lunes, 24 de septiembre de 2007

    Vivo en el centro de Barcelona, alquilo una habitación en un departamento de la calle Mirallers número 7, barrio de "la Ribera", aunque más conocido como el Born por la calle de este nombre que desemboca en la Iglesia Santa María del Mar, uno de los punto turísticos de la ciudad y famosa ahora por el best seller "La catedral del mar". También donde empieza esta calle están las ruinas y estructuras del viejo mercado del born, actualmente cercado porque debajo se ha encontrado material arqueológico; es el casco antiguo de la ciudad, que se remonta a la edad media. La iglesia, según algunos historiadores, la empezaron a construir alrededor del año 1000 y si bien las casa del barrio no son tan viejas todas son anteriores a 1900, aunque la mayoría refaccionadas. El edificio en donde vivo se remonta a principios de 1700 y tuvo una gran reforma en 1850; esa fecha figura inscripta en el hierro de una ventana de las escaleras generales. Es una casa conocida por su historia y figura en algunos libros del barrio ya que según la leyenda aquí tuvo una de su viviendas el famoso cura y escritor catalán Jacinto Verdaguer. Se dice que en el piso de arriba del que vivo practicaba sesiones de exorcismo alla por 1920 tantos... y a veces grupos de turistas llegan por la mañana a ver la puerta de la entrada mientras el guía les cuenta un poco la historia de este famoso personaje catalán; en fin historias como tantas otras en pueblos y ciudades.
Las calles del barrio son medievales, estrechas y oscuras como muchos centros históricos de Europa, es la parte turística de la ciudad al lado del barro gótico donde sobresale la Plaza Real con sus galerías y su arquitectura simétrica y ornamentada. Es una zona donde viven muchos turistas y estudiantes de otras partes de Europa. En la casa donde vivo hay una chica italiana, una mexicana y un chico Holandes. Mi hermano y yo alquilamos una habitación doble, ellos viven cada uno sólo. En la casa somos cinco en total y si juntamos el dinero de todos estamos pagando más de 1500 euros. Conseguimos esta habitación casi de casualidad después de ir a ver dos o tres departamentos que no nos gustaban. Luego fuimos a un lugar llamado Barcelona houses, por la calle Torrente de la olla, cerca del metro de Lesseps pero había que ser estudiante para ingresar en el departamento, entonces le rogamos que no encontrábamos lugar y la chica que nos atendía nos dijo que no dependía de ella sino que era el dueño quien fijaba esos requisitos. Yo le dije que estaba escribiendo una novela y necesitaba tomar cursos de estilo pero que todavía no había decidido en que universidad inscribirme. Ella se quedó pensando un raro y nos dijo que había unos cursos de Catalán gratuitos que servían como comprobantes de que eramos estudiantes así que fui hasta Plaza Cataluña y me inscribí, aunque no comencé el curso en ese momento. Fuimos con la inscripción y por suerte nos alquilaron. Gastamos todo el dinero del que disponíamos en el alquiler. Nos quedaron 100 Euros a cada uno, ahora debíamos buscar trabajo para mantenernos y poder seguir viviendo. Mi hermano piensa quedarse por un año y luego volver a Argentina; yo no tengo nada definido, quizás me quede unos años más pero no creo que siempre en España; también me gustaría estar un tiempo en un país anglosajón o en cualquier otro donde la cultura sea diferente. Por ahora disfuto de estar en esta ciudad y abro los ojos bien grandes para guardar todo lo que veo de la vieja Europa. Vinieron tiempos de todo tipo, algunos duros y otros más divertidos de viajes y gente.

