sábado, 18 de agosto de 2007

Hoy estuve en Casteldefells. Desde Barcelona el tren demoró aproximadamente treinta minutos. Es la primera vez que bajo en este lugar, aunque ya había pasado algunas veces cuando viajé a Sitges; Pero hoy no voy a pasar un día en la playa sino a trabajar. Primero debo buscar las calles que figuran en la computadora y luego seguir un sistema de conteo para hacer encuestas. El rumbo varía si la gente me contesta o no, incluso si no quieren hacer la encuesta; ausencia de hogar( si no hay nadie) o negativo (si no quieren hacerla) , todo depende. Bajo de la estación, atravieso una plaza muy cuidada y camino una cuadra hasta un cruce de caminos. Muy poca gente a estas horas del domingo temprano; busco la Calle Manuel Girona 74; le pregunto a un taxista y me señala con un dedo la dirección ,"todo recto", agrega. Camino por el pueblo con tranquilidad, son las diez de la mañana. En las calles no se ve a nadie. Los pájaros trinan alegremente en la copa de los árboles de una calle principal, en una esquina una mujer gorda de mediana edad abre las persianas de un bar y se me ocurre que un buen desayuno me va a dar fuerzas para toda la jornada. Entro al bar "Salvador" y pido un café con leche y dos medialunas ( Croissans). Saboreo
lentamente y con parsimonia. Le pago antes de irme, gasto 2.50 Euros que para mi maltrecha economía es demasiado. Miro un poco la televisión , hay un documental en catalán sobre la vida de los elefantes en la India. Miro un rato la calle, cada tanto pasa algún auto. Después enciendo la computadora portátil y me fijo de nuevo en la pantalla el camino que debo recorrer hoy. La mujer que atiende me mira y yo me averguenzo un poco; este portátil parece darme un aire de importancia porque la gente me mira más; por dentro me río de como es todo aunque por un lado también me siento un poco orgulloso de llevar esta computadora. Yo no he cambiado en nada pero con la computadora parezco un Binner, me río de mi mismo y del mundo fetiche.
Empezar el día es lo más duro porque nunca estoy seguro de poder hacer la suficiente cantidad de encuestas. Además si no hay edificios todo cuesta mucho más, pero allá voy, dispuesto a hacer por lo menos cinco encuestas de media hora cada una en estas calles vacías de una ciudad de la costa Catalana en este marzo del 2007. Después viné a este lugar muchas pero muchas veces más.

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