Hoy es 2018. hace cuatro años que no escribo en esta página. empecé a escribir hace once años cuando llevaba en Barcelona menos de una año. Es muy raro cuando leer estos escritos!
miércoles, 7 de noviembre de 2018
lunes, 24 de noviembre de 2014
Fui a ver "El Puente" de Carlos Gorostiza al teatro del pueblo. Me tomé el 50, bajé en corrientes y callao y caminé por corrientes hasta el obelisco, luego crucé hasta la Diagonal Norte. En la entrada del teatro había una cola muy larga. Todavía no habían empezado a vender las entradas. Esperé bastante tiempo, creo que se hicieron más de las 20.30, casi la 21 hs. Antes de entrar un muchacho iba ofreciendo un vaso de vino que acepté con amabilidad mientral el me miró; luego me di cuenta de que era el director de la obra, Saqué la entrada y antes de ingresar una acomodadora me acompañó hasta mi asiento. Acompañaba a uno y luego volvía corriendo a buscar a otro. Pasó bastante tiempo hasta que se llenó la sala. Las luces se apagaron y empezó la obra que seguí con concentración. Algo sabía de una de las obras más importantes de nuestro teatro pero por fin pude verla por primera vez en mi vida. Duro casi dos horas. Al final hubo muchos aplausos y lágrimas de algunos de los espectadores y de algunos miembros del numeroso elenco. Era la última función que se hacía en este teatro. La productora dijo que seguirían con la obra en otro lugar aunque no especificó donde. "El Puente" no se termina, dijo. "Vamos a seguir, acá u ojalá en otro país". Salí a caminar por corrientes, entré en Banchero y pedí dos porciones de pizza y una gaseosa. Caminé hasta la parada del 50 y me volví a mi casa en el sur de la ciudad. En la calle caseros no había nadie. Escuché un poco de música y me fui a dormir.
12 de octubre de 2011. Hace mucho que no escribo sobre papel, lo noto porque tengo la mano dura como cuando era niño y terminaban las vacaciones de verano, se acercaba el primer día de clases y me ponía a practicar redacciones; Cómo me costaba escribir! Pasó mucho tiempo de esá época, más de veinte años, cuando pasaba mucho tiempo en Mar del Plata y lo que menos hacía era escribir entre el día en la playa, andar en bici y subirme a los árboles, justo antes de mi preadolescencia, después se acercaban las clases y la dificultad para poder escribir. En esa época generalmente terminaba el día sucio y roto, lo que provocaba los reproches de mi madre. No sé porque me pongo a recordar esto, quizás es la mano dura para escribir o la angustia de estos últimos tiempos que me hacen ir hacia la infancia en los años ochenta. Ahora es otra época y mi vida es muy diferente. Hace más de cinco años que vivo en Barcelona, España. Llegué a mediados del 2006, para la época del mundial de Alemania. Vine con mi hermano Juan Manuel, quien se quedó un año, trabajó en un bar y después se volvió. En esa primera época en Barcelona hice de todo, fui camarero en un bar, repartí volantes, trabajé de telefonista en una oficina, ofrecí productos y hasta traté de vender en la calle los libros que traje , lo recuerdo bien, sobre la calle Argentería extendía la lona con los libros hasta que un día pasó la policía motorizada sacando a todos los vendedores lo que provocó mi miedo y rápida huida hacia las calles internas del borne y no lo volví a intentar. En Barcelona todo era nuevo y descubría la ciudad mientras la vida me metía presión para salir adelante porque tenía el dinero justo para pagar el alquiler del piso que compartía junto a mi hermano con estudiantes de otros países: una chica italiana, un chico holandés, una chica mexicana. Si miro atrás desde hoy veo el tiempo que pasó y a veces me pregunto como pudieron pasar cinco años desde ésa época. El tiempo pasó sin que pudiera hacer demasiado, en el medio traté de vivir con la misma insatisfacción: días con rutina, obligaciones que no me dejaban hacer otras cosas, el tiempo que escaseaba o no lo aprovechaba como hubiera querido, soledad e insatisfacción y esa idea de que tendría que estar en otro lugar.
