Ayer no sé qué me llevó a ese barrio tan alejado de donde vivo y tan diferente de donde habité siempre. Creo que llegué sin darme cuenta después de bajarme del tren y caminar algunas cuadras tranquilas y arboladas. No reconocí casi ninguna calle, nunca había ido a hacer encuestas a ese lugar ni había caminado en ningúno de los paseos en mis días libres por la ciudad. Recuerdo que había una empinada rambla circular que descendía por donde caminaba mucha gente, recuerdo negocios iluminados, balcones con ventanales abiertos, algunos viejos sentados en bancos, una estatua grande de aluminio que representaba un pez y al final de la rambla una plazoleta donde montaban una pequeña feria de libros. Si ahora intentara volver hasta allí creo que no podría a pesar de que conozco mucho Barcelona; realmente una zona nueva y extraña para mí. Pero mejor dejarla así, la zona desconocida de la ciudad, algún otro día quizás vuelva a pasar y ya será diferente; la segunda vez que se recorre un lugar ya pasa a formar parte de nuestros paisajes habituales, y hasta se puede decir que uno ya lo conoce, como cuando se puede decir que se conoce al director cuando se ve su segunda película. Seguí camino, no había pensado en ningún encuestro trascendental, sólo caminar y caminar, no esperaba un buen amigo, ni una mujer para enamorarme, ni alguna idea inspiradora para escribir, nada; sólo mirar la calle y observar al mundo desde mis ojos, el ritmo del loco mundo; aunque siempre quiero huir de estos pensamientos que me hacen tanto daño, este escepticismo que no me deja ver y me cierra, quiero huir y pensar mejor, afirmativamente, aunque me cueste dejar de ver lo malo o lo que yo considero malo; pero no puedo sacarme de la cabeza el ver como me parece que muchos niegan lo que daña pero por pensar así me vuelve soberbio y no quiero; entonces me planteo que lo que yo considero malo está presente pero hago un esfuerzo por pensar en que algo está mejor y en que yo también estoy mejor, el mundo y yo, mejores, porque yo también, al igual que el mundo y los demás muchos de los cuales también piensan como yo nos merecemos alguna de vez en cuando y no esta soledad y esta tristeza irremediable que dura años y años y no encuentra forma de erradicar. ¿Hay tu tristeza dirán algunos ironicamente? y yo no sabré que responder pero sé bien lo que es sentirla al igual que la angustia, la depresión, la absoluta soledad y el no saber que hacer ni a donde ir. Seguí mucho tiempo a pie, doblé algunas calles y caminé más de una hora siempre hacia el mar, crucé Aragó y luego la Gran vía, llegé hasta Sants y caminé recto otro rato más después de dar una vuelta por el mercado de Hostafranca, luego más adelante por Plaza de Sants y Badal. Poco después Hospitalet, subí por la transitada Progress hasta Paris y reconocí la zona donde había estado varias veces haciendo encuestas un tiempo atrás; viejo Hospitalet popular, el mercado, la plaza, infinidad de pequeños negocios e inmigrantes latinos, gente y más gente un mundo de gente por esta zona. Doblé por Paris unas calles más y después bajé otra vez hacia Sants. Caminé por aquí y en una esquina vi un negocio de ropa con una chica de grandes ojos verdes y un poco rellenita al frente del mostrador, me quedé mirándola, ella también me miró así que entré y empecé a probarme varias remeras y algunos pantalones; mientras hacía esto revisé mis bolsillos y conté 11 euros, quizás me alcanzaba para una remera. Seguí durante mucho tiempo probándome ropa. Elegí una remera, me acerqué al mostrador y pagué; me hubiera gustado decirla algo a la chica pero como tantas veces me quedé callado. Volví a mi casa un poco más contento después de intercambiar unas palabras con un vendedor de la 11, aunque me hubiera gustado hablar con la chica. Ahora tenía una nueva remera roja.
Después entré al bar del chino de la vuelta de mi casa en la calle Viladomat y empecé a escribir un poco lo que veía alrededor: La rueda de una carreta sujetada al techo por cadenas, documental en televisión sobre el mundo árabe traducido al catalán, noticias en el periódico gratuito metro, escritura autómática y telegráfica que intento una vez más a ver si sale de mi cabeza una combinación de palabras dignas, que valgan la pena. Me acuerdo del mediodía de hoy cuando antes de salir a pasear sólo por la ciudad me llamó la coordinadora de las encuestas para decirme que no cumplía con las cuotas y que había bajado mucho mi rendimiento. El problema es que Justo me lo viene a decir en el día que tengo libre. Yo había trabajado seis días seguidos, estaba muy cansado y tampoco lo pude disfrutar del todo porque me quedé pensando en sus reproches; tendría que despreocuparme de todo. Tuve que escucharla un largo rato y decirle al teminar que iba a tratar de cuajar las edades y el sexo de las personas que me pedía. Me quedé pensando en todo y de lo que me dijo hay cosas que son verdad ya que ultimamente hice encuestas muy rápido y sin pasar todo el cuestionario, tampoco respeté las cuotas y menos el sistema de conteo de viviendas pero también es verdad que trabajé dos sábados y dos domingos y que las encuestas se hacen, algunas mejor que otras, pero se hacen, que al fin y al cabo, es lo que realmente importa, hablar con la gente, conseguir la información que ellos necesitan, y bueno, que se yo, la verdad que ultimamente estaba un poco cansado y uno no siempre está con las mismas ganas. En realidad me da un poco de miedo perder el trabajo en este momento porque después de esto creo que no podría hacer otra cosa. ¿De que podría trabajar que no sea con las encuestas? Me parece que no podría trabajar en otro sector, ya tuve muchos trabajos en mi vida y siento que lo único que puedo hacer con tranquilidad es esto aunque soy consciente de que pensar así es limitarse pero no me imagino un trabajo encerrado en un lugar ni cumpliendo horarios y menos que menos con algún jefecillo dando vueltas cerca mío. Si ahora perdiera el trabajo entraría sin dudar en el paro de desempleado y me dedicaría sólo a intentar escribir pero espero no perderlo porque sería un golpe bajo; debo esforzarme en lo que queda del mes por hacer las cosas mejor.
