domingo, 30 de diciembre de 2007

      Me despertaron los gritos de Mónica muy temprano y casi no pude dormir durante el resto de la mañana. Estaba muy cansado, me había acostado a las dos de la mañana con la intención de dormir después de una semana de trabajo y no lo pude hacer. La mujer se la pasa gritando, anunciando sus problemas a los cuatro vientos o a un interlocutor invisible. También le grita a la hija que se le escapa de un lugar a otro y por momentos quiere entrar a mi cuarto. Cada día hay un problema nuevo, ahora parecen que la hechan del piso y claro, yo también estoy en el asunto. Me pidió 300 E. de préstamo pero no se los voy a dar, ya le presté varias veces, aunque no tanto y no puedo seguir perdiendo dinero que no me devuelve, al final... para que trabajo? Estoy cansado de estar mal, no tener un lugar cómodo para estar, llegar cansado del trabajo y no poder sentirme "en mi casa", escuchar los gritos, no tener alguien con quien hablar en paz, es una mierda, siento angustia, soledad, hasta cuando. Trabajo con angustia y cuando llego también tengo angustia. Había pensado quedarme aquí hasta que llegue mi hermano pero viendo como son las cosas quizás tenga que buscar un lugar para febrero. Ya no aguanto más, hasta donde tengo que esperar. Gritos, problemas, todo sobre mí. Encima no llama ningún inquilino para la otra habitación y así menos va poder pagar los 1200 Euros que debe para que no la hechen. Le dije que haga papelitos anunciando el piso que yo le hago fotocopias y los pego por los negocios de la zona. En eso estoy pero me siento ridículo e inutil, cansado, sólo, triste y con frío. Bueno, tengo trabajo, comida, un lugar para dormir, algunos ahorros y estoy en Barcelona pero quiero estar mejor, poder conectarme con la gente y dejar esta soledad que me acosa y por fin vivir en un lugar cómodo. Siempre el destino te saca algo, como si hubiera algo alla arriba que te da y te saca y no permitiera que tuvieras lo suficiente para estar completo. El año pasado no tuve un euro pero estaba bien en ese piso del Borne, ahora tengo un poco de dinero pero no sé como usarlo, ya probé en varios pisos y las dos fueron malas experiencias, quizás sea mi culpa, por no saber elegir por seguir mal sin hacer nada. Quiero liberarme, sentirme libre y en armonía; el problema es mi falta de acción y mi inmovilidad. No puedo estar siempre con soledad, angustia y sin buscar lo que me puede hacer mejor. Pero quizás la vida sea eso, considerar lo poco y bueno que se tiene y pensar que siempre se puede estar peor pero este pensamiento puede ser un conformismo ya que al mismo tiempo tengo todo para estar bien y no puedo, como si estuviera desaprovechando mis días y mis posibilidades y sufriera innecesariamente. Sigo leyendo a Robinson Cruzoe.

