ya sé, le dije, conozco la historia. Seguí caminando y llegué a la plaza Maggiore y Neptuno. Al costado de la plaza estaba la Iglesia San Petronio, detrás la gigantesca biblioteca municipal. Entré y leí que las primeras lecciones de anatomía humana que se dieron en el mundo se impartieron aquí, en lo que se considera la universidad más vieja del mundo donde también leí que estudió Dante Alighieri. Caminé unas cuadras hacia atrás de las plazas centrales pero la ciudad parecía diluirse lentamente. El encanto del centro histórico de a poco desaparecía; en una calle perdida de estas había un argentino que hacía tangos pero nadie le prestaba atención, no sé porque se ubicaba en una calle tan marginal, estaba vestido de sombrero y traje y hacía una versión libre de "che bandoneón". Me quedé un rato escuchándolo y luego volví por otra calle hasta la plaza Neptuno donde se halla la fuente del siglo XVI cuyo fornido Neptuno de bronce está rodeado de Querubines y sirenas. Estas últimas despiden agua de sus pezones, todo un avance de la ingeniería para esa época pensé, aunque en realidad nunca supe si toda la fuente tenía 500 años. Por vía Rizzoli llegué hasta las dos torres más famosas de la ciudad. En algún lugar leí que las torres eran símbolos del poder de las familias. La altura de la torre simbolizaba el poder pero ahora ya no había muchas, la mayoría habían sido derribadas. Pasaron muchas más cosas en Bologna, especialmente después de conocer a Marisa y María José en ese hostel tan alejado del centro desde donde nos tomábamos el bus sin pagar. Hacía frío en ese invierno.
Enero 2007
Bueno, en la disquería de Bologna el dependiente empezó a mirarme con ojos molestos porque yo no paraba de escuchar música. Seguramente eso se ponía para el público, pero nadie contaba con que alguien se quedara tanto tiempo escuchando las canciones así que me fui.
A la salida del local hablé con un negro de Etiopía que vendía poesía en Italiano. ¡ un vendedor ambulante de libros! y ¡ africanos traducidos al italiano! No lo dudé y gasté los tres euros en una hermosa edición de tapa verde artesanal con varios poetas africanos traducidos al Italiano.¡ una rareza para mí! Me contó que estaba en Bologna desde hacía tres años y que la policía solía perseguirlo por carecer de permiso para vender además de no tener los papeles, claro.; si, igual que en Barcelona, ya sé, le dije, conozco la historia. Seguí caminando y llegué a la plaza Maggiore y Neptuno. Al costado de la plaza estaba la Iglesia San Petronio, detrás la gigantesca biblioteca municipal. Entré y leí que las primeras lecciones de anatomía humana que se dieron en el mundo se impartieron aquí, en lo que se considera la universidad más vieja del mundo donde también leí que estudió Dante Alighieri. Caminé unas cuadras hacia atrás de las plazas centrales pero la ciudad parecía diluirse lentamente. El encanto del centro histórico de a poco desaparecía; en una calle perdida de estas había un argentino que hacía tangos pero nadie le prestaba atención, no sé porque se ubicaba en una calle tan marginal, estaba vestido de sombrero y traje y hacía una versión libre de "che bandoneón". Me quedé un rato escuchándolo y luego volví por otra calle hasta la plaza Neptuno donde se halla la fuente del siglo XVI cuyo fornido Neptuno de bronce está rodeado de Querubines y sirenas. Estas últimas despiden agua de sus pezones, todo un avance de la ingeniería para esa época pensé, aunque en realidad nunca supe si toda la fuente tenía 500 años. Por vía Rizzoli llegué hasta las dos torres más famosas de la ciudad. En algún lugar leí que las torres eran símbolos del poder de las familias. La altura de la torre simbolizaba el poder pero ahora ya no había muchas, la mayoría habían sido derribadas. Pasaron muchas más cosas en Bologna, especialmente después de conocer a Marisa y María José en ese hostel tan alejado del centro desde donde nos tomábamos el bus sin pagar. Hacía frío en ese invierno.