Ayer estuve en San Telmo. En la esquina de San Juan y Defensa me quedé viendo a un grupo con un cantante español que sapateaba sobre una tabla cuando cantaba. Toda una destreza cantar y sapatear. Hacían un repertorio variado, algunos covers y otros propios. Hicieron los ejes de mi carreta de Atahualpa Yupanqui y otro tema de Los delincuentes, grupo de Jerez de la frontera. El tema se llama "a la luz de Lorenzo", "Sólo quieres quererme cuando tu quieras.." Vendían sus c.d. a cincuenta pesos y la gente o bien compraba el c.d. o bien le dejaba una colaboración en las fundas de los instrumentos. Cuando terminaron les dejé dinero y crucé unas palabras con el cantante que me dijo que era de madrid, yo pensaba que era andaluz por la forma en que se comía las eses y la voz afónica. Le conté que había vivido en Barcelona un tiempo. Había un chileno y un argentino. Seguían de gira por Argentina y latinoamerica, tocando en las calles. Pensé que sería lindo viajar así. Después me encontré con Tucho y Florencia en la entrada del museo MAMBA, San Juan 350; justo estaban cerrando las puertas pero convencimos a los empleados para que nos dejaran pasar, no pagamos entrada porque ya habían cerrado la caja. Había varias exposiciones. Dibujos y pinturas de Leon Ferrari en una de las salas y en la otra la muestra se titulaba Argentina Lisergica, arte psicodelico nacional. En el subsuelo había una mezcla de pinturas y dibujos de diferentes artistas, no entendí bien el concepto, o quizás no hubiera un concepto claro pero me gustaba como estaban dispuestos los cuadros, haciendo curva en el aire con hilos transparentes, muchos dibujos con lápiz. Después fui a la sala de Ferrari. me hubiera gustado quedarme más tiempo pero ya eran las ocho y escuché la voz de una chica jóven que me decía si me quería quedar hasta mañana en la sala a lo que respondí que no estaría mal si fuera con ella. Se río y me acompañó hasta la salida. Salimos y caminamos con Tucho y Florencia por Defensa, los vendedores desarmaban los puestos de las ferias, pasaba un tipo con carro llevándose los puestos, pedía permiso, algunos todavía se quedaban. Le compré un shawarna a un vendedor turco. Fuimos a un supermercado y compramos una cerveza. Nos quedamos hablando en la plaza Dorrego un buen rato. Compramos otra cerveza. A eso de las diez caminamos otra vez por Defensa hasta Independencia, los traté de convencer para que se quedaran pero Tucho se quiso ir, se tomaron el ocho. Yo seguí caminando y me senté a comer dos pizzas y una cerveza en una mesa en la calle en Tío Felipe. Adentro daban el partido de Racing- River. Cuando me senté había poca gente en las mesas de afuera pero de a poco se fueron ocupando las mesas de la calle. LLegaron unas extranjeras adelante mío y en la mesa de atrás se sentó una pareja. Escuchaba la conversación en inglés de las extrajeras. Después le hablé a una, la que me gustaba más, una rubia alemana. Intenté hablar en inglés pero ella empezó a hablar en castellano. Me contó que hacía tres meses que estaba viajando y en ese lapso había aprendido el castellano. LLegó a Perú, luego viajó a Ecuador y después bajó por Bolivia hasta Argentina. Su idea era seguir viajando cinco meses más. Me hubiera gustado seguir hablando pero pidieron la cuenta, me saludó y se fue con sus dos amigas, una inglesa y otra holandesa. Yo pedí dos empanadas más y otra cerveza, miraba de refilón el partido de Racing- River, increíble, iba ganado Racing que queda puntero a dos fechas del final. Ultimamente empecé a salir mucho. El último mes fui al teatro varias veces, a los recitales de futurock, a san telmo.. quizás haya una búsqueda de romper la soledad y las rutinas en estas salidas por Buenos Aires.
martes, 9 de abril de 2013
Me acuerdo de aquella noche fría en las calles de constitución con adoquines que resbalaban por la humedad y la pequeña luz mortecina que iluminaba aquella esquina donde tomábamos cerveza a la vuelta del local. Te acordás Luciana? Tus amigos de Dock sud y las remeras de Las Pelotas, Los redondos, Bersuit, los Rolling Stones. No, nunca había ido a un recital de Bersuit vergarabat pero me dijiste de ir y no lo dudé. Luciana, eternamente bella, besada por todo el pogo del 95 en arpegios, besada pero jamás amada y por eso tus lágrimas y tu bronca de la que siempre me hablabas. No, no quiero ser como dicen que hay que ser, quiero ser como soy me decías en referencia a tus aspecto de chica gorda que no quería bajar de peso por que? Vos me contabas tanto, yo te contaba tanto. Tus lamentos, los míos; no sé cuales eran peores. Yo te hablaba de mi falta de arrojo para expresar los sentimientos con la chica que me gustaba y que vos bien conocías, esperar, esperar y nunca decirle nada. Por qué nos cuesta tanto todo, porque nunca se tiene lo que se quiere, "por qué los pedazos rotos del espejo interior" y después por que el mundo era así? Tanta indiferencia, tanta injusticia. Al lado la cerveza, la 3ra, la 5ta, hasta perder la cuenta. Cómo no recordarte hace tantos años en cemento, en Arpegios o donde tocara la Bersuit, cantando las canciones de Asquerosa Alegría. "Mi rebeldía del pasado le hace burlas a todo lo que digo" me pregunto yo ahora después de tanto tiempo. Me vienen imagenes a la cabeza de esas noches antes de los recitales, borrachos, en la vereda, esperando que empiecen a tocar. Seguirá siendo igual ahora? Digo, los pibes de 19, 21, 23, 25? Si, seguro