domingo, 26 de agosto de 2007
El tren a Basel tardo una hora y diez, el paisaje de campiña verde con algunas casas suizas alpinas pasaba fugazmente, a lo lejos se veían las montañas; me llamó la atención un estadio en el medio del campo con un estacionamiento con muchos autos a sus costados, aunque luego nadie me supo decir de que tipo de espectáculo se trataba. La estacion de la ciudad de Basel era pequeña y agradable con escaleras mecanicas, bancos de madera y dibujos gigantes en la pared de una Suiza ancestral con simbología helvéticas: se veía a un hombre que desembarcaba en la costa y clavaba una bandera en cruz. Frente a la estación había un cruce de vías por donde iban y venían muchos tranvías de color verde; me parecía una ciudad de juguete, prolija, ordenado, tranquilo, como uno se puede imaginar Suiza con el cielo límpido con sol y calor. Tenía un mapa de la ciudad y traté de guiarme; hasta el museo Kun tarde unos veinte minutos con paso lento pero preferí no entrar en ese momento. Seguí caminando y despues de un puente de madera atravesé callecitas medievales con iglesias y casa viejas de colores rojizos y naranjas, luego crucé una feria de sábado donde vendian articulos de todo tipo: comida arabe, artesanias, calzado, telas persas, carteras, anteojos, banderas helveticas; me llamo mucho la atencion la convulsion de esa calle comparada con el resto de la tranquilidad de la pequeña ciudad; vi un hombre viejo de trenzas blancas muy largas; le llegaban casi hasta los tobillos y hablaba con cada feriante, se lo veía compenetrado en ese lugar. Luego, caminé un poco y atravesé el gigante puente metálico, prodigio de la arquitectura, en un tranvia donde me senti muy empequenecido al compararme con la ciudad que se veia a ambos lados, desde arriba del río rhin como un gran cañon de cemento elevado ; aunque no era tan alto, mirar hacia abajo me producia vértigo; apenas crucé el puente bajé rápido porque me pareció ver al revisor no vaya a ser que me hicieran una multa en esta ciudad ; luego bordeé la costa entre algunos pacificos pescadores y viejos sentados en los bancos que leían el diario o tomaban sol y llegué a la direccion que me habian dado. Daba la impresion de ser un lugar corriente, una casa mas de estilo aleman con pisos de madera y fachada cuadriculada. Eran una edificación típica de esta ciudad que por momentos parecía como si estuviera hecha para muñecos por su prolijidad, cuidado y detalles. Como no había timbre golpee las manos pero nadie me atendió, supuse que no estarían, aunque también cabía la posibilidad de que no me escucharan y volví a agitar las palmas con más impetu. Tampoco salió nadie. Miré mi reloj y vi que eran las tres por lo que decidí volver hacia el museo y entrar a la exposición. No se por qué tenía la curiosidad de ver algunos de los cuadros de Rousseau. Estaban todos los grandes de la pinura del XlX y XX, expresionistas, impresionistas, surrealistas: Van gogh, Matisse, manet, monet, Cezanne, Modigliari, Picasso, Dali, Kirchner, Munch y también Russeau, cuyos cuadro me gustaron mucho sobre todo el del hombre entre los árboles de la selva. Era una colección impresionante; nunca había visto tantas buenas obras juntas, en ningún lugar y tampoco me imaginaba que en esta ciudad de suiza encontraría semejante colección, no tenía la menor idea, es como algo oculto, por lo menos para mí que no soy un experto en arte ni mucho menos. Quien diría que en esta ciudad de suiza hay semejante exposición. Estuve más de dos horas recorriendo los pasillos del museo. Luego salí al aire límpido de la ciudad y seguí recorriendo sus calles frescas. Me quedé un tiempo en las barandas del puente y después bordié el río por una pasarela de madera que daban a unas casa pintorescas cuyas ventanas coloridas tenían una vista estupenda al río y la ciudad. Saqué algunas fotos, me cruzé con un grupo de italianos (tres mujeres y dos hombres de unos treinta años) que me pidieron que les saqué fotos y luego volví tranquilo a la estación de Basilea. Las vías metálicas transportaron al tren que me dejó en Zurich casi de noche. Antes de entrar a la ciudad vi unos monoblocks de color anaranjados con muchos graffitis que me llamaron la atención, eran los barrios más populares de todo lo que había visto en Suiza. Volví con la misma carta que mi tío me había dado esa mañana pero nadie me había respondido en aquella gran casa de estilo Alemán en la única tarde de mi vida en que estuve en Basel.