Pedí un café y empecé a leer una nota sobre los indios norteamericanos de una revista española de 1995. Decía esto: Cuando un indio Lakota corta un sauce para construir una Inipi o tienda de sudación le dice al árbol: "perdóname hermano, pero te necesito". Cuando busca una planta medicinal ora delante de ella para pedirle su vida. De la misma manera, cuando sus antepasados cazaban un bisonte en las praderas murmuraban: "perdóname hermano pero mi pueblo tiene que vivir". Después, tras haberlo matado y despedazado, tomaban su cráneo y lo colocaban hacia el sur, en señal de ofrenda. Eran su manera de darle las gracias a Maka, la tierra, por su sustento. Sabían que todo biene de ella, y nunca tomaban más de lo que necesitaban. "La tierra es nuestra madre, tal fue la intención del creador - dice el ciervo paticojo - por eso hemos respetado y preservado nuestro entorno durante tanto tiempo.... Este sentimiento sagrado de la naturaleza, de la creación, esta conciencia de la tierra como un ser vivo ha desaparecido en occidente. "El hombre occidental ya no tiene el sentido de la tierra; la ha contaminado completamente, mientras despliega grandes esfuerzos por conquistar los otros planetas. Lo plantamos todo de la forma más rápida y práctica para nosotros, pues ya no tenemos paciencia. Es preciso comprender que la tierra nos destruirá antes de que nosotros la destruyamos a ella dice el paticojo". Eso fue lo que leí en el bar del chino de la vuelta de Paralel mientras sorbía mi café y en la televisión pasaban un documental sobre el Mayo Francés en el canal 33.
viernes, 30 de mayo de 2008
El sábado, temprano por la mañana, sentado en un vagón del metro en Plaza España, junto a una chica morocha y onda hippie con pantalones gastados, vincha amarilla y camisola de color turquesa, una chica de movimientos rápidos y ágiles y yo con ganas de decirle algo y como siempre sin saber que decir, de que hablar...... pero ella me mira y me pregunta si soy el amigo de Mosqui; en un primer momento no entendía nada de lo que me decía pero le dije que sí, sólo por mantener una conversación hasta que mirándola bien y pensando en sus palabras que había incorporado y entendido con retraso me di cuenta de que la conocía. Sí, era amiga de mi amigo Cristhian de Tapiales y me empecé a acordar de ella, la chica que estudiaba en el conservatorio de la tarde en la O.E.A. frente a mi casa de Bonifacio y Centenera y que yo había conocido en la casa de cristhian en Tapiales y después saludaba cada vez que la veía. Era extraño, aunque hubiera muchos argentinos en Barcelona a mí me síguen pareciendo raros este tipo de encuentros. De esta forma era la tercera persona que me encontraba en la ciudad, es decir, gente que conocía de Buenos Aires y ni sabía que estaban acá, personas que no veía desde la década del noventa. Me acuerdo que muchas tardes la veía con su guitarra cuando salía del colegio y caminaba por la explanada de la plazoleta del colegio por centenera hasta la parada del 103. Una vez nos habíamos quedado hablando en el pasaje La Nave durante más de una hora pero nunca le había dicho nada ni la había invitado a salir. Todo eso me vino a la cabeza al tiempo que le decía que me acordaba de ella. Seguimos en la línea roja, hicimos combinación en Urquinaona y viajamos juntos hasta Alfonso X, donde ella se bajó pero antes nos intercambiamos los teléfonos y quedamos en llamarnos. Me dijo que su cuñado, también en Barcelona, tenía una banda y me llamaría para ir a verlos. La mayor coincidencia es que vivíamos cerca, a tan sólo tres cuadras. Ella alquilaba un piso por la gran Vía, cerca de la plaza de toros, con dos chicas Italianas. Yo seguí en el metro hasta Llucmayor pensando en este encuentro. Luego, me vino a la memoria que una vez, mientras chateaba con cristhian el me había mencionado que su amiga estaba acá, después de haber hecho un viaje por Latinoamérica, pero nunca pensé que me la iba a cruzar y mucho menos que era ella la que me iba a reconocer porque yo ni me había dado cuenta de quien era y eso que me llamaba la atención, más que nada por su vincha, a veces me doy cuenta por la forma de vestirse quien es argentino.
