Ayer no sé qué me llevó a ese barrio tan alejado de donde vivo y tan diferente de donde habité siempre. Creo que llegué sin darme cuenta después de bajarme del tren y caminar algunas cuadras tranquilas y arboladas. No reconocí casi ninguna calle, nunca había ido a hacer encuestas a ese lugar ni había caminado en ningúno de los paseos en mis días libres por la ciudad. Recuerdo que había una empinada rambla circular que descendía por donde caminaba mucha gente, recuerdo negocios iluminados, balcones con ventanales abiertos, algunos viejos sentados en bancos, una estatua grande de aluminio que representaba un pez y al final de la rambla una plazoleta donde montaban una pequeña feria de libros. Si ahora intentara volver hasta allí creo que no podría a pesar de que conozco mucho Barcelona; realmente una zona nueva y extraña para mí. Pero mejor dejarla así, la zona desconocida de la ciudad, algún otro día quizás vuelva a pasar y ya será diferente; la segunda vez que se recorre un lugar ya pasa a formar parte de nuestros paisajes habituales, y hasta se puede decir que uno ya lo conoce, como cuando se puede decir que se conoce al director cuando se ve su segunda película. Seguí camino, no había pensado en ningún encuestro trascendental, sólo caminar y caminar, no esperaba un buen amigo, ni una mujer para enamorarme, ni alguna idea inspiradora para escribir, nada; sólo mirar la calle y observar al mundo desde mis ojos, el ritmo del loco mundo; aunque siempre quiero huir de estos pensamientos que me hacen tanto daño, este escepticismo que no me deja ver y me cierra, quiero huir y pensar mejor, afirmativamente, aunque me cueste dejar de ver lo malo o lo que yo considero malo; pero no puedo sacarme de la cabeza el ver como me parece que muchos niegan lo que daña pero por pensar así me vuelve soberbio y no quiero; entonces me planteo que lo que yo considero malo está presente pero hago un esfuerzo por pensar en que algo está mejor y en que yo también estoy mejor, el mundo y yo, mejores, porque yo también, al igual que el mundo y los demás muchos de los cuales también piensan como yo nos merecemos alguna de vez en cuando y no esta soledad y esta tristeza irremediable que dura años y años y no encuentra forma de erradicar. ¿Hay tu tristeza dirán algunos ironicamente? y yo no sabré que responder pero sé bien lo que es sentirla al igual que la angustia, la depresión, la absoluta soledad y el no saber que hacer ni a donde ir. Seguí mucho tiempo a pie, doblé algunas calles y caminé más de una hora siempre hacia el mar, crucé Aragó y luego la Gran vía, llegé hasta Sants y caminé recto otro rato más después de dar una vuelta por el mercado de Hostafranca, luego más adelante por Plaza de Sants y Badal. Poco después Hospitalet, subí por la transitada Progress hasta Paris y reconocí la zona donde había estado varias veces haciendo encuestas un tiempo atrás; viejo Hospitalet popular, el mercado, la plaza, infinidad de pequeños negocios e inmigrantes latinos, gente y más gente un mundo de gente por esta zona. Doblé por Paris unas calles más y después bajé otra vez hacia Sants. Caminé por aquí y en una esquina vi un negocio de ropa con una chica de grandes ojos verdes y un poco rellenita al frente del mostrador, me quedé mirándola, ella también me miró así que entré y empecé a probarme varias remeras y algunos pantalones; mientras hacía esto revisé mis bolsillos y conté 11 euros, quizás me alcanzaba para una remera. Seguí durante mucho tiempo probándome ropa. Elegí una remera, me acerqué al mostrador y pagué; me hubiera gustado decirla algo a la chica pero como tantas veces me quedé callado. Volví a mi casa un poco más contento después de intercambiar unas palabras con un vendedor de la 11, aunque me hubiera gustado hablar con la chica. Ahora tenía una nueva remera roja.
Después entré al bar del chino de la vuelta de mi casa en la calle Viladomat y empecé a escribir un poco lo que veía alrededor: La rueda de una carreta sujetada al techo por cadenas, documental en televisión sobre el mundo árabe traducido al catalán, noticias en el periódico gratuito metro, escritura autómática y telegráfica que intento una vez más a ver si sale de mi cabeza una combinación de palabras dignas, que valgan la pena. Me acuerdo del mediodía de hoy cuando antes de salir a pasear sólo por la ciudad me llamó la coordinadora de las encuestas para decirme que no cumplía con las cuotas y que había bajado mucho mi rendimiento. El problema es que Justo me lo viene a decir en el día que tengo libre. Yo había trabajado seis días seguidos, estaba muy cansado y tampoco lo pude disfrutar del todo porque me quedé pensando en sus reproches; tendría que despreocuparme de todo. Tuve que escucharla un largo rato y decirle al teminar que iba a tratar de cuajar las edades y el sexo de las personas que me pedía. Me quedé pensando en todo y de lo que me dijo hay cosas que son verdad ya que ultimamente hice encuestas muy rápido y sin pasar todo el cuestionario, tampoco respeté las cuotas y menos el sistema de conteo de viviendas pero también es verdad que trabajé dos sábados y dos domingos y que las encuestas se hacen, algunas mejor que otras, pero se hacen, que al fin y al cabo, es lo que realmente importa, hablar con la gente, conseguir la información que ellos necesitan, y bueno, que se yo, la verdad que ultimamente estaba un poco cansado y uno no siempre está con las mismas ganas. En realidad me da un poco de miedo perder el trabajo en este momento porque después de esto creo que no podría hacer otra cosa. ¿De que podría trabajar que no sea con las encuestas? Me parece que no podría trabajar en otro sector, ya tuve muchos trabajos en mi vida y siento que lo único que puedo hacer con tranquilidad es esto aunque soy consciente de que pensar así es limitarse pero no me imagino un trabajo encerrado en un lugar ni cumpliendo horarios y menos que menos con algún jefecillo dando vueltas cerca mío. Si ahora perdiera el trabajo entraría sin dudar en el paro de desempleado y me dedicaría sólo a intentar escribir pero espero no perderlo porque sería un golpe bajo; debo esforzarme en lo que queda del mes por hacer las cosas mejor.
Pedí un café y empecé a leer una nota sobre los indios norteamericanos de una revista española de 1995. Decía esto: Cuando un indio Lakota corta un sauce para construir una Inipi o tienda de sudación le dice al árbol: "perdóname hermano, pero te necesito". Cuando busca una planta medicinal ora delante de ella para pedirle su vida. De la misma manera, cuando sus antepasados cazaban un bisonte en las praderas murmuraban: "perdóname hermano pero mi pueblo tiene que vivir". Después, tras haberlo matado y despedazado, tomaban su cráneo y lo colocaban hacia el sur, en señal de ofrenda. Eran su manera de darle las gracias a Maka, la tierra, por su sustento. Sabían que todo biene de ella, y nunca tomaban más de lo que necesitaban. "La tierra es nuestra madre, tal fue la intención del creador - dice el ciervo paticojo - por eso hemos respetado y preservado nuestro entorno durante tanto tiempo.... Este sentimiento sagrado de la naturaleza, de la creación, esta conciencia de la tierra como un ser vivo ha desaparecido en occidente. "El hombre occidental ya no tiene el sentido de la tierra; la ha contaminado completamente, mientras despliega grandes esfuerzos por conquistar los otros planetas. Lo plantamos todo de la forma más rápida y práctica para nosotros, pues ya no tenemos paciencia. Es preciso comprender que la tierra nos destruirá antes de que nosotros la destruyamos a ella dice el paticojo". Eso fue lo que leí en el bar del chino de la vuelta de Paralel mientras sorbía mi café y en la televisión pasaban un documental sobre el Mayo Francés en el canal 33.
