sábado, 29 de noviembre de 2008

Hace mucho frío. Podría salir pero ya no creo que lo haga. Ahora van a ser las 12.00 de la noche. Escribo por hacer algo, quizás porque más tarde me gusta leer lo que escribo; escribo, aunque ahora no tenga muchas ganas. Hoy escuché música, principalmente a Extremoduro, leí noticias de recortes de diarios viejos que suelo guardar, miré un poco televisión, di vuelta por la casa y luego no supe que más hacer; entonces miré por la ventana y recordé un poco el día. A la mañana estuve en el grupo de conversación de Catalán en Nou de la Rambla 43. LLegué mojado porque llovía mucho y no tenía paraguas. Luego de la clase me quedé con uno de los chicos en un bar. Es un árabe de la ciudad de "El Rabat" que me contó mucho de su vida. Antes vivió en Francia y más atrás en Bélgica pero Bruselas le resultaba aburrida y lenta. Me dijo que tenía intención de casarse aunque ahora no tuviera novia. Yo le pregunté extrañado como era que tenía intención de casarse si todavía no tenía una novia y me dijo que eso no era un impedimento para tener ganas, lo que a mí me resultó muy raro. Estuvimos hablando hasta las tres de la tarde, mientras un hombre con su guitarra tocaba rumbas y flamencos en la barra del bar; desafinaba un poco pero a mí me gustaba.
A las 15:30 me encontré con Maya, una chica rusa que conocí en el curso de catalán el año pasado. Subimos al Fnac, estuvimos mirando discos y libros. Escuchamos mucho tiempo música en los aparatos en que se pasa el código de barra y se puede escuchar, lástima que las canciones están cortadas. Al final me llevé uno de "Heroes del silencio", gira 2007 y otro de "Extremoduro" que estaban en oferta de 6.50 E. Fuimos caminando a mi casa por el Raval, en Mistral paramos a comprar una caja de té y un poco de frutas. Llegamos a mi casa y le mostré mi habitación y la ventana por donde se ve el Montjuic, el M.N.A.C. y el paisaje. Me ayudó a hacer un archivo en la computadora con las fotos de los viajes ya que las tengo todas en C.D. pero no sabía como pasarlas, ahora por suerte me queda una colección de las mejores fotos, algo que deseaba hace tiempo. Maya habló con el marido por móvil y me dijo que se tenía que ir. Seguí escuchando música, me hice un té, miré por la ventana.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

Noche de invierno. A las siete, cuando terminé de trabajar cayeron algunas gotas; Volví caminando despacio a mi cuarto desde el barrio de la Bordeta, no tardé mucho en cruzar Plaza España. Al llegar me hice un sandwich de queso, le puse un tomate y un poco de mayonesa; como habíamos quedado me pasó a buscar Joan. Fuimos al camp nou en metro. Bajamos en "María Cristina". Llevé la camiseta de San Lorenzo, me saqué algunas fotos en un estadio con muy poca gente. Entramos gratis gracias al primo que le prestó dos carnet de los suegros que no iban. Cuando alguien no va se puede prestar el carnet a otra persona, son lugares con derecho a ocuparse pase quien pase con dicho carnet. Messi pateó un penal justo frente a mí que estaba abajo de todo del lado de ese arco. Le saqué una foto. Gano 1-0 al Benidorm, "un clásico de los paises catalanes" dijo en Broma Joan cuando nos fuimos. Esta copa es rara, juegan equipos grandes contra equipos chicos de segunda categoría como si jugara San Lorenzo-Sarmiento, por ejemplo. Otra noche de Domingo, fuimos otra vez al camp nou. Barcelona jugó contra el Getafe. Le compramos las entradas a un chileno que las revendía en la puerta. 25 E. cada una. Fuimos arriba, al medio frente a los palcos. Había mucha gente, casi llena, lindo ambiente, aunque mucho frío y pocos cantos. Se veía muy bien. Golaso del Getafe, desde lejos y bien colocada que vi perfecto. En el entretiempo subí hasta el final del estadio para mirar la ciudad desde arriba: A un lado se veía la montaña de colserrola y para el otro la del Montjuic con el castillo iluminado y las luces. En el segundo tiempo gol de Keita de cabeza. El arquero del Geta es abondanzieri. Empataron 1-1; la verdad que esperaba más ; se notó la ausencia de Messi que miró el partido desde el palco, frente a mí. Igualmente el Barca sigue primero. A la salida caminamos por Diagonal hasta la plaza Francesc Masia. Tomamos el metro y fuimos hacia la zona de Gracia, nos quedamos en un bar indio y pedimos un shawarma cada uno y un agua mineral que compartimos, miramos un poco de tele. Acompañé a Joan hasta la casa, cruzamos la nueva pza. Lesseps y joan me dijo que a algunos de los vecinos no le gustaba esta nuevas esculturas de finos hierros gigantes, fueron tres años de obras, de un puente de madera que había que cruzar para traspasar la avenida; para mí las obras estaban bien. Subimos por Rep. Argentina, hablamos del premio literario concedido a Juan Marsé, le pregunté si había leído algo y me dijo que sólo notas sueltas de revistas, yo le conté que había leído "si te dicen que caí" cuando estudiaba en el profesorado J. V. Gonzalez en Argentina pero que ahora no me acordaba mucho, pero le dije que hablaba de este barrio, del puente de Balkarka y del carmelo, de chicos que crecieron en la calle y de una mujer paralítica y tiránica de que el libro estaba escrito como en flashes que mezclaban tiempos, época de la posguerra franquista. Hablamos un poco de los barrios de "Horta" y "El Carmelo", de la nueva estación de metro que estaban por inaugurar en el carmelo donde se había producido un derrumbe por la obras tiempo atrás. Me acompañó hasta la estación Balcarca pero no tenía ganas de volver en metro así que salimos por la otra entrada y esperé el 27 en la Avenida; a la izquierda el puente, la montaña con el tibidabo iluminado que parecía cercano, el viento movía algunos papeles en la calle vacía iluminada por los faroles. Invierno en cataluña, noche de fútbol, poca gente en la calle, vuelvo a mi casa a medianoche.

