domingo, 29 de julio de 2007
Ayer fui con Joan a la Playa de Casteldefell. Tomamos el tren en Paseo de Gracia que tardó en llegar unos veinte minutos. Como nos equivocamos y no bajamos en la estación que da a la playa tuvimos que caminar hasta la costa; unas 15 cuadras aproximadamente, un camino que yo ya había hecho en bus casi un mes atrás, cuando visité por primera vez el lugar. El camino era pintoresco; primero pasamos por debajo de una ruta, luego caminamos por la avenida Pineda, arbolada y oscura, con muchos chalets de vivienda o temporada más algunos negocios; después llegamos al puente desde donde se veía la rotonda y más adelante el mar. Desde el puente miré un rato la ruta y el vértigo al observar la velocidad con que pasaban los coches debajo mío; al sur y al oeste se veían las montañas. Seguimos caminando y despacio llegamos a la costa, el día era espléndido con un sol muy luminoso que se reflejaba en la arena de la ancha playa. Había gente pero muy poca si la comparamos con la que hay en las playas de Barcelona. Nos tiramos cerca de dos chicas morochas que no parecían prestar atención a su alrededor, eran italianas y hacían toplees. A los pocos minutos estaba muy acalorado y me tiré al mar; por suerte en esta zona el mar no desciende bruscamente como en Barcelona sino que se puede ir entrando poco a poco, aunque con el calor que hacía no era necesario aclimatar el cuerpo antes de zambullirse. Estuve en el mar más de media hora y bucié un poco en el agua cristalina, más tarde entró joan pero menos tiempo. Nos turnábamos para cuidar las cosas pero creo que no hacía falta porque no pasaba casi nadie por donde estábamos instalados. Cuando él salió del agua comimos los sandwiches que habíamos comprado en una despensa de la estación en Barcelona pero el calor era demasiado y nos alejamos un rato de la playa. Caminamos un poco y nos quedamos bajo unos árboles cerca de la peatonal que corre paralela al mar. Allí, protegidos del sol y del calor por las ramas de unos pequeños árboles estuvimos hablando de algunos temas; entre ellos me contó lo que había hecho en Paris cinco años atrás cuando estuvo por primera vez un mes en esa ciudad de la que tuvo que volver porque no encontró trabajo aunque tampoco se preocupó demasiado por eso."Ni siquiera me preocupé por hacer el curriculum" dijo; todos los días iba a una biblioteca cerca de mi piso a leer el AVUI, el diario catalán y así me enteraba de lo que pasaba. Tambíén me contó de los tres meses que pasó en el 2003 en Londres. "Trabajé siempre encerrado en una cocina pero la pasé bien porque muchas noches salía, mejoré mi inglés y me hice amigo de un heavie con el que fui a muchos conciertos de bandas inglesas de las que nunca había oído hablar en mi vida"; me contó un poco más de la ciudad y luego yo le conté de mi corto viaje por Holanda y Bélgica pero el no parecía demostrar mucha curiosidad por saber que había hecho, aunque sí me preguntó por la ciudad de Amberes. Le contesté escuetamente mas o menos lo siguiente: "tiene un gran puerto con un río largo, algunas iglesias y una gran catedral alta y blanca; hay tranvías blancos, impecables, que cruzan calles sucias y un metro muy chico que tiene dos vagones grises pintados con algunos graffitis. También hay un puente metálico por donde pasa el tren que atraviesa parte de la ciudad. Cuando te alejas del centro las calles se estrechan aún más pero es todo más pintoresco; en el centro hay un palacio gubernamental con banderas de todos los países, muchos restaurantes de carne Argentina y hay una gran estación de trenes histórica y clásica con el café Royal adentro; todo parece estar muy bien conservado y junto a la estación de trenes hay un zoológico al lado de cuya entrada se pueden ver grandes elefantes de madera de distintos tamaños donde me saqué varias fotos. Me pareció una ciudad linda y extraña, muy diferente a lo latino, una ciudad blanca, donde se puede caminar a orillas del ancho río que da al puerto sin ver barcos. En Amberes alquilé una bici por diez euros y anduve todo el día sin parar de aquí para allá y sólo me detuve un buen rato en un parque oscuro donde había skater muy chicos, de menos de veinte años, haciendo pruebas en un half, me quedé viendolos y me acordé de un tema de Masacre Palestina. En la ciudad