Trataba hace tiempo de escribir un cuento pero se sentaba frente a la página en blanco y no le salía nada. Buscaba recuerdos e historias vividas, conversaciones de la calle, argumentos de viejos libros y películas olvidadas que lo inspiraran y le sirvieran a la hora de empezar pero o bien dejaba la pagina sin letras o escribía algunas lineas que a él le parecían que no valían demasiado. Leía los cuentos de otros escritores, comparaba y se quedaba admirado de la trama, el tiempo, el desarrollo, los diálogos, los finales sorprendentes, en fin, todos o algunos de los elementos necesarios para escribir un buen texto. Soñaba con escribir así algúna vez.
Así pasaban sus días entre la página en blanco y su deseo de escribir un cuento. Muchas veces se desanimaba y pensaba que nunca escribiría si quiera tan sólo un relato que valiera la pena. Uno de esos días se encontró con un amigo en un bar; era uno de los amigos que no escribía ni tenía nada que ver con la literatura sino que atendía una cristalería en una calle concurrida del centro de la ciudad. Su amigo no escribía pero estaba en contacto con mucha gente debido a su trabajo y tenía contacto con la vida, como se suele decir. Ese día, entre unas copas de vino, hablaron cada cual de sus cosas; su amigo le contó algunas anécdotas del negocio y las peleas constantes con su padre, el dueño de la pequeña cristalería, un hombre mayor que quería seguir controlandolo todo de modo tiránico a sus más de setenta años. Cuando este paró de despotricar contra su progenitor, él le manifestó su desconsuelo por no poder escribir nada a pesar de que lo deseaba e intentaba.
- es que no me sale nada le dijo con amargura.
Su amigo frunció las cejas y lo miró un poco raro
- No te pongas metas difíciles, empezá por lo que sepas, escribí sobre tus vivencias.
- Así suena fácil pero me cuesta mucho
- No, no pienses demasiado, sólo escribí, vas a ver que si escribís sobre tus experiencias seguro que va a gustar.
Al otro día, en su casa, y con el mismo sindrome de no poder escribir recordó la conversación y pensó que lo que le había dicho su amigo había estado bien. No tenía que darle tantas vueltas, solo escribir lo que le saliera, más allá de los resultados.
Desde esa conversación empezó a escribir un cuento todos los días, algunos, quizás la mayoría, del montón, pero siempre había alguno que le parecía más valioso y sobre esos estaba dispuesto a trabajar. Se dió cuenta de que era importante escribir aunque las cosas no salieran como quisiera y comprobó que estaba escribiendo mucho más seguido y mejor. Si, la sugerencia de su amigo era sencilla pero muchas veces no le damos importancia a las cosas sencillas que están frente a nuestros ojos, pensó.
Unas semanas después, se volvió a encontrar con su amigo y le agradeció su consejo. Ahora si estaba escribiendo mucho más y aunque lentas, notaba algunas mejoras. Su amigo, en cambio, estaba muy apesadumbrado y harto de soportar a su padre que siempre tenía algo que decirle y nunca miraba las cosas buenas que hacía en el trabajo, sólo le recriminaba los errores por más mínimos que fueran. Le decía que ya no sabía que hacer pero nunca había hecho más que ese trabajo y no quería buscar otro. Hablaron un rato sobre esto y cuando al primero le llegó el momento de dar la sugerencia simplemente le preguntó si a su padre le gustaba leer. Este le dijo que sabía que de jóven lo había hecho pero que ultimamente no lo veía con ningún libro en la mano. Entonces el le propuso que cada mañana le enviaría un relato a su padre para ver si cambiaba su estado de ánimo y su relación con él o simplemente para que leyera algo; no es que se creyera un salvador con sus cuentos o algo por el estilo pero quizás conociendo la problemática pudiera escribir algo, además de que era un estímulo para poder escribir y que alguien lo pudiera leer ya que nadie leía lo que él escribía. El amigo le dijo que el se encargaría de dárselo pero que no le garantizaba que el padre los leyera. Sin embargo, las dudas se despejaron y el padre leía los relatos todas las mañanas antes del ajetreo de la mañana en el negocio. Después de leer el periódico el hombre se enfrascaba unos minutos con el cuento para luego ponerse a controlar la mercancía y a organizar las cosas. A veces reía, a veces se quedaba pensando, algunas veces llegó a murmurar algo pero no solía comentar los argumentos con el hijo con el cual la relación no cambiaba demasiado. Los cuentos y relatos hablaban sobre distintos temas, algunos hacían alusión a la relación padre e hijo, otros a los conflictos laborales y otros solamente narraban aspectos de la vida cotidiana. El amigo escribía religiosamente cada día su cuento, el hombre los leía y así pasaron varios meses.