miércoles, 22 de agosto de 2007
Mañana viajo a Suiza. Salgo del Prat a las diez de la mañana. Estoy muy cansado de trabajar sin parar. Hace diez días que trabajo, luego voy al curso de catalán y llego tarde y rendido a mi casa, a veces ni como y me voy a dormir, no tengo ganas de estar en el comedor y verle la cara al Italiano; desde que me cambié de habitación casi no hablamos, usa una remera de Los Ramones y de Mistifis pero con sus actitudes parece un policía, siempre marcando todo lo que no le gusta mientras él hace lo que quiere y no le importa si me molesta. Por suerte mañana me voy. Espero estas vacaciones de 5 días desde hace mucho. Digo Suiza y me resulta increíble pero así es, hacia allá me dirijo con mucha intriga y curiosidad. El viaje me costó 120 Euros ida y vuelta y llevo 200 para estar porque según mi tío voy a dormir y comer sin pagar en la casa de sus amigos. Espero que salga todo bien. Llego a Zurich alrededor de las 12:00, espero encontrar facilmente la calle de la exposición que tengo anotada en un pequeño papel. No tengo idea de como llegar desde el aeropuerto al centro de zurich, supongo que habrá trenes. No sé nada de alemán ni de francés ni tampoco me informé donde cambiar euros por francos. Ahora debo preparar la mochila y los papeles, además de sacar los 200 Euros de La caixa. Tengo que averiguar los horarios de los buses que salen de Plaza Cataluña al Prat y como siempre dejo todo para último momento. Bueno, no me puedo quejar de este viaje pero tengo miedo de no levantarme. Me convendría no dormir en toda la noche pero estoy muy cansado, pongo el despertador a las 5 de la mañana. Espero que suene. Viajo a Suiza, estoy muy contento de conocer ese país. Preparo todo al final, pura improvisación pero lo importante es no quedarme dormido.
sábado, 18 de agosto de 2007
Quisiera escribir pero no puedo, es como un yo-yo que sólo baja y no quiere subir. Reticencias de cuerpos rebeldes. Era enero en Claromecó, no hace tanto, sol brillante y cielo azul en el sudoeste de la costa bonaerense. Tenía 25 años, leía a Pavese y a Cortázar mientras viajaba en algún tren viejo; buscaba casas abandonadas en la provincia de Buenos Aires y trataba de dormir ahí, a veces tranquilo, a veces no. Tenía efímeros amigos que conocía en las rutas, gente de Olavarría, Torquins, pigue, Azul o Bahia Blanca. Huía de Mar del Plata y me iba de mochilero más abajo: Reta, Monte Hermoso, Balneario "El Condor", Las grutas, bien al sur. Deambulaba sólo, me gastaba el dinero en micros a lugares donde no había comisarías, ni hospitales, ni municipalidad, ni nada y si los había estaban vacíos. Otros años cambiaba de rumbo y subía a Colón, El Palmar, Ñandubaisal, Santa Fe capital... ; hablaba de cosas innombrables con gente pasajera que me podía llegar a decir "nos movemos por impulsos instantáneos en sillas vacías de bronce nacarado". Miraba horas y horas por la ventanilla, el campo, el asfalto, los pueblos pequeños y vacíos de verano... Tenía un viejo Walkman donde escuchaba cassetes de spinetta, virus, Las Pelotas, Silvio Rodriguez, Los Redondos, Soda, Bersuit "Mi cara es de plastilina, toda la gente quiere amasarla" Veía distintos colores en el crepúsculo cuando el sol se escondía tras el verde y amarillo de los campos trigados. El atardecer hacía todo más romántico pero yo siempre estaba sólo. Veía mucho, observaba a choferes de temporada esperando su turno para salir a llevar turistas mientras fumaban sus cigarros y hablaban quien sabe de que, quizás de sus mujeres, quizás de su trabajo o de fútbol. Veía rosarinos con la camiseta de Central dando vueltas por el centro de Santa fe; Cordobeses alegres me deprimían con el cuarteto a las ocho de la mañana; una noche en cosquin me quisieron tirar la carpa abajo sólo porque hable con una de sus primas. Córdoba era bella, imensa y en el Dique Los Molinos vi luces extrañan que se agigantaban e iluminaron todo el lago hasta desaparecer en un gran destello, en Calamuchita quedé inconsciente de tanto tomar vino tinto, en Tanti descansé cerca de un río. Seguí camino rumbo al norte y en Salta subí tres veces seguidas al San Bernardo, la vista era hermosa, imponente. ¿ por qué viajo y viajo y sigo tan sólo? Gestos lentos, pausados, desesperación de pequeño-burgués-obrero? en la pobreza. Conocí hombres buenos que me ayudaron cuando me veían perdido, otros que trataron de robarme lo poco que llevaba, mochileros bien provicionados me fueron indiferentes, otros me prestaron plata, otros me regalaron artesanías, ninguna niña me guiñó el ojo; "sé que hay un lugar vacío cerca de aquí pero no sé dónde". En el cadillal, Tucumán, me quedé un día entero; tras las montañas la guerrilla se había enfrentado con el ejército 25 años atrás, la lucha del monte en Monteros, luces y ruidos de helicopteros en el 75, antes o después de Monte Chingolo? Cuando termino eso? Nunca, después, siempre. Nunca estuve en el chaco aunque una vez rocé Formosa y no había nadie más que soldados jóvenes junto a los quebrachales y palos secos. Pasaban horas esperando en el campo quien sabe qué, transpirando con su uniforme; ellos no me veían, pero yo si a ellos y no entendía cómo lo podían soportar. En Corrientes caminé sin parar toda una tarde, me perdí en un pueblo cuyo nombre no me acuerdo donde había una virgen gigante, llegue a Santo Tomé muy cansado y dormí en un hotel barato. Quise ir a las cataratas y aunque no estaba lejos ya no tenía plata y decidí bajar así que después de dos días llegué a dedo a Zárate en la parte de atrás de una vieja rastrogera, pero del puente seguí camino a la costa, eterno atlántico frente a mí y leí: "ayer soñe que vivía en el interior de un árbol hueco en Nueva Atlantis, al lado de Mar de Ajó y me alimentaba de raices nutritivas que crecían por la zona; a las tres de la tarde vendía artesanías en la playa y cuando tenía dinero me pagaba un hotel, siempre y cuando desde allí se viera el mar, eterno atlántico frente a mí.