de Amberes perdí un libro que se llamaba "Amberes", de Roberto Bolaño y que era de la biblioteca pública Francisc Boneman de la calle Sant. Pere baix del centro de Barcelona. Cuando lo retiré, tres semanas antes, no sabía que iba a hacer este viaje, ni siquiera sabía donde quedaba Amberes, y esto me llevó a pensar en lo que son las "casualidades". Amberes en Neerlandés se escribe "Antwerpen" dije por fin. No se porque Joan me preguntó por Masacre y yo le conté, para resumirle, que era una banda de skate-punk argentino, también le conté que yo solía hablar con su cantante Walas en la esquina de Saenz Peña y Estados Unidos en Buenos Aires donde atendía un puesto de diarios antes de viajar a Barcelona, eso fue más o menos lo que le conté a Joan, demasiada información pero bueno, a veces me gusta hablar sin parar, me entiendan o no. Más tarde caminamos hacia Gabá, la playa no cambiaba demasiado aunque los aviones que llegaban o despegaban desde el Prat parecían verse más cerca. Nos quedamos hasta las siete de la tarde y luego caminamos si mal no recuerdo hasta la avenida Europa de Gabamar. Desandamos el camino y nos tomamos junto con mucha gente el bus de vuelta a la ciudad que tardó demasiado tiempo porque salía de la ruta y entraba y salía a los barrios de la playa. Me despedí de Joan y Llegué justo al recital de Calamaro en el Forum, me encontré con Alberto y su barra frente al hotel Princess en una bar llamado L´olla que tenía sus mesas abarrotadas de gente. Los chicos eran los catalanes más fanáticos de Andrés Calamaro que había conocido; uno tenía la camiseta argentina y le dije palabras típicas, comunes "que bien ", "esos son los colores que quería ver". El recital duró casi cuatro horas, abrieron y cerraron juntos y me gustaron los dos aunque disfruté más del artista Vasco, creo que porque no lo conocía mucho y me sorprendió. "Ha sido divertido me equivocaría otra vez, quieres bailar conmigo, puede que te pise los pies". Estuve con los chicos catalanes pero casi no hablé con ellos, luego al final nos desencontramos. Cuando bajé la explanada del forum me dediqué a mirar el hormiguero humano que no paraba de bajar del recital y me di cuenta de que iba a ser imposible encontrarlos entre tanta gente. Entonces enfilé hacia la cola del tranvía eléctrico que pasaban repletos hacia la zona de Glorias. Esperé que pasaran varios antes de subirme. De Glorias caminé un poco hasta el pasaje Mayol en Sagrada Familia y me dormí pensando en que había hecho muchas cosas en un día y en que a pesar del cansancio había estado bien. Julio 2007
miércoles, 25 de julio de 2007
No Tengo ganas de trabajar. Me levanté a las 9 de la mañana, van a ser la una y todavía no salí de la casa. Me bañé, luego desayuné lentamente; más tarde di vueltas por el comedor y escuché música pero no me decidí a salir. No tener horarios tiene sus ventajas pero tambien sus contras ya que dejo pasar el tiempo si salir y sin hacer nada; igual prefiero esto porque siempre decido yo. Hoy no tengo ganas, ¿para qué? ¿por qué? ¿con qué sentido? Hace calor, tengo que ir a hospitalet en metro, tengo calor, en mi casa se cortó la luz, me pesa la mochila y la computadora, no encuentro el sentido a levantarme a trabajar pero si no tuviera el trabajo también estaría mal. Quisiera ir a la playa, a un lugar tranquilo donde no haya nadie, quisiera estar con una chica o tener algún aliciente pero me siento sólo; sé que no tengo alternativa, el trabajo me permite vivir. Hace un rato salí al supermercado a comprar té y vi el frente de la sagrada Familia lleno de turistas que hacían cola para entrar, vi gente que caminaba a la playa en este principio de verano ya muy caluroso. Debo tomarme las cosas con calma y sin volverme loco, haré lo que pueda, las ganas no se pueden inventar. Trataré de tomármelo como un juego, como un paseo, si hago encuestas bien y si no también, hago como que voy a dar vueltas por hospitalet. Sólo tengo que tomar la línea azul y hacer combinación con la roja, luego bajar en S. Eulalia; no es tan lejos al fin y al cabo; espero que en los edificios haya ascensores, no tengo ganas de subir las escaleras, me siento cansado, dormí poco, tengo algo de resaca de toda la cerveza que tomé ayer. Ahora salgo a trabajar desde el Pasaje Mayol número 8 en Sagrada Familia.