sábado, 22 de noviembre de 2008

De apoco la melodía aumenta pero es suave y relajante como campanadas dulces mezcladas con organos eclesiásticos y voces afinadas y corales que cantan en la lejanía; luego una batería y un bajo se animan a integrarse para darle por fin lugar a los acordes de una guitarra eléctrica. No había ninguna iglesia cerca del bar pero el sonido penetraba y tapaba a las canciones que sonaban en la fonola. Les digo a los demás pero nadie escucha la moderna música feligresa, todos cantan a Fito@Fitipaldi que está muy bien. Yo no lo conozco mucho y Alberto me dice que se volvió más comercial, que le gustaba más con platero y t y empieza a cantar.... Nosotros jugamos distendidos al billar en una punta del bar. Están Joan, Alberto y Manel. El primer y segundo partido juego con Alberto y les ganamos con facilidad. En un sólo tiro metí tres bolas lisas y cuando la negra tuvo que entrar lo hizo en el lugar indicado sin dificultad. Joan no decía nada, Manel protestaba contra el corto tamaño del billar y hacía enremolinados gestos vehementes. Durante el tercer partido Manel se subió encima de los bordes del billar para poder tirar mejor y por momentos se balanceaba para adelante y para atrás; el espectáculo se veía desde distintos puntos del bar y al dueño no le pasó inadvertido por lo que se acercó para decirle que se bajara. Manel accedió rápidamente pero el hombre parecía enojado y se quiso llevar nuestras cervezas antes del último trago a los que nos negamos con rotundidad. Le remarcó a Manel que no volviera a subirse y se fue con cara de enfado. El tercer encuentro lo jugué con Manel. Perdimos muy rapidamente, tan rápido como la velocidad con que terminamos los últimos tragos. Manel no intentó subirse a la mesa sólo daba algunos saltos de alegría cuando bajamos unas escaleras y doblamos por un pasillo que daba a un pequeño bar pintado de rojo y azul añil. Botellas de todos los colores se alineaban en un escaparate arriba de la barra. Manel seguía dando saltos de alegría, Joan trataba de calmarlo pero sus palabras no hacían mucho efecto. Alberto nos volvió a invitar y hubo cervezas para todos; era el único que tenía dinero en el bolsillo y sin embargo no trabajaba ya que como había tenido un buen empleo ahora cobraba una suma considerabla por desempleo; hacía cinco meses que no trabajaba, hacía cinco que cobraba, beneficios interesantes de la socialdemocraciaeuropea, ojalá eso existiera del país que vengo. No estaba mal vivir así por un tiempo pero según sus palabras ya se estaba cansando y pronto comenzaría a buscar trabajo pero todos sabíamos que siempre postergaba ese momento y hacía tres meses que le escuchábamos decir lo mismo. Alberto gastaba mucho dinero en todo tipo de bebidas, marihuana, chocolate y cigarros y cuando salía invitaba sin regatear. También siempre andaba con blanca y esa misma noche nos invitó a todos pero nadie quiso. Más tarde fue hasta el baño y tardó unos minutos. Volvió con la cara mojada y un poco más contento y hablador. Se acercó a la barra junto con Joan y trajeron fichas de dominó. Siete fichas para cada uno y a esperar que la suerte beneficie a alguno de los cuatro, como premio una cerveza pagada por los restantes. Para
mí que me deshago de los números grandes y puedo ganar el partido mientras miro las botellas de colores en la pared y el humo de cigarrillo que ensortijado se dirije hacia la puerta. Es el único que gano de los cinco que jugamos. Joan ganó los otros cuatro y es el indiscutible campeón. Luego hablamos un rato de fútbol, son todos del Barca e insisten para que me haga hincha del club. Les digo que no, que soy hincha azulgrana pero argentino y les canto alguna canción de la hinchada de San Lorenzo y me escuchan con atención. Me dicen que tengo que ir al Camp nou y les digo que sí pero como la entrada es supercara necesito un carnet.. ahí estábamos hablando de todo un poco y del partido Valencia-Barcelona a jugarse el próximo domingo.