Viladecans, calle Siglo XXI y La Marina. El tren llega rápido desde Barcelona, después caminar unas cuadras. En este complejo de edificios repartí publicidad buzón por buzón hace exactamente dos semanas para la empresa "Mapi 21", una tarde dura en la que terminé muy agotado pero ahora no queda ni rastro del papel que puse profusamente en las puertas de los edificios. Desde ese día parece que haya pasado mucho más tiempo que solo 15 días. Ahora vengo otra vez pero no en camioneta como aquel día sino en tren y con una computadora que sirve para hacer encuestas. Camino desde la estación rápido y con nervios, largas cuadras polvorientas al lado de obras en construcción para nuevos edificios, movimiento de obreros y grúas. Después de quince minutos llego hasta la zona que me tocó encuestar . Voy a trabajar en el mismo lugar que aquella vez y me siento un poco desgraciado de hacer distintas faenas en el mismo lugar, como si fuera usado e hiciera todos los trabajos del mundo, pero ahora no puedo ponerme a pensar en esto y tengo que seguir. Ayer, en las oficinas de la empresa, me dieron un curso de formación durante más de cinco horas explicándome paso por paso la entrevista y el sistema para hacerlas. Tengo muchas dudas y cosas en la cabeza, además estoy nervioso, esto de tocar puerta por puerta es un poco arriesgado, uno nunca sabe con que se puede encontrar pero debo aferrarme si o sí a este trabajo, es lo que tengo por ahora y creo que lo puedo hacer por la experiencia en la venta de libros y el trabajo de encuestas en oficina, es una combinación de las dos cosas, hablar con la gente y preguntar.
Ahora el día está nublado pero se puede entrever un poco de sol detrás del cielo gris; hay ráfagas de viento y hace frío en este final de invierno pero estoy transpirado y tengo calor. Hoy es 24 de febrero y se van a cumplir 9 meses desde que estoy en España. Me saco la campera y la guardo en la mochila. Camino hasta el hall de un edificio, enciendo la computadora y anoto en un papel las calles que debo recorrer;compruebo con suerte todas estan por el mismo lugar. Los edificios parecen recien estrenados, con ladrillos rojos a la vista, paredes blancas y ventanas amarillas; a los costados hay grandes predios en obras con muchos obreros, camiones y grúas desde donde se levanta tierra que sube enremolimada al cielo gris. Llego a la primera dirección que me sale en la computadora y toco todos los pisos pero hay poca gente y los pocos que me atienden me explican que no se puede ingresar, insisto pero es inútil, todos me dicen lo mismo, "pues llama a otro".
En el próximo tampoco tengo suerte y no me dejan entrar. Toco piso por piso, sigo insistiendo pero nada. Sigo así casi media hora. Suerte en el tercero, una mujer jóven que viene con su hija me deja pasar y además acepta la entrevista. Es la primera que logro y no me puedo quejar. Hacer la encuesta me lleva como media hora pero la chica no me dice nada, mientras su pequeño hijo inquieto sube y baja por una rampa de ingreso para minusbálidos.
Me doy cuenta rápidamente que este trabajo consiste en persistencia y tesón, preguntar, insistir y no claudicar ante los no, parecido a la venta de libros, igual a las encuestas por teléfono aunque más duro, porque hay que tratar de ingresar a los edificios pero cada tantos no, viene un sí, aunque a veces se haga difícil escuchar tantas negativas seguidas o muchas formas malas de contestar. Pero bueno, prefiero trabajar de esto que de repartidor de volantes, dependiente, camarero, e incluso administrativo ya que me sería imposible trabajar encerrado en una oficina ; acá soy libre e independiente y nadie me marca los horarios, aunque también es cansador y todo depende de mí pero así y todo lo prefiero siempre y cuando haga las suficientes encuestas; creo que voy a poder.
Febrero 2007.
Ahora el día está nublado pero se puede entrever un poco de sol detrás del cielo gris; hay ráfagas de viento y hace frío en este final de invierno pero estoy transpirado y tengo calor. Hoy es 24 de febrero y se van a cumplir 9 meses desde que estoy en España. Me saco la campera y la guardo en la mochila. Camino hasta el hall de un edificio, enciendo la computadora y anoto en un papel las calles que debo recorrer;compruebo con suerte todas estan por el mismo lugar. Los edificios parecen recien estrenados, con ladrillos rojos a la vista, paredes blancas y ventanas amarillas; a los costados hay grandes predios en obras con muchos obreros, camiones y grúas desde donde se levanta tierra que sube enremolimada al cielo gris. Llego a la primera dirección que me sale en la computadora y toco todos los pisos pero hay poca gente y los pocos que me atienden me explican que no se puede ingresar, insisto pero es inútil, todos me dicen lo mismo, "pues llama a otro".
En el próximo tampoco tengo suerte y no me dejan entrar. Toco piso por piso, sigo insistiendo pero nada. Sigo así casi media hora. Suerte en el tercero, una mujer jóven que viene con su hija me deja pasar y además acepta la entrevista. Es la primera que logro y no me puedo quejar. Hacer la encuesta me lleva como media hora pero la chica no me dice nada, mientras su pequeño hijo inquieto sube y baja por una rampa de ingreso para minusbálidos.
