martes, 29 de enero de 2008

Audaces olas caen bruscamente sobre la playa vacía en donde descanso de tanta fatiga. Las veo venir cada vez más violentas y me crean tensión porque veo como se acercan más y más y me quitan el suave descanso. Entonces camino bosque adentro en espera de que el temporal se calme pero los vientos no son favorables y la tormenta recrudece, cerniendóse también sobre el bosque donde intento protegerme.

  Me adentro todavía más y encuentro una gran roca que por debajo tiene un hueco, una especie de cueva en desnivel. Me introduzco poco a poco, no sin antes embarrarme y mojarme casi hasta la cintura. Dentro de la cueva hay un tiempo de calma pero luego escucho los truenos y me mojan las gotas que caen cada vez con más fuerza.  A lo lejos escucho el ruido intempestuoso de las olas que caen con furia sobre la playa. Por un pequeño hueco veo los relámpagos que se suceden sin parar y la cortina de agua; luego el ruido de los truenos. Siento intranquilidad e impotencia ya que mi mundo de apacible lectura en la playa se ha desbaratado y una inquietante y amenazante tempestad quiebra mi calma a la que había llegado después de mucho esfuerzo. Entonces pienso que nada es previsible y ningún momento apacible puede preparse y aislarse. Busco consuelo en mis pensamientos y no los encuentro. La cueva es muy oscura y la angustia se eleva como el nivel del mar en la costa y ya no tengo forma de ampararme. Siento el agua en mis pies pero salir al exterior sería peor ya que no conozco ningún refugio. Estoy llegando a un límite y lo único que puedo hacer es rezar, pedir con oraciones que aprendí de niño, improvisaciones, frases de consuelo pero siempre vuelvo al mismo punto y no entiendo el porqué de mi situación. Me doy cuenta de que más allá de los rezos no hay nada, es lo único que me sostiene y sigo resistiendo como puedo. Tengo un fuerte dolor en el pecho, quiero gritar y no lo hago. Hago promesas pero se también que si salgo de esto no las cumpliré del todo, quizás al principio, pero luego las olvidaré. Todo esto siento en la angustia y también sé que en el futuro, si salgo de esta situación, minimizaré lo ocurrido y pienso que esto es lo más grave, olvidarse del dolor sufrido y creer que siempre todo estuvo bien que fue algo pasajero y no volverá a pasar, pero es lo único para poder seguir viviendo. Pido, (¿a un dios? ) que por favor la tormenta amaine pero la tempestad continúa y siento que el agua se introduce en las rocas: relámpagos, truenos y el viento que arrecia con fuerza y derriba árboles o grandes ramas contribuyen a amplificar mi temor y me aferro a la oración con mucha fuerza. Paso mucho tiempo así, quizás dos horas con mucho terror, no sé que hacer y trato de dormirme pero se me hace imposible y no es para más. Escribo, luego dejo de escribir.

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