jueves, 10 de enero de 2008

    Hace casi tres meses que estoy en Barcelona. Todavía no cobré el primer sueldo de Block y hace un mes que estoy literalmente sin dinero pero estoy muy contento de estar acá. Tengo un unico amigo que se llama Joan y vive arriba de la zona de Gracia en el barrio de Balcarca llamado asi por la estacion de Metro. Hoy quedamos en vernos en la puerta de la estación pero como tiene varias entradas nos desencontramos. El me esperaba en la de Republica Argentina y yo en la de abajo; su llamada por movil zanjó la discusión y me pasó a buscar. Subimos por la otra entrada por una escalera mecánica tan alta como nunca habia visto en Barcelona, ni creo que en ningun otro lugar. Desembocamos en la Avenida Republica Argentina donde quedaba su edificio. Joan me había hablado de un Busto que había al lado del metro. Es San Martín, nuestro Libertador le contesto. Libro, junto a Bolivar, la lucha contra ustedes, los Españoles. Contra nosotros no, me responde Joan, algun dia Cataluña sera libre tambien de España. Vamos, seguro que en el ejercito imperial habia Catalanes le respondo, ustedes tambien participaron. Que mierda la guerras, le digo. Que Cataluña sea libre pero sin guerra le vuelvo a decir. Pero si la tierra es libre siempre me quedo pensando pero no se lo digo. Ibamos a escuchar musica en su casa y bajar algunas canciones de internet pero como estaban sus padres lo dejamos para otro dia. Lo espere un momento en la puerta a que trajera los documentos y el dinero. Seguimos por la calle Rep. argentina que bajaba abruptamente. Desembocamos en una zona abierta de mucho movimiento y construcciones. Adelante pasaba el tren y sobre las vias habia un puente improvisado con tablas para los peatones porque estaban construyendo. A la derecha, antes de cruzar se levantaba un edificio muy grande con forma triangular y rectangular a la vez. Una arquitectura rara y muy moderna que poseia grandes ventanales, era la biblioteca Jaime fuster, una de las mas importantes de la ciudad. Una puerta automatica abrio nuestro paso y entramos en silencio. Subimos al primer piso donde había computadoras, estantes con libros y un mueble lleno de discos. Estuvimos revisando mucho tiempo. Joan era socio y me contó que se podían sacar cuatro C.D. por semana. Elegí un disco de Milton Nascimento mientras que el se llevó uno de Franz Ferdinan y otro de Ariel Roth. Salimos de la bilbioteca, previo registro de los discos. Doblamos a la derecha, cruzamos el puente de madera y bajamos dos o tres cuadras por una calle, nos detuvimos en un supermercado Pakistaní donde compramos una botella de lima y cerveza. La cubrimos con una bolsa porque un edicto policial prohibe tomar en la calle y no queríamos tener problemas. Caminamos hasta la plaza del Sol y en el trayecto hablamos de las coyas de castillos humanos; Joan era miembro de la de Gracia. Una niña de tres años había muerto el otro día al caer desde lo alto y las opiniones estaban divididas a favor y en contra del uso de cascos. Seguimos hablando y en la plaza del sol abrimos la bebida. Tomamos despacio, había muy poca gente alrededor, hablamos de algunos otros temas.

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