Me doy cuenta rápidamente que este trabajo consiste en persistencia y tesón, preguntar, insistir y no claudicar ante los no, parecido a la venta de libros, igual a las encuestas por teléfono aunque más duro, porque hay que tratar de ingresar a los edificios pero cada tantos no, viene un sí, aunque a veces se haga difícil escuchar tantas negativas seguidas o muchas formas malas de contestar. Pero bueno, prefiero trabajar de esto que de repartidor de volantes, dependiente, camarero, e incluso administrativo ya que me sería imposible trabajar encerrado en una oficina ; acá soy libre e independiente y nadie me marca los horarios, aunque también es cansador y todo depende de mí pero así y todo lo prefiero siempre y cuando haga las suficientes encuestas; creo que voy a poder.
Febrero 2007.
Hoy estuve en Casteldefells. Desde Barcelona el tren demoró aproximadamente treinta minutos. Es la primera vez que bajo en este lugar, aunque ya había pasado algunas veces cuando viajé a Sitges; Pero hoy no voy a pasar un día en la playa sino a trabajar. Primero debo buscar las calles que figuran en la computadora y luego seguir un sistema de conteo para hacer encuestas. El rumbo varía si la gente me contesta o no, incluso si no quieren hacer la encuesta; ausencia de hogar( si no hay nadie) o negativo (si no quieren hacerla) , todo depende. Bajo de la estación, atravieso una plaza muy cuidada y camino una cuadra hasta un cruce de caminos. Muy poca gente a estas horas del domingo temprano; busco la Calle Manuel Girona 74; le pregunto a un taxista y me señala con un dedo la dirección ,"todo recto", agrega. Camino por el pueblo con tranquilidad, son las diez de la mañana. En las calles no se ve a nadie. Los pájaros trinan alegremente en la copa de los árboles de una calle principal, en una esquina una mujer gorda de mediana edad abre las persianas de un bar y se me ocurre que un buen desayuno me va a dar fuerzas para toda la jornada. Entro al bar "Salvador" y pido un café con leche y dos medialunas ( Croissans). Saboreo
lentamente y con parsimonia. Le pago antes de irme, gasto 2.50 Euros que para mi maltrecha economía es demasiado. Miro un poco la televisión , hay un documental en catalán sobre la vida de los elefantes en la India. Miro un rato la calle, cada tanto pasa algún auto. Después enciendo la computadora portátil y me fijo de nuevo en la pantalla el camino que debo recorrer hoy. La mujer que atiende me mira y yo me averguenzo un poco; este portátil parece darme un aire de importancia porque la gente me mira más; por dentro me río de como es todo aunque por un lado también me siento un poco orgulloso de llevar esta computadora. Yo no he cambiado en nada pero con la computadora parezco un Binner, me río de mi mismo y del mundo fetiche.
Empezar el día es lo más duro porque nunca estoy seguro de poder hacer la suficiente cantidad de encuestas. Además si no hay edificios todo cuesta mucho más, pero allá voy, dispuesto a hacer por lo menos cinco encuestas de media hora cada una en estas calles vacías de una ciudad de la costa Catalana en este marzo del 2007. Después viné a este lugar muchas pero muchas veces más.
lentamente y con parsimonia. Le pago antes de irme, gasto 2.50 Euros que para mi maltrecha economía es demasiado. Miro un poco la televisión , hay un documental en catalán sobre la vida de los elefantes en la India. Miro un rato la calle, cada tanto pasa algún auto. Después enciendo la computadora portátil y me fijo de nuevo en la pantalla el camino que debo recorrer hoy. La mujer que atiende me mira y yo me averguenzo un poco; este portátil parece darme un aire de importancia porque la gente me mira más; por dentro me río de como es todo aunque por un lado también me siento un poco orgulloso de llevar esta computadora. Yo no he cambiado en nada pero con la computadora parezco un Binner, me río de mi mismo y del mundo fetiche.
Empezar el día es lo más duro porque nunca estoy seguro de poder hacer la suficiente cantidad de encuestas. Además si no hay edificios todo cuesta mucho más, pero allá voy, dispuesto a hacer por lo menos cinco encuestas de media hora cada una en estas calles vacías de una ciudad de la costa Catalana en este marzo del 2007. Después viné a este lugar muchas pero muchas veces más.
