lunes, 24 de noviembre de 2014
Fui a ver "El Puente" de Carlos Gorostiza al teatro del pueblo. Me tomé el 50, bajé en corrientes y callao y caminé por corrientes hasta el obelisco, luego crucé hasta la Diagonal Norte. En la entrada del teatro había una cola muy larga. Todavía no habían empezado a vender las entradas. Esperé bastante tiempo, creo que se hicieron más de las 20.30, casi la 21 hs. Antes de entrar un muchacho iba ofreciendo un vaso de vino que acepté con amabilidad mientral el me miró; luego me di cuenta de que era el director de la obra, Saqué la entrada y antes de ingresar una acomodadora me acompañó hasta mi asiento. Acompañaba a uno y luego volvía corriendo a buscar a otro. Pasó bastante tiempo hasta que se llenó la sala. Las luces se apagaron y empezó la obra que seguí con concentración. Algo sabía de una de las obras más importantes de nuestro teatro pero por fin pude verla por primera vez en mi vida. Duro casi dos horas. Al final hubo muchos aplausos y lágrimas de algunos de los espectadores y de algunos miembros del numeroso elenco. Era la última función que se hacía en este teatro. La productora dijo que seguirían con la obra en otro lugar aunque no especificó donde. "El Puente" no se termina, dijo. "Vamos a seguir, acá u ojalá en otro país". Salí a caminar por corrientes, entré en Banchero y pedí dos porciones de pizza y una gaseosa. Caminé hasta la parada del 50 y me volví a mi casa en el sur de la ciudad. En la calle caseros no había nadie. Escuché un poco de música y me fui a dormir.
12 de octubre de 2011. Hace mucho que no escribo sobre papel, lo noto porque tengo la mano dura como cuando era niño y terminaban las vacaciones de verano, se acercaba el primer día de clases y me ponía a practicar redacciones; Cómo me costaba escribir! Pasó mucho tiempo de esá época, más de veinte años, cuando pasaba mucho tiempo en Mar del Plata y lo que menos hacía era escribir entre el día en la playa, andar en bici y subirme a los árboles, justo antes de mi preadolescencia, después se acercaban las clases y la dificultad para poder escribir. En esa época generalmente terminaba el día sucio y roto, lo que provocaba los reproches de mi madre. No sé porque me pongo a recordar esto, quizás es la mano dura para escribir o la angustia de estos últimos tiempos que me hacen ir hacia la infancia en los años ochenta. Ahora es otra época y mi vida es muy diferente. Hace más de cinco años que vivo en Barcelona, España. Llegué a mediados del 2006, para la época del mundial de Alemania. Vine con mi hermano Juan Manuel, quien se quedó un año, trabajó en un bar y después se volvió. En esa primera época en Barcelona hice de todo, fui camarero en un bar, repartí volantes, trabajé de telefonista en una oficina, ofrecí productos y hasta traté de vender en la calle los libros que traje , lo recuerdo bien, sobre la calle Argentería extendía la lona con los libros hasta que un día pasó la policía motorizada sacando a todos los vendedores lo que provocó mi miedo y rápida huida hacia las calles internas del borne y no lo volví a intentar. En Barcelona todo era nuevo y descubría la ciudad mientras la vida me metía presión para salir adelante porque tenía el dinero justo para pagar el alquiler del piso que compartía junto a mi hermano con estudiantes de otros países: una chica italiana, un chico holandés, una chica mexicana. Si miro atrás desde hoy veo el tiempo que pasó y a veces me pregunto como pudieron pasar cinco años desde ésa época. El tiempo pasó sin que pudiera hacer demasiado, en el medio traté de vivir con la misma insatisfacción: días con rutina, obligaciones que no me dejaban hacer otras cosas, el tiempo que escaseaba o no lo aprovechaba como hubiera querido, soledad e insatisfacción y esa idea de que tendría que estar en otro lugar.