que es igual en los recitales de La renga o del Indio solari por ejemplo, pero no sé, me parece que en esa época era más peligroso, el rock era contestatario, estaba en contra, mediados de los 90 estaba más cerca del fin de la dictadura o de principio de la democracia ahora que me pongo a pensar, en esa época me parecía lejísimos los primeros 80 pero habían pasado unos diez o 12 años y por eso la policía era tan jodida. Me acuerdo del frío en la calle, de las risas, los saludos, presentandome a uno, a otro, a las distintas bandas que venían con banderas de los barrios. Ese está re loco me decías, era el facha de boedo que iba en ojotas y remera a los recitales en pleno invierno. Luciana, fumando marihuana pero diciendo no al vino con pastillas que te ofrecían unos vagos de no sé que lugar. La Bersuit me repele, estoy cansada me decías, es una porquería, siempre es lo mismo pero no podías dejar de seguirla. Luciana, tan aplicada con tus estudios, tan concentrada en todas las materias, tan buena alumna, tan distinta los viernes o sábados si tocaba la bersuit o alguna otra banda de rock. Cómo sabías distinguir los momentos. Ahora descontrol, ahora estudio, trabajo, esfuerzo. Te recuerdo en tu departamento de Dock sud, los monoblock donde tiempo después filmaron tumberos, tu cuarto que daba a la autopista, la colección del si de clarín con tu amado rock nacional desde Moris a la Bersuit. Tomate el 134 me habías dicho y yo no sabía por donde agarrar para llegar a tu torre que no era tan marginal como después lo mostraban en esa serie. Luciana, vos terminaste en cinco años la facultad, tan esmerada, tan constante, tan bersuitera con tu trabajo en la municipalidad del que siempre te querías ir. Me acuerdo de esa especie de militancia que hicimos con Darío, con Facundo cuando editamos una revista en la que escribió Gabo Ferro que también era compañero nuestro. Me acuerdo de que sentías un entusiasmo por todo. ¿Donde estás Luciana? ¿Que hacés en estos días? ¿Como volver el tiempo atrás para encontrarte con vos en una noche fría en Arpegios?
lunes, 8 de abril de 2013
Y muchas veces, cuando yo te llamaba para salir vos me contestabas que en ese momento no podías, que lo dejaramos para otro día porque tenías cosas que hacer y yo te respondia que no había problema, que te volvía a llamar más adelante aunque por dentro me moría y me matara ese no, esa postergación. En cambio cada vez que vos llamabas para salir yo estaba siempre dispuesto, pasara lo que pasara, incluso aunque jugara San Lorenzo, la seleccion o tocaran Los redondos y me doliera no poder ir prefería estar con vos; siempre te decía que si, aunque disimulara una duda, aunque finjiera vacilar. Pero mientras hacía mi comedia de la duda me preguntaba si a vos te afectaría que yo te dijera que no y no sabía que pensar, pero jamás fui capaz de decirte que no ¡ ni siquiera los días en que andaba algo presuntuoso! jamás te decía que no y así fue siempre con vos y lo sabías muy bien. Sabías que podías tardar más de media hora en llegar a cualquier esquina en la que habíamos quedado para encontrarnos y yo estarìa esperandote, siempre esperandote. Ni hablar cuando llegaba a tu casa con puntualidad y vos tardabas un rato en salir. Y me sentía bien cuando tocaba el timbre y esperaba en la puerta a que salieras, miraba a través del pasillo como se encendían las luces en la casa, el ruido de las llaves en la puerta, tus pasos lentos acercandose en la oscuridad. Y como me gustaba entrar a tu casa y verte alegre porque yo había llegado, esa sonrisa era lo que más me complacía, nada pagaba la sensación de verte contenta porque yo llegaba; como me gustaba hablar de lo que haríamos esa noche: escuchar tango o rock, rezar para que funcione el video y mirar alguna película, tomar cerveza, escribir poesía entre los dos y dejar que la noche fuera avanzando y cubriera de sombras el pequeño patio al fondo de esa casa chorizo que se parecía a la vecindad del chavo. Como me acuerdo de esos momentos de complicidad y miradas compinches, esas noches de verano persisten inalterables en mi memoria, es un tesoro que se niega a caer de mi pasado. Yo solía llegar a eso de las diez y un rato después hacíamos el pedido a la pizzería. Casi siempre pedíamos seis empanadas y dos cervezas. Yo me moría de celos si ibas a atender vos y te retrasabas más de la cuenta, desde atrás del pasillo controlaba que no hubiera una palabra de más con quien te entregara la pizza; te celaba aunque no tardaras mucho tiempo; a mí me parecía interminable, me parecía que te querían levantar. Pensaba que tendría que haber ido yo y no dejarte sola, aunque fueras la dueña de la casa. Ay, como me gustabas, siempre me pareció que escondías algo, una vida de la que yo no podía formar parte, algo que se me negaba aunque tratara de hablar mucho para sacarte todo, siempre me daba la impresión de que me escondías facetas de tu vida; me parecía que había algo esencial que me ocultabas y que siempre iba a conocerte hasta ahí. Una vez se me ocurrió decirte que estabas más abierta conmigo que me estabas contandome más cosas y vos apenas sonreiste diciendome que no tenía porque saber todo sobre vos y que no había más que lo que me decías, que no me estabas ocultando nada que no existían ningún caparazón. Y así pasaron varias noches de las que se me hace dificil olvidar; como no recordar lo que para mi representaba todo en ese momento.