viernes, 14 de noviembre de 2008

 Salí a caminar un poco. Primero anduve despacio por Paralel abajo y paré a comer en la Pizzería vieja, esa pizzería que en la entrada solo dice Pizzas y que me hace acordar a Retiro o a Constitución por los colores marrones y la simpleza, una barra, un horno, azulejos, ninguna decoración estrafalaria, sólo lo indispensable para cocinar. El dueño, un Uruguayo que lleva décadas acá, cuando no trabaja se la pasa leyendo un libro del lado de la calle, hiperconcentrado en esa tarea, como si el trabajo no fuera tan importante, algo secundario que hay que hacer para poder vivir pero no la tarea principal, lo importante es leer.  No sé que libro estará leyendo pero parecen clásicos porque siempre son libros gordos y ediciones antiguas aunque nunca pude ver el titulo de ninguno. Los domingos a la hora del futbol hay una vieja radio que transmite los partidos y se reúne mucha gente a hablar y comentar los resultados. Sin embargo, hoy viernes 7 de la tarde, el lugar está vacío, el único que come parado en la barra soy yo aunque al fondo  hay otro hombre jóven de pelo largo que habla con el pizzero, empleado que tiene tantas atribuciones como el dueño o incluso más ya que parece encargarse de todo. Hoy me faltaban unas monedas y me dijo que no me preocupara, que por cincuenta centavos no iba a ser más rico ni más pobre y se rio. Comí dos porciones enteras, tomé una coca light y luego caminé por Nou de la Rambla derecho con más ritmo que antes; subí un par de veces por las ramblas y después fui hacia El Borne; entré en el Parque de la ciutadella. Me quedé sentado un rato por la estatua que homenajea a la exposición universal de 1888, esa gigantesca estatua pero hacía mucho frío para quedarse y seguí caminando. Luego, cuando volví pasé por el convento que está al lado del museo de chocolate. Anunciaban un recital gratuito en el bar del lugar. Pregunté y me dijeron que ya empezaba, entonces entré. Me gusta la arquitectura de este convento, los detalles de los arcos, el patio, la tranquilidad del lugar. Pasé al bar: era una chica argentina llamada Ignacia que hacía un pop Electrónico según anunciaban. Abrió con el tema de Charly "Vía Muerta", una linda interpretación. Después cantó algunas canciones en inglés y otras en español que supuse eran de su autoría. Me quedé pensando si estaría viviendo en Barcelona o estaba sólo haciendo una gira, no sé porque se me dió en pensar eso y de alguna forma pensé en que sería lindo vivir en Argentina y desde allí tener la posibilidad de viajar al exterior, fortuna de la que gozaban muchos artistas. Anunció un próximo concierto para el jueves 27 de noviembre por la zona del metro de torrassa, zona de muchos latinos, vieja zona conocida por mí por haber trabajado tanto con las encuestas. La chica tenía actitud y mucha seguridad en la interpretación, además era muy sensual al expresarse. Al terminar me quedé un rato en el bar observando el ambiente y como se retiraba la poca gente. Cuando ya no quedaba nadie me fui hacia la rambla del Borne y me quedé sentado en un banco mirando a la gente. Luego le compré una cerveza a un vendedor ambulante Pakistani y seguí mirando a la gente en un banco de piedra sin hacer nada.