domingo, 12 de agosto de 2007
Ayer con Joan y Josep salimos de noche. Nos encontramos en la estación de metro Verdaguer, linea azul, paseo S. Joan, y bajamos en Villa Olímpica; como la línea está cortada por obras llegamos a Poble Nou en un bus puesto especialmente para cubrir ese trayecto. Caminamos un poco por la Rambla y después nos sentamos a comer en un bar Arabe donde pedí un shawarna de vegetal y pollo con un agua mineral, la mejor comida que tuve en una semana y por sólo 4.50 E. ; esto me limpió el estómago de sandwiches de tantos días. Nos quedamos hablando más de una hora y nos reimos de algunas anécdotas triviales; entre ellos hablaban en catalán, aunque es Joan el que más utiliza la lengua; josep prefiere el español pero como Joan le habla en Catalán el también responde en ese idioma. Me doy cuenta de que cada vez entiendo mejor, poc a poc. Más tarde caminamos un rato hasta la zona de los boliches. Es una zona copada por los heavies sub. 25 o más chicos aún. Remeras negras con bandas de rock satánico por todos lados pero en un ambiente muy tranquilo, más allá de algunos borrachos y algún que otra botella rota en el suelo. También había una discoteca muy famosa cuya entrada costaba 12 euros, creo que se llamaba Rasmatas o algo así; en la entrada se veían muchas chicas rubias bien vestidas, inglesas y holandesas aunque no estaba en nuestros planes entrar ahí. También había un par de bares alternativos con pantallas gigantes de videos digitales. Yo buscaba un lugar de Rock español que no aparecía por ningún lado, pero que me habían dicho que quedaba por la zona. Un lugar para bailar y escuchar Rosendo, Amaral, Sopa de Cabra, Calamaro, Radio Futura, Loquillo, La polla pero no parecía existir. Me pregunto si habrá un lugar donde pasen rock argentino, además de las fiestas argentinas, seguramente lo hay, ya voy a averiguar. Entramos a varios Bares pero no nos decidíamos; después de dar vueltas como media hora nos quedamos mirando un puente desde donde se veían las vías del tren que pasaban por debajo de edificios y fábricas grises y antiguas lo que motivó una charla larga sobre espacios desoladores y poéticos en la ciudad y recuerdo una frase de Joan que resumió mucho "como en las pelis, dijo"; luego entramos en un bar donde pasaban música eléctrónica. Pedimos una cerveza y jugamos al metegol, que son muchos más grandes que en Argentina, yo diría que los muñecos son casi el doble. Barza- Madrid. Primero ellos contra mí, perdí 7 a 3; luego Josep contra joan y yo, perdimos 5-4. "En una época jugaba todos los días" dijo con orgullo Josep. Luego hablamos de que todo es cuestión de práctica y de perseverancia. Salimos del bar un poco aburridos además casi no había mujeres, aunque si las hubiera seguro que no hubieramos entablado conversación. Caminamos hasta villa olímpica; yo estaba muy cansado de todo el día y seguía caminando. Durante la tarde, en el trabajo había caminado por Horta, Guinardo, El carmelo y el Parque guell y para colmo esa tarde volví a mi casa de Sagrada Familia con la computadora en la espalda a pie. Ahora seguía caminado, Poble nou, Villa olímpica, ... Fuimos a las discos que están abajo, al lado de los barcos. Mucho ambiente, mucha mezcla latina, arabe y negra con rubios, tanos y gallegos, un clima ecléctico de humo, alcohol y todo tipo de música con un bar al lado de otro, Joan con la remera del che Guevara que no se saca nunca, joseph con una camisa clásica, entramos en varios lugares bailamos distintos ritmos pero yo me sentía muy cansado y me despedí de ellos. En el camino intenté hablarle a una chica pero no me respondió, intenté con otra que me respondió pero pronto se fue; seguí caminando Villa olímpica, Barceloneta, el Born, San Pere, El Example, Sagrada Familia, allá se veía el Pasaje Maiol, estaba rendido, subí muy rápido las escaleras, bebí un poco de agua y tardé menos de cinco minutos en quedar profundamente dormido. Mañana, no trabajaría. A descansar por suerte.
viernes, 10 de agosto de 2007
Era enero en Claromecó, día 15 o 16. Crucé el puente colgante mirando el mar a mi izquierda; en el camping de Dunamar había mucha gente, mucho movimiento y armado de carpas en todos lados. La tarde llegaba a su fin y los últimos rayos del sol se derramaban en los árboles. Caminé lentamente después de pagar en la administración y me ubiqué en una parcela de atrás, cerca del río. Al lado mío unos chicos hacían un fogón, parecían entusiasmados; cantaban una canción de La Renga que ahora no recuerdo si era "el final es en donde partí" o "la Razón que te demora". Yo los escuchaba con atención mientras sacaba la carpa con lentitud; uno de ellos, un poco gordo, tenía una remera de Divididos. Al rato el cielo se oscureció y empezó a gotear cada vez con más fuerza. Apuré el ritmo y terminé de armarla más mal que bien; faltaba ajustar el sobre-techo pero ya la lluvia era muy fuerte, me estaba empapando y la dejé como estaba, no sin antes llevarme el bolso con las cosas hasta algún lugar para no mojarme. Cerré y me cubrí debajo de unos techos. Entré a los baños donde estaban todos los chicos también refugiándose; había también una pareja. La chica me contó que eran de Azul y que siempre venían a Claromecó. Todos eran de lugares como: Tres arroyos, Azul, Pigue, Olavarría, 9 de julio, 25 de mayo, ninguno de Buenos aires, aunque la mayoría de Tres arroyos. Pasaba un carton de vino y algunos porros con tranquilidad. Hablamos de distintos temas, muchos relacionados con sus ciudades de orígen. Algunos, sin conocerse de otro lado, conocían a gente en común; Un chico de olavarría conocía a uno de azul que también conocía al de tres arroyos; eran un pibe rubio, guitarrista virtuoso que solía tocar en bares de distintas ciudades. Así con varias personas que tenían conocidos y puntos de contacto. Luego de un rato de charla la pareja de azul se encerró en una de las divisiones aunque