viernes, 28 de diciembre de 2007

Estuve en Sant Boi. Hacía mucho tiempo que no venía hasta acá. Durante un mes trabajé en este pueblo casi todos los días, creo que fue por abril o quizás por Mayo, no recuerdo con exactitud; recuerdo que el 15 de abril, el día que cumplí años estuve haciendo encuestas por este pueblo, aunque no me sentí tan desolado como hubiera pensado, fue el primer cumpleaños en que pasé todo el día sólo sin un amigo y sin hermanos. Festejé en soledad mi cumpleaños.
En aquella época los trenes llegaban directos de Plaza España, no como ahora que con las obras del AVE hay que hacer combinaciones. Del tren al bus y del bus al tren, depende adonde una vaya pero siempre hay que hacer cambios y por lo tanto siempre hay retrasos. El otro día tardé 2 horas en llegar desde Barcelona hasta Viladecans después de varias combinaciones realmente increíbles.
Hoy me tocó hacer encuestas por el barrio de Casablanca de Sant Boi así que al bajarme del tren tuve que tomarme un bus hasta esa zona. Aquí también ya había estado varias veces. Es más, me acuerdo de la primera vez que vine, fue en marzo de este año y todavía no había cobrado mi primer sueldo con las encuestas, no tenía nada de dinero, por la mañana desayunaba bien y pasaba casi todo el día sin comer hasta que volvía pero en esa época estaba mi hermano y me sentía más acompañado. Recuerdo que aquella vez me empezó a doler mucho la cabeza y me fui con cinco encuestas aunque en esa época hacía generalmente siete cada día.
Hoy trabajé siempre en la calle Juan XXIII, donde hay algunos negocios y bares. Empecé hacia la 1 de la tarde y a las seis paré en uno de estos bares a tomar un cocaolat (chocoloate) caliente con la idea de seguir hasta las 8 pero me sentía bien en el bar y me fui quedando más tiempo del planeado. Miraba en la pared una pintura de un pueblo vacío de la costa brava, me refugiaba en esa pintura,en el pueblo, en el mar, en la tranquilidad del paisaje con la barca, el pescador, las rocas y el sol que se filtraba entre las nubes, me hubiera gustado estar adentro de la pintura, me hubiera gustado vivir un tiempo en ese pueblo o en uno en el sur de Italia sin preocupaciones, tener una pequeña casa y vivir con una chica que me gustara, escuchar todo el día rock, punk, pop y música en general, pintar, hacer collages con dibujos y fotos de revistas, ver películas; trabajar desde mi casa escribiendo algunas notas... y así pensaba en una vida apasible, sueños, ilusiones. Se hicieron las siete y decidí volverme a Barcelona con la cantidad de encuestas hechas, 5, igual que aquella vez que recién empezaba, no tenía más ganas de trabajar. En la parada de bus me acordé mucho de mis primeros tiempos en este trabajo cuando cada día empezaba con miedo y strees por temor a no lograr hacer encuestas. Ahora es otra cosa, estoy más tranquilo, pero cansado, cada día vuelvo más cansado a lo que se agrega el frío y la soledad de estar en España. Ya pasaron diez meses desde que empecé a trabajar y un año y medio desde que estoy en Cataluña. Quien sabe si seguiré aquí o me iré a otro lugar. Me gustaría cambiar de Pais, donde se hable otra lengua, quizás Irlanda, Inglaterra o Italia pero empezar de nuevo no es fácil, conocer la ciudad, buscar trabajo, conseguir habitación, trámites y todo eso que no me gusta hacer... si me fuera con alguien tal vez sería diferente pero estoy sólo; aunque la verdad que extraño Argentina cada vez más pero ahora no podría volver, tengo que hacer mi camino que no se cual es aunque duela y por momentos se parezca a cruzar un desierto. Me pregunto como puedo estar tan sólo pero no encuentro respuesta y pienso que en Buenos Aires no tenía trabajo ni nada que hacer pero casi todos los días me encontraba con mis amigos y nos quedábamos en la casa de nuestros padres o íbamos a un bar de Rivadavia o Av. La Plata y nos quedábamos hablando mucho tiempo, a veces hasta la madrugada.

miércoles, 26 de diciembre de 2007

Me levanté muy tarde, casi a las once. Sabía que hoy no trabajaba y lo que debía alegrarme no me alegró. Un día libre y sin embargo mi ánimo no estaba bien predispuesto. No muchas cosas que hacer, pero hice algunas. Primero me bañé y me afeité luego desayuné un café con unas tostadas con manteca y hablé con Guenia, Max y mi hermano. Bajé al locutorio de internet y en mi casilla tenía un mail de Gorchi, mi hermano de dieciseis años. Me contaba de la derrota de San Lorenzo el otro día y que había estado en la cancha con mi hermano Emiliano. Al salir del locutorio una chica que estaba sentada esperando su turno me miró insistentemente, con fijeza; yo también la miré pero no le dije nada. Otra vez la angustia, la imposibilidad de decirle algo, de que no me salgan las palabras. Era linda, me hizo bien al mirarme pero me quedé triste por no haberle hablado. Seguí caminando, miré un rato la iglesia Santa María del Mar, di una vuelta por el Borne y me acordé de la noche del viernes, cuando con Diego y Juan, dos chicos argentinos, cantamos y zapamos con una guitarra canciones de Los Redondos, Moris y Las Pelotas. La pasé muy bien aquella vez; dijeron que solían estar seguido debajo de la llama de fuego al lado de la iglesia pero al otro día no los encontré; les dí mi teléfono a los dos pero es imposible que se comuniquen conmigo porque mi celular se arruinó ayer, cuando un caño del bar donde trabajo se agujereó e inundó todo el local, incluída mi mochila con móvil adentro. Tampoco me puede llamar ninguno de los pocos conocidos de Barcelona. Los podría llamar yo pero hasta la semana que viene no cobro un Euro, es increíble hace cuarenta días que estoy sin plata, literalmente. Sólo tengo la comida en la alacena sin embargo vivo como siempre, debe ser que no me importa porque estoy en Europa y todo es novedoso y atractivo, si, es eso.
Por la tarde fui a la biblioteca pública de Sant pere Baix a devolver los libros y C.D. que saqué la semana pasada. El de "Los delincuentes" me gustó mucho. "Después del humo negro, hay que ser valiente y despertar y vivir, como vive la gente, hay que ser valiente amigo, tenemos que volar".