Un tiempo después los amigos se volvieron a encontrar para hablar largamente y los dos notaron que las cosas habían cambiado mucho. El escritor se quedó sorprendido al enterarse que el padre se había retirado y no trabajaba más y el hijo se encargaba libremente de la faena sin las constantes presiones de su padre. Por otro lado el amigo lo notaba mucho mejor a pesar de que sus cuentos solo eran leídos por el padre quien no daba una opinión, solo los leía. Siguieron hablando toda la tarde, nunca supieron porque el padre se había retirado del negocio con tanta calma, tampoco el hijo le quiso insistir demasiado. Las cosas en poco tiempo eran otras: los dos amigos se dedicaban con tranquilidad a lo que querían y aunque a los dos les faltaba mucho para lograr lo que se proponían sentían que estaban en camino. EL padre descansaba y cada día seguía leyendo los textos. Quizás la literatura sea eso, ordenar y contar los hechos cotidianos simples, poner en el papel las cosas que no se dan y uno desearía en la vida pensó el amigo que escribía.
miércoles, 25 de marzo de 2009
sábado, 28 de febrero de 2009
Casi en la esquina, Saenz Peña y Estados Unidos, barrio de Montserrat en Buenos Aires en el puesto de diarios que alquilo hace año y medio y trabajo con Jorge, un amigo de la adolescencia en un raro y pequeño proyecto empresarial donde nos turnamos los días; tres días y tres días ya que mi idea era que nos repartieramos los horarios, trabajar lo menos posible y dividir las ganancias llevando a la práctica las ideas políticas, además de darle trabajo a un empleado, gustavo, el chico boliviano que vivía al lado y lo atendía los domingos porque los demás días concurría a la Facultad de ingeniería; el único detalle era que el puesto daba muy poco dinero así que las ideas se aplicaban, los turnos se rotaban, las ganancias se dividían pero el puesto daba solo mil doscientos pesos de los cuales doscientos eran para el dueño en concepto de alquiler y lo demás para repartir entre tres proporcionalmente, pequeño detalle que era un gran problema en la Buenos Aires del 2005. Además yo me quería ir a vivir solo ya que había cumplido 28 años. Que recuerdo del puesto: a la mañana solía hacer mucho frío en los días de Junio, Julio y Agosto. Otoño del 2005, seguía estudiando profesorado de Castellano en el "Joaquin V. Gonzalez" y me costaba mucho latín II que a esta altura pensaba que no la iba a aprobar más; concurro a clases después del trabajo para el que me levanto muy temprano. Me recuerdo ahí, mucho tiempo adentro del puesto mientras ordeno los diarios, ojeo revistas y veo el paisaje urbano enloquecedor de la mañana, los autos que pasan hacia el centro, el 60, el 102 y por Estados Unidos el 96 hacia constitución. Enfrente, en la esquina, hay un bar atendido por Mariana y todos los días al empezar el reparto le dejo el diario y ella un poco más tarde me deja un café con leches y medialunas en un intercambio que se salda mutuamente ya que el precio es equivalente. Luego de hacer el reparto que me conozco de memoria por los sindicatos al cual se le entregan casi veinte diarios por días y por cada calle adjudicada a este puesto tomo el café con leche en el puesto con tranquilidad mientras pasan los autos; hay muchos clientes que me conocen y hablamos todos los días, hay diarios que se reservan y aunque se acaben los del paquete que te mandan hay que guardarselo al cliente, además de muchos detalles de esta tarea que tiene el diarero. A las 8 siempre pasaba José, el señor que tiene 72 años y sigue trabajando todos los días en la pequeña fábrica que imprime volantes y folletos. Es un hombre morrudo y cetrino que me habla de la época Peronista y me cuenta anécdotas de la Buenos Aires del 50 y 60, en fin, miles de conversaciones con los clientes y la gente. Mientras escribo estos recuerdos de Buenos Aires de hace apenas unos años miro por la ventana y veo el Montjuic iluminado por las luces del Estadio Nacional donde Juegan El Español y el Real Madrid que empatan cero a cero. Este es el primer fin de semana que no trabajo desde hace un mes pero todo se acaba pronto, por suerte mañana puedo dormir hasta tarde. Es sabado pero no creo que salga, ultimamente no me alegra mucho salir solo a ver que pasa como lo hacía antes.