sábado, 22 de septiembre de 2007

Empezaron las fiestas de La Merced. Ya a las diez de la mañana escuché sonidos de trompetas que venían desde la plaza S. Familia; es la fiesta más importante de Barcelona y recuerdo que el año pasado estuve por las ramblas y por Ferrán viendo los gigantes y dragones, los bailes, murgas y exposiciones, todo muy colorido y populoso, gente por todos lados. Me acuerdo que aquella vez mi hermano trabajaba de camarero en el bar de la esquina de Argenterías y Laietana y mientras yo miraba la fiesta por Ferrán lo vi servir una mesa pero no lo quise interrumpir y sentí un poco de culpa al verlo trabajar sin parar mientras yo miraba el despliegue festivo. Ahora mi hermano está en Buenos Aires y esta vez no creo que vaya a ver la fiesta, prefiero ir a un recital a la noche y nada más, creo que toca "Ojos de Brujo" en el Forum, me tengo que informar sobre la hora. Ahora son las dos de la tarde y recién volví de la Biblioteca Sagrada Familia después de mirar durante más de una hora los estantes sin decidirme por ningún libro; al final como no me podía ir con las manos vacías, viejo vicio de lector, elegí "El cuaderno gris" de Josep Pla pero en castellano. Es una obra clásica y mítica en forma de diario y me interesa porque escribe vivencias del día a día; tengo que observar como los grandes escritores construyen sus obras, a ver si puedo mejorar en mi forma de narrar. Ahora estoy en el locutorio y copié dos teléfonos de alquiler de pisos, voy a tratar de visitar por lo menos uno durante la tarde, esto de buscar habitación no me gusta para nada, encima algunos son superexigentes, piden nóminas, dos fianzas, no se quieren arriesgar en nada, en cambio, yo como inquilino, no les pido nada ; deberían fijarse más que nada en como es uno, observando es como mejor se conoce a la persona. Espero encontrar un buen lugar y no tener otra vez una mala experiencia y sentirme con plena libertad en la casa. Hoy también toca Miguel Cantilo en Badalona, me enteré ayer mientras escuchaba un programa de Radio argentino, es a las seis de la tarde en un bar o centro cultural, también tengo la idea de ir, sólo tengo que tomar el tren que tarda diez minutos, voy a ver si me animo. Bueno, "ojos de Brujo" y "Miguel Cantilo", no está nada mal el proyecto de recitales para el día de hoy.

Al final fui a ver a andrea Cor, mucha gente en plaza Cataluña, chicas adolescentes con cámaras digitales. Sólo escuché un par de canciones, luego bajé por la rambla a caminar, mucha gente por todos lados. En la explanada del puerto había un concierto de música latina.

viernes, 21 de septiembre de 2007

Salí de mi casa a las 12:00 del mediodía pero me equivoqué y fui hasta el Clot creyendo de que de ahí partían los trenes para Terrasa por lo que tuve que volver hasta Arco del triunfo. Por suerte no tuve que esperar para el viaje, el tren salía en ese momento. Me senté comodamente y viajé leyendo "al filo de la navaja" de maughan mientras el tren avanzaba por el tunel oscuro, después me dediqué a mirar el paisaje Catalán; me gustan ver las montañas verdes y los pueblos de casas rojizas, me gusta este paisaje con vegetación exhuberante y húmeda y cielo cargado que tapa los brillos del sol en este principio del otoño. El tren tardó en llegar casi 40 minutos aunque me hubiera gustado seguir viajando y leyendo, llegar hasta Francia y luego seguir hacia Suiza o Austria pero tuve que bajar en la Terrassa. Las calles de las encuestas por suerte eran cercanas a la estación del norte adonde llegué con el tren de renfe; Lo supe recién al llegar cuando desorientado le pregunté a una chica por la calle donde debía trabajar. Eran casi las dos de la tarde, hora de la comida así que decidí esperar a que pasara la hora del almuerzo y me senté en un bar en diagonal a la estación. Como nadie me atendía fui y le dije al hombre del mostrador, seguramente el dueño, que quería un café con leche y me volví a sentar. Estuve leyendo y como no me lo traía levanté las cosas y me fui, no sin antes ir al baño; me dió la impresión de que no quería molestarse en traerme el café y quería que yo fuese a la barra pero yo no iba porque había mucha gente, algunos observándome y esas situaciones no me gustan. Cuando me fui oí un murmullo acerca de mí pero no me importó. Empecé a tocar timbres pero se hacía difícil entrar en los edificios por la calle del Nord en terrasa centro. Eran buenos departamentos, clásicos y antiguos. Me quedé hablando con un hombre rapado a cero que bajaba a tirar la basura, no quiso hacerme la encuesta pero me sentía solo y la buena onda del tipo me dió ánimo aunque no haya accedido a la encuesta. Seguí caminando y encontré a una mujer que salía de un edificio, me dijo que me la hacía, era argentina pero no me di cuenta, hablaba catalán perfecto, hacía 31 años que estaba en españa, justo desde el 76, pensé que quizás había venido exiliada por la dictadura pero no le dije nada, por suerte cada vez soy menos curioso con ciertos temas, no como cuando era más chico que siempre me iba la boca. Tardé en hacer las encuestas y después de hacer la segunda, a eso de las cinco de la tarde, me senté en un bar a tomar el café que me debía desde temprano. Las tres encuestas restantes las hice una tras otra y a las 8 de la tarde- noche con cielo de color violeta estaba en los jardines de una plaza debajo del puente cantando una cancion de moris; me esperaba casi una hora de viaje entre metro y tren. Empecé a caminar; por suerte la estación estaba cerca; Volví leyendo "al filo de la navaja".