martes, 25 de diciembre de 2007

Me acuerdo de fines del 91, de las calles de mi barrio en caballito sur con las pintadas en las paredes sobre bandas emergentes de rock de la zona, también de las palabras que clamaban por "El Ciclón" en cualquier muro de P. Chacabuco. Yo mismo había escrito en viejas paredes con aerosoles comprados en el Carrefour, rápido y con miedo de que pase la policía o me viera algún vecino. Había escrito muchas veces "ciclón capo", por ejemplo. Me pregunto si aún quedará algún rastro de todo lo que escribí en el paredón que va desde Cachimayo hasta Emilio Mitre, donde se guardan y reparan los antiguos subtes de la línea A, frente a la casa donde viví con mis padres entre el 79 y el 99. Sobretodo esa pintada frente a la casa de la chica que me gustaba y salía bien temprano todos los días al colegio; me pregunto si alguna vez la habrá visto porque yo nunca le dije nada, solo le escribí. Me acuerdo de tanto, era una época rara, no entendía mucho, salía de la niñez y me identificaba con tantas cosas que veía alrededor. Todo me gustaba, y a mis ojos todo le resultaba nuevo, bohemio, melancólico, importante, trascendente, interminable. El parque Chacabuco por las mañanas cualquier día de semana en que no había clases, los días sábado por la tarde caminaba por los edificios de la calle Dávila, Baldomero Fernández Moreno, Primera Junta, Avenida del trabajo, Hortiguera, siempre caminaba por esas calles, muchas veces solo, alguna vez con Mónica, una chica con la que salí un par veces aunque nunca fue mi novia. Caminar y hablar por calles vacías y una siesta que poco a poco se desperezaba y todos parecían empezar a salir. La música era la misma en todo Buenos Aires los sábados por la noche, canciones de moda que sonaban en las discos de Flores o Belgrano, algunas de Ataque 77, Rata Blanca o Los Redondos me gustaban mucho.... y que lejos quedaba Saavedra, Coghlan, Belgrano, Devoto. Qué pasaría en esos barrios? cómo sería su gente? Cómo serían las niñas de allá? Seguramente también hermosas. Y las de Villa Luro , Mataderos, Liniers. Toda una ciudad enorme, calles y calles que cruzar para llegar hasta allá y cuantas veces emprendía esa caminata desde Bonifacio y Centenera. Cuantas veces había caminado por cualquier calle hasta el final en la General Paz y cuantas veces había vuelto por Tapalqué hasta Floresta y de ahí por Directorio, Bonifacio o Alberdi. Algunas veces me tomaba el colectivo a cualquier parte y comenzaba a caminar al azar: Paternal, Barracas, Chacarita, Ortuzar, el bajo belgrano, la cancha de excursionistas, adonde llegué ese verano del 92 con el colectivo 42. Pagué la entrada y vi el partido contra colegiales. Todo me sorprendió: Los cantos, los colores, la gente en el pequeño estadio. Lo mismo otro sábado en que con mi amigo Pody, hincha de Sarmiento, fuimos en el 126 a Mataderos a ver Chicago-Sarmiento y el empate 1-1 que vimos desde la popular local. Volví contento, experimentado, obserbava el barrio que estaba detrás de tribuna local, el famoso barrio hecho durante el peronismo, Mataderos... atrás de la ciudad, cuanto encerraba en sus calles al igual que el bajo flores por donde siempre caminaba, de Avenida del trabajo a la izquierda o por los pasajes a la derecha, Robertson, Cipolleti.... el caserón de Baldomero Fernandez Moreno... o caminaba por Varela hasta los edificios verdes junto al hospital Piñeiro donde vivía un compañero del colegio, más allá se construía el Nuevo Gasómetro y yo miraba la ciudad desde el piso alto. Tenía 15 o 16 años y los domingos iba a ver a San Lorenzo a la cancha de Velez o a Ferro, "Todos, todos tienen cancha, unas de cemento, otras de tablón, oh, oh, pero no me importa nada, no tienen la hinchada que tiene el ciclón" decía esa canción mientras se doblaban los tablones de Ferro en la calle Martín de Gainza con olor a bosta de caballo de la policía que custodiaba los partidos. Las pintadas amenazantes de una hinchada a otra en las paredes. Recuerdo unas que me daban mucha bronca y al mismo tiempo miedo: "cuervo: te vamos a llenar de plomo. La 12." o "Cuervo: Va a empezar a correr tu puta sangre. La 12", era el año 91 y muy fresco el recuerdo del caño sobre Saturnino Cabrera en ese suspendido San Lorenzo-Boca de diciembre de 1990, episodio trágico y repetido de la violencia en los estadios. Siempre recuerdos de cancha, asociados a una nostalgia que venía de una época no vivida pero que atravesaba casi todo el siglo veinte, gente saliendo con traje y sombrero del viejo gasómetro, los tranvías atestados sobre Avda. La Plata en 1929 por ejemplo o la cancha de boca atestada a principios de los 50. Los sábados veía tribunas con colores raros que no eran de la "A". Conocía barrios, miraba casas y edificios; conocía mi ciudad y la gente, las costumbres con muchas de las que me identificaba. A veces me acercaba a las villas. Con mi amigo Diego había entrado varias veces al Bajo Flores, había estado entre los pasillos, había hablado con la gente, Pablo vivía en el centro del bajo Flores, justo en el medio de la villa y con él entraba y me quedaba toda la tarde ahí. También solía entrar a una pequeña villa que estaba por la costanera, compraba en un almacén de adentro y me quedaba hablando. El bajo flores, ciudad oculta, Fuerte apache en la general paz ; era la pobreza de mi país pero también me gustaba estar allí, sentirme integrado aunque no viviera en el lugar. Así pasaban mis días a principio de los noventa con el Rock nacional y el Tango. Todos los discos que cambiaba con Leonel en el 91 y 92 : Manal, Moris, Spinetta, Pastoral, Charly, Goyeneche, Gardel. Era la música urbana y se me ponía la piel de gallina cuando escuchaba ciertos temas "Esto va para atrás" de Moris, cómo me gustaba esa canción que resumía en una frase todo lo que sentía. "Escuchame entre el ruido", "una casa con diez pinos", "a estos hombres tristes". Esa era mi música, sentía que era mía, no podía ser otra. "Salva tu piel, la ciudad, que llegó el verano, vive de Azul, que al morir, los hombres son blancos, tan blancos..." Y un video con esa canción de la misma ciudad que yo recorría ahora, una ciudad en blanco y negro, habitada por mis padres y abuelos, una ciudad que no conocía pero podía presentir, la antigua ciudad del 69.