viernes, 20 de febrero de 2009
domingo, 8 de febrero de 2009
El metro ya estaba cerrado del lado de Paralel entoces cruzamos Plaza España y vimos que un empleado también estaba bajando las rejas en la otra entrada; doblamos por Creu Coberta y esperamos el bus nit que tardó 15 minutos en llegar. Al subir le pregunté al chofer donde era conveniente bajarse para llegar a Florida y me dijo que la primera parada pasando Torrassa nos dejaba bastante cerca; bajamos alli y caminamos hasta los blockes del barrio; nos guiamos por las torres blancas y altas que están cerca de los edificios; subimos la Av Cataluña en un silencio total. La acompañé hasta una cuadra antes de la puerta de la casa y al despedirme, en carrer de los Pins, donde había una camioneta blanca muy alta estacionada en la esquina y frente a una Farmacia que ocupaba toda la esquina pero ahora estaba cerada la quise besar pero se resisitió y se fue caminando lentamente. Desde lejos le dije que en la semana la llamaría, luego me acerqué un poco y agregué para terminar que si a veces me quedaba callado no era porque estuviera incomodo con ella sino porque cuando no conozco mucho a una mujer suelo se silencioso porque no sé de que hablar, siento que lo que diga no puede tener mucha importancia. Ella me dijo que también era callada muchas veces. Nos despedimos y luego caminé otra vez hasta la calle donde pasaba el 2 en una noche vacía y oscura de Hospitalet; más tarde una pareja de dominicanos llegaron hasta la parada, la mujer hablaba detrá mío, a veces vociferafa. Esperé otros veinte minutos y tardé otros veinte en llegar a Plaza España en un bus casi vacío, solo los dos dominicanos adelante mío, ahora callados. Llegué a mi casa de Paralel y calenté un poco de leche. Se hicieron más de las dos de la mañana. Me quedé pensando en ese encuentro, en esa noche en que fuimos al cine y hablamos lo esencial, lo que se suele hablar en una primera cita, que hacíamos, de donde veníamos, con quienes vivíamos, en que trabajabamos y todas esas preguntas que suelen hacerse cuando se empieza a conocer a alguien. Cuando entramos al cine le sono el móvil y habló mucho tiempo, luego me dijo que era el primo que la regañaba por haber salido conmigo y que le había preguntado la dirección del cine para ir a buscarla. Según los preceptos de su familia no se podía salir con un chico apenas se lo conocía sino que todo tenía que llevar un tiempo y entonces se sentía presionada por la moral familiar por las tradiciones y costumbres. Además los primos le iban a contar este acontecimiento (haber salido conmigo) a sus padres en la ciudad de Trujillo, Perú, lo que iba a complicarla aún más su situación con los familiares de acá. A mi me costaba entender el porqué de tanto escándalo y dificultad pero las cosas muchas veces no son como uno quiere que sean y hace un tiempo que ya aprendí a no quejarme más cuando como tantas veces las cosas no se me dan. Salgo con una chica que apenas conozco y que tiene a sus familiares acosándola por salir conmigo, lo más raro es que algunos están en Trujillo, Perú.
martes, 3 de febrero de 2009
Mi hermana no para de mirar esos zapatos azules en la vidriera del negocio a la vuelta de mi casa. Insiste en que en estos día los quiere adquirir porque están a la última moda y varias de sus amigas ya los tienen y los usan cuando salen los sábados por la noche a tomar algo o bailar. Cada vez que nos reunimos en familia habla de esos zapatos y mi madre le dice que estos tiempos no son para andar con lujos con los gastos que hay en la casa y el colegio y que puede mirar unos más baratos, que ella está dispuesta a comprárselos pero mi hermana insiste en que quiere solamente esos y nada más, justo los más caros. Mi padre se queda callado y le dice que más adelante seguramente pueda hacer ese gasto y que es mejor esperar porque si espera los va a lucir mejor y con más ganas, frase que me quedo muy grabada, pero ninguna de estas respuestas parece conformarla y sigue protestando. A mí no me gusta que mi hermana sea tan pesada con mis padres que siempre hicieron todo por darnos lo mejor y me parece que tendría que cerrar un poco la boca, aceptar las cosas tal como son y esperar.