lunes, 19 de mayo de 2008
Desde un Bar de la Avenida Diagonal en Poble Nou miro la calle. Cada pocos minutos pasa el tranvía verde y blanco hacia Glorias. La gente cruza la avenida, algunos doblan por la calle Tanger y desaparecen de mi vista. No se escuchan ruidos, los autos tras los vidrios del bar se desplazan silenciosos y a mediana velocidad por los distintos carriles, a ambos lados de la la vía. Recién dejé de leer un poco de inglés de un libro de aprendizaje que retiré de la biblioteca; de a poco me quedan nuevas frases, palabras y gramática en esta etapa de aprendizaje del anglosajón que es muy lenta pero es mejor que nada y si me remonto a los orígenes empezó alrededor de los seis años cuando mis padres me mandaba al instituto de ingles debajo de mi casa "Thompson English" que dejé alrededor de los quince porque me parecía que no tenía sentido estudiar inglés; me acuerdo que con un amigo del barrio un día dijimos "ma que inglés y que inglés, vamos a la cancha a ver a San Lorenzo" y nos fuimos caminando hasta la cancha de Ferro, creo que jugábamos con talleres, creo que empatamos 1-1, creo que era el 91 y así lo dejé; más tarde me parecía que era estudiar el idioma del imperialismo, de los yankies, etc; pero ahora a mis 30 años quiero aprovechar y mejorar esos conocimientos. Dicen que nunca es tarde y me siento con ganas de aprovechar esta base.
Bebo lentamente el café en este bar administrado por cautelosos y pausados chinos al frente de cuya barra hay una adolecente, seguramente la hija de la pareja, mientras que los padres van y vienen del fondo donde está la cocina. Todos los bares de Barcelona son de los chinos, es increíble! Miro un poco: Un hombre de edad avanzada, acodado en la barra, con ropa vieja y pelo blanco va por su tercera cerveza, cabecea, se queda dormido y luego abre los ojos. A veces me mira y me dice "¿cómo estás niño?" y como no le contesto gira la cabeza hacia la puerta y ríe estupidamente. Dos jóvenes están concentrados con las máquinas electrónicas tragamonedas. Uno de ellos parece ganar bastante seguido y vuelve a poner más y más monedas, pero luego pierde todo. Cuando se queda sin dinero saca un billete, pide cambio en la barra y vuelve al juego. El otro parece más tranquilo, fuma y coloca pocas monedas con delicadeza y cierta paciente filosofía. Un televisor encendido detrás mío: hace unos minutos terminó el partido de España y Francia en el que España ganó por 4-0, en un encuentro sin mucha importancia. Luego las noticias de la sexta y el gobierno de Berlusconi que quiere perseguir a los inmigrantes sin papeles en Italia, Chavez y Zapatero se vuelven a encontrar, esta vez, sin altercados y sin rey, sismo en china con miles de muertos, nuevo atentado de E.T.A., noticias que no quiero escuchar cansado ya de las desgracias, de los muertos números, de la intolerancia y de que el mundo siga siendo tan viejo, cada días nuevas malas noticias para un mundo demasiado antiguo y acostumbrado. Amén, de Argentina y las interminables peleas entre el gobiero y los acomodados del campo, pero de eso hoy nada en las noticias. Luego las propagandas que duran más que los programas y quieren vender cualquier cosa.... Por suerte me evado de la televisión y escribo en este bar sin pensar demasiado, dejandome llevar por las palabras que surgen mientras afuera la claridad desaparece y a mí me da la impresión de que se nota que es viernes por la cantidad de gente que veo circular. Se me ocurre que hoy puedo ir a bailar, quizás conocer a una chica, escuchar buen rock and roll en el magic pero sé que sin alcohol no la voy a pasar bien y mañana tengo que trabajar y no quiero ir sin dormir y con dolor de cabeza, aunque podría ir más tarde, alrededor del mediodía. No sé, ya veré. Ahora miro por la ventana y veo dos carros de bomberos que atraviesan las viás y la avenida, "Bombers de Barcelona" y me da por pensar en el oficio delicado de ser bombero; entrar en el fuego, tratar de rescatar personas de las llamas, salir del lugar y del riesgo que todo eso implica. Noble trabajo el de bombero cuando sucede algo, claro porque los demás días no creo que tengan mucho que hacer.