sábado, 22 de diciembre de 2007

   Después de dos horas de viaje en tren y media en "cremallera" llegué a vall de Nuria. Un paisaje de ensueño con montañas nevadas, un lago pequeño totalmente congelado, un hotel gigante que me hizo acordar a los de Chapadmalall hechos por Perón. Hermoso lugar, linda vista de los valles con pinos y nieve. En el pueblo de Ribas antes de tomar la cremallera hablé con dos chicas andaluzas y un chico canario que hacen la temporada en el restaurant del hotel. Me dijeron que en el restaurant buscaban trabajadores y me dieron el teléfono por si acaso. Hablamos un rato mientras yo miraba el paisaje, luego bajamos del transporte y entraron al hotel. Cambié el teléfono con el muchacho canario, no estaría mal trabajar aquí una temporada, sería una buena experiencia. No los vi más, me hubiera gustado hablar con una de las chicas andaluzas pero todo es así, vertiginoso, tenían que empezar a trabajar. Caminé un rato por el hotel, leí la historia del lugar y de la cremallera. Luego enganché con la telecabina y subí. Viajé sólo, muy poca gente, una especie de gigante paraíso fantasmal.  En lo alto de la montaña había un albergue y un restaurant muy amplio con muy poca gente, me hizo acordar a la película "El Resplandor". Pedí un té y me senté a mirar el paisaje. Detrás mío había una montaña totalmente cubierta de nieve, adelante una cubierta parcialmente donde se podía ver mucha vegetación. No hay casi nadie aquí; en el fondo, unas mujeres leen revistas de modas y farándula. Hay un par de esquiadores jóvenes que entran al albergue con sus bolsos nuevos y ropas de marca aunque me da la impresión de que los que esquían aquí no tienen tanto dinero como los de otras pistas tipo las de andorra porque algunos llegan en tren con sus mochilas, es la primera vez que veo gente que llega en tren con los esquíes. Se que abajo mío está la pista aunque desde aquí no la puedo ver bien. Salgo del restaurante y me adentro en la montaña. Hago algunas pelotas de nieve y las tiro hacia el vacío. La nieve parece muy finita. Saco algunas fotos a los cerros blancos. Hay mucha niebla y el sol se oculta frente a mí tras la montaña frente a mí. Adelante se puede ver al pequeño tren que sube por el valle en el atardecer, es una vista de fantasía. Tomaré la cremallera de las seis y media de la tarde, luego tendré que esperar más de media hora al tren en la estación.  Llegaré a Barcelona a eso de las diez y en Fabra y Puig habrá la congestión típica de la ciudad pero ahora miro la montaña y me cuesta creer que estoy en lo alto de Cataluña, frontera con Francia entre la nieve del principio de mi segundo invierno en Europa.