miércoles, 19 de septiembre de 2007

Hace frío en Barcelona, es temprano y llovizna. Me levanté hace casi una hora. Miro el reloj redondo en la pared , son casi las 9:30. Mientras me visto pongo un disco color amarillo de Leonard Cohen. Me coloco dos pares de media y un joggin viejo debajo del pantalón. Intento encender la estufa del comedor pero es inútil porque necesita un butano especial que no tengo. Entonces enciendo un aparato que emana aire caliente y se utiliza especialmente para bañarse en días de invierno;tengo ganas de tomar té pero me acuerdo que se me acabó y bajo al supermercado Pakistaní a comprar. Luego de la compra doy una vuelta por el born; veo muy poca gente por Montcada en esta mañana, la puerta del museo Picasso está vacía. Cruzo Princesa y veo que un hombre le pega a un perro y lo hace entrar por la fuerza a un comercio, se ríe y le dice a su acompañante, una mujer jóven, " Hay que pegarle para que aprenda". Sigo caminando y veo que en bicicleta pasa una chica abrigada con un chal de colores, tiene puestos unos audífonos, la cara colorada y se la ve muy concentrada en la música que escucha. Doy otra vuelta a la manzana pero no hay nadie. A lo lejos veo un cura que camina con presteza, es una escena curiosa, un tanto surreal en esta mañana vacía de invierno. Vuelvo rápido al departamento, subo los cuatro pisos y pongo el agua a calentar. Saco el disco de Cohen y pongo el de Rosendo. Pienso que tengo que escribir y no lo hago. "pero no es una obligación, me digo", aunque sienta que tenga que hacerlo. Tomo el té con lentitud mientras escucho la guitarra rockera de Rosendo pero me siento mal, insatisfecho y trato de buscar algunas explicaciones a este malestar; de a poco las voy encontrando. En estos meses tengo que decidir cosas importantes y aunque trate de tomarmelo con calma tengo que decidir. 1) volver a la Argentina 2) cuando retornar a Europa y a qué lugar ? Barcelona? Ibiza? Italia? 3) Encontrar un trabajo que pueda hacer . Sin lo último no podré hacer nada de lo anterior porque no tengo un euro, apenas pude pagar el mes de la habitación y todavía le debo a mi hermano como 400 euros. Con respecto al trabajo hay otro problema y me di cuenta quizás demasiado tarde de que no sirvo para cualquier trabajo y por eso no duro nada. Todos los que no me gustaban los hacía a desgano, haciendo un sobreesfuerzo, evadiendome, a veces se soportaba más que otras veces y otras directamente no podía, como el último en el que dure 15 días. Hubo otros trabajos, en los que hubo esfuerzo, pero no sufrimiento y pude hacer con relativa tranquilidad. Lo ideal sería buscar este tipo de trabajos pero en tres meses se me vence el pasaje de vuelta a Argentina y no hay demasiado tiempo para elegir. Ayer dejé un curriculum en un bar que están a punto de abrir en la calle Argenterías, a cincuenta metros del piso que alquilo, es para camarero y me dijeron que pasara en dos días pero el problema es que no estoy demasiado convencido. En agosto, a dos meses de haber llegado, trabajé de camarero en el Gran vía 2, centro comercial gigante de Hospitalet y no fue una experiencia para nada gratificante pero así y todo lo pude hacer hasta que me hecharon pero no por mal desempeño sino por que otra empleado me acusó de robar 300 Euros. No tuve forma de defenderme pero es otra historia que no tengo ganas de desarrollar, algo más de la estupidez humana. Tal vez parezca una exageración pero la verdad que no puedo hacer cualquier trabajo pero inmediatamente me pregunto y si pruebo unos días? total, que pierdo? pero, no sé, me viene la duda inmediatamente. El trabajo de las encuestas era lo único que podía hacer sin problemas pero ahora en ninguna de las empresas que trabajé hay trabajo; Que hacer? lo primero que salga o empezar a que empiecen las encuestas? La verdad que no puedo darme el lujo de esperar demasiado y tengo que decidirme... Siempre igual, las mismas dudas, los mismos miedos y silencios....
febrero 2007