no se escucharon gemidos; era todo un misterio lo que hacían y todos nos reimos; a mí me llamaban "El porteño" o "cuervo", aunque ese día no tenia la camiseta de San lorenzo. Me enteré en poco tiempo de muchas historias y anécdotas y ahora recuerdo esta: Claudio, un chico que vivía en los monoblock de F.O.N.A.V.I. frente a la estación de micros de Tres arroyos estaba de vuelta de un viaje por el sur de ocho meses. Había salido antes del último invierno y para financiarse el viaje había trabajado los tres meses del anterior verano en una obra y luego había vendido un saxo que le había comprado el padre unos años atrás. En el viaje había escrito más de 500 páginas, más de una por día y sacado una buena cantidad de fotografías, pero había perdido todo casi al final del viaje. Ahora hacía más de dos meses que no escribía ya que tal perdida le había sacado las ganas y lo había desmoralizado; eso era él único tesoro que tenía, explicó. El pibe de azul le dijo que tenía que seguir escribiendo, aunque el respondió que no sentía ganas. El chico de 9 de julio le dijo que podía escribir sobre esa pérdida y todos asentimos. El chico de Olavarría le dijo que no se tenía que dejar desanimar y así cada uno trató de darle aliento. Claudio casi no hablaba, era su amigo Diego quien contaba todo lo que le había sucedido. Después de eso no hablamos más. La lluvia de a poco parecía cesar y la noche se acercaba. Todos teníamos edades relativamente similares, ninguno más de 27, ninguno menos de 22. Esto sucedió en Enero del 2003, y yo andaba de mochila por el sur de la costa bonaerense sin saber que hacer ni para qué, aunque si conocí gente y algunos lugares; no estuvo tan mal hasta una noche en que tomé más de la cuenta, me levanté pésimo y deprimido y me tuve que ir. Volví a Tres Arroyos en un remise que me salió 40 pesos y pasé la noche en un pequeño hotel, aunque uno de los chicos me dió la dirección de su padre en los monoblocks frente a la estación pero yo no quise molestar. Después estuve siete días en Reta donde me la pasaba yendo a pie hasta el tanque a buscar agua en una botella de agua mineral y también solía ir a la biblioteca del pueblo a leer a Di Benedetto y Daniel Moyano. Terminé el libro Cuentos Claros de la editorial Adriana Hidalgo y luego, en Buenos Aires, hice un trabajo monográfico sobre uno de estos cuentos para la materia de Isabel Vasallo del Profesorado de Castellano. Trabajé casi una semana y creo que la pude haber hecho mejor pero estaba obsesionado con aprobar la materia; me dijo que faltaban algunas cosas y me puso un 7. Esa misma noche pasé a buscar a mi amigo Jorge por un local de tango de Palermo y le conté que había aprobado esa materia. Creo que después fuimos a tomar unas cervezas en algún bar pero nunca me voy a olvidar de esos días pasados en Claromecó, las canciones,las fogatas, las cervezas y sobretodo la salida y la puesta del sol gigante.
Enero 2005
Enero 2005
martes, 7 de agosto de 2007
7 de agosto del 2007. Hoy es el cumpleaños de mi padre pero todavía no lo llamé para saludarlo. Creo que lo haré más tarde, aunque me cueste. No me hace bien seguir con rencor y quizás sea mejor perdonar, aunque no pueda olvidarme de ciertas cosas. Pienso que es un signo de madurez llamarlo pero así y todo me cuesta ya que hay heridas y cosas que no se me borran con facilidad. Hoy el día está nublado y hay calor y mucha humedad. Estoy en la Biblioteca de San Pere. Vine a devolver 4 C. D. y un libro que empecé y dejé en la página 20; Se llama Contagio y es de un autor español cuyo nombre ya me olvidé, aunque recuerdo que nació en Madrid en 1942. Antes de entrar en la biblioteca me encontre con Berbere la chica holandesa con la que viví dos meses en el antiguo piso. Estaba muy linda, toda quemada y con un vestido muy elegante. Estaba con el novio mexicano. Esa chica me gustaba desde que se instaló en el departamento pero no pasó nada como con tantas otras que me gustaban, en cambio llegó el mexicano, amigo de guenia, la chica mexicana que vivía conmigo, y a las dos semanas ya estaban de la mano cosa que siempre me costó entender. Quizás no hice lo necesario para ganarla, quizás me faltó insistencia, aunque ahora recuerdo que la invité varias veces a tomar un café y al cine pero no quiso ir. Sé que no fue suficiente lo que hice, ella me miraba pero tampoco hizo nada. Siempre me pasa lo mismo, no sé cómo llegar o espero que ellas hagan algo más, que se forme una onda, una conversación natural pero nunca pasa nada, quizás mis silencios o dudas que se notan. Recién hablamos un rato mientras el mexicano miraba una pizarra con horarios de actividades culturales. La noté un poco nerviosa y esquiva, quizás por la situación. Me dijo que en tres semanas se volvía a Utreg donde vive. Noté que hablaba mucho mejor el Español. Este es el último mes de todos los estudiantes que llegaron en enero y ahora llegan los nuevos, muchos son de Erasmus el famoso programa estudiantil europeo. Bueno, están cerrando la biblioteca, así que voy terminando este escrito. Recién me llamó Joan y me preguntó cómo tenía la noche. Lo voy a llamar pero antes voy a llamar a Olivia la chica con la que hice el taller literario a ver si quiere hacer algo. Aunque ella primero me dice que sí y después le surge algún imprevisto o sale con el novio. Bueno, algo haré en esta noche calurosa de Verano en Barcelona, quizás vaya a los cines Verdi o a Floridablanca a ver una película con Joan. Todavía es temprano, son las 9 de la noche. Llamaré a mi padre, luego a olivia y después a Joan, aunque si salgo con Olivia no llamaré a Joan. El haría lo mismo si saliera con una chica, aunque es verdad que Olivia no es mi novia pero es una chica interesante y gracias a ella que me explicó como crear el blog, voy acumulando estos textos que trato de escribir día a día, pero solo trato porque a veces pasa muchísimo tiempo sin escribir nada.