viernes, 30 de mayo de 2008
El sábado, temprano por la mañana, sentado en un vagón del metro en Plaza España, junto a una chica morocha y onda hippie con pantalones gastados, vincha amarilla y camisola de color turquesa, una chica de movimientos rápidos y ágiles y yo con ganas de decirle algo y como siempre sin saber que decir, de que hablar...... pero ella me mira y me pregunta si soy el amigo de Mosqui; en un primer momento no entendía nada de lo que me decía pero le dije que sí, sólo por mantener una conversación hasta que mirándola bien y pensando en sus palabras que había incorporado y entendido con retraso me di cuenta de que la conocía. Sí, era amiga de mi amigo Cristhian de Tapiales y me empecé a acordar de ella, la chica que estudiaba en el conservatorio de la tarde en la O.E.A. frente a mi casa de Bonifacio y Centenera y que yo había conocido en la casa de cristhian en Tapiales y después saludaba cada vez que la veía. Era extraño, aunque hubiera muchos argentinos en Barcelona a mí me síguen pareciendo raros este tipo de encuentros. De esta forma era la tercera persona que me encontraba en la ciudad, es decir, gente que conocía de Buenos Aires y ni sabía que estaban acá, personas que no veía desde la década del noventa. Me acuerdo que muchas tardes la veía con su guitarra cuando salía del colegio y caminaba por la explanada de la plazoleta del colegio por centenera hasta la parada del 103. Una vez nos habíamos quedado hablando en el pasaje La Nave durante más de una hora pero nunca le había dicho nada ni la había invitado a salir. Todo eso me vino a la cabeza al tiempo que le decía que me acordaba de ella. Seguimos en la línea roja, hicimos combinación en Urquinaona y viajamos juntos hasta Alfonso X, donde ella se bajó pero antes nos intercambiamos los teléfonos y quedamos en llamarnos. Me dijo que su cuñado, también en Barcelona, tenía una banda y me llamaría para ir a verlos. La mayor coincidencia es que vivíamos cerca, a tan sólo tres cuadras. Ella alquilaba un piso por la gran Vía, cerca de la plaza de toros, con dos chicas Italianas. Yo seguí en el metro hasta Llucmayor pensando en este encuentro. Luego, me vino a la memoria que una vez, mientras chateaba con cristhian el me había mencionado que su amiga estaba acá, después de haber hecho un viaje por Latinoamérica, pero nunca pensé que me la iba a cruzar y mucho menos que era ella la que me iba a reconocer porque yo ni me había dado cuenta de quien era y eso que me llamaba la atención, más que nada por su vincha, a veces me doy cuenta por la forma de vestirse quien es argentino.
lunes, 19 de mayo de 2008
Desde un Bar de la Avenida Diagonal en Poble Nou miro la calle. Cada pocos minutos pasa el tranvía verde y blanco hacia Glorias. La gente cruza la avenida, algunos doblan por la calle Tanger y desaparecen de mi vista. No se escuchan ruidos, los autos tras los vidrios del bar se desplazan silenciosos y a mediana velocidad por los distintos carriles, a ambos lados de la la vía. Recién dejé de leer un poco de inglés de un libro de aprendizaje que retiré de la biblioteca; de a poco me quedan nuevas frases, palabras y gramática en esta etapa de aprendizaje del anglosajón que es muy lenta pero es mejor que nada y si me remonto a los orígenes empezó alrededor de los seis años cuando mis padres me mandaba al instituto de ingles debajo de mi casa "Thompson English" que dejé alrededor de los quince porque me parecía que no tenía sentido estudiar inglés; me acuerdo que con un amigo del barrio un día dijimos "ma que inglés y que inglés, vamos a la cancha a ver a San Lorenzo" y nos fuimos caminando hasta la cancha de Ferro, creo que jugábamos con talleres, creo que empatamos 1-1, creo que era el 91 y así lo dejé; más tarde me parecía que era estudiar el idioma del imperialismo, de los yankies, etc; pero ahora a mis 30 años quiero aprovechar y mejorar esos conocimientos. Dicen que nunca es tarde y me siento con ganas de aprovechar esta base.
Bebo lentamente el café en este bar administrado por cautelosos y pausados chinos al frente de cuya barra hay una adolecente, seguramente la hija de la pareja, mientras que los padres van y vienen del fondo donde está la cocina. Todos los bares de Barcelona son de los chinos, es increíble! Miro un poco: Un hombre de edad avanzada, acodado en la barra, con ropa vieja y pelo blanco va por su tercera cerveza, cabecea, se queda dormido y luego abre los ojos. A veces me mira y me dice "¿cómo estás niño?" y como no le contesto gira la cabeza hacia la puerta y ríe estupidamente. Dos jóvenes están concentrados con las máquinas electrónicas tragamonedas. Uno de ellos parece ganar bastante seguido y vuelve a poner más y más monedas, pero luego pierde todo. Cuando se queda sin dinero saca un billete, pide cambio en la barra y vuelve al juego. El otro parece más tranquilo, fuma y coloca pocas monedas con delicadeza y cierta paciente filosofía. Un televisor encendido detrás mío: hace unos minutos terminó el partido de España y Francia en el que España ganó por 4-0, en un encuentro sin mucha importancia. Luego las noticias de la sexta y el gobierno de Berlusconi que quiere perseguir a los inmigrantes sin papeles en Italia, Chavez y Zapatero se vuelven a encontrar, esta vez, sin altercados y sin rey, sismo en china con miles de muertos, nuevo atentado de E.T.A., noticias que no quiero escuchar cansado ya de las desgracias, de los muertos números, de la intolerancia y de que el mundo siga siendo tan viejo, cada días nuevas malas noticias para un mundo demasiado antiguo y acostumbrado. Amén, de Argentina y las interminables peleas entre el gobiero y los acomodados del campo, pero de eso hoy nada en las noticias. Luego las propagandas que duran más que los programas y quieren vender cualquier cosa.... Por suerte me evado de la televisión y escribo en este bar sin pensar demasiado, dejandome llevar por las palabras que surgen mientras afuera la claridad desaparece y a mí me da la impresión de que se nota que es viernes por la cantidad de gente que veo circular. Se me ocurre que hoy puedo ir a bailar, quizás conocer a una chica, escuchar buen rock and roll en el magic pero sé que sin alcohol no la voy a pasar bien y mañana tengo que trabajar y no quiero ir sin dormir y con dolor de cabeza, aunque podría ir más tarde, alrededor del mediodía. No sé, ya veré. Ahora miro por la ventana y veo dos carros de bomberos que atraviesan las viás y la avenida, "Bombers de Barcelona" y me da por pensar en el oficio delicado de ser bombero; entrar en el fuego, tratar de rescatar personas de las llamas, salir del lugar y del riesgo que todo eso implica. Noble trabajo el de bombero cuando sucede algo, claro porque los demás días no creo que tengan mucho que hacer.
Hoy hice siete encuestas. Empecé a las 12 de la mañana y terminé a las 20 hs. pero paré varias veces, una vez a comer y dos o tres veces en una plazoleta frente a una vieja pared de grafitis frente al cuartel de los bomberos donde tomaba sol con tranquilidad y pensaba en lo afortunado que era de poder trabajar en las calles y no encerrado en un local o en una oficina y siempre en la duda si es conformismo o agradecimiento. Este mes me propuse tratar de hacer siempre siete encuestas, luego parar en un bar a estudiar inglés y escribir un poco pero cuando escribo me parece que no sale nada demasiado interesante. Los bares son un ancla después del trabajo, a eso de las siete u ocho me instalo en cualquier mesa de café a mirar el mundo que transcurre y escribir un poco. Esté en el lugar que esté; hoy en Poble Nou, ayer en Horta o El carmelo, antes de ayer en Gracia, mañana en Nou Barris o San Andreu y si tengo que alejarme hasta Sabadell, Barberá, Rubí o incluso Girona y es temprano hago lo mismo, soy el visitante que entra todos los días en un nuevo bar, consume su café y escribe mientras desde la ventana mira el mundo y extraña a la Argentina, para que negarlo, pero ahora no puedo volver y por algún motivo que todavía desconozco llegué hasta esta ciudad hace un tiempo a vivir. Me pregunto una y otra vez a donde voy en estos días, que me espera en los próximos meses, si a veces me siento tan triste que tengo miedo de mi futuro, me siento con culpa por mi pasado, tengo un rencor que no me puedo sacar y se que por mi bien debo drenar todos esos sentimientos ¿Cómo hacerlo me pregunto una y mil veces? por ahora se que tengo que seguir con el trabajo y con los paseos por la ciudad, además de escuchar música nueva, sacar fotos, estudiar un poco de inglés, catalán e Italiano y viajar de mochila a algún otro país, todo sin tomármelo con demasiado drama. Nada de todo esto está mal pero a mí me parece que estoy siempre en el mismo lugar y que no salgo a buscar algo mejor.