Enero 2007
domingo, 11 de noviembre de 2007
Sangre con ruedas en las ecaleras del castillo. El rey prueba esa sangre, luego hace gestos con vehemencia y dice que no mientras los vasallos se retiran. Más tarde encarga un banquete y por la noche le sirven junto a su hijo una mesa fastuosa de majares; las doncellas presentes sonríen su beatitud. Al otro día, bajo el sol de la comarca, cuatro vagabundos andrajosos se secan al sol entre mendrugos y sonrisas. Pero no todo es rosas entre ellos; el más chico a veces cuestiona ese estilo de vida que juntos decidieron unos años atrás a pesar de que los demás se mantienen firmes en sus promesas. Y así sus días pasan entre libros y fogones, coversaciones y libertad. En las escaleras del castillo el príncipe lee historias, mitos y leyendas y a veces sueña con dejar su comodidad y su destino prefijado pero el rey día a día pone a prueba su sangre azul y sus dudas se evaporan. En las noches océanos oscuros enfrían las tierras donde todos conviven. Los vagabundos pasan los días en los bosques donde encuentran su refugio; los aristócratas en sus recámaras. Mientras, la gente de la aldea que rodea la zona sigue con su ritmo de trabajo inalterable y no se cruzan ni con unos ni con otros; Muchas veces el rey se acuclilla ante cuadros de Dioses paganos mientras en el cielo de la noche los buitres buscan sus presas. El principe, a pesar de las dudas, aprende los rituales y cada tarde se arrodilla ante figuras ancestrales mientras en los jardines pastizales enormes son quemados en nombre de Dios. Los vagabundos adoran los árboles y estrellas y deliberan sobre algunos de los cuestionamientos hechos por el menor, sobre si vale la pena seguir con esta vida que alegremente sobrellevan a pesar de algunas carencias materiales.
Con ruedas la sangre fluye por el palacio y el rey ajeno a los sentimientos y dudas de su hijo prepara la descendencia . Desde los bosques los cuatro vagabundos perciben el color púrpura que ilumina el castillo bajo el cielo de la comarca . Esa noche, el más jóven, que dudaba sobre su estilo de vida soñará que es un principe que sueña con ser vagabundo. Se levantará confundido pero al fin contento y en paz. Desde una roca no hará otra cosa que mirar el castillo (al que nunca tendrá acceso) donde desde una ventana verá a un jóven pensativo y mirar hacia donde está el junto a sus amigos rodeados por el pequeño fogón de la mañana.
Con ruedas la sangre fluye por el palacio y el rey ajeno a los sentimientos y dudas de su hijo prepara la descendencia . Desde los bosques los cuatro vagabundos perciben el color púrpura que ilumina el castillo bajo el cielo de la comarca . Esa noche, el más jóven, que dudaba sobre su estilo de vida soñará que es un principe que sueña con ser vagabundo. Se levantará confundido pero al fin contento y en paz. Desde una roca no hará otra cosa que mirar el castillo (al que nunca tendrá acceso) donde desde una ventana verá a un jóven pensativo y mirar hacia donde está el junto a sus amigos rodeados por el pequeño fogón de la mañana.
domingo, 4 de noviembre de 2007
Las piscinas a medio vaciar recuerdan los días de verano hace tan sólo unos meses atrás, aunque hoy es una noche fría de otoño y recuerde aquellos días de calor en los últimos tiempos que parecen tan cerca, tanta diferencia de clima en tan poco tiempo. El cielo se oscurece aún más y el viento presagia las noches de invierno. Bajo las pérgolas un grupo de invitados habla tranquilamente. Veo a un hombre gordo que gesticula con vehemencia y a veces pega algún alarido que llega hasta aquí un poco más apagado. No entiendo de que hablan. A mi costado veo la casa, parda en su fachada con alguna pizca de pintura verde gastada y resquebrajada. En el techo, sostenido por un hierro, sobresale un gallo de ojalata que indica los puntos cardinales; se mueve sin cesar con el viento a uno y otro lado. Bajo la parra de la casa un hombre viejo toca su violín. Se lo ve vestido con un traje vetusto y desaliñado con una flor en el bolsillo del saco que sobresale; esta sólo con su instrumento y apenas lo ilumina una bombilla de luz muy tenue. Su música es dulce y meláncólica pero por momento el violín chirría demasiado. Se lo ve muy concentrado en la pieza; nadie parece prestarle atención. A lo lejos se ve un grupo muy nutrido de gente que salta en una pista de baile pero muy lejos de donde estoy yo, el músico y el grupo del hombre gordo. Es raro este grupo apartado; se que yo estaba invitado a la fiesta pero al mirar la pista preferí dar la vuelta y quedarme por aquí. Es así todo esto: la casa, la pista de baile y la gente que me rodea al lado de la casa en esta pérgola antigua. No conozco a nadie de los que están a mi lado, nunca vi ninguna de estas caras en mi vida. Las estrellas titilan en la lejanía, tras la sierras, y la luna es apenas visible en su cuarto menguante débil. Recuerdo ahora, una noche similar a esta hace muchos años cuando aún vivía con mis padres y no había salido de mi ciudad natal. Era una noche de verano suave, fresca pero también aquella vez me preguntaba lo mismo ¿ qué hacía en ese lugar? Sonaba un disco de Soda Stereo o de los Fabulosos Cadillacs en el final de los 80 en Mar del Plata o Buenos Aires. Recuerdo a un jóven diez años mayor que yo que me aconsejaba y me hablaba de sus experiencias. Iba muy bien vestido, se subía a un auto, salía a toda velocidad. Yo no entendía muy bien y ahora recordándolo desde este tiempo entiendo menos aún pero había algo en el jóven que no me sonaba a verdad, como si estuviera en una pose, recuerdo que sentí eso y al mismo tiempo al reflexionar más tarde me pareció que también estaba siendo injusto con él, pero era realmente lo que me transmitía.