domingo, 16 de septiembre de 2007

El sol ilumina la casa y el jardín en un día claro y de esplendor, un día normal de la casa deshabitada pero hay un rumor entre las flores que de a poco empieza a correrse. Las flores y plantas lentamente empiezan a cumplir sus quehaceres, los que desde un principio debieron realizar pero para los que esperaron más de la cuenta. En los aleros las rosas rojas crecen, crecen y desbordan a los maceteros colocados en las cornisas para satisfacer a los antiguos visitantes. Las violetas y margaritas inundan la entrada del camino, antes cubierta por lajas y ladrillos. Desde la ventana crecen naranjos y limoneros redondos, brillantes. En el comedor girasoles y abetos se entremezclan extrañamente. La casa cruje y se desestabiliza, jadea pausadamente. En el techo azul las abejas construyen sus panales, indiferentes al calor de las tejas; su tarea es ardua y persistente; salen y entran por la blanca chimenea cubierta de orquídeas. Zanahorias, calabazas y hortalizas muy verdes se agigantan en los baños, encuentran su lugar en cada hueco vacío. Nada parece poder detener esta lenta vehemencia, ni siquiera el jardinero que atónito observa la curiosa e inexplicable situación..
Los pisos se levantan y la tierra cubre las habitaciones donde hormigas laboriosas trasladan a sus hormigueros las hojas de los álamos que crecen en la cocina. Los ciruelos y almendros se erigen en la sala de estar y la madre naturaleza organiza su festín acompasadamente, con ritmos sabios que vienen de un tiempo milenario y en soledad nace la belleza. El agua fresca y cristalina fluye por las cañerías que cortaron las raices y los cálidos rayos del sol ingresan por los espacios del techo que produjeron los manzanos. En las paredes exteriores las enredaderas escalan y escalan a pasos agigantados cubriéndolo todo. El pasto verde parece una alfombra prolija y en el jardín un palo borracho parece ser el nuevo rey. Todo se ve hermoso y la casa deja hacer sin ningún atisbo de rebelión, como si también gozara de tal florecimiento.
Mientras tanto los dueños nada saben de todo esto y contentos cuentan el dinero de sus rentas pero lentamente y sin pausa un malestar les subirá hasta sus gargantas cuando al llegar vean lo que pasa y no puedan hallar explicaciones del jardinero que yace asesinado junto al palo borracho, en la dulce fiesta de las plantas, la que desde un principio debieron realizar pero para lo que esperaron más por reservas que por temor.

martes, 11 de septiembre de 2007

   Yo vivo de mis sueños a quien nadie les cuento. Me refugio en mis fantasías y así puedo caminar más tranquilo después que golpeo una puerta y me niegan lo que hay detrás. Cada día mi imaginación me lleva a lugares muy lejanos en los que nunca estuve o a un lugar que visité y que ya mi memoria no lo recuerda con exactitud por lo cual se ve obligado inventarlo o exagerarlo agregando lo que le da placer a mi memoria . Soy yo mismo y los demás; cada vida cobra en mí más vida y de todas tomo la que mejor encaja con mi estado de ánimo del momento. Ahora pienso en el barriletero de claromecó y mis barriletes son hermosos e imbatibles, suben y bajan con sus colores brillantes, se alejan y traspasan el mar azul o los campos trigados de tres arroyos. Los chicos vienen hasta mis rodillas y me piden historias y yo entonces les cuento mis recuerdos de los años 30 y 40 cuando caminaba como un vagabundo por los terraplenes de Santa Fé. Era un croto libertario por los campos verdes y amarillos. Soles y estrellas en su esplendor, solamente para mí. Rico en mi pobreza y con sol o con tempestad tenía mis refugios entre malesas, casas y estaciones abandonadas. Cambiaba soledad por libertad y así fueron muchos años de mi vida por rieles y estaciones entre vagabundos Argentinos, Italianos, Rusos y polacos que profesaban una fe que asustaba a los burgueses y seguros del mundo. Fuego en las noches de los campos, refugio de vagones, pacifismo irónico frente al poder.
Luego dejé esa vida y trabajé durante mucho tiempo en una oficina central de la ciudad, no estaba mal, aunque era algo muy diferente a lo que había hecho antes pero con esfuerzo me pude ir adaptando. Trabajaba con traje y entre paredes con cajones y estanterías y hasta llegué a tener una secretaria que me ayudaba en mis tareas. En ese tiempo concurría a un taller donde aprendía poco a poco el oficio hoy tan olvidado de armar barriletes. Ahora, después de muchos años de práctica remonto los barriletes más grandes del país; son además los que llegan más lejos y las avionetas que fumigan el campo levantan vuelo cuando pasan por el pueblo por miedo a enredarse con el tenso hilo del barrilete y yo veo como el avión sube y se aleja más y más. Algunos envidian mi oficio y quisieran llegar a remontar barriletes tan alto y yo les digo que todo es cuestión de práctica. De todas formas yo creo que no hay nada que envidiarme y a veces me gustaría cambiar de vida y ser como los demás, es decir dejar de llevar cometas a los aires, pero no puedo; es por eso que mis barriletes son también gritos de soledad pero poca gente los comprende.