domingo, 9 de noviembre de 2008

     Hoy domingo trabajé por la zona de Fabra y Puig. A las tres de la tarde, mientras le hacía una encuesta a su mujer, un hombre me cerró la puerta en la cara y me dijo que si no salía del edificio ya mismo llamaba a la policía; pasé un mal momento y por las dudas preferí irme. Poca gente quiere contestar un domingo, además de que a todos les resulta raro un entrevistador golpeando puertas en el día de descanso. Me sentía cansado y paré más de media hora a tomar un café en un bar atendido por chinos. Leí un poco el "Periódico de catalunya" en catalán. Luego de un rato, al entrar a un edificio, una mujer aceptó la encuesta; habían pasado más de dos horas desde que había hecho la última. Hice dos encuestas más, se hicieron las siete de la tarde y cerré el trabajo. Por la noche pasé por la casa de Pablo, un chico argentino de Avellaneda que trabajó un tiempo en la empresa y conocí casualmente en la oficina un día que iba a cambiar una batería que no funcionaba. Fui caminando desde Fabra i Puig hasta el Clot, todo derecho por Meridiana y descubrí la nueva entrada de la estación Navas que cuando yo vivía estaba en construcción. Pablo compartía el piso con tres chicas vascas de Vitoria, una de las cuales eran muy linda y trabajaba de modelo pero estaba con un chico de ocasión tirada en el sillón y casi no miraba. Las otras dos también eran interesantes, hablamos un poco pero todo quedó nada más ahí.

Hoy hice encuestas por la zona de Avenida Tibidado, Balmes arriba de todo. Era difícil entrar a los edificios y me tuve que colar en varias ocasiones en el horario en que no había portero. La última la hice en la calle Hurtado a un catedrático en Comunicación audiovisual llamado Román; desde la puerta podía ver una biblioteca con cientos e incluso miles de libros y videos de todo tipo, parece que el tipo es importante en el ambiente. Luego del trabajo subí por las escaleras mecánicas en la calle Roma y entré al Parque Turot Puget que tiene una vista hermosa de Barcelona con la luna llena sobre la ciudad. No había nadie en el lugar y mis pasos repiqueteaban en la noche silenciosa. En un cesto de basura encontré una revista, me senté en un banco iluminado por un farol y me quedé leyendo más de media hora la nota sobre un chico anorexico que había sido modelo. Después de leer me quedé mirando la ciudad desde la montaña, se veían muy bien las torres altas de Villa Olímpica. Caminé un poco más por el parque vacío. Luego, bajé por otra parte del Parque que da a la calle Homer pero no seguí por esta sino que fui hacia a la Avenida República Argentina y me sorprendí de que estuviera tan cerca de la zona de Balmes; se me ocurrió pasar a buscar a Joan pero tuve que esperar porque estaba comiendo. Bajó luego de un momento y me contó que el primo le dejaba dos carnets para el partido del Barca contra Benidorm. Excelente idea la de ir al Cap Nou. Quedamos en encontrarnos el miercoles una hora antes del partido en la estación María Cristina, cerca de la gasolinera. Bajé hacia Lesseps y esperé el 27 que me dejó en plaza España. Al llegar a mi casa me hice unos fideos con atún y manteca. Luego en la televivión daban la película "Cadena Perpetua", una hermoso film sobre la perseverancia y la insistencia hasta en las peores condiciones; yo la había visto hace unos años y justamente el otro día estaba pensando en esa película. Las pèlículas del género "Escape de carcel" me gustan mucho; recordé también "un concenado a muerte se escapa", "Papillón" y "Expreso de Medianoche". Me gustaría ver todavía más de este género. Antes de acostarme me quedé reflexionando en la libertad y su significado y deimensión verdadera y sin compararme con alguien que sufre una condena pensé que yo muchas veces me sentía sino preso atrapado, con falta de libertad o limitado; el hecho de trabajar tanto sin parar y luego en los días libres no saber que hacer, sentir que no aprovecho el tiempo, no escribir como quisiera hacerlo si quiero mejorar la escritura, la falta de motivación y todo eso, además de pasar tanto tiempo solo me hizo hacer esta comparación.

