Viladecans, calle Siglo XXI y La Marina. El tren llega rápido desde Barcelona, después caminar unas cuadras. En este complejo de edificios repartí publicidad buzón por buzón hace exactamente dos semanas para la empresa "Mapi 21", una tarde dura en la que terminé muy agotado pero ahora no queda ni rastro del papel que puse profusamente en las puertas de los edificios. Desde ese día parece que haya pasado mucho más tiempo que solo 15 días. Ahora vengo otra vez pero no en camioneta como aquel día sino en tren y con una computadora que sirve para hacer encuestas. Camino desde la estación rápido y con nervios, largas cuadras polvorientas al lado de obras en construcción para nuevos edificios, movimiento de obreros y grúas. Después de quince minutos llego hasta la zona que me tocó encuestar . Voy a trabajar en el mismo lugar que aquella vez y me siento un poco desgraciado de hacer distintas faenas en el mismo lugar, como si fuera usado e hiciera todos los trabajos del mundo, pero ahora no puedo ponerme a pensar en esto y tengo que seguir. Ayer, en las oficinas de la empresa, me dieron un curso de formación durante más de cinco horas explicándome paso por paso la entrevista y el sistema para hacerlas. Tengo muchas dudas y cosas en la cabeza, además estoy nervioso, esto de tocar puerta por puerta es un poco arriesgado, uno nunca sabe con que se puede encontrar pero debo aferrarme si o sí a este trabajo, es lo que tengo por ahora y creo que lo puedo hacer por la experiencia en la venta de libros y el trabajo de encuestas en oficina, es una combinación de las dos cosas, hablar con la gente y preguntar.
Ahora el día está nublado pero se puede entrever un poco de sol detrás del cielo gris; hay ráfagas de viento y hace frío en este final de invierno pero estoy transpirado y tengo calor. Hoy es 24 de febrero y se van a cumplir 9 meses desde que estoy en España. Me saco la campera y la guardo en la mochila. Camino hasta el hall de un edificio, enciendo la computadora y anoto en un papel las calles que debo recorrer;compruebo con suerte todas estan por el mismo lugar. Los edificios parecen recien estrenados, con ladrillos rojos a la vista, paredes blancas y ventanas amarillas; a los costados hay grandes predios en obras con muchos obreros, camiones y grúas desde donde se levanta tierra que sube enremolimada al cielo gris. Llego a la primera dirección que me sale en la computadora y toco todos los pisos pero hay poca gente y los pocos que me atienden me explican que no se puede ingresar, insisto pero es inútil, todos me dicen lo mismo, "pues llama a otro".
En el próximo tampoco tengo suerte y no me dejan entrar. Toco piso por piso, sigo insistiendo pero nada. Sigo así casi media hora. Suerte en el tercero, una mujer jóven que viene con su hija me deja pasar y además acepta la entrevista. Es la primera que logro y no me puedo quejar. Hacer la encuesta me lleva como media hora pero la chica no me dice nada, mientras su pequeño hijo inquieto sube y baja por una rampa de ingreso para minusbálidos.
Me doy cuenta rápidamente que este trabajo consiste en persistencia y tesón, preguntar, insistir y no claudicar ante los no, parecido a la venta de libros, igual a las encuestas por teléfono aunque más duro, porque hay que tratar de ingresar a los edificios pero cada tantos no, viene un sí, aunque a veces se haga difícil escuchar tantas negativas seguidas o muchas formas malas de contestar. Pero bueno, prefiero trabajar de esto que de repartidor de volantes, dependiente, camarero, e incluso administrativo ya que me sería imposible trabajar encerrado en una oficina ; acá soy libre e independiente y nadie me marca los horarios, aunque también es cansador y todo depende de mí pero así y todo lo prefiero siempre y cuando haga las suficientes encuestas; creo que voy a poder.
Febrero 2007.
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