sábado, 28 de febrero de 2009
Casi en la esquina, Saenz Peña y Estados Unidos, barrio de Montserrat en Buenos Aires en el puesto de diarios que alquilo hace año y medio y trabajo con Jorge, un amigo de la adolescencia en un raro y pequeño proyecto empresarial donde nos turnamos los días; tres días y tres días ya que mi idea era que nos repartieramos los horarios, trabajar lo menos posible y dividir las ganancias llevando a la práctica las ideas políticas, además de darle trabajo a un empleado, gustavo, el chico boliviano que vivía al lado y lo atendía los domingos porque los demás días concurría a la Facultad de ingeniería; el único detalle era que el puesto daba muy poco dinero así que las ideas se aplicaban, los turnos se rotaban, las ganancias se dividían pero el puesto daba solo mil doscientos pesos de los cuales doscientos eran para el dueño en concepto de alquiler y lo demás para repartir entre tres proporcionalmente, pequeño detalle que era un gran problema en la Buenos Aires del 2005. Además yo me quería ir a vivir solo ya que había cumplido 28 años. Que recuerdo del puesto: a la mañana solía hacer mucho frío en los días de Junio, Julio y Agosto. Otoño del 2005, seguía estudiando profesorado de Castellano en el "Joaquin V. Gonzalez" y me costaba mucho latín II que a esta altura pensaba que no la iba a aprobar más; concurro a clases después del trabajo para el que me levanto muy temprano. Me recuerdo ahí, mucho tiempo adentro del puesto mientras ordeno los diarios, ojeo revistas y veo el paisaje urbano enloquecedor de la mañana, los autos que pasan hacia el centro, el 60, el 102 y por Estados Unidos el 96 hacia constitución. Enfrente, en la esquina, hay un bar atendido por Mariana y todos los días al empezar el reparto le dejo el diario y ella un poco más tarde me deja un café con leches y medialunas en un intercambio que se salda mutuamente ya que el precio es equivalente. Luego de hacer el reparto que me conozco de memoria por los sindicatos al cual se le entregan casi veinte diarios por días y por cada calle adjudicada a este puesto tomo el café con leche en el puesto con tranquilidad mientras pasan los autos; hay muchos clientes que me conocen y hablamos todos los días, hay diarios que se reservan y aunque se acaben los del paquete que te mandan hay que guardarselo al cliente, además de muchos detalles de esta tarea que tiene el diarero. A las 8 siempre pasaba José, el señor que tiene 72 años y sigue trabajando todos los días en la pequeña fábrica que imprime volantes y folletos. Es un hombre morrudo y cetrino que me habla de la época Peronista y me cuenta anécdotas de la Buenos Aires del 50 y 60, en fin, miles de conversaciones con los clientes y la gente. Mientras escribo estos recuerdos de Buenos Aires de hace apenas unos años miro por la ventana y veo el Montjuic iluminado por las luces del Estadio Nacional donde Juegan El Español y el Real Madrid que empatan cero a cero. Este es el primer fin de semana que no trabajo desde hace un mes pero todo se acaba pronto, por suerte mañana puedo dormir hasta tarde. Es sabado pero no creo que salga, ultimamente no me alegra mucho salir solo a ver que pasa como lo hacía antes.
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