domingo, 9 de septiembre de 2007

   Pasé la noche en Blanes sin dormir porque perdí el tren, aunque en realidad no me preocupé demasiado por ver los horarios en que volvían a Barcelona; creo que dejé que el azar dirimiera mi suerte, quizás me daba lo mismo ya que la noche estaba muy linda y unos afiches anunciaban recitales que me interesaban en el marco de la conmemoración del 11 de septiembre en Cataluña. De todos modos fui caminando hasta la estación y tarde cerca de media hora donde me enteré que el último tren a Barcelona había pasado a las 22:00 y ya eran las 23:00 además en la estación no había nadie y estaba todo cerrado y oscuro. Volví caminando otra vez a la costa y como me perdí en un barrio de bloques, adonde siempre volvía, dando sin saber vueltas circulares, tardé casi una hora en llegar otra vez a la zona de la playa. Tocaban varias bandas. Cuando llegué tocaba Obert- Pas, banda catalana independentista, aunque después me enteré que eran de Valencia. El recital lo organizaba Esquerra, la izquierda catalana y se cantó contra el fascismo antiguo y actual, aunque la verdad que no me gusta demasiado el nacionalismo catalán, aunque si la lengua y su cultura. El ambiente estaba muy movido y animado, las canciones me gustaron así que´por momentos me unía al baile SKA. La banda anterior cuyo nombre no me acuerdo había hecho te "tiraré del altar" de los cadillacs, cuya versión me llamó mucho la atención por la variación que hacían de la melodía cuando iba rápido: "cuando comienza a irse el sol y la ceveza ya se empieza a acabar"... además de la pronunciación con zeta española. En la explanda del paseo marítimo había mucha gente, la noche era hermosa con la luna iluminando el mar y todo el espectáculo. El recital duró hasta casi la 2:30 y luego me quedé un tiempo sentado en una silla, al lado de un stand donde vendían remeras con estrellas y banderas independentistas, además de otras con el estampado de la banda; vi como unos ingleses compraban varias de estas remeras y me pregunté si entenderían algo de lo que significaban los logos sobre la; después di vueltas por el centro de la ciudad y traté de dormir en un banco, pero el frío no me dejaba y siempre me terminaba levantando de los lugares en que me tiraba; no iba a pagar un hotel para dormir tres horas así que la decisión era dura y como siempre que duermo en la calle las horas de la madrugada son las más difíciles, no pasan nunca. Alrededor de las cuatro y media caminé en dirección a la estación de omnibus desde donde salía un bus a la estación de trenes, esta vez no pensaba ir caminando. Como ahí tampoco pude dormir volví otra vez a la costa y subí a la roca de Blanes donde por supuesto no había nadie y desde allí contemplé al pueblo en silencio iluminado por la luz de la luna. Hacía frío, saqué la toalla de mi mochila y me cubrí pero no lograba calentarme. Caminé otro rato por la costa, me crucé con algunos chicos que habían estado en el recital pero no hablé con nadie. Me quedé un buen rato mirando el mar iluminado por los faroles de la costa y volví despacio a la estación de omnibus donde tuve que esperar sentado más de una hora hasta que un bus me trasladó a la estación. Desde allí a Barcelona el tren tardó casi una hora avanzando al lado del mar en la madrugada fría de la costa Catalana. Yo dormí casi todo el viaje.
Septiembre 2007

