martes, 3 de febrero de 2009

Mi hermana no para de mirar esos zapatos azules en la vidriera del negocio a la vuelta de mi casa. Insiste en que en estos día los quiere adquirir porque están a la última moda y varias de sus amigas ya los tienen y los usan cuando salen los sábados por la noche a tomar algo o bailar. Cada vez que nos reunimos en familia habla de esos zapatos y mi madre le dice que estos tiempos no son para andar con lujos con los gastos que hay en la casa y el colegio y que puede mirar unos más baratos, que ella está dispuesta a comprárselos pero mi hermana insiste en que quiere solamente esos y nada más, justo los más caros. Mi padre se queda callado y le dice que más adelante seguramente pueda hacer ese gasto y que es mejor esperar porque si espera los va a lucir mejor y con más ganas, frase que me quedo muy grabada, pero ninguna de estas respuestas parece conformarla y sigue protestando. A mí no me gusta que mi hermana sea tan pesada con mis padres que siempre hicieron todo por darnos lo mejor y me parece que tendría que cerrar un poco la boca, aceptar las cosas tal como son y esperar.
Cada vez que salimos con mi hermana por el barrio a comprar algo para la cena o simplemente a dar una vuelta me hace pasar por ese negocio y se queda como atontada mirando esos zapatos azules en la vidriera. A mi me encanta salir con ella y dar vueltas por el barrio ya que ella es mayor y mi mamá no me deja salir solo cuando se empieza a hacer de noche, pero no me gusta que últimamente se ponga tan tonta frente al negocio de luces encendidas que iluminan esos zapatos mientras yo tengo que esperar parado como una estatua mirando sin mirar; la verdad que no puedo entender como puede preocuparse tanto por una prenda, a mí me da prácticamente igual lo que me ponga y con tal de que me vaya bien y mas o menos me guste no me importa de que marca sea, aunque eso sí, la ropa la tengo que usar limpia, sin aujeros y me tiene que entrar.. Pero bueno, cada cual es como es, y como yo no puedo entender su obsesión, ella no puede concebir mi locura por los helados de fresa y siempre me regaña por ese vicio. Si, no hablé de esto, porque yo también tengo mis caprichos, para que los voy a ocultar, quizás no sean tan caros pero son caprichos igual; y además, pienso, los caprichos no se miden por el precio; si, voy a decir sin verguenza que yo cada martes y viernes antes de ir a la clase de deporte le pido a mi madre esas monedas para el helado de fresa y si en ese momento mi madre no tiene dinero a mano yo empiezo a revisar los bolsillos de todas sus prendas y a pesar de que a ella no le guste y se oponga yo busco las monedas por donde sea hasta que las encuentro; lo que más me gusta de esos días es que llegada la hora pido o busco mis monedas, salgo de mi casa, cruzo rápido al kiosko y compro mi helado de fresa; lo abro lentamente, soplo, le saco el papel y ya está; de esa forma puedo caminar tranquilo los diez minutos de tiempo que me separan del colegio y con el helado me parece que pienso mejor y se me ocurren mejores ideas además de que el viaje se hace más llevadero. Bueno, ese es mi capricho principal y también voy a decir que tengo un cerdito de esos que solo se rompen cuando ya no cabe ninguna moneda adentro, donde guardo mis ahorros pero nunca se me ocurrió romperlo para los helados sino que se las sigo pidiendo o "sacando" a mi madre. Bueno ya está, ya conté algunos de mis pecados.. ¿para qué voy a esconderlos ?.
Pero a pesar de todo, últimamente lo que me preocupa es la actitud de mi hermana ya que no puedo verla así tan pendiente de esos zapatos y tan triste porque no se los puede comprar. Cuando salimos a hacer las compras ya no es la misma y solo tiene en su cabeza a esos zapatos que no puede tener y cuando quiero cambiar de tema pareciera que casi no me escuchara. Yo soy el hermano, a mí me gusta pasear con ella y verla bien y contenta así que en estos días estuve pensando algunas ideas para sacarla de tal estado, estuve deliberando horas y horas la manera de que este problema se termine y vuelva a ser la de antes, sobretodo cuando salimos a caminar por el barrio que es un momento en que siempre hablamos. De tanto pensar y pensar solo llegué a una idea, que aunque me duela y cueste, es perfecta para solucionar todo su descontento y pensé que podría prestarle mis ahorros para completar el dinero que le falta, sé que es mucho dinero y que me costó ahorrar desde hace mucho , pero siempre y cuando me los devuelva a fin de año no tendría ningún problema. Estuve pensando durante un rato esta idea hasta que me decidí y fui corriendo a comentárselo y esperé su reacción; como yo preveía, mi hermana se puso muy contenta y me juró y juró que antes de fin de año me podría devolver el dinero. Entonces fue y le pidió el dinero que mi madre si podía prestarle, luego rompimos el chanchito y contamos todas las monedas sobre la cama, una por una. La alegría de mi hermana fue tal cuando se dio cuanta de que sumando las dos cifras hasta sobrababan unos céntimos que me abrazó como nunca antes lo había hecho. Yo no dije nada y también la abracé porque con tal de que mi hermana esté mejor cuando salimos a caminar por el barrio yo hubiese hecho cualquier cosa; ahora si va a volver a ser la misma de siempre cuando caminemos en el atardecer o en la noche; ahora si se van a acabar sus protestas en la mesa y sus embobamientos frente a la vidriera.
Un día después, por la tarde, luego de volver del colegio, observo que mi hermana tiene puesto sus zapatos combinados con un vestido muy azul lindo y la noto muy contenta y alegre mientras habla con mi madre y luego de un rato esta le pide que vaya a hacer las compras; como de costumbre quiero acompañarla pero al llegar a la puerta me dice que no quiere que vaya, que esta vez prefiere ir sola. Yo me quedo paralizado y sin entender pero me vuelve a decir lo mismo. La verdad que en ese momento no supe que pensar pero bueno, lo dejé pasar, supongo que tendrá sus razones y mañana no pondrá objeciones en que la acompañe, habrá tenido un día malo. Al otro día, a la hora de las compras, cuando me dispongo a acompañarla vuelve a pasar lo mismo y yo me pongo mal, le pregunto una y otra vez por que pero no me dice nada, luego le pregunto a mi madre si sabe que le pasa pero ella no sabe que decirme. Los demás días por la noche la situación es similar y empiezo a preguntarme que sentido tuvo haberle prestado mis ahorros para esos zapatos si ya no quiere que salgamos juntos, si ya no voy a poder pasear más con ella cuando se hace tarde.
Una semana después de haberse comprado los zapatos, cuando voy camino al colegio con mi helado de fresa, veo a mi hermana sentada en la silla de un bar junto a un muchacho unos años mayor que ella y veo como se besan y se abrazan; mi hermana tiene puesto su zapatos azules pero no me ve pasar tan concentrada en el chico que la abraza. Yo como mi helado pero no me dan ganas de ir a la clase de Gimnasia y entonces me siento en una plaza y aunque triste porque comprendo todo, el helado de fresa me inspira para escribir esta historia. Sólo espero que mi hermana me devuelva los ahorros que tanto me costaron juntar.

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