martes, 24 de julio de 2007
Volvío la luz al departamento después de más de dos día de apagón en casi toda Barcelona, aunque el barrio de la Sagrada Familia, donde vivo, fue el de los más afectados, ya que el corte duró más que en otros lugares. La comida que tenía en la heladera se arruinó: el queso está feo, la manteca rancia, la carne en mal estado. Nadie me lo va a pagar, sólo unas disculpas de la presidenta de Fecsa Endesa por radio,diarios y Televisión; no creo que haya descuentos en la factura; pero hacer el reclamo y todo lo que eso significa es todavía más problemático y no tengo la paciencia suficiente para esa insistencia. Bueno, ya está; es la primera vez que pasa esto en el año que vivo en Barcelona, me lo tomo con calma. Además vivo en un piso compartido, no soy el titular.
Hoy trabajé por la zona del Pubilla Cases, linea azul de metro, Hospitalet, aunque muy cerca de la ciudad, barrio de muchos latinos. Por la mañana fui a la oficina de la empresa a transmitir la información porque hacía tres días que no podía enviar las encuestas ya realizadas. Mientras la máquina procesaba miré la ciudad desde el lujoso piso 16 del edificio de la calle Tarragona 160. La vista era impactante: el puerto, Villa olímpica, el Montjuic, la torre Agbar, la visión del mar y de la ciudad con tonos rojizos, amarillos y naranjas;detrás se veían las verdes montañas. Vi también la iglesia de la Sagrada Familia, donde vivo y localicé la zona del Forum y Badalona a lo lejos. Estuve una hora y después salí a hacer encuestas por Hospitalet. Hizo mucho calor y no paré a comer, sólo descansé 20 minutos mientras tomaba un agua mineral. Durante el día no me sentí muy bien, estuve triste y creo que sé las causas: ayer mi padre me llamó por teléfono y me preguntó como andaba, hablamos brevemente de cómo iban mis cosas hasta que me preguntó que estaba haciendo en ese momento; yo le dije la verdad, que estaba escribiendo en un blog, llevando una especie de Diario y me pidió la dirección para leerlo. Yo le dije que no se la iba a dar. Inmediatamente se puso nervioso y me despidió con un "chau campéón". Y que le iba a decir... Es que no me puedo sacar la bronca y rencor de encima, cómo olvidarme de ciertas cosas, de situaciones agresivas, ataques, burlas de su parte. Se hace el tonto, es cínico o quizás tiene algún problema. Para mi nada es tan fácil. Leer lo que yo escribo? Así porque sí. Y cuando me hechaste de casa o me trataste de inútil o te pedí ayuda y no me la diste cuando más la necesitaba. Es cierto que yo no me acerqué a él lo suficiente, es cierto que lo negué y también lo peleé. No, pa, no es tan fácil darte a leer lo que escribo, no lo pidas así nomás cómo si no hubiera pasado nada. Cuando me recibí en periodismo mamá estaba sóla para darme el título por ejemplo, cuando caí en depresiones sólo ella se me acercó y me trató de comprender, no, las cosas no son tan fáciles. Ahora mamá ya no está, yo estoy muy lejos y no hace falta preguntar demasiado porque te seguis quedando sólo. La verdad que no me puedo sacar la bronca por muchas cosas que me dijo e hizo durante muchos años. A mí me gustaría estar bien con él pero no es fácil olvidarse. Nunca me olvido de las palabras de mamá antes de morir: "no lo pelees". Bueno, trato de no pelear pero parecería como si ciertas palabras fueran inevitables, incluso más allá de lo que deseo. Nada es tan fácil, la bronca y el rencor son muy feos pero no me los puedo sacar.
Hoy trabajé por la zona del Pubilla Cases, linea azul de metro, Hospitalet, aunque muy cerca de la ciudad, barrio de muchos latinos. Por la mañana fui a la oficina de la empresa a transmitir la información porque hacía tres días que no podía enviar las encuestas ya realizadas. Mientras la máquina procesaba miré la ciudad desde el lujoso piso 16 del edificio de la calle Tarragona 160. La vista era impactante: el puerto, Villa olímpica, el Montjuic, la torre Agbar, la visión del mar y de la ciudad con tonos rojizos, amarillos y naranjas;detrás se veían las verdes montañas. Vi también la iglesia de la Sagrada Familia, donde vivo y localicé la zona del Forum y Badalona a lo lejos. Estuve una hora y después salí a hacer encuestas por Hospitalet. Hizo mucho calor y no paré a comer, sólo descansé 20 minutos mientras tomaba un agua mineral. Durante el día no me sentí muy bien, estuve triste y creo que sé las causas: ayer mi padre me llamó por teléfono y me preguntó como andaba, hablamos brevemente de cómo iban mis cosas hasta que me preguntó que estaba haciendo en ese momento; yo le dije la verdad, que estaba escribiendo en un blog, llevando una especie de Diario y me pidió la dirección para leerlo. Yo le dije que no se la iba a dar. Inmediatamente se puso nervioso y me despidió con un "chau campéón". Y que le iba a decir... Es que no me puedo sacar la bronca y rencor de encima, cómo olvidarme de ciertas cosas, de situaciones agresivas, ataques, burlas de su parte. Se hace el tonto, es cínico o quizás tiene algún problema. Para mi nada es tan fácil. Leer lo que yo escribo? Así porque sí. Y cuando me hechaste de casa o me trataste de inútil o te pedí ayuda y no me la diste cuando más la necesitaba. Es cierto que yo no me acerqué a él lo suficiente, es cierto que lo negué y también lo peleé. No, pa, no es tan fácil darte a leer lo que escribo, no lo pidas así nomás cómo si no hubiera pasado nada. Cuando me recibí en periodismo mamá estaba sóla para darme el título por ejemplo, cuando caí en depresiones sólo ella se me acercó y me trató de comprender, no, las cosas no son tan fáciles. Ahora mamá ya no está, yo estoy muy lejos y no hace falta preguntar demasiado porque te seguis quedando sólo. La verdad que no me puedo sacar la bronca por muchas cosas que me dijo e hizo durante muchos años. A mí me gustaría estar bien con él pero no es fácil olvidarse. Nunca me olvido de las palabras de mamá antes de morir: "no lo pelees". Bueno, trato de no pelear pero parecería como si ciertas palabras fueran inevitables, incluso más allá de lo que deseo. Nada es tan fácil, la bronca y el rencor son muy feos pero no me los puedo sacar.
sábado, 21 de julio de 2007
Es la primera vez que vengo a esta Playa; hacía tiempo que quería venir pero por una cosa u otra nunca podía. Hoy me tocó trabajar en el pueblo y me ocupé de terminar las encuestas temprano para poder conocer el lugar. Terminé el trabajo a las seis de la tarde cuando el sol todavía calentaba con mucha fuerza. Desde donde me encontraba hasta la avenida de la costa el bus tardó unos quince minutos. El trayecto lo hizo por calles pintorescas de casas residenciales; a los diez minutos cruzamos con rapidez un gran puente de cemento rojo y un poco después ya se veía el mar. Caminé un poco a través de una explanada, me saqué las zapatillas y empecé a respirar con tranquilidad el aire que venía del mar. Alguna vez escuché a alguien decir que en Casteldefels estaban las mejores playas cercanas a Barcelona y la verdad que el paisaje y la dimensión de la playa me impresionaron como para entender esa opinión. A la derecha el sol descendía lentamente tras las montañas que se veían brumosas, como si sólo resaltaran los contornos en su caída al Mediterráneo. Más atrás estaban las colinas de Garraf, más atrás Sitges. Había muy poca gente; apenas algunas figuras indistinguibles a lo lejos en este viernes de fines de junio. El cielo de un color celeste sin nubes y un viento necesario que aliviaba del calor. Estoy tirado, descanso del trabajo y sólo miro el mar. A medida que la hora avanza y el sol deja de reflejar, las montañas empiezan a verse con mayor nitidez. El único sonido es el de las olas que caen suaves sobre la arena. A la izquierda, en el cielo, se observan los aviones que despegan desde el prat; uno tras otro, con intervalos de apenas un minuto, se elevan hasta ser tragados por la lejanía; a veces se pueden ver hasta tres juntos en el cielo, uno muy lejos de otros.
Detrás mío hay bosques y un poco más a la derecha edificios turísticos de temporada vacíos. Son quilómetros y quilómetros de playas inmensas que ahora se ven practicamente desiertas. ¿ que hago aquí? no tengo respuesta, vine a pasear, a conocer. Guardo la computadora de trabajo en la mochila y la dejo a un costado, uso las zapatillas como almohada y miro hacia el mar y otra vez hacia las montañas que caen al mar. La temperatura del fin del día es tibio, el sol se oculta con lentitud; me siento sólo y sin un estado de ánimo definible, como si no hubiera nada que hacer, aunque si me gustaría hacer, como si algo de lo que todos participan me fuera negado siempre; se que es la tristeza habitual contra la que ya no puedo hacer nada, un estado de melancolía y abatimiento que me llega sin buscarlo y un impedimento por asir todo esto de lo que soy testigo, nada nuevo, la soledad, el miedo, la incomunicación y el rencor que tengo adentro contra todo lo que considero malo del mundo que no cambia y no puedo cambiar. A veces siento que no sé que hacer con mi vida, cada camino que intento se agota en la decepción y en la falta de estímulo.
Detrás mío hay bosques y un poco más a la derecha edificios turísticos de temporada vacíos. Son quilómetros y quilómetros de playas inmensas que ahora se ven practicamente desiertas. ¿ que hago aquí? no tengo respuesta, vine a pasear, a conocer. Guardo la computadora de trabajo en la mochila y la dejo a un costado, uso las zapatillas como almohada y miro hacia el mar y otra vez hacia las montañas que caen al mar. La temperatura del fin del día es tibio, el sol se oculta con lentitud; me siento sólo y sin un estado de ánimo definible, como si no hubiera nada que hacer, aunque si me gustaría hacer, como si algo de lo que todos participan me fuera negado siempre; se que es la tristeza habitual contra la que ya no puedo hacer nada, un estado de melancolía y abatimiento que me llega sin buscarlo y un impedimento por asir todo esto de lo que soy testigo, nada nuevo, la soledad, el miedo, la incomunicación y el rencor que tengo adentro contra todo lo que considero malo del mundo que no cambia y no puedo cambiar. A veces siento que no sé que hacer con mi vida, cada camino que intento se agota en la decepción y en la falta de estímulo.
jueves, 19 de julio de 2007
Hoy hizo mucho calor en Barcelona. Fui a hacer encuestas a una zona bastante cercana de donde vivo ahora, al barrio del Clot; la torre Agbar se veía muy cercana. Las primeras tres horas fueron muy malas, hice sólo una encuesta y entre el calor y la ausencia de gente en las casas estaba un poco desmoralizado; pero después la suerte cambió y a las cinco de la tarde ya tenía seis; además fue un caso atípico ya que hice cinco encuestas en un sólo edificio, mientras por lo general suelo hacer una por edifificio o cada dos. Al terminar el trabajo entré en un bar y tomé un café lentamente al tiempo que leí unas páginas de "La habitación cerrada de Paul Auster". El libro me interesaba mucho, especialmente la parte que estaba leyendo pero después de un tiempo preferí mirar a la calle, mientras pensaba si ir o faltar a la clase de Catalán. El colegio del ayuntamiento quedaba cerca, podía ir caminando, así que después de deliberar unos minutos decidí caminar hasta Selva del mar 160; caminaría con pausa, llegaría tarde, pero iría. Mientras me dirigía a la escuela pasé por una plaza en donde había estado el año pasado, cuando recién llegado de Buenos Aires busqué trabajo por esta zona; había pasado más de un año y en aquella ocasión caminaba con mi hermano por esta plaza. Recuerdo que esa vez entramos a comprar al mercado del clot un agua mineral y nos sentamos en la plaza a beber mientras veíamos a una banda de música orquestal. Luego de un año de estar en Barcelona vuelvo a pasar después de un tiempo por lugares en donde había estado con mi hermano y me pongo nostálgico pensando en la lejanía de él, ahora en caballito, Buenos Aires y también al pensar en mi soledad.
Julio 2007
Julio 2007
Acabo de crear el Blog. Es la primera vez que tengo un lugar propio para escribir. Estoy contento, ahora voy a intentar venir todos los días a escribir un poco y va a quedar constancia de mis escritos en un lugar fijo. Está muy bien porque no tengo que pensar demasiado antes de largarme en el tobogán de la escritura como con la hoja y el lápiz donde todo se hacía más ceremonioso y difícil a la hora de empezar. En el blog siento una libertad para escribir que no tenía con el papel, una especie de no temor a escribir mal; es raro porque este supuestamente es también un lugar definitivo donde queda plasmado todo pero creo que el hecho de poder hacer cambios constantes es lo que hace que sienta menos inhibición a la hora de empezar ya que escribo el texto base y luego voy haciendo cambios de manera artesanal, en fin, creo que es lo más parecido a la libertad del mail o de una carta donde uno no se acartona demasiado entonces a veces salen textos interesantes. Cuando digo esto me refiero a esos minutos previos antes de comenzar a escribir donde cada palabra parece ser definitiva y trascendental y donde el miedo suele hecharme hacia atrás; incluso en el blog no me parece tan ridículo lo que escribo. Al fin y al cabo escribir es un acto más de libertad, nada tiene que ser tan importante, todo lo contrario, escribir debe ser un juego, quizás un juego serio pero no deja de ser un juego donde lo que rige es la libertad de ser sincero con lo que digo y siento. Esto no significa que no siga escribiendo con lapiz y papel en hojas pero ahora puedo hacer combinaciones: 1)escribir directamente en el blog más las modificaciones constantes que me permite la edición y 2) escribir en papel y luego traspasarlo al blog más los cambios. No sé, tengo la impresión de que voy a escribir más y por lo tanto voy a mejorar mi redacción, narración o estilo, además si soy constante con el tiempo se va a formar un diario, bitácora o algo parecido lo que está muy bien. Son percepciones. Por ahora voy a ir pasando de a poco los escritos que llevo desde que llegué a Barcelona hace casi un año y así va ir quedando un registro de las vivencias.
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