Los útimos días en el trabajo ya me llamaron la atención varias veces porque no cumplo exactamente con lo que me piden; en algunas cosas tienen razón pero la verdad que me siento un poco cansado de hacer siempre lo mismo. No hay fórmulas, no hay nada, sólo tantear en la oscuridad y pisotear a la razón y al miedo que me retienen, eso es lo que debería hacer pero tampoco se de lo que me retienen, es decir adonde quiero ir en verdad, para que realmente tengo capacidad o mediana cualidad si es que se puede hablar de eso. Bueno, quizás el camino siga seguir con estos textos fragmentarios, escribir un poco más, todavía más seguido, todos los días un poco. Hoy me acordé, no sé por qué, de un libro de Enrique Wernicke que nunca leí titulado "los que se van", realmente sugestivo pero nunca me voy a olvidar de "La Ribera" uno de los mejores libros de literatuta argentina que leí. El hombre solitario en el delta, evadido de la sociedad a mediados del 40. Luego me acordé de una frase de Herman Hesse: "Yo no busco, encuentro". Así me voy acordando de diferentes cosas, a veces una no tiene mucho que ver con la otra, en un minuto puedo pensar muchas cosas.Cuantas frases en mi memoria que a veces quisiera olvidar, cuantos horas van, cuantos días van, cuantos años de desierto y soledad.
Bebo lentamente el café en este bar administrado por cautelosos y pausados chinos al frente de cuya barra hay una adolecente, seguramente la hija de la pareja, mientras que los padres van y vienen del fondo donde está la cocina. Todos los bares de Barcelona son de los chinos, es increíble! Miro un poco: Un hombre de edad avanzada, acodado en la barra, con ropa vieja y pelo blanco va por su tercera cerveza, cabecea, se queda dormido y luego abre los ojos. A veces me mira y me dice "¿cómo estás niño?" y como no le contesto gira la cabeza hacia la puerta y ríe estupidamente. Dos jóvenes están concentrados con las máquinas electrónicas tragamonedas. Uno de ellos parece ganar bastante seguido y vuelve a poner más y más monedas, pero luego pierde todo. Cuando se queda sin dinero saca un billete, pide cambio en la barra y vuelve al juego. El otro parece más tranquilo, fuma y coloca pocas monedas con delicadeza y cierta paciente filosofía. Un televisor encendido detrás mío: hace unos minutos terminó el partido de España y Francia en el que España ganó por 4-0, en un encuentro sin mucha importancia. Luego las noticias de la sexta y el gobierno de Berlusconi que quiere perseguir a los inmigrantes sin papeles en Italia, Chavez y Zapatero se vuelven a encontrar, esta vez, sin altercados y sin rey, sismo en china con miles de muertos, nuevo atentado de E.T.A., noticias que no quiero escuchar cansado ya de las desgracias, de los muertos números, de la intolerancia y de que el mundo siga siendo tan viejo, cada días nuevas malas noticias para un mundo demasiado antiguo y acostumbrado. Amén, de Argentina y las interminables peleas entre el gobiero y los acomodados del campo, pero de eso hoy nada en las noticias. Luego las propagandas que duran más que los programas y quieren vender cualquier cosa.... Por suerte me evado de la televisión y escribo en este bar sin pensar demasiado, dejandome llevar por las palabras que surgen mientras afuera la claridad desaparece y a mí me da la impresión de que se nota que es viernes por la cantidad de gente que veo circular. Se me ocurre que hoy puedo ir a bailar, quizás conocer a una chica, escuchar buen rock and roll en el magic pero sé que sin alcohol no la voy a pasar bien y mañana tengo que trabajar y no quiero ir sin dormir y con dolor de cabeza, aunque podría ir más tarde, alrededor del mediodía. No sé, ya veré. Ahora miro por la ventana y veo dos carros de bomberos que atraviesan las viás y la avenida, "Bombers de Barcelona" y me da por pensar en el oficio delicado de ser bombero; entrar en el fuego, tratar de rescatar personas de las llamas, salir del lugar y del riesgo que todo eso implica. Noble trabajo el de bombero cuando sucede algo, claro porque los demás días no creo que tengan mucho que hacer.
Hoy hice siete encuestas. Empecé a las 12 de la mañana y terminé a las 20 hs. pero paré varias veces, una vez a comer y dos o tres veces en una plazoleta frente a una vieja pared de grafitis frente al cuartel de los bomberos donde tomaba sol con tranquilidad y pensaba en lo afortunado que era de poder trabajar en las calles y no encerrado en un local o en una oficina y siempre en la duda si es conformismo o agradecimiento. Este mes me propuse tratar de hacer siempre siete encuestas, luego parar en un bar a estudiar inglés y escribir un poco pero cuando escribo me parece que no sale nada demasiado interesante. Los bares son un ancla después del trabajo, a eso de las siete u ocho me instalo en cualquier mesa de café a mirar el mundo que transcurre y escribir un poco. Esté en el lugar que esté; hoy en Poble Nou, ayer en Horta o El carmelo, antes de ayer en Gracia, mañana en Nou Barris o San Andreu y si tengo que alejarme hasta Sabadell, Barberá, Rubí o incluso Girona y es temprano hago lo mismo, soy el visitante que entra todos los días en un nuevo bar, consume su café y escribe mientras desde la ventana mira el mundo y extraña a la Argentina, para que negarlo, pero ahora no puedo volver y por algún motivo que todavía desconozco llegué hasta esta ciudad hace un tiempo a vivir. Me pregunto una y otra vez a donde voy en estos días, que me espera en los próximos meses, si a veces me siento tan triste que tengo miedo de mi futuro, me siento con culpa por mi pasado, tengo un rencor que no me puedo sacar y se que por mi bien debo drenar todos esos sentimientos ¿Cómo hacerlo me pregunto una y mil veces? por ahora se que tengo que seguir con el trabajo y con los paseos por la ciudad, además de escuchar música nueva, sacar fotos, estudiar un poco de inglés, catalán e Italiano y viajar de mochila a algún otro país, todo sin tomármelo con demasiado drama. Nada de todo esto está mal pero a mí me parece que estoy siempre en el mismo lugar y que no salgo a buscar algo mejor.
Los útimos días en el trabajo ya me llamaron la atención varias veces porque no cumplo exactamente con lo que me piden; en algunas cosas tienen razón pero la verdad que me siento un poco cansado de hacer siempre lo mismo. No hay fórmulas, no hay nada, sólo tantear en la oscuridad y pisotear a la razón y al miedo que me retienen, eso es lo que debería hacer pero tampoco se de lo que me retienen, es decir adonde quiero ir en verdad, para que realmente tengo capacidad o mediana cualidad si es que se puede hablar de eso. Bueno, quizás el camino siga seguir con estos textos fragmentarios, escribir un poco más, todavía más seguido, todos los días un poco. Hoy me acordé, no sé por qué, de un libro de Enrique Wernicke que nunca leí titulado "los que se van", realmente sugestivo pero nunca me voy a olvidar de "La Ribera" uno de los mejores libros de literatuta argentina que leí. El hombre solitario en el delta, evadido de la sociedad a mediados del 40. Luego me acordé de una frase de Herman Hesse: "Yo no busco, encuentro". Así me voy acordando de diferentes cosas, a veces una no tiene mucho que ver con la otra, en un minuto puedo pensar muchas cosas.Cuantas frases en mi memoria que a veces quisiera olvidar, cuantos horas van, cuantos días van, cuantos años de desierto y soledad.