Ayer estuve en San Telmo. En la esquina de San Juan y Defensa me quedé viendo a un grupo con un cantante español que sapateaba sobre una tabla cuando cantaba. Toda una destreza cantar y sapatear. Hacían un repertorio variado, algunos covers y otros propios. Hicieron los ejes de mi carreta de Atahualpa Yupanqui y otro tema de Los delincuentes, grupo de Jerez de la frontera. El tema se llama "a la luz de Lorenzo", "Sólo quieres quererme cuando tu quieras.." Vendían sus c.d. a cincuenta pesos y la gente o bien compraba el c.d. o bien le dejaba una colaboración en las fundas de los instrumentos. Cuando terminaron les dejé dinero y crucé unas palabras con el cantante que me dijo que era de madrid, yo pensaba que era andaluz por la forma en que se comía las eses y la voz afónica. Le conté que había vivido en Barcelona un tiempo. Había un chileno y un argentino. Seguían de gira por Argentina y latinoamerica, tocando en las calles. Pensé que sería lindo viajar así. Después me encontré con Tucho y Florencia en la entrada del museo MAMBA, San Juan 350; justo estaban cerrando las puertas pero convencimos a los empleados para que nos dejaran pasar, no pagamos entrada porque ya habían cerrado la caja. Había varias exposiciones. Dibujos y pinturas de Leon Ferrari en una de las salas y en la otra la muestra se titulaba Argentina Lisergica, arte psicodelico nacional. En el subsuelo había una mezcla de pinturas y dibujos de diferentes artistas, no entendí bien el concepto, o quizás no hubiera un concepto claro pero me gustaba como estaban dispuestos los cuadros, haciendo curva en el aire con hilos transparentes, muchos dibujos con lápiz. Después fui a la sala de Ferrari. me hubiera gustado quedarme más tiempo pero ya eran las ocho y escuché la voz de una chica jóven que me decía si me quería quedar hasta mañana en la sala a lo que respondí que no estaría mal si fuera con ella. Se río y me acompañó hasta la salida. Salimos y caminamos con Tucho y Florencia por Defensa, los vendedores desarmaban los puestos de las ferias, pasaba un tipo con carro llevándose los puestos, pedía permiso, algunos todavía se quedaban. Le compré un shawarna a un vendedor turco. Fuimos a un supermercado y compramos una cerveza. Nos quedamos hablando en la plaza Dorrego un buen rato. Compramos otra cerveza. A eso de las diez caminamos otra vez por Defensa hasta Independencia, los traté de convencer para que se quedaran pero Tucho se quiso ir, se tomaron el ocho. Yo seguí caminando y me senté a comer dos pizzas y una cerveza en una mesa en la calle en Tío Felipe. Adentro daban el partido de Racing- River. Cuando me senté había poca gente en las mesas de afuera pero de a poco se fueron ocupando las mesas de la calle. LLegaron unas extranjeras adelante mío y en la mesa de atrás se sentó una pareja. Escuchaba la conversación en inglés de las extrajeras. Después le hablé a una, la que me gustaba más, una rubia alemana. Intenté hablar en inglés pero ella empezó a hablar en castellano. Me contó que hacía tres meses que estaba viajando y en ese lapso había aprendido el castellano. LLegó a Perú, luego viajó a Ecuador y después bajó por Bolivia hasta Argentina. Su idea era seguir viajando cinco meses más. Me hubiera gustado seguir hablando pero pidieron la cuenta, me saludó y se fue con sus dos amigas, una inglesa y otra holandesa. Yo pedí dos empanadas más y otra cerveza, miraba de refilón el partido de Racing- River, increíble, iba ganado Racing que queda puntero a dos fechas del final. Ultimamente empecé a salir mucho. El último mes fui al teatro varias veces, a los recitales de futurock, a san telmo.. quizás haya una búsqueda de romper la soledad y las rutinas en estas salidas por Buenos Aires.
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