Eran otros años y tenía un mundo que descubrir. Hacía poco tiempo que había terminado el secundario y cursaba unas materias en la facultad a la que asistía 3 veces por semana. Allí fue que la vi por primera vez entrar al aula y ya mis pensamientos no pudieron concentrarse en ninguna otra dirección que no fuera ella. Creo que era una clase de filosofía, creo que leíamos a Foucalt pero el tiempo dentro del aula pasaba muy lentamente. Cuando terminó la clase se formó el revuelo clásico de los alumnos y todos levantaron sus cosas y se empezaron a ir. Yo no dejaba de mirarla en ningún momento pero ella permanecía sentada ordenando sus papeles con lentitud y metódo. Su tranquilidad me llamaba la atención, parecía moverse a un ritmo distinto que los demás, no urgida por grandes problemas ni preocupaciones. Desde atrás yo podía observar todo con detalles sin que ella me viera; cuando se decidió a salir, quedaban pocos estudiante en el aula además de nosotros . La seguí por todo el pasillo hasta las escaleras a una distancia prudencial. Estaba dispuesto a seguirla hasta donde fuera . A donde se subiera, colectivo, subte o caminara 50 cuadras la seguiría; si decidía tomar un micro hasta ota ciudad también iría tras sus pasos; sólo quería poder hablarle una palabras. La seguí por la avenida tres cuadras
a una distancia mínima hasta que dobló en una cortada y se paró en un poste a esperar el colectivo. Quedaba muy evidente pero me paré al lado de ella. La calle estaba muy oscura y sólo la luz tenue de un farol iluminaba algunas zonas del empedrado y los jirones de claridad que llegaban hacia nosotros iluminaban sus zapatillas botitas de tela cuya parte superior era tapado por el jean cortado. Ella no me miró en ningún momento; permanecía de espaldas a mí escrutando la negrura de la calle por donde algunos pocos autos pasaban a gran velocidad. Estaba nervioso porque no sabía que hacer, había llegado hasta allí y no podía hechar todo a perder así que debía hablarle si o sí. El colectivo no venía y no se me ocurrió otra cosa que preguntarle la hora y por suerte me respondió. Luego, antes de quedarme callado, le pregunté a que clase había asistido y le dije que habíamos estado en la misma materia pero que no me acordaba de haberla visto. Por suerte me habló y me dijo que "le había parecido verme". Me preguntó cuanto hacía que estudiaba y le volví a mentir, le dije que más años de los que realmente hacía. No sé porque le mentía, me salía sin querer. Intentaba ser más natural pero me costaba, ya que trataba de parecer mejor de lo que era. Cuando me preguntó donde vivía le contesté que ahora estaba en Parque Chacabuco y ella me respondío que vivía en las torres de Flores que están al lado del Piñeiro. Si, las conozco, le dije, tenía un amigo del secundario que vivía ahí. No estamos lejos le dije, por Eva Perón a pie es menos de media hora.
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