Meridiana al 300 en este domingo de mayo, una zona que conozco muy bien por haber vivido durante 4 meses en la casa con Mónica, junto a la estación de Navas, al lado del centro social del ayuntamiento donde dan de comer gratis y otras ayudas. Tantas veces caminé esta avenida desde el Clot hasta S. Andreu, barrio tradicional y antiguo de la ciudad donde me sentaba en algún bar de aquella calle de faroles cuyo nombre no me acuerdo. Otras tantas bajé por Felipe II hasta Guipuzcoa a través del gigantesco puente blanco sobre las vías del tren o subí hasta el Paseo Maragall y luego hasta Guinardó en días libres de invierno en que no tenía nada que hacer, a donde ir ni con quien salir, la desesperación me ganaba y entonces para calmarme caminaba largas tardes por la ciudad. Recuerdo que en diciembre fui a ver varias bandas de rap a una carpa por Sant. Andreu y las dos noches voví borracho. Esos recitales habían estado bien pero cuando pienso en esa época me pongo mal, tanto tiempo en un departamento abandonado, muchas veces sin agua y con esa mujer que se la pasaba gritando y a veces me amenazaba, tanto tiempo en un lugar donde no quería estar y sin moverme, sin hacer lo suficiente para salir. Por suerte, al final me mudé de ese hueco de depresión de Meridiana 244. Ahora miro el barrio después de tanto tiempo sin venir y paro en este café al lado de Sagrera a ver pasar los autos sobre Meridiana y nada más. Es el bar Dino, que tiene muchísimas sucursales en la ciudad, donde un café sale 1, 10 euros. En las paredes de todos sus cafés hay fotos viejas de la Barcelona de hace 50 años: la rambla nevada, el parque de la Ciutadella antiguo, el mercado del Born que ahora ya no existe, autobuses sobre meridiana, la Iglesia Josepets de Gracia, una fiesta del año 60 con gente bailando, la plaza España en blanco y negro pero igual que ahora. Fotos de una ciudad que ya no está, fotos de habitantes ausentes o de avanzada edad en la actualidad. Ahora refrescó un poco y el viento sacude algunos papeles en la avenida, la camarera boliviana cierra las ventanas con rapidez. Al atenderme me miraba y se reía, creo que por mi pronunciación argentina. Me dijo "Yo tengo muchos familiares en argentina". El bar está lleno de gente mayor, de más de 70 años, quizás los jóvenes de las fotos; cuarenta años o más me separan de ellos, pero todo transcurre muy rápido ya que mi adolescencia la veo hace muy poco, la vida pasa.. y pienso en mí, yo sigo sin saber que hacer, con este trabajo de encuestas en el que me llaman para decirme que no respeto la ruta ni las cuotas y las hago demasiado rápido lo cual en parte es verdad pero siempre hablo con la gente y pregunto lo más importante, jamás invento una entrevista, además trabajo 2 sábados y 2 domingos al mes lo que no es poco y me cansa mucho. No se me ocurre un tema específico para escribir y miro por la ventana o a la gente y reflexiono sobre mi soledad.
Hoy a la mañana y ayer por la noche estuve en el Museo Nacional de Arte Catalán, que era gratuito lo que sucede una vez por año. Había muy buenas obras en una exposición dividida en Románico, Gótico, Renacimiento, Barroco y Moderno. Casi todos los artistas eran de orígen catalán. Estuvo bien. Luego volví al departamento y me hice unas pastas con salsa. Después a hacer encuestas. A pesar de que era domingo no estaba tan desganado para empezar a trabajar y el estado de ánimo dió resultado ya que en menos de cinco horas, con pequeños descansos hice seis encuestas y un poco antes de las 8 me senté en este bar a escribir y ver la gente de Barcelona.
Ayer tuve un sueño en el que me encontraba con un amigo de Buenos Aires y lo abrazaba pero después me daba cuenta en el mismo sueño que por algún motivo no podía volver a Buenos Aires. Ahora extraño mucho , ya van para dos años que mi ciudad me vió despegar y sigo acá en Barcelona con mucha soledad pero me siento más libre y sin titubeos y culpas, además de tener un trabajo que me da tiempo y posibilidad de conocer los barrios y las ciudades. Que hago exactamente? no lo sé, escribo sobre lo mismo, una y otra vez.
Hoy a la mañana y ayer por la noche estuve en el Museo Nacional de Arte Catalán, que era gratuito lo que sucede una vez por año. Había muy buenas obras en una exposición dividida en Románico, Gótico, Renacimiento, Barroco y Moderno. Casi todos los artistas eran de orígen catalán. Estuvo bien. Luego volví al departamento y me hice unas pastas con salsa. Después a hacer encuestas. A pesar de que era domingo no estaba tan desganado para empezar a trabajar y el estado de ánimo dió resultado ya que en menos de cinco horas, con pequeños descansos hice seis encuestas y un poco antes de las 8 me senté en este bar a escribir y ver la gente de Barcelona.
Ayer tuve un sueño en el que me encontraba con un amigo de Buenos Aires y lo abrazaba pero después me daba cuenta en el mismo sueño que por algún motivo no podía volver a Buenos Aires. Ahora extraño mucho , ya van para dos años que mi ciudad me vió despegar y sigo acá en Barcelona con mucha soledad pero me siento más libre y sin titubeos y culpas, además de tener un trabajo que me da tiempo y posibilidad de conocer los barrios y las ciudades. Que hago exactamente? no lo sé, escribo sobre lo mismo, una y otra vez.