martes, 11 de diciembre de 2012
Después de tanto buscar casas durante seis meses al final me decidí por comprar la de mi amigo Jorge en el límite Pompeya y Boedo, aunque por media cuadra es pompeya. Pasó todo un año después de volver de Barcelona, España y otra vez se hizo el verano. El viernes pasado se cumplieron 365 días en que bajé del avión después de haber vivido más de cinco años allá y cuyo testimonio están en este diario o crónica que escribo desde mediados del 2007. Hace un año, lo recuerdo. Estaba contento por el reencuentro y aunque en el medio había vuelto varias veces, la última para el mundial de sudáfrica, miraba todo con nuevos ojos como cada vez que volvía; ya desde llegar al aeropuerto y empezar a escuchar el acento argentino cuando hablaban entre dos me entusiasmaba. Esta vez Sólo le había avisado a un amigo y a los demás los sorprendí ya que no me esperaban. Entré al pequeño departamento detrás de mi amigo jorge como si nada y todavía tengo en mi memoria la cara de sorpresa de mis amigos al verme llegar, el susto que le dí a tucho metido en su pieza con una sábana. Me veía casi todos los días con ellos, tomábamos cerveza y escuchábamos música en el departamento que alquilaba Tucho en la calle maza en almagro, salíamos a caminar por el Parque Rivadavia o Centenario, jugábamos al tenis en el polideportivo de Parque Patricios y después nos juntábamos a fumar un porro en la casa de podi; fuimos a bailar varias veces a ese boliche del centro que se llamaba Bellapop si mal no recuerdo, 15 días vertiginosos que traté de aprovechar al máximo, como antes de irme, cuando promediaba los veinte. También me fui varios días hasta la costa de Vicente Lopez a vender libros, me iba en el 132 hasta retiro y desde ahí me tomaba el tren hasta la estación La Lucila desde donde caminaba hasta la costa a ofrecer, cuantas veces había hecho ese trayecto unos años antes. Así terminó Diciembre y entonces Mar del Plata para trabajar en aquel bar de Punta Mogotes en la noche. Todos los días me tomaba el colectivo 522 en la puerta del Bosque Peralta Ramos hasta el faro donde enganchaba el 221 que venía por la costa, la mochila llena de libros y artesanías y el peso en la espalda al caminar. Bajaba en el viejo hotel de alfar donde había una garita policial y avanzaba por el camino de madera abandonado semicubierto cubrir de pasto. Allí dejaba la mochila y extendía la lona . En ese camino de playa pública pasé todo el verano, hasta fines de febrero. Me acuerdo de la locura de los primeros días de enero, la gente no paraba de entrar como suele ser enero en Mardel. Gente de todos lados, Cordoba, Santa Fe, Mendoza, Tucuman todas las provincias, muchos con la camiseta de los cuadros de Fútbol representados. El primer día vendí bastantes libros, la verdad no me podía quejar, el verano pasaba y yo con la lona en el camino de entrada de la playa pública, al lado de unos chicos que vendían artesanías, una chica hippie muy linda que vivía en Mar del Plata desde hacía dos años, aunque era de Almagro, había ido al colegio histórico de corrientes 4200, donde doblaba el colectivo de la línea 26, pero ahora vivía en el Bosque Peralta Ramos. Así pasaba el verano. Más tarde llegó una vendedora de anteojos que vivía en un pequeño departamento en Miramar y me contaba de como era la vida en esa pequeña ciudad costera durante el año, yo le pedía detalles del invierno en Miramar, de las calles vacías en la noche y de como era el ambiente allí durante el año. Me acuerdo que me contó que cuidaba a una anciana de casi 90 años que vivía en el último piso del edificio de la costa donde el viento entraba y hacía volar todo mientras abajo el mar se agitaba con fuerza abajo, una imágen muy linda que me quedó grabada.
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