sábado, 22 de marzo de 2008
Estuvimos un rato por el palacio Chaillot y en la explanada frente a la torre observamos a unos cómicos mimos que jugaban con unos bastones con música de fondo de la pantera rosa; eran muy graciosos y expresivos y llevaban unos trajes azules y amarillos un poco ridículos. Hablamos un rato de esa tira de dibujitos, especialmente del inspector Dodó, aunque mi hermano no la recordaba, quizás porque es más chico que guillermo y yo. Luego seguimos caminando un poco más. En el museo de Rodin había más tranquilidad y se veían muchas de sus famosas obras. Adentro los pisos eran de madera. Los modelos de la estatua de Balzac llamaban mucho mi atención. El museo parece un lugar mágico para admirar las obras, sobretodo a esta hora, cuando el resplandor rojo del ocaso se filtra por la ventana en este día de invierno soleado. Nos quedamos un buen rato y casi al oscurecer caminamos otra vez hacia el sena y luego hacia la zona del Louvre. Fuimos bordeando el río y pasábamos por debajo de los puentes. Yo tenía muchas ganas de orinar pero no encontraba un baño cerca hasta que debajo de uno de los puentes pude liberarme sin antes vigilar que no anduviera la policía. Seguimos hacia las Tullerías y nos quedamos un rato en el jardín. Guillermo sacó un vino que tenía en la mochila y empezamos a tomar pausadamente. Guillermo se la pasa tomando en todos lados, especialmente en las noches del hostel, en una mesita que hay en una especie de bar improvisado. Desde donde estábamos veiamos el Louvre que supuestamente es el palacio más grande del mundo. Fue comenzado en el siglo Xlll lo que para mí fue una novedad ya que es un museo con historia además de contener tanta historia. Caminamos un poco más por el barrio latino. Nada más que recuerde.
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