viernes, 7 de septiembre de 2007

   Es una vieja canción escucho que dice María José mientras trato de entonar las primeras estrofas y dos personas que pasan me miran con extrañeza y perplejidad, aunque para mí no es vieja, pienso, porque empecé a escuchar el disco hace poco tiempo. Después de esas palabras ella me sigue con la voz pero Marisa queda en silencio. Estamos en Bologna, atrás de la plaza Mayor, sentados en el cordón de la vereda y tomamos una cerveza protegidos por la galería de la llovizna fría. Marisa, Boliviana de Cochabamba que vive en Espáña hace seis años y María José, andaluza de Jaén sin duda dos chicas muy particulares; la verdad, Marisa me gusta pero no sé como entrarle, además no puedo soportar que le diga todo el tiempo a su amiga "mira a esa tía", si se hace la lesbiana o si lo es, no tiene que estar refregandomelo en la cara y más cuando ya sabe que le gusto; me estoy acostumbrado demasiado a las decepciones con las mujeres. Cuando parece que tengo buena onda con alguna resulta que le gustan las mujeres o no sé... quizás es precisamente por eso que pude conectar, pero es mejor esperar, quizás más tarde le pueda decir algo. Por entre los edificios, arriba del supermercado que tengo enfrente se ve un cielo muy gris con nubes aún más oscuras pero algunos relámpagos entrecortados le agregan algo de claridad a la oscuridad. Mientras María va a comprar más cerveza Marisa y yo escribimos, cada uno reconcentrado en lo suyo. Ayer me leyó algunos pensamietos y reflexiones que tenían mucha coherencia y reflejaban bastante su modo de ver el mundo como ella misma lo definió, "un caleidoscoio de colores". Algo más puedo leer sin que ella se de cuenta "No te fíes pero tampoco desconfíes, tal vez mañana el tiempo pueda marcar mejor sus horas" . Una calle de Bologna, niebla, frío y poesía en este invierno del nuevo año europeo, mientras escucho el retumbar de los zapatos de la gente en el asfalto que pasa apurada y habla por celular en italiano. Todo es diferente a lo visto hasta ahora, estoy en otro continente, en lugares con los que alguna vez soñé pero nunca supe si realmente iba a poder llegar y cuando lo pensaba desde argentina me parecía irreal, alguna vez estaré en Europa? alguna vez? Incluso puedo sonreir mientras busco en las ciudades viejas y me pierdo en las galerías de la sabiduría medieval. El arte es un refugio y por eso no voy a dejar de escribir y cantar aunque nunca me quede conforme con lo que hago le leo rápidamente. Otra vez María José y la vieja canción, no tan vieja para mí "el corazón me grita, me dice que no vuelvas otra vez, una vez tuve una vida, no era fácil, pero era mía y ahora me falta lo más importante"Esa es otra parte de la vieja canción pero fines de los 90 no es hace tanto, así que la canción no es tan vieja y me hace recordar a la época en que iba a bailar con Tucho Rock @ Roll a San Telmo, esa época del final adolescente que pasó hace mucho pero la recuerdo hace tan poco. Sigo con mi lectura en voz alta "estos días del presente que me hacen amar lo que no tengo y se pasan sin darme cuenta ¿ por qué para amar siempre hay que poseer? Así termina esta texto que quiere expresar la melancolía que sentí en ese principios del 2007 con estas chicas que conocí una nche en el hostel alejado de Bologna y con quienes salí a caminar dos días seguidos para después seguir hacia Venecia.