martes, 4 de noviembre de 2008

     Habíamos ido a un recital de Sui Generis gratis en P. Sarmiento a fines del 2000, en ese mismo ciclo creo que después tocaron los cadillacs. Volvimos en colectivo a Villa Ortuzar y ya en la casa de la calle Guevara la vi buscar algo que no pude ver bien detrás de los libros. Luego nos tomamos el 65 a caballito, después de atravesar el cementerio. Fiestas de año nuevo, ambiente seco de enero en Buenos Aires próxima a quedar más vacía por todos los que se van a la costa. Bajamos en Rosario y Avda. La Plata, giramos en Doblas y caminamos hacia el parque. Nos quedamos cerca del monumento. Miré el reloj, eran casi las dos de la mañana. No era tan tarde y sin embargo la noche me parecía eterna, interminable desde las 9 de la noche en que habíamos empezado a hacer cosas. Ella no hablaba demasiado y se reía todo el tiempo, miraba para arriba. Me hubiera gustado besarla en ese momento pero no quería apresurar los tiempos como otras veces que me había equivocado, esperé y pensé que lo mejor era la naturalidad, también para mí.  Seguimos hablando, ella miraba la luna y a veces me miraba también a mí y hasta me parecía que le brillaban los ojos. El parque le hacía acordar a su época del secundario, a principio de los 90 cuando salía del nacional 17 y se sentaba en el pasto con sus amigos del que solo conserva a dos o tres aunque se ve muy poco. No le quise preguntar mucho, no quería saber nada de sus ex -novios para no entrar en la postura del perdedor. Pero yo me imaginaba esa época, además había visto algunas fotos suyas. Se hicieron las tres de la mañana y fuimos hacia la casa donde yo vivía con mis padres que en ese momento dormían. Saqué una sidra sobrante de la heladera y fuimos al balcón. Tomamos con tranquilidad, el tiempo parecía detenido. Sacó de su cartera un papel, lo puso en la mesa y aspiró. Yo veía al vecino de enfrente como observaba, pero no le dí importancia. Hablamos mucho tiempo, nos reíamos de cualquier cosa. Le dije que si quería podía quedarse a dormir en mi casa. Al principio puso algunos peros pero después se fue dejando llevar por la suave conversación que no dejaba entreveer ninguna intención que yo tuviera sobre ella. Seguimos hablando en el silencio de la noche y a eso de las cuatro fuimos a mi cuarto, la dejé dormir en mi cama y yo me tiré en el piso. Apenas pude dormir. Cuando se hicieron las seis me acerqué a la cama y me hice un lugar entre ella y la pared. Al principio la toqué y luego la abracé delicadamente, luego le dije que me gustaba. Ella inmediatemente replicó: "Todos los hombres son iguales, buscan lo mismo y además no sé si estas diciendo la verdad" pero no sacó mi brazo de su cuerpo ni mis labios de su boca.