sábado, 3 de noviembre de 2007
Enterró el tesoro en el jardín de la casa pero se atrasó en la huída y fue alcanzado por el bombardeo que lo dejó tendido junto a la casa en ruinas; nadie supo lo que había hecho con sus riquezas. Su hermano y compinche fue apresado por los aliados cuando intentaba escapar por la frontera Suiza. Su hijo mayor se escondió en un pequeño pueblo vecino durante meses y meses. Dormía en un establo y por las tardes se acercaba al centro del pueblo en busca de comida. Cuando por fin el ejército invasor se retiró se fue a vivir un tiempo a una ciudad de la costa. Allí se escondió en un barco y viajó de polizón a Buenos Aires. No llevaba dinero ni pertenencias, tan sólo su pasaporte italiano y el odio a los ejércitos y las guerras. El viaje fue largo y penoso, su esfuerzo para que no lo descubrieran demasiado grande. Cuando bajó del barco hacía mucho calor y todo parecía nuevo en aquella metrópoli : nuevos aires, nuevo año, nuevo gobierno. Era enero del 47 y él apenas había oído hablar de Argentina y de Perón. Pero tampoco le importaba quien gobernara, tan sólo buscaba sobrevivir en una ciudad que le era totalmente desconocida. Los primero días, al tiempo que buscaba trabajo, dormía donde podía: aunque era duro, los bancos de plaza en verano se podían soportar. Tuvo suerte y lo contrataron de peón en una obra en el barrio lejano de Mataderos, calle Tapalqué al 5000. Con su primer sueldo alquiló una habitación en un pequeño hotel del barrio de Liñiers que compartió con otros obreros venidos del interior del país y de países limítrofes. No tenía amigos pero hacía su nueva vida con esfuerzo: se levantaba temprano, trabajaba los sábados, trataba de mejorar en sus tareas en la obra, conocía en su poco tiempo libre la nueva ciudad pero así y todo no le resultaba nada fácil olvidarse de ciertos momentos de la guerra, tenía 25 años.
viernes, 2 de noviembre de 2007
Yo no quiero agregar más nada de lo que te dije ayer o las otras veces que estuvimos juntos; tampoco quiero deslumbrarte con palabras altisonantes que no me van a salir en estos momentos pero si prestaste atención seguramente te hayas dado cuenta de ciertos sentimientos. Simplemente quisiera decirte algunas frases breves que todavía no sé si las inventé o si las tomé de poesías que leí y canciones románticas que escuché, como por ejemplo la famosa "me gustas cuando callas", referida a ya sabés qué o eso quiero ahora suponer. También puedo decirte entre otras cosas que tus labios rojos y los pliegues de tus ojos me gustan mucho y veo en tus párpados el amor que guardas tan adentro. Como si en eso se fuera la vida, si, besos en el rincón de tus ojos es lo que te quisiera dar una y otra vez para bajar lentamente hasta tu boca y poder en lazar tu lengua con la mía hasta olvidarme de que existe el tiempo y la finitud porque estoy en la eternidad y así ofrecerte también una canción milagrosa que reuna la mejor estrofa y melodía del mundo para que escuchemos juntos y dedicartela una y otra vez. Ahora recuerdo el primer día que te conocí y supe ver la espontaneidad que contagiaba y me llenaba de ganas de besarte y estar enlazado con tus palabras amables, transparentes y simples. Y es que hasta hace unos días no sabía nada tuyo, apenas te veía pasar y me hacías pensar en otra cosa pero como decirte que hoy me levanté pensando en tu sonrisa y en tu forma de caminar y hablar. Es raro todo esto, tan raro como los años que dejé atrás sin aprovechar exigiendome mucho más de lo que podía hacer y lo peor, también exigiéndoselo a los demás. Las cadenas se cortan por la parte más gastada u oxidada y es mejor darse cuenta antes de que nos enrosquen y nos asfixien. El juicio de los justos era mi lema, y tenía razón desde todo punto de vista pero mi alma no llegaba a ningún lugar, a ninguna casa. Claro, la idea era cambiar de dirección y de libreto, todos esos falsos prejuicios que fui creando, quizás excusas que me impedían romper el caparazón. Días muy negros, alma que no podía escapar de su aprisionamiento. Es rara esta confesión pero todo este raconto nace de vos y tiene que ver con tus veintipocos años que ya no tengo y