viernes, 21 de diciembre de 2007

   Barberá del Valles es un lindo pueblo; es el que más me gustó de todos lo que trabajé el último mes . Desde la estación de trenes se puede ver una parte de la zona con casas bajas y unos blockes verdes y grises de altura mediana a la distancia; aunque en realidad este es el pueblo llamado Badía, otra zona. En el medio se ven árboles y a lo lejos las montañas del "valles". Por el verde y la amplitud de la zona da la impresión de estar mucho más alejado de Barcelona y no es así ya que en tren son unos veinte minutos desde Plaza Cataluña. Es la segunda vez en mi vida que vengo aunque pasé decenas de veces en el camino a terrasa; pienso que de vivir en un pueblo cercano a Barcelona viviría en este lugar, es pequeño y tranquilo, parece muy natural y apartado con montañas detrás aunque por ahora prefiero vivir en la ciudad. La otra vez que vine a trabajar me gustaron unos blockes sobre la plaza Rusiñol, además también me gustó la pequeña plaza con el bebedero de agua.
   Hoy estuvo nublado y llovió de a ratos; todo parecía un poco apagado, incluso el campo cuando se iba abriendo luego del extraradio barcelonés; desde la ventanilla escasa gente por las calles; bajé del tren con muy pocas ganas de trabajar y me senté en el bar con un café. Mientrás miraba la ciudad vacía escuchaba las conversaciones detrás mío: Una chica se había olvidado los apuntes de la facultad en el tren y ahora el jefe de la estación trataba de comunicarse con Terrassa para que cuando el tren llegara recuperaran los apuntes. Hablaron mucho tiempo sobre más o menos esto: todo depende de la persona que encuentre las cosas, alguien las puede tirar, alguien las puede robar, alguien las puede devolver. Contaron anécdotas con respecto a esto, sacaron conclusiones con las que estuve de acuerdo, con las que no: la gente es buena aunque uno tienda a pensar lo contrario, aunque hay algunos a los que le gusta hacer maldades y quizás tire los apuntes por la ventana o se los lleve. Hablaron de anécdotas relacionadas con las perdidas y encuentros en los trenes. Muchos lugares comunes aunque ciertos, el eterno tema del bien y el mal. Mi conclusión: quizás haya más bondad y esto es alentador pero el mal es poderoso y destructivo y cuando este se produce no hay nada que hacer aunque pensar que hay más bien que mal produce tranquilidad y reconforta pero saber que el mundo está mal quizás por ese mal que sea tan poderoso...., Aunque en el bien también puede haber mal, en fin , el eterno dilema del yin- yan.
Diez minutos después encontraron las cosas de las chicas. Ella tomó el próximo tren a Terrassa para recuperarlas. Yo pagué el café y caminé hacia los blockes para hacer encuestas. La calle se llamaba Cantabrica, había negocios, cafés, fruterías, un especie de centrito. Empecé alrededor de las dos de la tarde luego de comer el sandwich de atún que tenía en la mochila en la escaleras que bajan desde la estación hacia Badía la parte izquierda del pueblo, primero las casas bajas lindas, luego los blockes verdes. Terminé casi a las siete de la tarde pero muy cansado; siento que cada vez tengo menos ganas de trabajar haciendo encuestas, no es como al principio que estaba entusiasmado y me esforzaba por hacer siempre siete, este mes a duras penas hago cinco cada día, serán las fiestas o el final del año o será que esto no me da más que dinero. Me siento un poco triste y sólo, siento que tampoco hago lo que me gustaría como escribir en alguna revista o periódico por ejemplo pero tampoco sé si lo podría hacer, además no busco algún trabajo en periodismo.. donde ir? con quien hablar? cuales son las conecciones? También me tiene mal el tema de no lograr vivir en un lugar que me guste y no hacer lo suficiente para cambiarme, además de casi no tener amigos. Bueno, espero a mi hermano que llega en 40 días, mientras tanto me cuesta erradicar la tristeza. Todavía no se con quien pasaré las fiestas, no arreglé con nadie, faltan sólo tres días y hay mucho ambiente del que no me puedo evadir. Diciembre 2007.