domingo, 2 de noviembre de 2008



     Era un viejo Marinero de casi 100 años que solía pasearse por los muelles del puerto. Caminaba por las dársenas, entraba y salía de los barcos, hablaba con los capitanes y marineros y también se entretenía dándole de comer a los lobos marinos y a los  perros vagabundos. También le gustaba estar cerca de los gatos pero a estos nunca les daba de comer, sino que le gustaba acariciarlos y podía pasar horas con un gatito en su regazo. Sabía que a los gatos no había que buscarlos sino esperar que ellos se acercaran. 
 El marinero siempre llevaba puesto un traje azul, (pantalón gastado y camiseta vieja) y una boina blanca y nunca dejaba su pipa, cuyo humo con olor a tabaco viejo parecía seguirle como su propia sombra. En otros tiempos, aunque no tan lejanos, ya que había dejado de navegar hacía relativamente poco, supo recorrer con distintas embarcaciones los mares del mundo como pescador o trabajador de a bordo y ahora solía contar sus experiencias a los jóvenes o a quien tuviera curiosidad de escucharlo. Siempre tenía una historia diferente a mano, nunca regateaba detalles y podía extenderse horas y horas sobre cualquiera de sus vivencias y conocimientos. Era un buen narrador oral de aventuras y muchas veces contaba con varios oyentes que se admiraban de lo que el viejo había vivido además de todo lo que sabía ya que también solía hablar de la historia de Fenicia, Grecia, Roma, Egipto o Cartago y demás civilizaciones antiguas. Es que claro, durante sus largas travesías siempre llevaba libros para leer en las noches de insomnio o para las semanas de mal tiempo en que había poco pique.  Algunos habitantes del pueblo lo tenían por delirante, otros por sabio, otros por vagabundo, otros por filósofo; en fin, era un viejo que daba que hablar y a nadie le resultaba indiferente. Ahora parecía sentirse en un remanso de paz después de una larga vida agitada entre el mar, los puertos, las aventuras y los libros.
  El viejo marinero tenía su propia filosofía de vida que a veces resumía en dichos populares o frases como"tranquilidad y buenos alimentos" "o "Dios aprieta pero no ahorca". Toda su sabiduría parecía exudar desde las arrugas de su cara y sus pequeños ojos azules y vivaces que a veces se abrían como platos ante una sorpresa o hermosos detalles de la naturaleza como una puesta de sol o una noche estrellada. El viejo poseía una rutina que repetía casi a diario: por la mañana, que para él empezaba cuando los gallos cantaban y todavía el cielo estaba negro se hacía unos mates mientras se  desperezaba; después, al aclarar, se acercaba al bar del muelle donde desayunaba su infaltable café con leche y medialunas de grasa mientras leía el periódico, hacía un crucigrama o repasaba algún volumen de historia universal sacado de la biblioteca. Miraba el cielo y la dirección del viento y ya sabía como sería el clima y las mareas,ya no necesitaba escuchar la radio de la prefectura.  Luego, pasada la media mañana pescaba con su vieja caña un par de horas en el muelle central; a veces tenía suerte y llenaba un balde de corvinas o pejerreyes y otros días sacaba muy poco. Era raro esto de la pesca y después de tantas décadas no siempre estaba del todo seguro cuando habría pique y cuando no; a eso de las dos de la tarde caminaba hasta su hogar, una buhardilla en un quinto piso con vista al mar que le cedían en un viejo edificio portuario donde se cocinaba, generalmente pescado y luego comía con parsimonia; más tarde, después de una pequeña siesta y a eso de las cinco daba vueltas por el pueblo y hablaba con la gente fueran pescadores o no y se informaba de noticias o anécdotas. Cuando empezaba a caer la tarde, volvía a su casa a cambiarse de ropa, se abrigaba y se sentaba otra vez en el rincón de alguno de los tres cafetines que había en la circunvalación que rodeaba al puerto a mirar el cielo y las estrellas mientras sorbía pausadamente un poco de ginebra. Bebía y fumaba, pero con moderación y nunca se lo vio desubicarse en alguna tarde o noche que se pasó con el alcohol.  En fin, era un viejo noble, con luz y brillo propio que nunca olvidaba el arte de la vida según se lo oía decir. Se lo notaba vivir en concordia y tranquilidad después de una vida muy agitada entre las olas del mar que había navegado, entre soledades y tempestades de viejo marino que atravesó el siglo XX en los barcos.
   Este viejo no había nacido en la zona sino que provenía de una ciudad del interior, ni grande ni chica pero ciudad al fin. Había llegado de muy pequeño junto a sus padres para poblar esa zona costera y ya nunca se había movido del barrio del puerto sino para navegar. Conocía los cinco continentes, pero siempre por haber desembarcado unos días, ya que sus viajes estaban ineludiblemente unidos al trabajo.
   Sus progenitores, al llegar, se instalaron en una casa pequeña de frente color verde y enorme jardín en la parte trasera donde él solía jugar durante todo el día cuando era niño. Esto ocurrió promediando la década del 30, hacia el 35 o 36. En este pueblo el chico fue despuntando su adolescencia e integrándose a la vida del pueblo. En esa época, después del colegio, sus días pasaban entre los muelles y los barcos, entre redes y anzuelos y hombres que conocían el mar y el trabajo de marineros viejos desde fines del siglo XIX. Empezó jugando en los barcos, saltando de una popa a otra, escondiéndose con otros chicos en las cabinas y los camarotes, en las viejas casetas del puerto y debajo de las maderas podridas de los muelles. En ese ambiente, donde abundaban antiguas historias de piratas y bucaneros, islas lejanas, tesoros perdidos, naufragios y marineros desaparecidos fueron pasando los años. Cuando cumplió 17 el capitán de un pequeño barco le ofreció como regalo acompañarlo junto a su tripulación a un viaje muy corto de dos días y sus padres lo autorizaron un poco a regañadientes. Fue así como por primera vez el chico, futuro marinero, surcó el mar en el largo invierno del 43, mientras la vieja Europa estaba en guerra y las noticias se oían y leían como algo muy lejano, aunque algunos habitantes del pueblo a veces comentaban  que la guerra se trasladaría al sur del continente americano.  Este viaje, fue una pequeña iniciación que decidiría para siempre su futuro en los océanos inmensos. Luego empezó a hacer un trayecto cada mes o a veces más. Estos primeros viajes fueron muy suaves si se los compara con los años duros que prosiguieron. 