jueves, 15 de mayo de 2008
Estuve toda la tarde en el barrio de Horta. Llegué a la plaza Iviza después del mediodía y me quedé sentado en un banco casi dos horas, sólo me moví unos minutos para comprar una manzana en una verdulería que luego mastiqué con mucha lentitud. Miraba la estatua de color Blanco y los bares, leía un ejemplar de "público", el diario que compro el domingo y leo de a poco durante toda la semana. Antes de empezar a trabajar tomé agua en uno de los bebederos de la plaza. Subí por Horta y comencé a tocar timbres álrededor de las 15:30 de la tarde. La zona estaba un poco dura de encuestar, había muchas casa bajas, así que caminé un poco más arriba donde había más edificios. La primera encuesta se la hice a un muchacho italiano de Módena que hacía un año que vive en Barcelona, en su ventana tenía colgada una bandera del Lazio, lo que me llamó la atención porque no era oriundo de esa zona, aunque eso no significa nada, aquí en Barcelona también hay hinchas de Betis, por ejemplo. Después de la encuesta hablamos un poco y le conté que había estado una noche en Módena pero que no me acordaba casi nada, sólo de la plaza que da a la estación y de sus calles vacías y silenciosas de aquella madrugada fría de invierno en que yo me dirigía a Milano en tren. También recordaba una esquina donde había un negocio de Benetton. Desde ahí tuve que seguir derecho y luego doblar hacia la estación. De noche nunca hay nadie en la ciudad, ni siquiera en el centro, me dijo. Hablamos un poco más, nos despedimos y seguí tocando timbres. Doblé en el pasaje Santo Thomas donde hice tres encuestas más, aunque no seguidas, sobre todo la última, que lograrla me costó mucho tiempo, casi 1 hora. Mientras, la tarde pasaba y se escuchaban chicos jugando en un jardín, voces catalanas de niños que me infundían ternura. Veía madres que venían del colegio con sus hijos, ancianos que caminaban con parsimonia. Alrededor de las 20 Hs. doblé en Fontanet y entré en el primer edificio que vi, justo cuando salía una mujer mayor; entré con seguridad como quien sabe adonde va, no sea que me restringieran la entrada. La última encuesta se la hice a una chica de 30 años que estaba muy apurada y me preguntaba todo el tiempo cuanto faltaba y yo siempre le contestaba dos minutos, luego me volvia a preguntar otra vez y yo le volvía a repetir dos minutos más pero no se ofendía de que le siguiera mintiendo. Cuando terminé me senté un rato en la puerta de la casa a descansar porque había trabajado casi cinco horas sin parar y tenía cansancio mental y físico de mirar tanto la computadora y subir y bajar las escaleras ya que la mayoría de los edificios no tenían ascensor. Pero cinco horas de trabajo está muy bien, yo no quiero trabajar más de siete, ese es el límite para mí, aunque no siempre lo logro, claro, especialmente cuando me voy al extraradio de Barcelona donde todo se hace más largo. Traté de ubicarme para llegar a la plaza Iviza y entonces bajé por S. Thomas, luego doblé a la izquierda hacia la iglesia, bajé por Chapi hasta una calle muy pequeña llamada Santa Olivia donde hay un macetero, un árbol y un descanso donde me quedé sentado un buen tiempo. Esta callecita siempre me gustó, cada vez que vengo a este barrio la veo, sobretodo el edificio con azulejos amarillos de la esquina. Atravesé el pasaje y miré por la calle Horta hacia la derecha donde se veía la verde montaña y a la izquierda los edificios de techos rojizos de la ciudad. Por la estrecha calle subía el 45 que venía desde la playa, alguna vez lo había tomado. Bajé por Horta, pasé por la peatonal Alt Mariner que me gusta mucho porque es muy pintoresca, luego más abajo hay una biblioteca y sala de lectura y después enfrente la gran biblioteca del barrio con la calle que sube y gira también en peatonal. Llegué a la plaza del barrio y me metí en un bar donde casi no había nadie pero tenía una pantalla muy grande con la música un poco alta. Pedí un café y un croissand y me puse a escribir mientras afuera el cielo de a poco oscurecía. Sonaba la canción "algo contigo" pero no era la original de Vicentico quien cantaba sino una mujer. Escuché algunas canciones más, pagué lo que consumí y bajé al metro línea azul hasta Diagonal y de ahí la verde hasta Plaza España. Una forma de aplacar la ansiedad y la soledad es escribir, no del todo, pero por lo menos siento que no desperdicio el tiempo, siento que el hueco de la angustia se reduce aunque no me conforme lo que escribo; pienso que tendría que escribir todos los días pero soy un poco haragán, si esa es la palabra, y no lo hago, además a veces termino cansado de trabajar y al llegar no hago nada o escucho música. Ahora tendría que por lo menos ponerme esa meta, una página por día, quizás lo mínimo que pueda hacer para combatir esta sensación de que no estoy donde debería estar que me acompaña hace tantos años pero que ahora siento con más fuerza.
martes, 13 de mayo de 2008
Hoy es lunes 12 de Mayo en Barcelona, día de fiesta por la segunda Pascua, muy raro esto de la segunda pascua, hasta hoy no tenía idea de su existencia. Ayer domingo casi no salí de mi casa, sólo estuve a la tarde-noche en el museo de la Caixa de Plaza España. Entré a uno de los salones a ver la exposición "Euforia" llamada así por los momentos de "excesivo optimismo" que puede sentir alguien. No me acuerdo el nombre del artista. Las pinturas no me gustaron demasiado, me parecieron manchas con formas de boca rojas y naranjas en lienzos muy grandes y nada más, concepto, abstracción, en cambio las esculturas con caras y cuerpos deformados, cabezas raras, ojos hundidos, bocas torcidas estaba muy bien y decían mucho. No había mucha gente en el lugar, un televisor mostraba un video con personas recorriendo la muestra algún otro día. Bajé de la sala en un ascensor moderno y estuve recorriendo un poco el edificio del museo que es una exposición en si misma por la calidad de la arquitectura modernista. Desde la terraza se pueden ver mejor los 4 pabellones simétricos como torres de catillos y no da la impresión de que haya sido una antigua fábrica de principios del siglo XX. Luego de dar unas vueltas ingresé en un salón donde había tres pantallas gigantes y en cada una daban algo diferente. En dos daban conciertos y en otro la historia del Palau de la Música Catalana. Me quedé mirando esta última unos quince minutos, mezclaba la historia social con la historia del Palau. Luego, bajé las escaleras mecánicas y entré en la librería de la entrada. Estuve leyendo de parado varios libros salteadamente: una biografía del pintor Balthus, un ensayo sobre Barcelona, un libro sobre el modernismo. Luego salí del museo por una escalera mecánica, en la explanada por donde se entra al Montjuic había mucha gente mirando una exposición sobre motos. Seguí hasta mi cuarto de Paralel.
lunes, 12 de mayo de 2008
Después de los silencios en el parque no nos vimos durante algunas semanas, paralizados los dos por las dudas que nos envolvían o eso era lo que yo pensaba. Su hermana se había ido por unos meses a córdoba así que no tenía a quien pedirle dinero, aunque de alguna forma se las arreglaba para que en la heladera no faltara lo necesario; todos los días iba hasta el supermercado, compraba cinco o diez pesos y se llevaba comida para dos día en el bolsillo de la campera de jean, por suerte nunca la descubrían. Luego montaba en su bicicleta sin ningún problema hasta la casa. Cuando yo la acompañé tiempo después me sorprendía la naturalidad y la rapidez con que lo hacía mientras yo demoraba media hora pensando en como esconderme una manteca y que no me vieran los de seguridad. Así y todo estuvimos mucho tiempo sin vernos pero yo no podía resistir mucho y la volvia a llamar; el recuerdo de noches de sexo entre alcohol y poesía me hicieron volver a verla, no pude evitarlo, no estar con ella se me hacía difícil y a pesar de que trataba de resistir era completamente inútil. Ella cuando hablábamos también me decía que tenia ganas de volver a verme. Los meses de diciembre estuvieron bien y como nos habíamos reconciliado el nivel de pasión subió mucho y en su sonrisa veía reflejada una alegría y satisfacción muy grande que me contagiaban, aunque yo también estaba intimamente contento; además todos los días nos escribíamos cartas o poesía que a mí me inflaban el orgullo y aunque sabía que ese sentimiento era solo vanidad, parte del ego que se deja seducir, no podía evitar creermela. Muchas veces por las tardes nos íbamos a bañar a una pileta familiar de San Isidro cerca del río, donde pagábamos cinco pesos la entrada; tomábamos un colectivo hasta retiro y de ahí en el tren, luego caminábamos hasta la costa. Salíamos avanzada la tarde, pero los días de verano eran larguísimos y si llegábamos después de las seis todavía nos quedaba mucho tiempo para bañarnos y tomar sol antes de que el día empezara a declinar. Recuerdo que desencajabamos en ese club familiar donde solo habia padres con sus hijos. Nosotros nadabamos o nos besábamos mientras tomabamos sol, los chicos correteaban cerca nuestro. Después caminabamos un rato por la zona de la iglesia de San Isidro o nos metíamos en algún café para hablar. Volvíamos en el tren, frente a frente y en silencio mirando el nocturno paisaje urbano con nuestras caras coloradas, en retiro los edificios lujosos y gigantes nos.. Cuando llegábamos a Villa Ortúzar, a eso de las diez de la noche comprábamos cerveza y hacíamos sandwiches o pizza; luego, casi borrachos veíamos alguna película; nos acostábamos entrada la madrugada y hacíamos el amor con lentitud; nos levantábamos cerca del mediodía y nos poníamos a preparar el mate y el pan con manteca antes de salir. Así pasaron muchos días de ese verano de la entrada del nuevo milenio en que no hacíamos más que pasar el tiempo en la casa con libros y música o salir a vagabundear por el barrio o hacia la costa en el río.