domingo, 16 de diciembre de 2007

     Hoy estuve en Girona; es la segunda vez que visito la ciudad. Las dos veces vine en tren. La primera fue en Septiembre del año pasado, cuando cobré el primer sueldo de Block de ideas. Aquella vez había paseado con mi hermano pero como no teníamos cámara no nos llevamos ningún recuerdo fotográfico de esta pintoresca ciudad. Hoy saqué varias fotos en el centro histórico, en el río, en la catedral, en la estación, en el mirador, en las callecitas históricas. Hice el mismo recorrido que el año pasado. Subí hasta donde terminan los edificios de la Universidad y miré la ciudad desde arriba. Llegué hasta un mirador por una escalera caracol y ahí me quedé más de una hora mirando la ciudad hacia un lado y las verdes montañas hacia atrás. Para el lado de Francia se divisaban los pirineos muy lejos, algunos tenían nieve en sus puntas. Desde arriba se veía toda la comarca del Ampurdá, un paisaje suave y tranquilo. El viento era ameno y el sol me acariciaba con delicadeza. Me pregunté a cuantos quilómetros estaría el mar pasando las montañas que estaban detrás mío. En todo el tiempo que estuve no ascendió ningún ser humano al mirador pero sucedió un hecho muy curioso: un perro agotado subió las escaleras y se me quedó mirando con la lengua afuera; era de raza ovejero alemán con algunas manchas blancas, sin duda un perro muy simpático y peculiar, callejero y campestre por naturaleza.  Me hizo compañía durante el tiempo que estuve y cuando bajé me siguió; luego, lo perdí de vista. En el jardín de abajo saqué algunas fotos. Una pareja de jóvenes fotografiaba el pequeño bosque con una cámara profesional. En el otro extremo del jardín un hombre hablaba en portugués por celular. Seguí por las pequeñas calles intrincadas, atravesé arcadas y túneles y bajé unas escaleras muy viejas. Calles y carteles que recordaban a personajes de hace trescientos años, curas, funcionarios, hombres honorarios de la ciudad. Atravesé otra vez el río y las casas pintorescas con colores de Florencia, saqué algunas fotos más desde el puente más importante. Después caminé hasta la estación de omnibus. Mi intención era poder llegar a plaja de Aro o a algún lugar de la costa brava antes de las cinco y estar un par de horas para poder sacar algunas fotos antes de que oscureciera pero todas las ventanillas de las empresas de omnibus estaban cerradas. Esperé un tiempo en la estación pero el único bus que se movía era el que iba al aeropuerto de esta pequeña capital. Al final decidí abordar un bus interurbano y dí una vuelta por Girona de media hora por tan sólo 1 euro con 15 céntimos. Retorné a la estación a las cuatro y media pero el tren a Barcelona recién salía a las 5: 15. Tenía hambre, me compré unas barras de cereal y me senté tranquilamente en la plaza de cemento con esculturas contigua a la estación. Luego saqué el billete y esperé que se hiciera la hora de vuelta. El regreso a Barcelona se hizo interminable, me sentía sólo y con una ansiedad que no podía calmar, ganas de hacer sin saber qué, como tantas otras veces.

jueves, 13 de diciembre de 2007

Rambla de Fabra i puig, barrio de San Andreu. Hace frío, son las seis de la tarde y ya oscureció. Por la salida del metro veo salir mucha gente, cambian de dirección, se dispersan; algunos se aprestan a cruzar y paran en la esquina a la espera de que corte el semáforo, otros bajan por la rambla. Yo también sigo ese camino en busca de un locutorio para escribir algo en el blog o para ver los mails. Hoy puedo ir a la clase de inglés con los mormones pero no tengo ganas de cruzar toda la ciudad hasta Sants, esperaré hasta el martes; ir a las clases de inglés después de trabajar es lo único que hago ultimamente. Ahora camino y camino con el viento que zumba como único compañero mientras observo a la gente. No veo un locutorio por ningún lado y en el puesto de Diarios no me saben decir donde queda el más cercano; cambio de dirección, subo otra vez hasta Meridiana y empiezo a caminar hacia navas, 10 cuadras más o menos. Veo un negocios decorados con motivos navideños; en la puerta de una tienda de perfumes una chica vestida de papá noel invita a probarse una fragancia, al lado hay una juguetería y veo pequeños que miran con curiosidad el escaparate donde un tren de colores sube y baja por la pequeña trocha rodeada de montañas de cartón con algodones que hacen de nieve. Por la avenida los autos van y vienen, con una incognita en su destino en esta ciudad sin fin, quizás un pueblo más alejado, quizás el extrarriado de Barcelona. Más allá, tras el río Besos, hacia abajo está Badalona, para arriba Santa Coloma, distritos muy poblados. En Santa Coloma trabajé repartiendo volantes, fue hace 10 meses y también hacía frío, pero todo eso quedó muy atrás por suerte. Camino lentamente y grabo en mi memoria lo que voy viendo, quizás porque no sé que va a pasar en mi futuro, quizás me quede poco tiempo aquí pero nunca me voy a olvidar de todo lo que viví, la gente que conocí, los días de trabajo sin parar en donde no podía pensar, los cursos de catalán, los recitales, las fiestas de San Joan, Gracia y de La Merced, las exposiciones, las playas, sus pueblos y las montañas. Las vistas hermosas desde el Montjuic o desde el Tibidabo, los museos, los turistas, los poetas y músicos del casco antiguo, las caminatas interminables por cualquier barrio, las pizzas en el Raval y tantas cosas que viví que están fuera de los lugares típicos. Barcelona, una ciudad que contiene infinitas ciudades y culturas. Amor, arte, lucha, sufrimiento. Mar y montaña. Roja como sus techos, azul como su mar y verde de las montañas, eso es Barcelona y mucho más que hay que vivir entre la gente o desde un bar al verla pasar. Baires-Barna, dos ciudades tan distintas, disfruto de las diferencias pero no quiero llorar más ni acá ni allá. Quiero encontrar mi verdadero yo y la liberación sin culpa si es que existe sino al menos aplacar el dolor y la soledad. Terminar con la ansiedad y esta sensación permanente de no estar donde debería. Hace un año y medio que estoy en esta ciudad y todo es muy vertiginoso. Quisiera expresar más y mejor todo lo que viví y no decir tantos lugares comunes pero esto es lo que me sale en esta fría noche sin un amigo en un locutorio del barrio de navas, distrito San Martí.
Diciembre 2007