domingo, 2 de septiembre de 2007

     Después de tanto tiempo sin verte me puse a pensar en vos, en los días que pasamos en aquella ciudad con galerías que nos protegían de la lluvia y el frío, mezclados entre estudiantes que entraban y salían de los cafés y librerías universitarias en esas calles empedradas con paredes naranjas. La primera vez que te vi entrabas con entusiasmo por la puerta del hostel, riendo y con saludos a todo el que se te cruzara, aunque creo que el único que estaba al lado tuyo cuando pasaste era yo que justo bajaba de bañarme, por fin despejado, después de haber dormido todo el día de corrido porque la noche anterior la había pasado sin pegar un ojo en el piso frío de la estación. Creo que subiste a tu habitación mientras tu amiga te decía algo y se sentaba a ver la televisión. Media hora después te vi venir otra vez con unos sandwiches y gaseosas. Me gustaba tu forma alegre de moverte y me dí cuenta de que no era difícil iniciar una conversación con vos; no, parecía mucho más fácil que con otras mujeres, que dan la impresión de estar siempre en otro mundo y no miran alrededor, no, esa no era tu defensa y todo lo contrario parecías abierta y generosa. Cuando me acerqué me sonreiste y me preguntaste de donde era y donde vivía e inmediatamente me ofreciste un poco de tu comida la que acepté porque no tenía en el estómago más que unas galletitas y un café de la máquina que había en el hall del hostel que estaba en el medio del campo donde no había ningún mercado cerca. Nos sentamos juntos y empezamos a hablar cada uno de su viaje. Me contaste que habías viajado siguiendo a tu amiga María José, que había volado a Roma primero, pero se habían encontrado en Viterbo. Ella era tu mejor amiga, la chica de Ibiza, solías decir, porque hacía muchos años que vivía allí y conocía cada uno de sus rincones. Me contaste que te había gustado mucho Florencia, especialmente el barrio viejo, cerca de la estación de trenes. Hablamos de muchas otras cosas y nos reíamos. Escuché que decías que estabas dando vueltas por Europa desde el 99 y que antes habías estado en Argentina durante dos años; en zona sur me dijiste y tratabas de acordarte de una estación de trenes en la que bajabas para ir a una casa en donde viviste un mes, pero no te acordabas. Al sur, a casi una hora de Buenos aires, me repetiste. La plata, Ensenada, Guernica, Tordera dije yo, pero no era ninguna de esas; insististe con los cadáveres exiquisitos, novedad para vos y después recortaste las figuras de una revista para luego hacer un improvisado collage. La noche avanzó entre risas y mezcla de palabras en un papel y nos despedimos hasta el otro día.... Hacía frío a la mañana mientras miraba la ciudad y te esperaba; llegaste diez minutos después de lo acordado al Neptuno de la plaza central con tu amiga María josé. Cuando me viste levantaste los brazos y te exaltaste pronunciando mi nombre; del cielo gris caían gotas lentas y gordas sobre la iglesia San Petronio y sobre la gran explanada central. Te recuerdo con un gorro verde y rojo y un enterito de jean tajeado abrazándome y saltando al tiempo que sacabas de un bolso tres pelotas de tela y tratabas de hacer sin éxito unos malabares, mientras la gente alrededor nuestro pasaba apurada a sus trabajos y obligaciones. Luego dijiste "a ver si podés" y quedaste sorprendida al ver que me resultaba fácil y te reiste de algo tan tonto como eso. Me gustaba estar así con vos como vagabundos de viaje hechando bocanadas de aire al frío aire en una ciudad importante pero desconocida para mí. Luego caminar y caminar por las intrincadas calles y galerías de la ciudad, entrar a las universidades a ver las carreras y las materias, a la gran iglesia San Petronio, a un museo medieval... Las plazas, las chimeneas altas, los túneles y tranvías, el paso de la gente retumbando en el asfalto frío. Hablabas mucho con María José y yo muchas veces quedaba al márgen de las conversaciónes; hablaban sobre gente que conocían de distintos sitios, siempre las ciudades, las anécdotas, los recuerdos de situaciones y personas, el viaje como escape a la realidad, como libertad, siempre sin dinero, trabajando y dejando los trabajos para viajar, la suerte de conseguir los vuelos baratos, los micros y trenes o el hacer dedo en las rutas, los hosteles o casa de amigos y las distintas maneras para conocer de acuerdo a lo que se disponía... Como me gustaba todo lo que me contabas, siempre alegre Marisa, siempre contenta como en tu Cochabamba natal.
Así pasaban las horas en ese día de enero frío y gris. Por la tarde compramos unas cervezas en el supermercado y nos sentamos tranquilos debajo de una galería a la vuelta de la plaza central, recuerdo que llovía más fuerte. Cantamos canciones de Amaral, Rosendo, Bersuit, Calamaro, Sabina, Fito y Fitipaldi, La Polla, Melendi, Los delincuentes, Las pelotas... María josé, andaluza de Granada las sabía todas, cosa que me sorprendía porque muchas bandas no sonaban en España, era la fonola del trío deambulante con su acento andaluz... Cuando cantábamos los temas de Bersuit escuchabas con curiosidad y preguntabas por el disco y la banda... te reías de "cuatro ebrios se lo llevan al Rockero". Fue esa misma tarde, casi noche, cuando decidimos viajar a Venecia. El tren costaba 7 euros, era accecible, el problema iba a ser encontrar un lugar a buen precio para dormir. Nos quedamos en la calle entusiasmados hablando del viaje, decíamos "Venecia" y no lo podíamos creer, volvíamos a repetir "Venecia" y era como hablar de un sueño pero era cierto, estaba a nuestro alcance a menos de dos horas en tren desde donde estábamos. Charlamos sobre el viaje y lo necesario para estar dos días porque comprar allí resultaría muy caro. Anotamos para comprar en el supermercado. A mí me quedaban menos de 50 Euros y todavía tenía que volver a Barcelona.