Cada vez que salimos con mi hermana por el barrio a comprar algo para la cena o simplemente a dar una vuelta me hace pasar por ese negocio y se queda como atontada mirando esos zapatos azules en la vidriera. A mi me encanta salir con ella y dar vueltas por el barrio ya que ella es mayor y mi mamá no me deja salir solo cuando se empieza a hacer de noche, pero no me gusta que últimamente se ponga tan tonta frente al negocio de luces encendidas que iluminan esos zapatos mientras yo tengo que esperar parado como una estatua mirando sin mirar; la verdad que no puedo entender como puede preocuparse tanto por una prenda, a mí me da prácticamente igual lo que me ponga y con tal de que me vaya bien y mas o menos me guste no me importa de que marca sea, aunque eso sí, la ropa la tengo que usar limpia, sin aujeros y me tiene que entrar.. Pero bueno, cada cual es como es, y como yo no puedo entender su obsesión, ella no puede concebir mi locura por los helados de fresa y siempre me regaña por ese vicio. Si, no hablé de esto, porque yo también tengo mis caprichos, para que los voy a ocultar, quizás no sean tan caros pero son caprichos igual; y además, pienso, los caprichos no se miden por el precio; si, voy a decir sin verguenza que yo cada martes y viernes antes de ir a la clase de deporte le pido a mi madre esas monedas para el helado de fresa y si en ese momento mi madre no tiene dinero a mano yo empiezo a revisar los bolsillos de todas sus prendas y a pesar de que a ella no le guste y se oponga yo busco las monedas por donde sea hasta que las encuentro; lo que más me gusta de esos días es que llegada la hora pido o busco mis monedas, salgo de mi casa, cruzo rápido al kiosko y compro mi helado de fresa; lo abro lentamente, soplo, le saco el papel y ya está; de esa forma puedo caminar tranquilo los diez minutos de tiempo que me separan del colegio y con el helado me parece que pienso mejor y se me ocurren mejores ideas además de que el viaje se hace más llevadero. Bueno, ese es mi capricho principal y también voy a decir que tengo un cerdito de esos que solo se rompen cuando ya no cabe ninguna moneda adentro, donde guardo mis ahorros pero nunca se me ocurrió romperlo para los helados sino que se las sigo pidiendo o "sacando" a mi madre. Bueno ya está, ya conté algunos de mis pecados.. ¿para qué voy a esconderlos ?.
Pero a pesar de todo, últimamente lo que me preocupa es la actitud de mi hermana ya que no puedo verla así tan pendiente de esos zapatos y tan triste porque no se los puede comprar. Cuando salimos a hacer las compras ya no es la misma y solo tiene en su cabeza a esos zapatos que no puede tener y cuando quiero cambiar de tema pareciera que casi no me escuchara. Yo soy el hermano, a mí me gusta pasear con ella y verla bien y contenta así que en estos días estuve pensando algunas ideas para sacarla de tal estado, estuve deliberando horas y horas la manera de que este problema se termine y vuelva a ser la de antes, sobretodo cuando salimos a caminar por el barrio que es un momento en que siempre hablamos. De tanto pensar y pensar solo llegué a una idea, que aunque me duela y cueste, es perfecta para solucionar todo su descontento y pensé que podría prestarle mis ahorros para completar el dinero que le falta, sé que es mucho dinero y que me costó ahorrar desde hace mucho , pero siempre y cuando me los devuelva a fin de año no tendría ningún problema. Estuve pensando durante un rato esta idea hasta que me decidí y fui corriendo a comentárselo y esperé su reacción; como yo preveía, mi hermana se puso muy contenta y me juró y juró que antes de fin de año me podría devolver el dinero. Entonces fue y le pidió el dinero que mi madre si podía prestarle, luego rompimos el chanchito y contamos todas las monedas sobre la cama, una por una. La alegría de mi hermana fue tal cuando se dio cuanta de que sumando las dos cifras hasta sobrababan unos céntimos que me abrazó como nunca antes lo había hecho. Yo no dije nada y también la abracé porque con tal de que mi hermana esté mejor cuando salimos a caminar por el barrio yo hubiese hecho cualquier cosa; ahora si va a volver a ser la misma de siempre cuando caminemos en el atardecer o en la noche; ahora si se van a acabar sus protestas en la mesa y sus embobamientos frente a la vidriera.