Agosto 2007
Agosto 2007
domingo, 5 de agosto de 2007
Veo la inmensa luna llena sobre el mar de Barcelona en una noche de viernes que promete lo que nunca tuve o lo que pocas veces retuve. Las Ideas dispersas se me hacen difícil de cohesionar, todo parece hervir alrededor y el fuego también recrudece adentro mío; las veredas son nuevas pero mías, el barrio es antiguo con los grises y marrones edificios de la vieja europa y el olor a húmedad de sus calles con tanto tiempo de vida y de espera; una ciudad de ruidos y colores sobre un casco medieval. Hoy tomo lo que la vida me ofrece espontaneamente y casi sin pensar. Las luces brillan en todos lados y los bares parecen dispuestos a recibirme. Los nombres de las calles me llaman la atención: Ferrán, Escudelers, Nou San Francisc, Vinyals centro de la ciudad. Catalanes, venezolanas y franceses van conmigo, aunque apenas los conozco; veo árabes y negros en la plaza real y a lo lejos se escuchan distintos tipos de música y si me concentro en una especial escucho sonidos melancólicos y dulces que me hace recordar una época lejana para mí, allá por principios de los 90, aunque inmediatamente escucho música electrónica que me saca de tal estado y veo vagabundos que parecen contentos. En la pantalla del bar brillan las divas, en la barra expenden claras y cañas y por las calles pasan en patrullas los mossos de escuadra. Dudo de la realidad, todo me parece nuevo y estoy contento, casi como si el mundo fuera mío y hoy me guiñara un ojo, aunque los dardos golpeen lejos del blanco y los futbolines nunca hagan un gol. Camarero, no tengo plata pero otra clara y a seguir con este ritmo nuevo de Flamenco que escucho por vez primera, manel me cuenta que son "Los delincuentes" con "Muchachito" que hacen esa rumba y escucho este sonido espectacular con tíos y tías alrededor; Canto canciones de Rosendo con Manel, hablo con Joan de las ciudades de España y Cataluña, Pierre rie siempre borracho y jaimar me carga por la pronunciación argentina. Le digo "calle" y "llave" varias veces porque se que le gusta aunque me discuta y diga que soy yo quien pronuncia mal. Chistes que van y vienen detrás de las puertas, augurios extraños y voces sensuales por todos lados. Parece como si hoy la tristeza hubiera quedado a un lado y me siento bien, para que negarlo? Pero dónde radica la felicidad? Es lo que buscamos con el corazón dice mi voz interior aunque haya que cruzar un desierto y casi morir de sed. Pienso todo eso y me parece increíble estar en Europa por primera vez.
Después del bar seguimos camino rumbo a la playa por calles aún más oscuras donde una discoteca gratuita nos espera con luces enceguecedoras. Jaimar pierde los zapatos en la arena y joan no para de beber y reir. Pierre quedó perdido en una esquina lejana y oscura y manel no para de cantar canciones del Rock español. Hoy ando con Yapa a pesar de todo y no quiero lo que me hace mal aunque no encuentro lo que me hace bien. Se por lo menos lo que no quiero y ese es un buen principio. Contemplo el mar, veo los faroles y otra vez las canciones; con el mar iluminado el cielo ve y escucha mejor y las montañas de Barcelona le devuelven el calor a su gente. Canta y baila sin parar dice mi corazón y no niegues la belleza del mundo, no siempre todo es tan malo; vieja Europa cansada de siglos aquí voy yo con ganas de cantar esta nueva canción.
Julio 2006
Después del bar seguimos camino rumbo a la playa por calles aún más oscuras donde una discoteca gratuita nos espera con luces enceguecedoras. Jaimar pierde los zapatos en la arena y joan no para de beber y reir. Pierre quedó perdido en una esquina lejana y oscura y manel no para de cantar canciones del Rock español. Hoy ando con Yapa a pesar de todo y no quiero lo que me hace mal aunque no encuentro lo que me hace bien. Se por lo menos lo que no quiero y ese es un buen principio. Contemplo el mar, veo los faroles y otra vez las canciones; con el mar iluminado el cielo ve y escucha mejor y las montañas de Barcelona le devuelven el calor a su gente. Canta y baila sin parar dice mi corazón y no niegues la belleza del mundo, no siempre todo es tan malo; vieja Europa cansada de siglos aquí voy yo con ganas de cantar esta nueva canción.
Julio 2006
miércoles, 1 de agosto de 2007
Veo finas y flexibles torres que se mueven con el viento de la tormenta. Sin embargo, en sus hogares, los habitantes del pueblo no parecen preocuparse y tranquilos esperan que el mal clima acabe, ajenos a los pronósticos climáticos que anuncian un temporal duradero.
