domingo, 29 de marzo de 2009

     Hoy estuve en Manresa; A la mañana, como nunca me fijo los horarios, por uno o dos segundos perdí el tren. Pude sobrellevar la espera porque tenía el libro de Bolaño "Entre Parentesis", un libro que es demasiado, un libro que contiene miles de libros, un libro que es una guía de lecturas, experiencias y viajes entre infinidad de cosas más que son estos ensayos, artículos, piezas, cuentos, recuerdos o como se quiera llamar a su contenido; un libro donde uno se da cuenta de que el escritor está diciendo todo lo que sabe sin regatear nada y compartiendo sus conocimientos con el lector; solo se puede agradecer ante un libro así. No se puede decir nada más que contagiar su lectura y si es posible sugerir que se lea al azar dejando que cualquier artículo se interponga al ojearlo y escribir en un papel en blanco las miles de citas y recomendaciones. Cuantas veces buscamos una guía de lecturas, sugerencias para abordar nuevos textos y no sabemos a donde recurrir, a quien preguntar que nuevos libros leer! Pues acá tenemos una enorme, casi interminable. Me siento ridículo diciendo todo esto, más teniendo en cuenta la moda Bolaño pero hay modas y modas y que mejor que la moda de un buen escritor y es lo que siento frente a este grande literario a pesar de no haber leído demasiado o muy poco: Nocturno de Chile, Amberes, Monseñor Poin y El gaucho insufrible, una novelita Lumpen. Luego de leer bastante llegó el tren y en el viaje a Manresa seguí leyendo. Entre la espera en Plaza Cataluña y el viaje tardé más de dos horas en llegar. Es bello el paisaje antes de arribar a Manresa con la montaña de Montserrat recortada a lo lejos en el cielo, luego algunos pueblos y bosques; al llegar se ve la Gran catedral y un edificio alargado, antiguo y seguramente histórico que está un poco antes de la estación; un edificio que nunca supe bien que era. Hoy hice entrevistas por muchas calles, la primera, a una señora de edad la hice en catalán, leyendo con dificultad pero no pasé al castellano en ningún momento, en Manresa el catalán se habla con mucha más asiduidad; fue pasando el día y también me acuerdo de la calle Bilbao donde le hice la última encuesta a un Cubano de la ciudad de Olguín que estaba aprendiendo catalán con los cursos del ayuntamiento, esa fue la última encuesta.  Luego me fui caminando despacio y observé la iglesia por la parte de atrás justo cuando sonaba el campanario de las nueve y la luna iluminaba esa parte de la catedral gótica. No se veía gente por ningún lado, todo parecía fantasmal. Para llegar a la estación de trenes bajé por una callecita vieja y estrecha con edificios muy antiguos; me parecía estar en la mismisima edad media con la calle en bajada y las antiquísimos construcciones. Luego crucé el puente del río hasta la estación. Tuve que esperar otra vez una hora más. Por suerte llevaba conmigo el libro de Bolaño que seguí leyendo al azar. Llegué a Barcelona muy tarde.
       Otro día en Manresa: Barrio de las Fonts, cerca de los ferrocarriles catalanes. Hice siete encuestas. Paré en un bar debajo de los blockes. Dos hombres discutían de fútbol, uno era del Español, el otro del Barca. Tomé el café y seguí con las encuestas. LLegué muy tarde a Plaza España. LLegaba del trabajo y tenía pocas ganas de escribir, entraba en el block pero apenas escribía. Prefería buscar información en el google o mirar videos en you tubbe, además pensaba que no tenía nada importante para decir más allá de la reiterada sensación de soledad y las ganas de hacer pero no saber qué, estaba llegando a ese punto en que no sabía si servía realmente para lo que había querido hacer; también pensaba que siempre escribía sobre lo mismo y no había variedad en los temas. A veces escribía apenas cinco renglones por día o menos y lo dejaba o corregía algunas líneas de un texto anterior. Pensar en los mensajes que me había intercambiado con María, la chica paraguaya, amiga me daba un poco de alegría. Ya iban varias veces que me encontraba en el barrio de Guinardó con ella, calle Bruselas 45, subiendo la gran escalinata, junto a la plaza, pero me había visto tantas veces y ya me estaba cansando de que no pasara nada. Yo ya le había dicho que me gustaba pero ella siempre lo postergaba y ya me estaba resignando como otras veces. Cuanto más hay que hacer ? Cuando ella me pide que vaya, yo estoy sin ningún reparo en cambio cuando soy yo el que le pido de vernos no siempre puede. Habrá que adaptarse a esas condiciones si así son las cosas, pero la verdad que no me siento bien de que sea así.

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