Me adentro todavía más y encuentro una gran roca que por debajo tiene un hueco, una especie de cueva en desnivel. Me introduzco poco a poco, no sin antes embarrarme y mojarme casi hasta la cintura. Dentro de la cueva hay un tiempo de calma pero luego escucho los truenos y me mojan las gotas que caen cada vez con más fuerza. A lo lejos escucho el ruido intempestuoso de las olas que caen con furia sobre la playa. Por un pequeño hueco veo los relámpagos que se suceden sin parar y la cortina de agua; luego el ruido de los truenos. Siento intranquilidad e impotencia ya que mi mundo de apacible lectura en la playa se ha desbaratado y una inquietante y amenazante tempestad quiebra mi calma a la que había llegado después de mucho esfuerzo. Entonces pienso que nada es previsible y ningún momento apacible puede preparse y aislarse. Busco consuelo en mis pensamientos y no los encuentro. La cueva es muy oscura y la angustia se eleva como el nivel del mar en la costa y ya no tengo forma de ampararme. Siento el agua en mis pies pero salir al exterior sería peor ya que no conozco ningún refugio. Estoy llegando a un límite y lo único que puedo hacer es rezar, pedir con oraciones que aprendí de niño, improvisaciones, frases de consuelo pero siempre vuelvo al mismo punto y no entiendo el porqué de mi situación. Me doy cuenta de que más allá de los rezos no hay nada, es lo único que me sostiene y sigo resistiendo como puedo. Tengo un fuerte dolor en el pecho, quiero gritar y no lo hago. Hago promesas pero se también que si salgo de esto no las cumpliré del todo, quizás al principio, pero luego las olvidaré. Todo esto siento en la angustia y también sé que en el futuro, si salgo de esta situación, minimizaré lo ocurrido y pienso que esto es lo más grave, olvidarse del dolor sufrido y creer que siempre todo estuvo bien que fue algo pasajero y no volverá a pasar, pero es lo único para poder seguir viviendo. Pido, (¿a un dios? ) que por favor la tormenta amaine pero la tempestad continúa y siento que el agua se introduce en las rocas: relámpagos, truenos y el viento que arrecia con fuerza y derriba árboles o grandes ramas contribuyen a amplificar mi temor y me aferro a la oración con mucha fuerza. Paso mucho tiempo así, quizás dos horas con mucho terror, no sé que hacer y trato de dormirme pero se me hace imposible y no es para más. Escribo, luego dejo de escribir.
martes, 29 de enero de 2008
Audaces olas caen bruscamente sobre la playa vacía en donde descanso de tanta fatiga. Las veo venir cada vez más violentas y me crean tensión porque veo como se acercan más y más y me quitan el suave descanso. Entonces camino bosque adentro en espera de que el temporal se calme pero los vientos no son favorables y la tormenta recrudece, cerniendóse también sobre el bosque donde intento protegerme.
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