Hoy hice siete encuestas. Empecé a las 12 de la mañana y terminé a las 20 hs. pero paré varias veces, una vez a comer y dos o tres veces en una plazoleta frente a una vieja pared de grafitis frente al cuartel de los bomberos donde tomaba sol con tranquilidad y pensaba en lo afortunado que era de poder trabajar en las calles y no encerrado en un local o en una oficina y siempre en la duda si es conformismo o agradecimiento. Este mes me propuse tratar de hacer siempre siete encuestas, luego parar en un bar a estudiar inglés y escribir un poco pero cuando escribo me parece que no sale nada demasiado interesante. Los bares son un ancla después del trabajo, a eso de las siete u ocho me instalo en cualquier mesa de café a mirar el mundo que transcurre y escribir un poco. Esté en el lugar que esté; hoy en Poble Nou, ayer en Horta o El carmelo, antes de ayer en Gracia, mañana en Nou Barris o San Andreu y si tengo que alejarme hasta Sabadell, Barberá, Rubí o incluso Girona y es temprano hago lo mismo, soy el visitante que entra todos los días en un nuevo bar, consume su café y escribe mientras desde la ventana mira el mundo y extraña a la Argentina, para que negarlo, pero ahora no puedo volver y por algún motivo que todavía desconozco llegué hasta esta ciudad hace un tiempo a vivir. Me pregunto una y otra vez a donde voy en estos días, que me espera en los próximos meses, si a veces me siento tan triste que tengo miedo de mi futuro, me siento con culpa por mi pasado, tengo un rencor que no me puedo sacar y se que por mi bien debo drenar todos esos sentimientos ¿Cómo hacerlo me pregunto una y mil veces? por ahora se que tengo que seguir con el trabajo y con los paseos por la ciudad, además de escuchar música nueva, sacar fotos, estudiar un poco de inglés, catalán e Italiano y viajar de mochila a algún otro país, todo sin tomármelo con demasiado drama. Nada de todo esto está mal pero a mí me parece que estoy siempre en el mismo lugar y que no salgo a buscar algo mejor.
Los útimos días en el trabajo ya me llamaron la atención varias veces porque no cumplo exactamente con lo que me piden; en algunas cosas tienen razón pero la verdad que me siento un poco cansado de hacer siempre lo mismo. No hay fórmulas, no hay nada, sólo tantear en la oscuridad y pisotear a la razón y al miedo que me retienen, eso es lo que debería hacer pero tampoco se de lo que me retienen, es decir adonde quiero ir en verdad, para que realmente tengo capacidad o mediana cualidad si es que se puede hablar de eso. Bueno, quizás el camino siga seguir con estos textos fragmentarios, escribir un poco más, todavía más seguido, todos los días un poco. Hoy me acordé, no sé por qué, de un libro de Enrique Wernicke que nunca leí titulado "los que se van", realmente sugestivo pero nunca me voy a olvidar de "La Ribera" uno de los mejores libros de literatuta argentina que leí. El hombre solitario en el delta, evadido de la sociedad a mediados del 40. Luego me acordé de una frase de Herman Hesse: "Yo no busco, encuentro". Así me voy acordando de diferentes cosas, a veces una no tiene mucho que ver con la otra, en un minuto puedo pensar muchas cosas.Cuantas frases en mi memoria que a veces quisiera olvidar, cuantos horas van, cuantos días van, cuantos años de desierto y soledad.
Bebo lentamente el café en este bar administrado por cautelosos y pausados chinos al frente de cuya barra hay una adolecente, seguramente la hija de la pareja, mientras que los padres van y vienen del fondo donde está la cocina. Todos los bares de Barcelona son de los chinos, es increíble! Miro un poco: Un hombre de edad avanzada, acodado en la barra, con ropa vieja y pelo blanco va por su tercera cerveza, cabecea, se queda dormido y luego abre los ojos. A veces me mira y me dice "¿cómo estás niño?" y como no le contesto gira la cabeza hacia la puerta y ríe estupidamente. Dos jóvenes están concentrados con las máquinas electrónicas tragamonedas. Uno de ellos parece ganar bastante seguido y vuelve a poner más y más monedas, pero luego pierde todo. Cuando se queda sin dinero saca un billete, pide cambio en la barra y vuelve al juego. El otro parece más tranquilo, fuma y coloca pocas monedas con delicadeza y cierta paciente filosofía. Un televisor encendido detrás mío: hace unos minutos terminó el partido de España y Francia en el que España ganó por 4-0, en un encuentro sin mucha importancia. Luego las noticias de la sexta y el gobierno de Berlusconi que quiere perseguir a los inmigrantes sin papeles en Italia, Chavez y Zapatero se vuelven a encontrar, esta vez, sin altercados y sin rey, sismo en china con miles de muertos, nuevo atentado de E.T.A., noticias que no quiero escuchar cansado ya de las desgracias, de los muertos números, de la intolerancia y de que el mundo siga siendo tan viejo, cada días nuevas malas noticias para un mundo demasiado antiguo y acostumbrado. Amén, de Argentina y las interminables peleas entre el gobiero y los acomodados del campo, pero de eso hoy nada en las noticias. Luego las propagandas que duran más que los programas y quieren vender cualquier cosa.... Por suerte me evado de la televisión y escribo en este bar sin pensar demasiado, dejandome llevar por las palabras que surgen mientras afuera la claridad desaparece y a mí me da la impresión de que se nota que es viernes por la cantidad de gente que veo circular. Se me ocurre que hoy puedo ir a bailar, quizás conocer a una chica, escuchar buen rock and roll en el magic pero sé que sin alcohol no la voy a pasar bien y mañana tengo que trabajar y no quiero ir sin dormir y con dolor de cabeza, aunque podría ir más tarde, alrededor del mediodía. No sé, ya veré. Ahora miro por la ventana y veo dos carros de bomberos que atraviesan las viás y la avenida, "Bombers de Barcelona" y me da por pensar en el oficio delicado de ser bombero; entrar en el fuego, tratar de rescatar personas de las llamas, salir del lugar y del riesgo que todo eso implica. Noble trabajo el de bombero cuando sucede algo, claro porque los demás días no creo que tengan mucho que hacer.