aunque no estoy tan lejos los dejé pasar sin enterarme de muchas cosas. Ahora en este día tan pero tan sin nada, tan pero tan vacío en que unas fotos y unos cuadros colgados frente a la pared en la que escribo me alegran las horas, me preguntó si sabré llegar hasta vos, si podré acercarme con naturalidad y sin miedo. Es una chance más, quizás una oportunidad pero otra vez el miedo empieza a rodear mi alma y tengo temor de perder todo gesto espontáneo por pensar... ¿ por qué me voy si me quiero quedar? ¿ por qué me enredo si me quiero desatar? ¿por qué me ato más cuando me quiero liberar? ¿por qué me enfrío más cuando más fuego tengo? ay, ay, amor mío, quiero llegar pero hay algo que lo impide, dentro mío quiero cambiar pero no entiendo lo que me tira para atrás. Cuando todo se acerca es cuando todo más se aleja. No quiero darte soledad ni me gustaría herir tu vulnerabilidad; quisiera que seas mi estrella pero mis dudas me llevan a que a veces el sol de mi alma se vaya apagando. La melancolía no debe ser defensa para no avanzar y se que muchas veces es mi refugio pero antes debo intentarlo. Ay, si pudiera llegar, ay, si pudiera acercarme y no siempre caer. Hay tanto que no entiendo, tanto dolor que disimulo con sonrisas y seguridades fabricadas como defensas. La verdad es que quisiera amarte como reclama mi corazón y rápidamente se me ocurre que buscar no siempre es encontrar. ¿ Cuál es el camino para poder llegar? Ojalá cesara mi llanto y se abrieran por siempre la llave de mi esperanza y las estrellas empezaran a brillar en este cielo.
Las ciudades se mueven como trompos histéricos entre luces de neón; nadie responde por sus orígenes y mucho menos por sus destinos. Sólo incógnitas en los papeles afiches que decoran las calles, publicidades que quieren arroparme con lo que no necesito; sabemos que la luminosidad no es una variable de la que podamos confiarnos. Provisorios algibes fueron construidos en sus calles y como venganza del tiempo no se mueven de la modernidad mostrándonos la sencillez de hombres de otras épocas que eran felices con agua en las esquinas. A lo lejos se avecina un viento dispuesto a erosionar las declaraciones de reyes que no cumpieron sus promesas. Ardientes doncellas esperaban a los mancebos que tampoco acudieron mientras centauros enjabeljados desayunaban sus manjares casi por casualidad. Ningún argumento sirvió para salvarlos de su condena que fue escrita sobre protocolos hoy caducos que cuelgan andrajosos en los pasillos de museos sin visitantes. Un guardia viejo y muy antiguo suele oficiar las pocas y humildes ceremonias. Es él quien habla de tan variada y rica fauna aristocrática que infiel en sus quehaceres ejercía el poder sobre un pueblo ignorante y añorante de un mundo más jugoso. Era lo que más deseaban pero el cordel no era fácil de desanudarse, más teniendo en cuenta las convenciones que daban cierto cariz de estabilidad, aunque todos sabían que había algo más tras los espejos o tras las calles de esa ciudad. Fueron pocos quienes escaparon, fueron los que desde un principio intuían con mucha fuerza ese horizonte de sol y colores, ese arco de mil intencidades como un brebaje de catarata de agua natural en el bosque.
A los demás los vi restregarse las manos frente a espejos gastados; a muchos se les caían los labios de verguenza pero hablaban igual y ninguno parecía exigente consigo mismo ni con los demás. Tampoco ninguno conseguía balbucear una mísera palabra de valor; eran miedos ancestrales que los controlaban. Melodías suaves bañaban las reuniones con sus propias almas. La conciencia en algún momento los abrumó... parece que esa vez si fueron justos...
A los demás los vi restregarse las manos frente a espejos gastados; a muchos se les caían los labios de verguenza pero hablaban igual y ninguno parecía exigente consigo mismo ni con los demás. Tampoco ninguno conseguía balbucear una mísera palabra de valor; eran miedos ancestrales que los controlaban. Melodías suaves bañaban las reuniones con sus propias almas. La conciencia en algún momento los abrumó... parece que esa vez si fueron justos...
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