A principios de febrero decidimos tomarnos unas vacaciones y como tantas otras veces en ese momento no había plata pero si libertad y unas ganas inmensas de partir. Me acuerdo que fuimos a la casa de tu hermana porque tenia una computadora, un pequeño departamento en el Parque Avellaneda, me acuerdo de como estabas, un vestido cortito de color negro sobre tu piel morena que a mí me gustaba mucho. Las zapatillas botitas color rojas. Empezamos a mirar distintos destinos en internet, playas más bien solitarias de la costa aunque en verano no se podían esperar muchas playas vacías. Miramos todos los pueblos de la costa desde San clemente hasta El balneario El condor en Rio negro. Fuimos tachando casi todos hasta que quedaron solamente cuatro: Aguas verdes, Reta, claromecó, Monte Hermoso. Escribimos en papelitos los nombres y sacaste Monte Hermoso. No era difícil llegar, el tren hasta Bahía Blanca y de ahi un micro que tardaba nada más que una hora.
A principios de febrero decidimos tomarnos unas vacaciones y como tantas otras veces en ese momento no había plata pero si libertad y unas ganas inmensas de partir. Me acuerdo que fuimos a la casa de tu hermana porque tenia una computadora, un pequeño departamento en el Parque Avellaneda, me acuerdo de como estabas, un vestido cortito de color negro sobre tu piel morena que a mí me gustaba mucho. Las zapatillas botitas color rojas. Empezamos a mirar distintos destinos en internet, playas más bien solitarias de la costa aunque en verano no se podían esperar muchas playas vacías. Miramos todos los pueblos de la costa desde San clemente hasta El balneario El condor en Rio negro. Fuimos tachando casi todos hasta que quedaron solamente cuatro: Aguas verdes, Reta, claromecó, Monte Hermoso. Escribimos en papelitos los nombres y sacaste Monte Hermoso. No era difícil llegar, el tren hasta Bahía Blanca y de ahi un micro que tardaba nada más que una hora.
domingo, 11 de mayo de 2008
Durante el fin de semana llovió intermitentemente. El sábado me quedé todo el día adentro, sólo sali un momento al mediodía a hacer las compras al supermercado Pakistaní de la vuelta. En la tarde estuve mucho tiempo con la computadora, fijándome páginas de escritores y mirando en el you tube entrevistas a Borges, Cortázar, Bolaño, Saramago, Juan gutierrez y otros narradores. También leí el caso de Heberto Padilla en Cuba y me llamó la atención la frase "El socialismo es triste pero abriga", además de leer muchos de sus poemas ya que nunca había leído nada, siempre tapado por la cuestión política. Algunos me gustaron bastante. Luego escuché música, casi todo rock nacional, escuché mucho de Flema y miré lo que había de Ricki Espinosa y de Flema en videos; ultimamente no sé por que pienso tanto en Ricki. Luego me puse a leer sobre "La noche de los Lápices" en el google y casualmente estaba la película así que la volví a ver. Cómo me había gustado la primera vez que la ví en el 92; me puse a pensar como tantas veces en esa época, el año 1976, justo el año en que nací y en que los chicos no seríán tan viejos si vivieran, todos menos de 50. Lloré en el final cuando Pablo Diaz le grita a claudia "vas a ver que los van a largar" y me quedé pensando con tristeza y admiración en los chicos que habían desaparecido en plena adolescencia; yo conocía a Nélida, la tía de Claudio de Hacha pero nunca hablamos demasiado sobre ese suceso, yo le habría querido preguntar pero nunca me animé demasiado, me parecía que era desatinado, algo delicado.
Estaba aburrido en mi casa pero no tenía ganas de salir. Eso es lo peor porque no quiero salir pero tampoco estoy bien acá adentro con la computadora como una droga aunque sentía cierto placer de estar en la habitación, no tener ninguna obligación y mirar la lluvia, el día gris, el viento que arreciaba en la montaña. Miraba por Paralel hacia Poble sec y me acordaba de la canción "detrás de los cristales llueve y llueve". Arriba del montjuic el castillo apenas se divisaba tapado por la niebla y la lluvia, el giganteso Museo Nacional parecía un castillo de una película de terror tras la cortina de agua.
Así se hizo de noche. A las doce de la noche me decidí a salir y tomé el metro hasta el centro, bajé en Liceu y caminé hasta el Borne, mucha gente por la calle, ya empieza a llegar el turismo masivo a la ciudad. Saqué veinte euros del cajero y pagué 10 de la entrada de Magic, en el Paseo Picasso, un boliche donde pasan Rock and Roll. Era la primera vez que iba pero pasan una música excelente y hay un ambiente copado, con la entrada tenés derecho a una consumisión lo que está bien, aunque después los tragos son muy caros, la cerveza sale 5 E. y los cócteles 8 E. Bailé sólo, no le hablé a ninguna chica, había una morocha que me miraba pero no me animé a decirle nada, después la vi transando con otro y me puse mal, siempre me pasa lo mismo. Para seguir tomando, como se me había acabado el dinero, buscaba vasos que habían dejado otros y así me pude entonar. Más tarde saqué a bailar a una chica, que me arrastró hasta el centro de la pista mientras me hablaba, aunque no me acuerdo que decía, pero después desapareció repentinamente de mi vista y me quedé sólo. Luego volví a sacar a otra que también se fue aunque me dejo media cerveza. Seguí tomando y bailando un poco más y a las seis salí rumbo a la Rambla, luego paralel derecho hasta mi habitación del piso compartido y una noche más que vuelvo sólo pero no es lo mismo después de haber escuchado buena música, de ahora en más voy a ir a lugares donde sólo pasen Rock and roll, ni música latina, ni electrónica, aunque en realidad nunca se sabe donde uno puede terminar.
Estaba aburrido en mi casa pero no tenía ganas de salir. Eso es lo peor porque no quiero salir pero tampoco estoy bien acá adentro con la computadora como una droga aunque sentía cierto placer de estar en la habitación, no tener ninguna obligación y mirar la lluvia, el día gris, el viento que arreciaba en la montaña. Miraba por Paralel hacia Poble sec y me acordaba de la canción "detrás de los cristales llueve y llueve". Arriba del montjuic el castillo apenas se divisaba tapado por la niebla y la lluvia, el giganteso Museo Nacional parecía un castillo de una película de terror tras la cortina de agua.
Así se hizo de noche. A las doce de la noche me decidí a salir y tomé el metro hasta el centro, bajé en Liceu y caminé hasta el Borne, mucha gente por la calle, ya empieza a llegar el turismo masivo a la ciudad. Saqué veinte euros del cajero y pagué 10 de la entrada de Magic, en el Paseo Picasso, un boliche donde pasan Rock and Roll. Era la primera vez que iba pero pasan una música excelente y hay un ambiente copado, con la entrada tenés derecho a una consumisión lo que está bien, aunque después los tragos son muy caros, la cerveza sale 5 E. y los cócteles 8 E. Bailé sólo, no le hablé a ninguna chica, había una morocha que me miraba pero no me animé a decirle nada, después la vi transando con otro y me puse mal, siempre me pasa lo mismo. Para seguir tomando, como se me había acabado el dinero, buscaba vasos que habían dejado otros y así me pude entonar. Más tarde saqué a bailar a una chica, que me arrastró hasta el centro de la pista mientras me hablaba, aunque no me acuerdo que decía, pero después desapareció repentinamente de mi vista y me quedé sólo. Luego volví a sacar a otra que también se fue aunque me dejo media cerveza. Seguí tomando y bailando un poco más y a las seis salí rumbo a la Rambla, luego paralel derecho hasta mi habitación del piso compartido y una noche más que vuelvo sólo pero no es lo mismo después de haber escuchado buena música, de ahora en más voy a ir a lugares donde sólo pasen Rock and roll, ni música latina, ni electrónica, aunque en realidad nunca se sabe donde uno puede terminar.