lunes, 10 de diciembre de 2007

Me compré dos pantalones y un par de zapatillas en Sants, cerca de la estación Hostafranca, al lado del mercado. No me gusta esto de venir a comprar pero lo necesitaba. Por suerte los pantalones me fueron bien y no debí perder tiempo en ir cambiando los talles; las zapatillas no me convencieron demasiado pero no quise dar vueltas. Ya está, tengo algo de ropa, gasté en total 60 euros y quedé vestido. Hacía mucho tiempo que no me compraba ropa, exceptuando medias; es más, en españa es la primera vez que compro. En los quince días que estuve en Argentina compré algo en la calle Avellaneda pero el pantalón se agujereó de tanto usarlo para trabajar durante seis meses. Las zapatillas que tenía las había encontrado en la calle, algunas remeras también y necesitaba un poco de ropa nueva.
No fui a trabajar, llamé para decir que cerraba la ruta de las encuestas en cero porque me sentía mal y por supuesto no me dijeron nada, no me importa si este mes gano menos, ahora tengo un poco de dinero, con llegar a 1000 euros el próximo mes está más que bien. Tengo que mudarme de departamento pero no hago lo suficiente, no tengo ganas de llamar, concertar los encuentros, ir a ver los lugares, etc.. pero si no hago nada el tema no se va a resolver por si solo aunque tengo fe que quizás conozca a alguien que sepa de un lugar, puede salir por algún conocido. Mañana voy a llamar a jennifer una chica venezolana a la que le hice una encuesta la semana pasada. Tiene 15 años pero parece muy madura, además cuando hablamos hubo buena energía. Espero que pueda salir y si quiere no debo forzar nada antes de conocerla. Tendría que aprovechar más este trabajo de encuestador para arreglar con chicas, tendría que llamar a una por semana por lo menos pero no lo hago, muchas veces me quedo callado. Voy a ver si empiezo a confeccionar una lista de tel. con los números de la chicas que me gustan y después las llamo por cualquier exusa de la encuesta y la invito a salir.
Ahora estoy un poco mejor en la casa donde vivo; ya pasaron dos semanas desde que llegué y aunque al principio no me gustaba, terminé por adaptarme, aunque espero irme el mes que viene. Con Mónica limpiamos la cocina y el baño; Juan Carlos, el camarero andaluz, puso una luz en el pasillo y destapó la canería del baño, además compró papel higiénico. Ahora uso un grabador y puedo ver un poco de televisión después de casi 4 meses sin ver nada lo que no estuvo mal, pero me perdí los noticieros en catalán de TV3 y los documentales de la 33 que es la forma que tengo de incorporar palabras en esta lengua. Me falta conseguir un diccionario para no perder el sentido de las frase pero ahora entiendo mucho más que el año pasado. Mónica dijo que me iba a hablar en Catalán para que pudiera mejorar. Ella siempre lo habla, con su hija y con su madre, es su primera lengua. No creo que llegue a hablarlo con perfección pero los dos cursos del ayuntamiento me sirvieron bastante. En el tercero me voy a anotar más adelante porque hay más escritura y una prueba final; quizás me convendría leer un libro e ir anotando en una hoja todas las palabras que no conozco. Tengo en mi pequeña biblioteca "Señyor de les mosques" de William Golding, una rareza, un libro que nunca había leído.
La verdad que esto de no tener un buen lugar para vivir es una mierda. El año pasado no tenía trabajo ni dinero ni nada pero estaba en una casona del Borne supercómodo y no me daba cuenta de eso. Había estudiantes, siempre venía alguien interesante con quien hablar y ahora... Ahora tengo algo de dinero y trabajo pero no encuentro un lugar y no me gusta buscar, lo odio. La última vez visité más de quince lugares en cuatro días para terminar acá y no quiero pasar por lo mismo otra vez. Si por lo menos alguien me ayudara... pero a veces me faltan las fuerzas para hacer las cosas por mi mismo, no me animo, necesito un apoyo; el año pasado con mi hermano todo me resultaba más fácil, ahora cada paso es un sufrimiento, pasos que ni siquiera doy porque estoy mal y no hago nada para cambiarlo, no sé cómo, siento impotencia.
Los primeros días casi no hablaba con mónica pero ahora me contó muchos aspectos de su vida. Trabaja en una disco como "acompañante" de hombres. Primero toma una copa y luego pasa con el cliente a un privado, el funcionamiento típico de los clubes. Dice que esto es temporal hasta que su marido vuelva de "Francia". Luego me enteré de que "Francia" es la cárcel modelo de Barcelona donde su marido está hace cinco años por participar en un asalto a mano armada. Mónica también vende "chocolate" y cuando puede algo de merca. Para esto tiene una pequeña balanza electrónica donde se asegura de que sus cortes y medidas sean buenas. Mientras yo cocino los fideos suele envolver el chocolate en un papel metálico, a veces no me deja espacio para cocinar y si la cocaína cae en mi olla o el agua moja la merca sería un problema. Dice que con la cocaína no se quiere arriesgar tanto, sólo vende de vez en cuando. A veces sus amigos vienen al piso y se ponen a escuchar Sex pistols, Ramones o Led Zepeling a todo lo que da, a veces lo hacen a las tres de la mañana. El otro día uno de sus amigos, ya mayorcito, me contó que había estado veinte años presos porque lo estafaron en un negocio y el se vengó. Hacía traer merca de Colombia y Ecuador, aparentemente le iban saliendo bien las cosas, "el negocio funcionaba" pero la última vez le mandaron bicarbonato. Claro, se vengó y lo que hizo fue cortarle el cuello una noche en una esquina de este mismo barrio al supuesto traidor. No tardaron mucho en encontrarlo lo que le costó una pena de 20 años. Ahora debía tener cerca de cincuenta, había caído a los treinta. Cosas que salen mal, fracasos, me dijo. Yo lo miraba y trataba de poner cara de comprensión. Esto sucedía cerca de la estación navas del metro de Barcelona al lado de un centro social donde el ayuntamiento tiene un comedor. Mónica muchas veces conseguía comida de aquí, además de que tenía la ayuda social del gobierno para los más necesitados. Todos los amigos siempre andaban en este centro de ayuda; a veces yo solía tomar cerveza con ellos en el comedor de la casa o en el bar de al lado pero no me gustaba juntarme demasiado con ellos, todos roban y trafican.
15 de octubre de 2007

