domingo, 23 de marzo de 2008

     Magda estaba muy triste porque se había muerto su perro Chaillot de una infección y ella lo había visto morir en el veterinario de la calle Forest. A mi Magda me gustaba mucho y esos días la acompañaba siempre en su casa de Ortuzar o en la de su hermana, un departamentito cerca del Parque Avellaneda donde también pasaba algunos días cuando se sentía sola. En esa época y por ese hecho en particular que le disparaban otros momentos amargos de su vida lloraba mucho y decía que todo lo que quería se le iba especialmente en referencia a su madre a quien extrañaba mucho desde el día en que se suicidó en 1990 cuando ella cursaba el segundo año del secundario en el colegio Nacional 17, el colegio de la calle Rivadavia frente al actual shopping caballito, que en esa época todavia no existía, aunque ya estaban los planes y planos; según ella me contó recordaba el "hogar obrero". Yo también recordaba haber ido al hogar obrero con mi madre a mediados de los ochenta.  Entonces, ante tanta desazón, le propuse ir hacia algún lugar de la costa para tratar de olvidarse un poco y nos conectamos a internet para ver varios sitios; recuerdo que para mí consultar una página digital me parecía algo muy novedoso en esa época. No sé porque motivo yo tenía en la cabeza a Monte Hermoso. Creo que Lucio había ido con su novia y me había hablado de tal lugar, especialmente de la zona del faro a unos kilómetros del centro caminando por la playa a la izquierda. Vimos imágenes, modos de llegar y decidimos el viaje en unas horas. Estábamos contentos y no parábamos de besarnos y de hablar sobre ese viaje. Me acuerdo que hacía mucho calor y tenía un vestido muy corto de color fuxia que me gustaba mucho. Lo más barato era ir en tren hasta Bahía Blanca y de ahí en un micro hasta la playa. Eran las dos de la tarde de un día de la primera semana de Febrero del 2001. Ella se fue a su casa a preparar el bolso y yo hice lo mismo en la mía. Antes tuve que ir a buscar la carpa a la casa de un amigo, Diego, pero como no estaba se la pedí a la madre, una mujer inválida que estuvo buscándóla mucho tiemo en un sucio altillo y no quería que yo la ayude. Volví a mi casa. Por la tarde escuché música, creo que moris, manal y Don Leopardo de la Bersuit, luego comí algo y en 10 minutos preparé el bolso... el tiempo pasó muy rápido. Con la mochila y la carpa me subí al 53 en la calle formosa hacia constitución. Habíamos quedado en la estación a las 8 de la noche porque el tren partía a las 9:30. Yo tenía miedo de que por algún motivo Magda no llegara pero por suerte la vi venir tan sólo unos minutos pasada la hora. Llegó en un taxi que se tomó desde la calle Guevara en Villa Ortuzar. Traía dos bolsos, uno a sus espaldas y otro de color azul marino colgado adelante pero que no le ocultaba sus mejores atributos. Esperamos un rato en la pequeña sala de espera y salimos hacia Bahia Blanca en el tren nocturno; de más está decir que yo estaba muy contento; ya dije que ella me gustaba mucho. Buenos Aires fue quedando atrás muy lentamente y  mirábamos a través de las ventanillas las luces de las casas y edificios que cada vez se alejaban más. Frente a nuestro asiento había un ex vecino mío de caballito que me contó que tenía una pequeña casa en Monte, yo le dije: en Monte Hermoso? a lo que respondió que no, en monte, a unos 100 km. de Buenos Aires. Magda miraba las estrellas con arrobamiento y decía que le parecía ver por momentos naves espaciales pero yo creo que era porque hacia tiempo que no miraba un cielo de campo o quizás simplemente estaba emocionada e inventaba cosas para condimentar la emoción. De noche hizo bastante frío pero se pudo soportar gracias a unas mantas que ellas traía y nos cubrieron. La madrugada fria pasó muy lentá pero en un momento las bajas temperaturas se acabaron. Por la mañana me dediqué a mirar el campo por la ventanilla mientras ella iba y venía por el vagón con evidente ansiedad. Iba muchas veces al baño. No sé porque un guardia le llamó la atención varias veces, realmente algo curioso, un tipo de seguridad en un mañana en un tren a Bahía Blanca pero el tipo cumplía su función. En el último tramo el tren avanzaba muy lentamente y paró en varios pueblos o estaciones perdidas del campo a cargar agua, combustible o a arreglar algún desperfecto. Magda estaba muy inquieta y quería llegar cuanto antes. Yo también ya quería salir del tren. No recuerdo porque motivo nos bajamos 20 minutos antes de llegar a la ciudad, creo que alguien nos dijo que ahí había un cruce donde solían levantar a mochileros. Bajamos