jueves, 8 de mayo de 2008
La tristeza es una patología? Habrá alguna forma de erradicarla? Por qué pienso tanto, por qué me atormento con el mundo, con lo que veo, con las noticias que leo y escucho, con algunas actitudes? Siempre estoy pensando en las desgracias, en el rumbo aciago del mundo y de Argentina, en el egoismo que prima y en una supuesta solución que no estoy seguro de que haya. Conflictos irresolubles? luego la decepción y la quietud. Mi mundo personal tampoco es bueno, no tengo mucho de lo que quisiera y sé que debería preocuparme más por mí que por el mundo como me dijo una vez el psicólogo; para algunos preocuparse por el contexto significa esquivar sus propios problemas pero no creo que sea tan así porque uno se relaciona con lo que lo rodea; obviedades ya que uno es parte de un todo. Aunque quizás tengan razón los que dicen eso y hay que ser má individualista pero no lo puedo evitar y sé que me complico más y me torturo pero sé que debo estar bien yo antes que nada. Cuando no tengo trabajo ni dinero caigo en la depresión y si tengo un poco ya me siento mal. Cuando observo como son las cosas me amargo y caigo más en la cuenta de como es todo, al ver por ejemplo como a muchas mujeres se le encienden los ojos cuando ven un auto nuevo o ropa de marca y más... eso no lo cambia ningún ismo, siempre fue así, cuando no había capitalismo había un rey y antes había un tipo con un palo que tenía los mayores placeres para él. La mujer sabe intuitivamente como son las cosas y punto, no se anda con vueltas y le gusta el poder, la seguridad, sabe que le irá mejor ahí cerca y se rinde ante eso y a mí me gustan las mujeres, claro; tampoco digo que todas sean así, digo que mis años de experiencia me mostraron que esa es la tendencia. No quiero ser cándido, y este pensamiento no quiere darles razones al poder dominante, sino todo lo contrario, pero me pongo triste porque veo que eso es irreversible. Si fuera por mí viviría con lo justo, una cabaña al lado de un río a peces y agua y lo que pueda cocinar pero de algún modo ya lo hice durante mucho tiempo y terminé muy mal, en un pozo hondo, claro, lo hacía en un contexto totalmente diferente; además sé que nada funciona así, todo es más complejo y no todos quieren lo mismo y el poder y el dinero van a estar siempre, aunque en esta sociedad es el valor central, eso me entristece, me deprime. La canción de Fito y Fitipaldi "abrazo a la tristeza" dice bastante de lo que pienso: "el dinero que te salva es el mismo que asesina". Lo que los ideales rechazan es lo que funciona en el mundo. No sé, quizás soy demasiado extremista, demasiado ultra y contradigo justamente las ideas de igualdad ya que lo ideal es lo medio ni la riqueza, ni el pan y agua. Que busco con estas palabras, que es lo que intento, me siento patético escribiendo ciertas obviedades pero es lo único que me sale en esta noche, ahora mismo en mi soledad. "Ganar en esta pelea, donde nadie sabe cual es el premio a los que vencen y cuando se ha vencido ni el para qué", hermosa canción de Pastoral. Ahora pienso en Cuba. Recién leí un poco el blog de la chica cubana "Generación Y", que decir de todo lo que cuenta, si lo cuenta con honestidad, como la vida real desmiente las palabas del poder. Quien puede juzgarla? desde donde? Si estuvo viviendo en Suiza y volvió a su país, si hay sinceridad en sus palabras si lo critica desde adentro. De las injusticias de Argentina? si es la injusticia en carne viva para los que nada tienen o sea la mayoría, si los del medio callan y también pelean mientras los menos se acomodan y muchos viven de la especulación, ganan millones mientras otros ni comen; los K ahora parecen ser la justicia, y todo solucionado pero ya se les acabó el tiempo. Quizás sean de centro y nada más. Ahora el campo y los del medio que le hacen el juego a los poderosos, gente que tiene miles de hectáreas y no quiere dar nada. Maniqueismo de mi parte? puede ser pero no puedo evitarlo y no puedo escribir más porque me hace mal, no puedo, simplemente, no puedo, sé que tengo que buscar mi rumbo antes que nada, debo vivir mi vida; ahora es lo primordial y volverme loco no me lleva a ningún lado, quizás si fuera un militante político todo sería más claro, pero no. Ahora tengo que trabajar porque me presionan con las cuotas de las encuestas, espero que hoy no me llamen para decirme que no encuesto al grupo de personas que necesitan.Si me hechan de este trabajo... qué voy a hacer? Palabras y más palabras, sólo palabras, todo se queda en palabras y sigue igual. "Todo es mentira en este mundo".
miércoles, 7 de mayo de 2008
Hoy domingo trabajé en la zona de la bailanta latina donde estuve ayer, sobre Paralel y calles de adentro, la zona del Montjuic por donde se accede al funicular que va hacia la torre del puerto. Empecé muy tarde, casi a las cinco y sin ganas. Golpear puertas hoy es incómodo, mucha gente no quiere abrir y casi todos preguntan por qué trabajo un domingo y hay que estar dando explicaciones. También es más difícil entrar en los edificios. Sólo trabajé hasta las siete y media, poco más de dos horas e hice tres encuestas, espero que mañana no me reprochen nada, ya es bastante tener que trabajar dos domingos al mes. Después caminé un poco por el barrio y me quedé viendo a los Skaters en la plaza de cemento de paralel, toda llena de grafitis muy buenos, debajo de las tres altas y gigantes chimeneas de la empresa que da electricidad. Luego crucé y volví caminando por la avenida, el mismo camino que hice ayer por la noche pero esta vez sin alcohol en la cabeza y más contento mientras miraba el sol. Mucha gente por las calles, en los bares y restaurantes, tipico domingo primaveral.
Ahora escribo en el bar de los chinos de la vuelta de mi casa y veo que mi situación es mucho mejor que hace tres meses cuando vivía en la pieza de Navas con la loca de Mónica, inmovilizado, sufriendo y sin saber como irme. Luego llegó mi hermano, me pude cambiar de lugar, nos fuimos de viaje, conocí por fin Paris y Londres, volví y seguí con el trabajo. Ahora me siento mejor en el lugar donde vivo pero estoy a mucha distancia de donde querría estar, siempre estoy insatisfecho. El trabajo me da el dinero que necesito, vivo en un lugar excelente, pero todavía no puedo vivir de lo que ralmente me gustaría como escribir en algún periódico o revista o dedicarme al arte o la escritura, sea en periodismo o en otro ámbito, además de estar siempre sólo, sin amigos y principalmente sin una chica. Por ahora trato de escribir seguido y considero que estos textos son la mayor riqueza, aunque sé que la mayor fortuna sería poder estar con alguna mujer que me guste o por lo menos tener amigos pero eso se da y no hay fórmulas para conseguirlo, quizás abrirse pero no sé cual es el camino para ser más comunicativo, más abierto, no importarme que me digan que no o temor a quedar como un tonto pero muchas siento que caigo pesado si llamo sólo yo.