sábado, 8 de diciembre de 2007

Metro de via Julia, Nou Barris. Hoy es sábado y de "puente" como se suele decir en España a los fines de semanas que se enganchan con algún feriado. El 6 de diciembre fue el día de la constitución de Cataluña y mucha gente se fue afuera, yo ni estaba enterado y trabajé haciendo encuestas. Algunos me decían con ironía: ¿la fiesta trabájas? y yo le respondía que sí y que eran otros los días que me tomaba libres.
Me gusta el aspecto de este barrio tranquilo. Al bajar del metro se ve la rambla que desciende; la gente va y viene, negocios abiertos y vendedores ambulantes que ofrecen su mercadería: c.d., ropa, flores, películas, carteras. Al costado de la estación de metro hay una feria improvisada para navidad donde venden arbolitos, luces, pesebres, láminas para colorear con motivos del 24, unos papa noeles que descienden en parapente, los papa noele que cagan.  De la estación para arriba es un barrio de muchos latinos; las 5 encuestas del día se las hice a sudamericanos : un muchacho de honduras (ciudad de San pedro, segunda en importancia después de Tegucigalpa, que escuchaba un grupo de música Mexicana llamado "los caminantes" que me gustó), otro chico Brasileño de una ciudad cercana a Brasilia (hincha del corinthias) que me pidió el teléfono de la empresa para trabajar de encuestador, una chica de venezuela morocha y muy linda aunque casada. Luego le hice las preguntas a un hombre mayor boliviano y hablamos de Evo Morales aunque me llamó la atención que escuchara la radio "cope" ( de tendencia franquista) pero quizás la usaba para comparar o divertirse porque a veces lo que dicen es para reirse de la incoherencia. Me hace acordar a la radio de Babi echecopaz están todos locos o "no tanto"; confunden con ignorancia y autoritarismo. La última encuesta se la hice a un ecuatoriano con el que sólo hablé para darle las gracias; hoy ningún argentino. A las tres de la tarde, en medio de las encuestas, fui a comer a un restaurante chino. Pagué 8 euros. Cuando terminé, a eso de las seis de la tarde entré a un locutorio de la calle Más Duran donde había hecho la última encuesta. Otras calles del barrio por donde anduve en este día frío: villandrosa, joaquin vall, Via julia y algunos pasajes cuyos nombre no me acuerdo. Estuve en internet más de una hora buscando distintos temas en el google y después fui sólo a festejar a un bar que cobré el miercoles y que no trabajo hasta el lunes. Una chibeca y a mirar el mundo pasar. Me gustaría salir con alguien pero estoy sólo como siempre; a no llorar, no hay reglas para vencer la soledad; se que lo intento y no puedo pero si no obtengo tengo respuestas tampoco me voy a arrodillar. Ya llamé dos o tres veces y no me llamaron. A M. José dos veces, a Joan tres, a Emilse cuatro. Las relaciones deben ser de igual a igual, tampoco voy a mendigar amistad. Bueno, a beber y mirar la gente en esta noche que cae sobre Barrio nuevo. El lunes tengo que ir a encuestar a "La verneda". Me pregunto donde queda ese lugar, creo que no estuve nunca.
Diciembre 2007.