    La década del cincuenta lo encontró de lleno dedicado a los trabajos de pescador.  Los viajes que emprendían eran verdaderas travesías que podían durar varios meses. El barco se alejaba de la costa y podía estar muchas semanas sin tocar ningún puerto con días nublados, noches cerradas y largas tormentas. Con el tiempo fue comprendiendo las mañas del oficio ya que el trabajo del mar se hace bien después de mucho tiempo y siempre le asignaban junto a otros compañeros nóveles como él, los trabajos más pesados como limpiar el barco, levantar las pesadas redes luego de la pesca o quedarse toda la noche de vigía. A pesar de la dureza de estas labores pudo adaptarse alegremente y sentía alegría de haber elegido el oficio. Había decidido que este sería su futuro y por eso trabajaba y se esforzaba hasta poder dominar todas las tareas. Fue así como pasó temporadas realmente duras entre el frío, el cansancio y el sueño pero su decisión siempre lo mantenía en pie y su esfuerzo se veía poco a poco recompensado al percibir los pequeños pasos que lo hacían progresar y volverse  más diestro en las faenas. Por ejemplo, después de mucho tiempo, podía levantar las velas, incluso con el viento soplando fuerte; tampoco le costaba ordenar y clasificar los anzuelos y las redes le pesaban cada vez menos a la hora de levantarlas y enrollarlas. Lo más duro, al principio, fue dormir atado con fuerza al camastro en las noches de mucha marea para no caerse con el vaivén de la nave.
       El viejo nunca se casó, aunque se enamoró tres veces en su vida, sacando los amores furtivos de la adolescencia.Una vez a los veinticinco años de una mujer llamada Paula con quien tuvo a su único hijo. Con ella vivió casi treinta años hasta que las peleas,las rutinas y sus largas ausencias hicieron que la pareja se quebrara y ella se fuera a vivir a otras tierras. Quedó sólo con el hijo a quien le enseñó todas las tareas del mar y a quien inició en sus primeros viajes. A sus casi cincuenta años se volvió a enamorar de otra mujer, pero no fue correspondido. Con esa mujer joven, casi veinte años menor que él, habló en muchas ocasiones y siempre le quedó la sensación de que los prejuicios y la oposición familiar (ella pertenecía a una de las familias ricas de la zona) hicieron que ese amor no fuera posible. Quedó años golpeado por ese desamor pero los viajes en el mar lo hacían si no olvidar, apaciguar la tristeza. A sus casi sesenta años conoció a su última mujer con quien vivió durante veinticinco años y quien murió en sus brazos a los setenta y ocho años. Luego de ese momento vivió en soledad hasta la época actual.Ya no buscaba amores, sino que repasaba los que habían sido y se alegraba de ello. No fue un hombre de muchas mujeres, pero quiso y respetó mucho a las que estuvo y sintió que ellas también lo quisieron. Ya su soledad no lo mortificaba como durante su juventud y se sentía contento desde hacía muchos años. También había tenido la oportunidad de ubicarse en un trabajo de más prestigio y mejor visto socialmente pero lo dejó. A sus cincuenta años le ofrecieron trabajar de profesor de historia o geografía (las materias para las que estaba más preparado) en el excelente colegio nacional de la zona. Aceptó unos meses pero luego el amor por el mar pudo más y dejó la tarea docente, que de por sí ya la hacía en los barcos y a veces en los muelles transmitiendo a los trabajadores más jóvenes sus conocimientos del mar y de historia mundial. Así que no es que le desagradase la docencia pero su amor por el mar lo atraía poderosamente. Años después le ofrecieron un cargo político, ya que era un vecino antiguo y de comportamiento ejemplar pero también lo rechazó. No porque no coincidiera con ese partido político (de hecho era simpatizantes de ellos desde hacía muchísimos años)  sino porque sabía que a veces en la política pagaba justo por pecador. Digamos que el viejo prefería apoyarlos desde afuera, como un ciudadano común y no ocupar ningún cargo por más que estos le significaran un aumento grande en sus ingresos. A sus setenta y cinco años otra vez le ofrecieron trabajar con la prefectura en un puesto jerárquico que consistía en entrenar a los que controlaban el estado de los barcos pero tampoco aceptó y siguió navegando hasta casi los noventa. Luego se júbilo con los aportes mínimos y empezó a llevar vida humilde de muelle. El dinero de la jubilación se lo gastaba en los pocos bares del puerto y en algunos libros.  Ahora,lo estaban por nombrar "ciudadano ilustre de la ciudad", a lo que no se negaría, al fin y al cabo su vida además del mar había estado ligada a ese puerto al que siempre volvía. No fue falsa modestia rechazar empleos de prestigio o con mayores sueldos, simplemente lo atraía más el mar.  El siempre había seguido a su corazón, que le indicaba que su camino era en las naves que surcan el mar.          