Ahora escribo en el bar de los chinos de la vuelta de mi casa y veo que mi situación es mucho mejor que hace tres meses cuando vivía en la pieza de Navas con la loca de Mónica, inmovilizado, sufriendo y sin saber como irme. Luego llegó mi hermano, me pude cambiar de lugar, nos fuimos de viaje, conocí por fin Paris y Londres, volví y seguí con el trabajo. Ahora me siento mejor en el lugar donde vivo pero estoy a mucha distancia de donde querría estar, siempre estoy insatisfecho. El trabajo me da el dinero que necesito, vivo en un lugar excelente, pero todavía no puedo vivir de lo que ralmente me gustaría como escribir en algún periódico o revista o dedicarme al arte o la escritura, sea en periodismo o en otro ámbito, además de estar siempre sólo, sin amigos y principalmente sin una chica. Por ahora trato de escribir seguido y considero que estos textos son la mayor riqueza, aunque sé que la mayor fortuna sería poder estar con alguna mujer que me guste o por lo menos tener amigos pero eso se da y no hay fórmulas para conseguirlo, quizás abrirse pero no sé cual es el camino para ser más comunicativo, más abierto, no importarme que me digan que no o temor a quedar como un tonto pero muchas siento que caigo pesado si llamo sólo yo.
domingo, 4 de mayo de 2008
Con Ramón nos encontramos en la estación de Fabra i Puig alrededor de las diez. Hablamos un poco en la calle sobre nimiedades del trabajo, cada uno cuenta alguna anécdota de las encuestas de los últimos días; luego decidimos ir a la fiesta andaluza del Forum, la llamada fiesta de abril, aunque ya estamos en mayo; nos tomamos el metro hasta Glorias y ahí combinamos con el tranvía. Viajamos parados porque iba repleto, aunque es un placer viajar en este tranvía eléctrico. Al llegar vi que todo estaba muy movido, casillas con comidas, juegos electrónicos gigantes de colores, gente que iba y venía. Subimos la explanada y nos sentamos en un restaurante pero los precios no eran baratos. Una porción de papas salía 10 E., un bocadillo 6 E., así que solo nos pedimos unas cervezas mientras mirábamos el movimiento de la gente ir y venir. Caminamos un poco más por el lugar, vimos algunos bailes con vestidos coloridos en unas carpas y salimos, era bastante aburrido; yo buscaba algún espectáculo de Flamenco en vivo pero parecía no haber en ese momento. Caminamos un poco más, pero no parecía haber nada interesante, un ambiente familiar, nostalgia de inmigrantes. Antes de irnos compré una gaseosa, papa fritas y un pancho por cinco euros, todo muy pequeño. Es evidente que esta fiesta es entre muchas cosas un negocio y el objetivo de los bares es hacer mucha plata en poco tiempo. Vi que había dos carpas, una del P.P. y otra del P.S.O.E con mesas y comidas. Mas casillas, una al lado del otra con colas de gente para comprar. Bajamos la explanada y a la vuelta nos tomamos el tranvía hacia S. Adria, bajamos y esperamos al que iba en dirección Glorias. Mientras esperábamos Ramón me contó un poco sobre el barrio de "La mina" y cómo había cambiado en los últimos años. Desde Gloria caminamos hasta Poble- Nou y paramos en la esquina de Bocata-Nit a tomar más cerveza. Muchos heavies merodeando por ese bar, gente tatuada por todos lados, algunas chicas provocativas. Había una chica de pollera escocesa con la cara pintada que me miraba pero no le dije nada. Luego fuimos a un garito adentro del mismo Razmataz donde pasaban buen Rock and Roll donde estaba la misma chica de pollera escocesa. Estaba con una amiga y hablaban con otros chicos pero parecían que todos querían hablar con la amiga mientras que la de pollera ecocesa quedaba sola y miraba para el rincón donde estábamos con Ramón pero ninguno hizo nada más que tomar su cerveza. Luego con Ramón tuvimos una charla que a mí me molestó un poco respecto a la homosexualidad; salimos a caminar por el barrio pero no había ningún local para bailar, sólo para sentarse y beber o comer. Le propuse ir hasta la bailanta de Paralel, "Brisas del Caribe" y nos volvimos a tomar el metro. Llegamos, pagamos diez euros, mucho ambiente latino, chicas hermosas y morenas con anteojos y trenzas pero yo no sabía que hacer y bailaba sólo. Luego consumí el trago al que tenía derecho por la entrada; piña con vodka, baile un poco más y después de una hora le dije a Ramón que me iba, el dijo que también como si estuviera esperando que yo le dijera eso y nos hicimos paso entre los dominicanos hacia Paralel, donde todavía había una pequeña cola de gente esperando para entrar, algunos miraron extrañados de vernos salir. Volví caminando hasta Plaza España, llegué y encendí la computadora, puse el You tube y vi chicas besándose; luego de un rato me masturbé. Después, ya más tranquilo, entre en el blog y me puse a escribir este texto que apenas cuenta lo que hice en esta noche que como siempre volví solo y triste a mi casa. Encima mañana domingo tengo que ir a hacer encuestas y me vuelvo a preguntar para que sigo saliendo si siempre termino igual, triste, borracho y sólo. Sería mejor quedarme escribiendo, en cinco horas pueden salir cosas interesantes pero siempre vuelvo a caer en la trampa de salir, esperando una noche fantástica que nunca se da, ilusiones, promesas de noches falsas, en fin, siempre lo mismo.
jueves, 1 de mayo de 2008
Por causa de ciertas actitudes de la clientela el bar no parecía muy refinado pero en verdad el dueño se preocupaba por mantener sus instalaciones con prolijidad. Todos los días una mujer de nacionalidad uruguaya, que solía hablar de los encantos de la ciudad de Piriapolis cuando alguien le preguntaba por la tierra oriental, limpiaba y fregaba con esmero el establecimiento y también todos los días el mismo dueño solía cambiar el papel higiénico del baño, además de colocar una tolla limpia junto a la pileta. No todos los clientes apreciaban estos detalles pero los pocos que se daban cuenta felicitaban a Pepe por tales minucias y preocupaciones. El bar había cambiado varias veces de nombre hasta decidirse por el que más le gustaba a los clientes "Aquí me quedo" lo que le daba cierta ambiguedad debido a que no se sabía si uno se quedaba allí por el estado de ebriedad o por la amenidad del ambiente. Por la noche el local se llenaba de gente, especialmente de hombres que permanecían en el establecimiento hasta pasada la medianoche. Había gente de diversos origenes y nacionalidades: Catalanes, gallegos, vascos, rusos, marroquíes, ecuatorianos y paquistaníes. Los más ruidosos, un grupo de árabes oriundos de la ciudad de "El Rabat" se juntaban en el fondo del bar donde había una mesa de billar, una máquina tragaperras y un tiro al blanco alrededor del cual se reunían unos pacíficos apostadores también de nacionalidad marroquí aunque no de la ciudad capital. Este bar quedaba cerca de la estación de metro Valvidriera en la línea de color verde. En una de estas salidas algún pintor solía dejar oleos al agua y de esta manera inauguraba improvisadas exposiciones de arte al aire libre. Había cuadros que el artista dejaba llevarse mientras que los demás estaban amarrados con una cadena a una reja. Lamentablemente nunca pude conocer a tal artista pero junto a los oleos atados dejaba una libreta para que la gente pueda escribir sus opiniones. Alguna vez me había llevado alguno de estos cuadros hasta mi departamento del Born, siempre y cuando no hubiera bebido mucha cerveza ya que generalmente salía del bar un poco ebrio. Esto sucedía generalmente los sábados por la noche cuando con Joan y Manel nos reuníamos para ver los partidos que televisaba la Sexta. A veces, también, solía venir Alberto pero por lo general llegaba siempre en el entretiempo después de haberse fumado algún finito por el camino o en su casa del Carmelo. Yo siempre cantaba canciones de la hinchada de San Lorenzo con las manos en alto y ellos me seguían emocionados y asombrados. Joan lamentablemente era de Boca pero Manel ya era hincha de San Lorenzo de Almagro gracias a mis convencimientos, un culé y cuervo nacido en Sabadell Centro y ahora en su casa de Ripoiet un pueblo en las montañas de la verde Cataluña cantando por el equipo de Boedo, sin duda algo muy curioso que sucedía en los entretiempos de la liga de octubre del 2006.
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