Hoy hice siete encuestas. Empecé a las 12 de la mañana y terminé a las 20 hs. pero paré varias veces, una vez a comer y dos o tres veces en una plazoleta frente a una vieja pared de grafitis frente al cuartel de los bomberos donde tomaba sol con tranquilidad y pensaba en lo afortunado que era de poder trabajar en las calles y no encerrado en un local o en una oficina y siempre en la duda si es conformismo o agradecimiento. Este mes me propuse tratar de hacer siempre siete encuestas, luego parar en un bar a estudiar inglés y escribir un poco pero cuando escribo me parece que no sale nada demasiado interesante. Los bares son un ancla después del trabajo, a eso de las siete u ocho me instalo en cualquier mesa de café a mirar el mundo que transcurre y escribir un poco. Esté en el lugar que esté; hoy en Poble Nou, ayer en Horta o El carmelo, antes de ayer en Gracia, mañana en Nou Barris o San Andreu y si tengo que alejarme hasta Sabadell, Barberá, Rubí o incluso Girona y es temprano hago lo mismo, soy el visitante que entra todos los días en un nuevo bar, consume su café y escribe mientras desde la ventana mira el mundo y extraña a la Argentina, para que negarlo, pero ahora no puedo volver y por algún motivo que todavía desconozco llegué hasta esta ciudad hace un tiempo a vivir. Me pregunto una y otra vez a donde voy en estos días, que me espera en los próximos meses, si a veces me siento tan triste que tengo miedo de mi futuro, me siento con culpa por mi pasado, tengo un rencor que no me puedo sacar y se que por mi bien debo drenar todos esos sentimientos ¿Cómo hacerlo me pregunto una y mil veces? por ahora se que tengo que seguir con el trabajo y con los paseos por la ciudad, además de escuchar música nueva, sacar fotos, estudiar un poco de inglés, catalán e Italiano y viajar de mochila a algún otro país, todo sin tomármelo con demasiado drama. Nada de todo esto está mal pero a mí me parece que estoy siempre en el mismo lugar y que no salgo a buscar algo mejor.
Los útimos días en el trabajo ya me llamaron la atención varias veces porque no cumplo exactamente con lo que me piden; en algunas cosas tienen razón pero la verdad que me siento un poco cansado de hacer siempre lo mismo. No hay fórmulas, no hay nada, sólo tantear en la oscuridad y pisotear a la razón y al miedo que me retienen, eso es lo que debería hacer pero tampoco se de lo que me retienen, es decir adonde quiero ir en verdad, para que realmente tengo capacidad o mediana cualidad si es que se puede hablar de eso. Bueno, quizás el camino siga seguir con estos textos fragmentarios, escribir un poco más, todavía más seguido, todos los días un poco. Hoy me acordé, no sé por qué, de un libro de Enrique Wernicke que nunca leí titulado "los que se van", realmente sugestivo pero nunca me voy a olvidar de "La Ribera" uno de los mejores libros de literatuta argentina que leí. El hombre solitario en el delta, evadido de la sociedad a mediados del 40. Luego me acordé de una frase de Herman Hesse: "Yo no busco, encuentro". Así me voy acordando de diferentes cosas, a veces una no tiene mucho que ver con la otra, en un minuto puedo pensar muchas cosas.Cuantas frases en mi memoria que a veces quisiera olvidar, cuantos horas van, cuantos días van, cuantos años de desierto y soledad.
Meridiana al 300 en este domingo de mayo, una zona que conozco muy bien por haber vivido durante 4 meses en la casa con Mónica, junto a la estación de Navas, al lado del centro social del ayuntamiento donde dan de comer gratis y otras ayudas. Tantas veces caminé esta avenida desde el Clot hasta S. Andreu, barrio tradicional y antiguo de la ciudad donde me sentaba en algún bar de aquella calle de faroles cuyo nombre no me acuerdo. Otras tantas bajé por Felipe II hasta Guipuzcoa a través del gigantesco puente blanco sobre las vías del tren o subí hasta el Paseo Maragall y luego hasta Guinardó en días libres de invierno en que no tenía nada que hacer, a donde ir ni con quien salir, la desesperación me ganaba y entonces para calmarme caminaba largas tardes por la ciudad. Recuerdo que en diciembre fui a ver varias bandas de rap a una carpa por Sant. Andreu y las dos noches voví borracho. Esos recitales habían estado bien pero cuando pienso en esa época me pongo mal, tanto tiempo en un departamento abandonado, muchas veces sin agua y con esa mujer que se la pasaba gritando y a veces me amenazaba, tanto tiempo en un lugar donde no quería estar y sin moverme, sin hacer lo suficiente para salir. Por suerte, al final me mudé de ese hueco de depresión de Meridiana 244. Ahora miro el barrio después de tanto tiempo sin venir y paro en este café al lado de Sagrera a ver pasar los autos sobre Meridiana y nada más. Es el bar Dino, que tiene muchísimas sucursales en la ciudad, donde un café sale 1, 10 euros. En las paredes de todos sus cafés hay fotos viejas de la Barcelona de hace 50 años: la rambla nevada, el parque de la Ciutadella antiguo, el mercado del Born que ahora ya no existe, autobuses sobre meridiana, la Iglesia Josepets de Gracia, una fiesta del año 60 con gente bailando, la plaza España en blanco y negro pero igual que ahora. Fotos de una ciudad que ya no está, fotos de habitantes ausentes o de avanzada edad en la actualidad. Ahora refrescó un poco y el viento sacude algunos papeles en la avenida, la camarera boliviana cierra las ventanas con rapidez. Al atenderme me miraba y se reía, creo que por mi pronunciación argentina. Me dijo "Yo tengo muchos familiares en argentina". El bar está lleno de gente mayor, de más de 70 años, quizás los jóvenes de las fotos; cuarenta años o más me separan de ellos, pero todo transcurre muy rápido ya que mi adolescencia la veo hace muy poco, la vida pasa.. y pienso en mí, yo sigo sin saber que hacer, con este trabajo de encuestas en el que me llaman para decirme que no respeto la ruta ni las cuotas y las hago demasiado rápido lo cual en parte es verdad pero siempre hablo con la gente y pregunto lo más importante, jamás invento una entrevista, además trabajo 2 sábados y 2 domingos al mes lo que no es poco y me cansa mucho. No se me ocurre un tema específico para escribir y miro por la ventana o a la gente y reflexiono sobre mi soledad.
