Veo finas y flexibles torres que se mueven con el viento de la tormenta. Sin embargo, en sus hogares, los habitantes del pueblo no parecen preocuparse y tranquilos esperan que el mal clima acabe, ajenos a los pronósticos climáticos que anuncian un temporal duradero.
En esa casa, llegan lejanos, murmullos y risotadas maduras; Ahora, bajo el sol de de tierras lejanas las doncellas sonríen su gratitud. Son máscaras de zinc compradas en las ferias lo que suelen ponderar. En el castillo manda el miedo y una fuerza sobrenatural los hace actuar. Son poderes invisibles los que llevan al río la sangre de los réprobos, poderes que actúan junto a las manos de los jerarcas. Las torres del reino a veces son vapuleadas pero nunca caen. De noche el cielo ennegrece y la lluvia entreteje su festín de naturaleza voraz. Los rostros son las mismos, cómodos, si todo va entre rieles, un poco desencajados aunque no inseguros si las migas se salen un poco del plato; en este caso tienen aprendido muy bien el libreto y saben cómo decir que se haga lo de siempre y se burlen los intentos descarriados. Así la noche parece no tener fin, solamente viven los buitres, mientras pastizales gigantes son quemados en nombre de dioses. A lo lejos las chimeneas escupen el candor de los pastores y el humo ennegrece aún más el firmamento. Más tarde esas sombras movedizas irán buscando su estación y volverán sino como venganza al menos cómo balsas de naúfragos que intentaron atravesar el mar para no morir de sed. Nunca se dejaron atrapar por la comodidad y sin embargo... Siempre le dijeron no al pan ya rallado y sin embargo... No diríamos que no pudieron pero.... Bajo filiales nunca claras entretejen sus respuestas mientras la noche se hace más noche y la luna se esconde tras el cielo; cómo una débil luz sus intentos perduran hasta el amanecer donde ya se hace difícil distinguir cual es la luz que resistió y cual la luz con la que todos amanecen. No hay nadie para juzgar y nadie lo desearía, aunque hay evidentes diferencias y cada cual sabe cual es la mancha de su tigre incluso quienes hacen cualquier cosa por ocultarla. La finas y flexibles torres ya no se mueven con el viento. Ahora no hay indicios de nuevos interrogantes. Bajo el sol de almería las doncellas sonríen su beatitud pero a veces un leve gesto deja entreveer las grietas de sus máscaras. Los reyes ríen y alaban sus victorias, aunque a veces inseguros sonríen con más fuerza. Los pastores no advierten los alcances de su resistencia. El rebaño sigue su camino y si hay una próxima tormenta, el azar quizás dirima quien se lleva las heridas. Pero sabemos bien que los ojos suelen mirar siempre hacia donde chillan las monedas y los cuerpos esculpidos y quizás no haya un por qué. Una luz titila a lo lejos, es la estrella que siempre estuvo, desde cuando el mundo era piedra, es importante ir tras ella, quizás haya que seguirla sin importar lo que hagan los otros.
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