sábado, 1 de noviembre de 2008

Fue un día curioso a pesar de haber hecho sólo dos encuestas. Por la mañana, antes de salir de casa, como no tenía paraguas le pedí uno a María, la señora con la que vivo y pasé por el kiosko de diarios a comprar Público que traía la peli "24 hour party people";  luego Viajé desde Plaza España hasta el metro de Glorias donde esperé unos minutos el tranvía eléctrico. Le Pregunté a una chica por el que iba por la Gran vía, cuya última parada era Gorg y me dijo que no tardaría mucho. Llegó después de unos minutos, viajé sentado y relajado como siempre que voy en este transporte, realmente un lujo, el mejor transporte de Barcelona. Pasó por debajo de la gran vía, luego la zona de los blockes de Alfons el Magnanim, giró y a los cinco minutos cruzó el río Besos. Me gustó cruzar el río en tranvía y ver de golpe Badalona otro distrito donde cambian a rojo los letreros de las calles y se nota que es otra zona. El tranvía atravesó la calle Torrassa y cuandó giró bajé. Al salir miré hacia la izquierda y vi las tres grandes chimeneas marrones, símbolo de la zona, a lo lejos; luego empecé a caminar hacia los blockes de Mareu de ... no me acuerdo. Las cuotas de las encuestas estaban muy cerradas y no podía hacercela a nadie. Bajaba y subía escaleras, tocaba puertas pero nada. Intenté varias veces pero la computadora me ponía "Selección fuera de cuota", necesitaban personas de 50 años que trabajaran y que vivieran con más de tres y no parecía haber. Ya eran casi las dos de la tarde y no había hecho ninguna. Seguí tocando timbres y en los bajos de un edificio me atendió una chica jóven toda vestida de negra y con una capucha roja como un Samurai oriental, una indumentaria realmente muy extraña. Me dijo que tenía poco tiempo porque estaba de luto debido a la muerte de su abuelo de 84 años y me mostró la foto: un viejo de pelo rojizo, ojos aceituna y mirada pálida. La chica tenía un aspecto sombrió con ese traje, además de que se la notaba cansada y con los ojos rojos. Empecé a hacerle las primeras preguntas y de repente escucho la voz de la hermana que me empieza a decir "Chico guapo" "a que hora nos vemos" "guapetón" y otros piropos, yo la escuchaba pero no la podía ver, escondida detrás de una segunda puerta que parecía dar a un patio. La encuesta no se la pude hacer porque también estaba fuera de cuota pero traté de hablar con la hermana que me seguía diciendo esas cosas, le dije que se acercara pero me decía que era muy tímida, logré verla y no era muy linda pero tampoco podría decir que fuera fea; tenía puesto un pijama rosado y estaba en ojotas. Le dije que más tarde pasaría a buscarla pero cuando se hizo de noche y terminé de trabajar no pasé, fui directo al tranvía que me dejó en Glorias. A las tres de la tarde recuerdo que comí en un bar. Una historia en Badalona uno de mis tantos días de encuestador. Ahora que releo la historia no entiendo porque no volví, quizás fue desgano o el presentimiento de que no iba a pasar nada.