Hoy a la mañana y ayer por la noche estuve en el Museo Nacional de Arte Catalán, que era gratuito lo que sucede una vez por año. Había muy buenas obras en una exposición dividida en Románico, Gótico, Renacimiento, Barroco y Moderno. Casi todos los artistas eran de orígen catalán. Estuvo bien. Luego volví al departamento y me hice unas pastas con salsa. Después a hacer encuestas. A pesar de que era domingo no estaba tan desganado para empezar a trabajar y el estado de ánimo dió resultado ya que en menos de cinco horas, con pequeños descansos hice seis encuestas y un poco antes de las 8 me senté en este bar a escribir y ver la gente de Barcelona.
Ayer tuve un sueño en el que me encontraba con un amigo de Buenos Aires y lo abrazaba pero después me daba cuenta en el mismo sueño que por algún motivo no podía volver a Buenos Aires. Ahora extraño mucho , ya van para dos años que mi ciudad me vió despegar y sigo acá en Barcelona con mucha soledad pero me siento más libre y sin titubeos y culpas, además de tener un trabajo que me da tiempo y posibilidad de conocer los barrios y las ciudades. Que hago exactamente? no lo sé, escribo sobre lo mismo, una y otra vez.
Hoy a la mañana y ayer por la noche estuve en el Museo Nacional de Arte Catalán, que era gratuito lo que sucede una vez por año. Había muy buenas obras en una exposición dividida en Románico, Gótico, Renacimiento, Barroco y Moderno. Casi todos los artistas eran de orígen catalán. Estuvo bien. Luego volví al departamento y me hice unas pastas con salsa. Después a hacer encuestas. A pesar de que era domingo no estaba tan desganado para empezar a trabajar y el estado de ánimo dió resultado ya que en menos de cinco horas, con pequeños descansos hice seis encuestas y un poco antes de las 8 me senté en este bar a escribir y ver la gente de Barcelona.
Ayer tuve un sueño en el que me encontraba con un amigo de Buenos Aires y lo abrazaba pero después me daba cuenta en el mismo sueño que por algún motivo no podía volver a Buenos Aires. Ahora extraño mucho , ya van para dos años que mi ciudad me vió despegar y sigo acá en Barcelona con mucha soledad pero me siento más libre y sin titubeos y culpas, además de tener un trabajo que me da tiempo y posibilidad de conocer los barrios y las ciudades. Que hago exactamente? no lo sé, escribo sobre lo mismo, una y otra vez.