En esa casa, llegan lejanos, murmullos y risotadas maduras; Ahora, bajo el sol de de tierras lejanas las doncellas sonríen su gratitud. Son máscaras de zinc compradas en las ferias lo que suelen ponderar. En el castillo manda el miedo y una fuerza sobrenatural los hace actuar. Son poderes invisibles los que llevan al río la sangre de los réprobos, poderes que actúan junto a las manos de los jerarcas. Las torres del reino a veces son vapuleadas pero nunca caen. De noche el cielo ennegrece y la lluvia entreteje su festín de naturaleza voraz. Los rostros son las mismos, cómodos, si todo va entre rieles, un poco desencajados aunque no inseguros si las migas se salen un poco del plato; en este caso tienen aprendido muy bien el libreto y saben cómo decir que se haga lo de siempre y se burlen los intentos descarriados. Así la noche parece no tener fin, solamente viven los buitres, mientras pastizales gigantes son quemados en nombre de dioses. A lo lejos las chimeneas escupen el candor de los pastores y el humo ennegrece aún más el firmamento. Más tarde esas sombras movedizas irán buscando su estación y volverán sino como venganza al menos cómo balsas de naúfragos que intentaron atravesar el mar para no morir de sed. Nunca se dejaron atrapar por la comodidad y sin embargo... Siempre le dijeron no al pan ya rallado y sin embargo... No diríamos que no pudieron pero.... Bajo filiales nunca claras entretejen sus respuestas mientras la noche se hace más noche y la luna se esconde tras el cielo; cómo una débil luz sus intentos perduran hasta el amanecer donde ya se hace difícil distinguir cual es la luz que resistió y cual la luz con la que todos amanecen. No hay nadie para juzgar y nadie lo desearía, aunque hay evidentes diferencias y cada cual sabe cual es la mancha de su tigre incluso quienes hacen cualquier cosa por ocultarla. La finas y flexibles torres ya no se mueven con el viento. Ahora no hay indicios de nuevos interrogantes. Bajo el sol de almería las doncellas sonríen su beatitud pero a veces un leve gesto deja entreveer las grietas de sus máscaras. Los reyes ríen y alaban sus victorias, aunque a veces inseguros sonríen con más fuerza. Los pastores no advierten los alcances de su resistencia. El rebaño sigue su camino y si hay una próxima tormenta, el azar quizás dirima quien se lleva las heridas. Pero sabemos bien que los ojos suelen mirar siempre hacia donde chillan las monedas y los cuerpos esculpidos y quizás no haya un por qué. Una luz titila a lo lejos, es la estrella que siempre estuvo, desde cuando el mundo era piedra, es importante ir tras ella, quizás haya que seguirla sin importar lo que hagan los otros.
En esa casa, llegan lejanos, murmullos y risotadas maduras; Ahora, bajo el sol de de tierras lejanas las doncellas sonríen su gratitud. Son máscaras de zinc compradas en las ferias lo que suelen ponderar. En el castillo manda el miedo y una fuerza sobrenatural los hace actuar. Son poderes invisibles los que llevan al río la sangre de los réprobos, poderes que actúan junto a las manos de los jerarcas. Las torres del reino a veces son vapuleadas pero nunca caen. De noche el cielo ennegrece y la lluvia entreteje su festín de naturaleza voraz. Los rostros son las mismos, cómodos, si todo va entre rieles, un poco desencajados aunque no inseguros si las migas se salen un poco del plato; en este caso tienen aprendido muy bien el libreto y saben cómo decir que se haga lo de siempre y se burlen los intentos descarriados. Así la noche parece no tener fin, solamente viven los buitres, mientras pastizales gigantes son quemados en nombre de dioses. A lo lejos las chimeneas escupen el candor de los pastores y el humo ennegrece aún más el firmamento. Más tarde esas sombras movedizas irán buscando su estación y volverán sino como venganza al menos cómo balsas de naúfragos que intentaron atravesar el mar para no morir de sed. Nunca se dejaron atrapar por la comodidad y sin embargo... Siempre le dijeron no al pan ya rallado y sin embargo... No diríamos que no pudieron pero.... Bajo filiales nunca claras entretejen sus respuestas mientras la noche se hace más noche y la luna se esconde tras el cielo; cómo una débil luz sus intentos perduran hasta el amanecer donde ya se hace difícil distinguir cual es la luz que resistió y cual la luz con la que todos amanecen. No hay nadie para juzgar y nadie lo desearía, aunque hay evidentes diferencias y cada cual sabe cual es la mancha de su tigre incluso quienes hacen cualquier cosa por ocultarla. La finas y flexibles torres ya no se mueven con el viento. Ahora no hay indicios de nuevos interrogantes. Bajo el sol de almería las doncellas sonríen su beatitud pero a veces un leve gesto deja entreveer las grietas de sus máscaras. Los reyes ríen y alaban sus victorias, aunque a veces inseguros sonríen con más fuerza. Los pastores no advierten los alcances de su resistencia. El rebaño sigue su camino y si hay una próxima tormenta, el azar quizás dirima quien se lleva las heridas. Pero sabemos bien que los ojos suelen mirar siempre hacia donde chillan las monedas y los cuerpos esculpidos y quizás no haya un por qué. Una luz titila a lo lejos, es la estrella que siempre estuvo, desde cuando el mundo era piedra, es importante ir tras ella, quizás haya que seguirla sin importar lo que hagan los otros.
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