sábado, 5 de abril de 2008

  Miro un partido del Livepool y el Arsenal en un bar de los blockes de Bellvitge, Hospitalet. Hace unos minutos terminé de hacer la última encuesta. Ahora son las 9:10de la noche y oscureció hace muy poco; el otro día el reloj se adelantó una hora y por suerte ahora el día dura más lo que es una buena noticia para mi trabajo porque puedo golpear puertas hasta casi las 9 de la noche sin quedar desubicado y sin que nadie me diga nada. Me gusta Bellvitge, esta especie de ciudad concentrada en decenas de blockes donde viven miles y miles de personas. Se nota que también es un territorio de inmigantes aunque hay muchos menos que en Torre Baró, Nou barris donde practicamente la mitad parecen ser de fuera de España. Hoy trabajé por la Avenida Europa y Avda. América, empecé casi a las tres de la tarde. La última encuesta se la hice a un muchacho de Ecuador y hablamos un poco de nuestras vidas y de política, de Correa, Uribe, las F.A.R.C. y otros asuntos relacionados.  Estos Blockes son muy altos, tienen 15 pisos y me gusta mirar desde las escaleras de los pasillos hacia abajo, hacia arriba, hacia la montaña a lo lejos. A la izquierda se veía el mercado, la plaza y la gente que va y viene apurada, a la derecha la estación de trenes por la que tantas veces pasé hacia Viladecans o Gabá. A medida que pasan las horas cambio de un edificio a otro, golpeo las puertas; cada vez que llego al último piso de un edificio miro Barcelona desde arriba, los techos de la ciudad, las montañas, mientras el sol golpea los vidrios e inunda de rayos los solitarios pasillos del blocke donde golpeo puertas para lograr una encuesta. Ya había venido muchas veces pero nunca había escrito nada; Belvitge ya está en mi recuerdo ya que caminé por sus pasillos, sus blockes largos y gigantes, los bares y los negocios de abajo, el mercado, las amplias plazas. Ahora escribo en la cervecería Plaza en Europa 101-108 y es de noche. Adelante mío hay dos negros africanos que toman Nestea y miran el partido que empatan 1-1 y yo ya empiezo a plegar este papel donde escribo lo primero que se me ocurre mientras termino mi agua mineral. Me doy vuelta y veo la glorieta iluminada en el medio de la plaza llamado Paseo de la baldoza y luego leo "amigos de la música de Bellvitge, mercado de Bellvitge". Me puedo volver en el bus 109 o en el metro pero prefiero caminar lentamente hacia el metro; otro día que se va y yo sin saber que hacer a mis 30 años. Trabajo haciendo encuestas pero quisiera escribir, escribir de verdad y escribir más pero lo único que hago al respecto es escribir este especie de diario meláncólico que me parece que no dice nada para no olvidarme de las vivencias si vuelvo a la Argentina. Pero realmente quisiera otra cosa, tener amigos, una chica con la que salir, un grupo de gente pero estoy sólo y se me hace difícil relacionarme, quizás vivir sea eso, no encontrar nada espectacular sino sentir los pequeños placeres del día a día y resignarme a tener algo más, aunque me sienta así, por momentos, casi sin fuerzas y desganado.

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