sábado, 1 de septiembre de 2007

     Había aspectos sobre los cuales era inútil interrogar a Malka con persistencia: Su familia, sus orígenes, ciertos años de su pasado... Nadie sabía nada seguro de ella y , aunque me doliera, también me incluía a mí. Solía cambiar de tema rápidamente cuando se le preguntaba demasiado. Me veo a mi mismo en Constitución una noche en que viajábamos en tren hacia Viedma, donde tres días después debíamos hacer la combinación hacia Bariloche, en el llamado tren patagónico preguntandole sobre su lugar de nacimiento y observando su cara petrea de negación como diciendo ¿pero vale la pena insitir sobre esto? Recuerdo como si fuera hoy todo aquello a principios del 2001: Las libretas de estudiantes del joaquín V. Gonzalez para abonar menos en el tren, los pasos de la gente que vuelve tarde a sus hogares por el gigantesco hall oscuro ; adentro en la sala de espera, los relojes marcan las horas a la costa porque ya los trenes no llegan a practicamente otros lugares que no sean los típicos centros de veraneo ; a veces se escucha una moneda que cae en la lata de alguien que mendiga, cosa rara que alguien de por esta época de carencias que atraviesan a casi todas las clases sociales, si es que todavía se puede hablar de esto en un país que se hunde cada vez más; Y aquí no es donde peor se está me dice Malka porque así no son los barrios pobres de la ciudad gris; nada tienen en común con la hermosas calles lineales y decoradas de otros lugares, donde hay jugadores de bolsa y especuladores de cambios que se instalan a saborear el diario de la mañana y aunque no dice nada nuevo le digo que sí, así es, así debe ser Malka, aunque no conozca ese mundo y me resulta extraño para nuestra idiosincracia pero lo puedo sospechar. A veces pienso que no existe un lugar definitivo para nuestras necesidades y en otoño vemos la luz triste y cautivadora de un faro pero luego nos damos cuenta de que no es verdadera o que proviene de otras zonas y no es para nosotros. La vejez de las estaciones de omnibus y de trenes con andenes sucios y olvidados, de plazas de pueblos con los mismos nombres que evocan un mundo de prestigio y grandeza de hace 150 años y uno se siente casi disminuído en comparación con esfigies de hombres que quizás no hicieron más que heredar una fortuna y donar algo de eso; no, lamentablemente, no se tiene un lugar definitivo a donde ir y parece que uno escapa del presente hacia otro presente que no lo satisface tampoco. Y esos días en Viedma, Puerto madryn, Bariloche, Bahía, ciudades gigantes en una geografía todavía más gigante, camimos y pueblos, líneas de la costa desiertas, campos vacíos, gente de todas partes que se cruza y las conversaciones interminables que evocaban lugares de los que apenas teníamos noticias, imágenes de pueblos al pie de montañas nevadas o puertos sobre el mediterráneo con barcas anclados en sus costas, nombres que sonaban a calles de proeza, aventura y arte, guerra e inmigración; la idea sobre llegar alguna vez a la vieja Europa, quizás un sueño... ¿ Cómo conseguir los recursos ? papeles, pasajes, dinero... y si, pasaron muchos años y luego en otro continente dando vueltas casi sin creerlo con el primer sueldo que cobramos haciendo encuestas: Bologna,Florencia Basilea, Brujas, Amberes, Amsterdam, Zagreb, Barcelona.. ciudad donde vivimos tanto tiempo porque pensábamos que allá estaba concentrado y representado el mundo; brillo de las vías de acero en los sistemas arteriales del cuerpo del antiguo continente, hierros rectilíneos que se juntan, separan y confunden a través de ríos, montañas y valles, tan lejanos como en el sur argentino; rostros pulcros que se confrontan en los brillantes espejos del Euromed que vemos parar en las estaciones y cruzan a cientos de Kilómetros por hora; vistas aeréas impecables desde donde el mundo puede verse con más calma, aunque uno se sienta atrapado e indefenso. LLevamos a donde quiera que vayamos las mismas dudas y yo la certeza de que ella no cambiaría nunca y aunque me era imposible entender por qué, se negaba a revelar el nombre de la duda que la acosaba y que yo intuía cada día más que era eso, se trataba de lo que alguna vez había leído en un viejo libro sacado de la biblioteca de villa Otuzar y de lo que hablaré a su debido tiempo. Si, en esa época justo enfrente de donde vivimos seis meses, frente a la plaza 24 de agosto, en un pequeño departamento donde yo intentaba escribir una novela que transcurría en un pueblo del sur de Brasil donde yo había estado de chico, Barra de Lagoa en Florianopolis,  pero del que me acordaba muy poco aunque tenía referencias por unas enciclopedias, mientras ella trabajaba por la mañana en esa oscura oficina del centro o escuchaba música y fumaba porros apenas llegaba; luego se ponía a cocinar y terminaba mirando bien entrada la tarde esa comedia norteamericana con la que se reía por cualquier cosa. Esto último generalmente motivo de discuciones ya que yo le reprochaba que no me dejaba concentrarme para poder escribir. Habíamos fijado que de 19 a 22 no se miraba la televisión pero era muy difícil que ella cumpliera lo pactado. Así y todo había sido un tiempo bueno recordandolo desde ahora, un buen tiempo que ya terminó y casi lo recuerdo como lo mejor que había vivido hasta ese momento. Solíamos pasar esas noches mirando cualquier cosa en la televisíón, escuchando música, haciendo cadaveres exquisitos o collages con figuras que recortábamos de revistas viejas que encontrábamos en la calle o en cualquier lugar. Teníamos apenas el dinero justo o a veces ni siquiera nada, pasabamos días casi sin comida aunque ella se las ingeniaba para robar algo en el supermercado de Guevara o Rosetti, viejas calles doradas por las hojas del otoño, solitarias, ventosas y vacías en ese Villa Ortuzar de casi mediados del 2001; pasaron muchas más cosas, quizás lo más importante fue la idea de planear un viaje para instalarnos un tiempo en Europa. En esa época decíamos Europa y nos parecía un sueño algún día estar allí mientras mirábamos viejas enciclopedias y libros y buscábamos una ciudad adecuada para vivir aunque yo antes quería terminar la corta novela que no avanzaba, estancada en los bocetos y las primeras diez páginas que pasaba corrigiendo.