jueves, 15 de mayo de 2008
Estuve toda la tarde en el barrio de Horta. Llegué a la plaza Iviza después del mediodía y me quedé sentado en un banco casi dos horas, sólo me moví unos minutos para comprar una manzana en una verdulería que luego mastiqué con mucha lentitud. Miraba la estatua de color Blanco y los bares, leía un ejemplar de "público", el diario que compro el domingo y leo de a poco durante toda la semana. Antes de empezar a trabajar tomé agua en uno de los bebederos de la plaza. Subí por Horta y comencé a tocar timbres álrededor de las 15:30 de la tarde. La zona estaba un poco dura de encuestar, había muchas casa bajas, así que caminé un poco más arriba donde había más edificios. La primera encuesta se la hice a un muchacho italiano de Módena que hacía un año que vive en Barcelona, en su ventana tenía colgada una bandera del Lazio, lo que me llamó la atención porque no era oriundo de esa zona, aunque eso no significa nada, aquí en Barcelona también hay hinchas de Betis, por ejemplo. Después de la encuesta hablamos un poco y le conté que había estado una noche en Módena pero que no me acordaba casi nada, sólo de la plaza que da a la estación y de sus calles vacías y silenciosas de aquella madrugada fría de invierno en que yo me dirigía a Milano en tren. También recordaba una esquina donde había un negocio de Benetton. Desde ahí tuve que seguir derecho y luego doblar hacia la estación. De noche nunca hay nadie en la ciudad, ni siquiera en el centro, me dijo. Hablamos un poco más, nos despedimos y seguí tocando timbres. Doblé en el pasaje Santo Thomas donde hice tres encuestas más, aunque no seguidas, sobre todo la última, que lograrla me costó mucho tiempo, casi 1 hora. Mientras, la tarde pasaba y se escuchaban chicos jugando en un jardín, voces catalanas de niños que me infundían ternura. Veía madres que venían del colegio con sus hijos, ancianos que caminaban con parsimonia. Alrededor de las 20 Hs. doblé en Fontanet y entré en el primer edificio que vi, justo cuando salía una mujer mayor; entré con seguridad como quien sabe adonde va, no sea que me restringieran la entrada. La última encuesta se la hice a una chica de 30 años que estaba muy apurada y me preguntaba todo el tiempo cuanto faltaba y yo siempre le contestaba dos minutos, luego me volvia a preguntar otra vez y yo le volvía a repetir dos minutos más pero no se ofendía de que le siguiera mintiendo. Cuando terminé me senté un rato en la puerta de la casa a descansar porque había trabajado casi cinco horas sin parar y tenía cansancio mental y físico de mirar tanto la computadora y subir y bajar las escaleras ya que la mayoría de los edificios no tenían ascensor. Pero cinco horas de trabajo está muy bien, yo no quiero trabajar más de siete, ese es el límite para mí, aunque no siempre lo logro, claro, especialmente cuando me voy al extraradio de Barcelona donde todo se hace más largo. Traté de ubicarme para llegar a la plaza Iviza y entonces bajé por S. Thomas, luego doblé a la izquierda hacia la iglesia, bajé por Chapi hasta una calle muy pequeña llamada Santa Olivia donde hay un macetero, un árbol y un descanso donde me quedé sentado un buen tiempo. Esta callecita siempre me gustó, cada vez que vengo a este barrio la veo, sobretodo el edificio con azulejos amarillos de la esquina. Atravesé el pasaje y miré por la calle Horta hacia la derecha donde se veía la verde montaña y a la izquierda los edificios de techos rojizos de la ciudad. Por la estrecha calle subía el 45 que venía desde la playa, alguna vez lo había tomado. Bajé por Horta, pasé por la peatonal Alt Mariner que me gusta mucho porque es muy pintoresca, luego más abajo hay una biblioteca y sala de lectura y después enfrente la gran biblioteca del barrio con la calle que sube y gira también en peatonal. Llegué a la plaza del barrio y me metí en un bar donde casi no había nadie pero tenía una pantalla muy grande con la música un poco alta. Pedí un café y un croissand y me puse a escribir mientras afuera el cielo de a poco oscurecía. Sonaba la canción "algo contigo" pero no era la original de Vicentico quien cantaba sino una mujer. Escuché algunas canciones más, pagué lo que consumí y bajé al metro línea azul hasta Diagonal y de ahí la verde hasta Plaza España. Una forma de aplacar la ansiedad y la soledad es escribir, no del todo, pero por lo menos siento que no desperdicio el tiempo, siento que el hueco de la angustia se reduce aunque no me conforme lo que escribo; pienso que tendría que escribir todos los días pero soy un poco haragán, si esa es la palabra, y no lo hago, además a veces termino cansado de trabajar y al llegar no hago nada o escucho música. Ahora tendría que por lo menos ponerme esa meta, una página por día, quizás lo mínimo que pueda hacer para combatir esta sensación de que no estoy donde debería estar que me acompaña hace tantos años pero que ahora siento con más fuerza.
martes, 13 de mayo de 2008
Hoy es lunes 12 de Mayo en Barcelona, día de fiesta por la segunda Pascua, muy raro esto de la segunda pascua, hasta hoy no tenía idea de su existencia. Ayer domingo casi no salí de mi casa, sólo estuve a la tarde-noche en el museo de la Caixa de Plaza España. Entré a uno de los salones a ver la exposición "Euforia" llamada así por los momentos de "excesivo optimismo" que puede sentir alguien. No me acuerdo el nombre del artista. Las pinturas no me gustaron demasiado, me parecieron manchas con formas de boca rojas y naranjas en lienzos muy grandes y nada más, concepto, abstracción, en cambio las esculturas con caras y cuerpos deformados, cabezas raras, ojos hundidos, bocas torcidas estaba muy bien y decían mucho. No había mucha gente en el lugar, un televisor mostraba un video con personas recorriendo la muestra algún otro día. Bajé de la sala en un ascensor moderno y estuve recorriendo un poco el edificio del museo que es una exposición en si misma por la calidad de la arquitectura modernista. Desde la terraza se pueden ver mejor los 4 pabellones simétricos como torres de catillos y no da la impresión de que haya sido una antigua fábrica de principios del siglo XX. Luego de dar unas vueltas ingresé en un salón donde había tres pantallas gigantes y en cada una daban algo diferente. En dos daban conciertos y en otro la historia del Palau de la Música Catalana. Me quedé mirando esta última unos quince minutos, mezclaba la historia social con la historia del Palau. Luego, bajé las escaleras mecánicas y entré en la librería de la entrada. Estuve leyendo de parado varios libros salteadamente: una biografía del pintor Balthus, un ensayo sobre Barcelona, un libro sobre el modernismo. Luego salí del museo por una escalera mecánica, en la explanada por donde se entra al Montjuic había mucha gente mirando una exposición sobre motos. Seguí hasta mi cuarto de Paralel.