en el campo y caminamos trescientos metros hasta una ruta; efectivamente ahí estaba el cruce pero después de más de dos horas de hacer dedo nos quedamos sentados en un montículo de tierra cansados y enojados uno con el otro; Luego de un tiempo, no recuerdo si fue mucho o poco, pasó una camioneta de la policía que por suerte se mostró amable y nos trasladó hasta una estación de micros antes del centro de la ciudad. No me gustaba como uno de los oficiales la miraba, evidentemente con deseo. Malgda llevaba la bolsita de cocaína en la mano pero los policías no sospecharon de dos inocentes mochileros. Cuando hacíamos dedo Magda estaba molesta y ansiosa por llegar a algun lugar concreto y no estar en el campo o constantemente en transportes. Luego pasó a un estado agresivo y llegó a decir que se quería volver a Buenos Aires y que yo estaba loco, que no sabía nada y que no tenía experiencia en viajes. "Ya vamos a llegar", le decía yo con paciencia resignada. Luego de que nos dejara el camión celular, tuvimos que esperar en la estación a que se hicieran las tres de la tarde. Las horas pasaban un poco pegajosas y tuvimos más discusiones, ella se acercó a un grupo de unos 5 "heavies nacionales" con remeras de V8 y Hermética ( aunque uno tenía la remera de Flema, lo recuerdo bien) que estaban en la estación para darme celos pero yo ni la miraba. A las tres de la tarde pagamos 10 pesos cada uno y subimos al micro, que en realidad era una combi particular pintada de blanco. En el viaje la recuerdo con sus jeans rotos y gastados, su remera amarilla en topless y sus anteojos oscuros mientras miraba por la ventanilla y seguía hostil con movimientos de cabeza hacia ambos lados. Por fin después de casi una hora bajamos en la estación de micros al costado de la ruta; por suerte el camping estaba enfrente. Pensé: " una que sale bien" porque la verdad que yo estaba cansado de ella, de sus actitudes y dejé de hablarle por un tiempo así que me callé la boca y no dije nada más. Como cruzó la ruta sin mirar, un auto a toda velocidad casi la parte en dos y ella ni se percató aunque yo la putié durante unos minutos. Al llegar al camping armé todo con rapidez, pagué dos días en la oficina de la entrada y dejé las cosas adentro de la carpa. Tenía ganas de ver el mar después de casi veinte horas de traqueteo por la provincia de Buenos Aires, además hacía casi dos años que no iba a la playa. Cada uno se fue hacia un lado diferente. Caminé con lentitud hacia la costa y cuando llegué me recosté en una pared blanca para tomar sol y mirar el mar azul hasta que oscureció, quería descansar. Había un poco de viento, que suele ser normal en Monte Hermoso. Antes de volver al camping paré en un bar a tomar un té y a mirar la peatonal de la ciudad con el típico ambiente de verano después del sol; había muchas familias paseando, dentro de los bares, en heladerías y restaurantes. El pueblo estaba realmente hermoso. Luego seguí hasta el camping unas cuadras hacia adentro mientras pensaba en toda la situación: el viaje, su hostilidad, las peleas.... pero así y todo me gustaba mucho y mi decisión de no hablarle era una forma de mantener mi orgullo frente a su parquedad pero de ninguna manera quería separarme, sólo deseaba poder estar bien con ella pero era evidente que si seguía así iba a ser imposible y yo no iba a ceder.
Entrada la noche, ya en el camping, cada uno se ocupaba de algún asunto. Yo trataba de lavar unas ropas viejas que tenía y ella acomodaba su bolso. Así se hizo medianoche... y creo que fue ella quien primero me habló. Empezamos a hablar poco a poco, hicimos un fuego en la parrila y después cocinamos unos fideos a los que les pusimos una lata de atún y un huevo duro cortado, la comida estuvo muy bien bajo la luna redonda que iluminaba el camping. Nos levantábamos temprano e ibamos caminando hacia el mar, pasabamos toda la mañana en la playa tomando sol cada uno con un libro, cuando nos acalorabamos ibamos al mar, una y otra vez; al mediodía volvíamos hasta el camping y nos preparábamos unos sandwiches bajo la sombra de un tinglado. Nos quedamos unos días en ese lugar donde la pasamos muy bien, las discusiones parecían haber quedado atrás; un día, ya entrada la noche nos tomamos uno de los últimos colectivo hacia la zona del faro. Me acuerdo que llegamos y era de noche, no había ni un farol que iluminara la zona, armé la carpa como pude y nos dormimos escuchando las ramas de los árboles agitándose arriba nuestro y el murmullo de las olas al romper en la arena. Dormimos abrazados, esa noche fui feliz.

No hay comentarios: