martes, 9 de abril de 2013

       Me acuerdo de aquella noche fría en las calles de constitución con adoquines que resbalaban por la humedad y la pequeña luz mortecina que iluminaba aquella esquina donde tomábamos cerveza a la vuelta del local. Te acordás Luciana? Tus amigos de Dock sud y las remeras de Las Pelotas, Los redondos, Bersuit, los Rolling Stones. No, nunca había ido a un recital de Bersuit vergarabat pero me dijiste de ir y no lo dudé.  Luciana, eternamente bella, besada por todo el pogo del 95 en arpegios, besada pero jamás amada y por eso tus lágrimas y tu bronca de la que siempre me hablabas. No, no quiero ser como dicen que hay que ser, quiero ser como soy me decías en referencia a tus aspecto de chica gorda que no quería bajar de peso por que? Vos me contabas tanto, yo te contaba tanto. Tus lamentos, los míos; no sé cuales eran peores. Yo te hablaba de mi falta de arrojo para expresar los sentimientos con la chica que me gustaba y que vos bien conocías, esperar, esperar y nunca decirle nada. Por qué nos cuesta tanto todo, porque nunca se tiene lo que se quiere, "por qué los pedazos rotos del espejo interior" y después por que el mundo era así? Tanta indiferencia, tanta injusticia. Al lado la cerveza, la 3ra, la 5ta, hasta perder la cuenta. Cómo no recordarte hace tantos años en cemento, en Arpegios o donde tocara la Bersuit, cantando las canciones de Asquerosa Alegría. "Mi rebeldía del pasado le hace burlas a todo lo que digo" me pregunto yo ahora después de tanto tiempo. Me vienen imagenes a la cabeza de esas noches antes de los recitales, borrachos, en la vereda, esperando que empiecen a tocar. Seguirá siendo igual ahora? Digo, los pibes de 19, 21, 23, 25?  Si, seguro que es igual en los recitales de La renga o del Indio solari por ejemplo, pero no sé, me parece que en esa época era más peligroso, el rock era contestatario, estaba en contra, mediados de los 90 estaba más cerca del fin de la dictadura o de principio de la democracia ahora que me pongo a pensar, en esa época me parecía lejísimos los primeros 80 pero habían pasado unos diez o 12 años y por eso la policía era tan jodida. Me acuerdo del frío en la calle, de las risas, los saludos, presentandome a uno, a otro, a las distintas bandas que venían con banderas de los barrios. Ese está re loco me decías, era el facha de boedo que iba en ojotas y remera a los recitales en pleno invierno. Luciana, fumando marihuana pero diciendo no al vino con pastillas que te ofrecían unos vagos de no sé que lugar. La Bersuit me repele, estoy cansada me decías, es una porquería, siempre es lo mismo pero no podías dejar de seguirla. Luciana, tan aplicada con tus estudios, tan concentrada en todas las materias, tan buena alumna, tan distinta los viernes o sábados si tocaba la bersuit o alguna otra banda de rock.  Cómo sabías distinguir los momentos. Ahora descontrol, ahora estudio, trabajo, esfuerzo. Te recuerdo en tu departamento de Dock sud, los monoblock donde tiempo después filmaron tumberos, tu cuarto que daba a la autopista, la colección del si de clarín con tu amado rock nacional desde Moris a la Bersuit. Tomate el 134 me habías dicho y yo no sabía por donde agarrar para llegar a tu torre que no era tan marginal como después lo mostraban en esa serie. Luciana, vos terminaste en cinco años la facultad, tan esmerada, tan constante, tan bersuitera con tu trabajo en la municipalidad del que siempre te querías ir. Me acuerdo de esa especie de militancia que hicimos con Darío, con Facundo cuando editamos una revista en la que escribió Gabo Ferro que también era compañero nuestro. Me acuerdo de que sentías un entusiasmo por todo. ¿Donde estás Luciana? ¿Que hacés en estos días?  ¿Como volver el tiempo atrás para encontrarte con vos en una noche fría en Arpegios?

lunes, 8 de abril de 2013

   Y muchas veces, cuando yo te llamaba para salir vos me contestabas que en ese momento no podías, que lo dejaramos para otro día porque tenías cosas que hacer y yo te respondia que no había problema, que te volvía a llamar más adelante aunque por dentro me moría y me matara ese no, esa postergación. En cambio cada vez que vos llamabas para salir yo estaba siempre dispuesto, pasara lo que pasara, incluso aunque jugara San Lorenzo, la seleccion o tocaran Los redondos y me doliera no poder ir prefería estar con vos; siempre te decía que si, aunque disimulara una duda, aunque finjiera vacilar. Pero mientras hacía mi comedia de la duda me preguntaba si a vos te afectaría que yo te dijera que no y no sabía que pensar, pero jamás fui capaz de decirte que no ¡ ni siquiera los días en que andaba algo presuntuoso! jamás te decía que no y así fue siempre con vos y lo sabías muy bien. Sabías que podías tardar más de media hora en llegar a cualquier esquina en la que habíamos quedado para encontrarnos y yo estarìa esperandote, siempre esperandote. Ni hablar cuando llegaba a tu casa con puntualidad y vos tardabas un rato en salir. Y me sentía bien cuando tocaba el timbre y esperaba en la puerta a que salieras, miraba a través del pasillo como se encendían las luces en la casa, el ruido de las llaves en la puerta, tus pasos lentos acercandose en la oscuridad. Y como me gustaba entrar a tu casa y verte alegre porque yo había llegado, esa sonrisa era lo que más me complacía, nada pagaba la sensación de verte contenta porque yo llegaba; como me gustaba hablar de lo que haríamos esa noche: escuchar tango o rock, rezar para que funcione el video y mirar alguna película, tomar cerveza, escribir poesía entre los dos y dejar que la noche fuera avanzando y cubriera de sombras el pequeño patio al fondo de esa casa chorizo que se parecía a la vecindad del chavo.  Como me acuerdo de esos momentos de complicidad y miradas compinches, esas noches de verano persisten inalterables en mi memoria, es un tesoro que se niega a caer de mi pasado. Yo solía llegar a eso de las diez y un rato después hacíamos el pedido a la pizzería.  Casi siempre pedíamos seis empanadas y dos cervezas. Yo me moría de celos si ibas a atender vos y te retrasabas más de la cuenta, desde atrás del pasillo controlaba que no hubiera una palabra de más con quien te entregara la pizza; te celaba aunque no tardaras mucho tiempo;  a mí me parecía interminable, me parecía que te querían levantar. Pensaba que tendría que haber ido yo y no dejarte sola, aunque fueras la dueña de la casa. Ay, como me gustabas, siempre me pareció que escondías algo, una vida de la que yo no podía formar parte, algo que se me negaba aunque tratara de hablar mucho para sacarte todo, siempre me daba la impresión de que me escondías facetas de tu vida; me parecía que había algo esencial que me ocultabas y que siempre iba a conocerte hasta ahí. Una vez se me ocurrió decirte que estabas más abierta conmigo que me estabas contandome más cosas y vos apenas sonreiste diciendome que no tenía porque saber todo sobre vos y que no había más que lo que me decías, que no me estabas ocultando nada que no existían ningún caparazón. Y así pasaron varias noches de las que se me hace dificil olvidar; como no recordar lo que para mi representaba todo en ese momento.