lunes, 12 de mayo de 2008
Después de los silencios en el parque no nos vimos durante algunas semanas, paralizados los dos por las dudas que nos envolvían o eso era lo que yo pensaba. Su hermana se había ido por unos meses a córdoba así que no tenía a quien pedirle dinero, aunque de alguna forma se las arreglaba para que en la heladera no faltara lo necesario; todos los días iba hasta el supermercado, compraba cinco o diez pesos y se llevaba comida para dos día en el bolsillo de la campera de jean, por suerte nunca la descubrían. Luego montaba en su bicicleta sin ningún problema hasta la casa. Cuando yo la acompañé tiempo después me sorprendía la naturalidad y la rapidez con que lo hacía mientras yo demoraba media hora pensando en como esconderme una manteca y que no me vieran los de seguridad. Así y todo estuvimos mucho tiempo sin vernos pero yo no podía resistir mucho y la volvia a llamar; el recuerdo de noches de sexo entre alcohol y poesía me hicieron volver a verla, no pude evitarlo, no estar con ella se me hacía difícil y a pesar de que trataba de resistir era completamente inútil. Ella cuando hablábamos también me decía que tenia ganas de volver a verme. Los meses de diciembre estuvieron bien y como nos habíamos reconciliado el nivel de pasión subió mucho y en su sonrisa veía reflejada una alegría y satisfacción muy grande que me contagiaban, aunque yo también estaba intimamente contento; además todos los días nos escribíamos cartas o poesía que a mí me inflaban el orgullo y aunque sabía que ese sentimiento era solo vanidad, parte del ego que se deja seducir, no podía evitar creermela. Muchas veces por las tardes nos íbamos a bañar a una pileta familiar de San Isidro cerca del río, donde pagábamos cinco pesos la entrada; tomábamos un colectivo hasta retiro y de ahí en el tren, luego caminábamos hasta la costa. Salíamos avanzada la tarde, pero los días de verano eran larguísimos y si llegábamos después de las seis todavía nos quedaba mucho tiempo para bañarnos y tomar sol antes de que el día empezara a declinar. Recuerdo que desencajabamos en ese club familiar donde solo habia padres con sus hijos. Nosotros nadabamos o nos besábamos mientras tomabamos sol, los chicos correteaban cerca nuestro. Después caminabamos un rato por la zona de la iglesia de San Isidro o nos metíamos en algún café para hablar. Volvíamos en el tren, frente a frente y en silencio mirando el nocturno paisaje urbano con nuestras caras coloradas, en retiro los edificios lujosos y gigantes nos.. Cuando llegábamos a Villa Ortúzar, a eso de las diez de la noche comprábamos cerveza y hacíamos sandwiches o pizza; luego, casi borrachos veíamos alguna película; nos acostábamos entrada la madrugada y hacíamos el amor con lentitud; nos levantábamos cerca del mediodía y nos poníamos a preparar el mate y el pan con manteca antes de salir. Así pasaron muchos días de ese verano de la entrada del nuevo milenio en que no hacíamos más que pasar el tiempo en la casa con libros y música o salir a vagabundear por el barrio o hacia la costa en el río.
A principios de febrero decidimos tomarnos unas vacaciones y como tantas otras veces en ese momento no había plata pero si libertad y unas ganas inmensas de partir. Me acuerdo que fuimos a la casa de tu hermana porque tenia una computadora, un pequeño departamento en el Parque Avellaneda, me acuerdo de como estabas, un vestido cortito de color negro sobre tu piel morena que a mí me gustaba mucho. Las zapatillas botitas color rojas. Empezamos a mirar distintos destinos en internet, playas más bien solitarias de la costa aunque en verano no se podían esperar muchas playas vacías. Miramos todos los pueblos de la costa desde San clemente hasta El balneario El condor en Rio negro. Fuimos tachando casi todos hasta que quedaron solamente cuatro: Aguas verdes, Reta, claromecó, Monte Hermoso. Escribimos en papelitos los nombres y sacaste Monte Hermoso. No era difícil llegar, el tren hasta Bahía Blanca y de ahi un micro que tardaba nada más que una hora.
A principios de febrero decidimos tomarnos unas vacaciones y como tantas otras veces en ese momento no había plata pero si libertad y unas ganas inmensas de partir. Me acuerdo que fuimos a la casa de tu hermana porque tenia una computadora, un pequeño departamento en el Parque Avellaneda, me acuerdo de como estabas, un vestido cortito de color negro sobre tu piel morena que a mí me gustaba mucho. Las zapatillas botitas color rojas. Empezamos a mirar distintos destinos en internet, playas más bien solitarias de la costa aunque en verano no se podían esperar muchas playas vacías. Miramos todos los pueblos de la costa desde San clemente hasta El balneario El condor en Rio negro. Fuimos tachando casi todos hasta que quedaron solamente cuatro: Aguas verdes, Reta, claromecó, Monte Hermoso. Escribimos en papelitos los nombres y sacaste Monte Hermoso. No era difícil llegar, el tren hasta Bahía Blanca y de ahi un micro que tardaba nada más que una hora.
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