Un día después, por la tarde, luego de volver del colegio, observo que mi hermana tiene puesto sus zapatos combinados con un vestido muy azul lindo y la noto muy contenta y alegre mientras habla con mi madre y luego de un rato esta le pide que vaya a hacer las compras; como de costumbre quiero acompañarla pero al llegar a la puerta me dice que no quiere que vaya, que esta vez prefiere ir sola. Yo me quedo paralizado y sin entender pero me vuelve a decir lo mismo. La verdad que en ese momento no supe que pensar pero bueno, lo dejé pasar, supongo que tendrá sus razones y mañana no pondrá objeciones en que la acompañe, habrá tenido un día malo. Al otro día, a la hora de las compras, cuando me dispongo a acompañarla vuelve a pasar lo mismo y yo me pongo mal, le pregunto una y otra vez por que pero no me dice nada, luego le pregunto a mi madre si sabe que le pasa pero ella no sabe que decirme. Los demás días por la noche la situación es similar y empiezo a preguntarme que sentido tuvo haberle prestado mis ahorros para esos zapatos si ya no quiere que salgamos juntos, si ya no voy a poder pasear más con ella cuando se hace tarde.
Una semana después de haberse comprado los zapatos, cuando voy camino al colegio con mi helado de fresa, veo a mi hermana sentada en la silla de un bar junto a un muchacho unos años mayor que ella y veo como se besan y se abrazan; mi hermana tiene puesto su zapatos azules pero no me ve pasar tan concentrada en el chico que la abraza. Yo como mi helado pero no me dan ganas de ir a la clase de Gimnasia y entonces me siento en una plaza y aunque triste porque comprendo todo, el helado de fresa me inspira para escribir esta historia. Sólo espero que mi hermana me devuelva los ahorros que tanto me costaron juntar.
Cada vez que salimos con mi hermana por el barrio a comprar algo para la cena o simplemente a dar una vuelta me hace pasar por ese negocio y se queda como atontada mirando esos zapatos azules en la vidriera. A mi me encanta salir con ella y dar vueltas por el barrio ya que ella es mayor y mi mamá no me deja salir solo cuando se empieza a hacer de noche, pero no me gusta que últimamente se ponga tan tonta frente al negocio de luces encendidas que iluminan esos zapatos mientras yo tengo que esperar parado como una estatua mirando sin mirar; la verdad que no puedo entender como puede preocuparse tanto por una prenda, a mí me da prácticamente igual lo que me ponga y con tal de que me vaya bien y mas o menos me guste no me importa de que marca sea, aunque eso sí, la ropa la tengo que usar limpia, sin aujeros y me tiene que entrar.. Pero bueno, cada cual es como es, y como yo no puedo entender su obsesión, ella no puede concebir mi locura por los helados de fresa y siempre me regaña por ese vicio. Si, no hablé de esto, porque yo también tengo mis caprichos, para que los voy a ocultar, quizás no sean tan caros pero son caprichos igual; y además, pienso, los caprichos no se miden por el precio; si, voy a decir sin verguenza que yo cada martes y viernes antes de ir a la clase de deporte le pido a mi madre esas monedas para el helado de fresa y si en ese momento mi madre no tiene dinero a mano yo empiezo a revisar los bolsillos de todas sus prendas y a pesar de que a ella no le guste y se oponga yo busco las monedas por donde sea hasta que las encuentro; lo que más me gusta de esos días es que llegada la hora pido o busco mis monedas, salgo de mi casa, cruzo rápido al kiosko y compro mi helado de fresa; lo abro lentamente, soplo, le saco el papel y ya está; de esa forma puedo caminar tranquilo los diez minutos de tiempo que me separan del colegio y con el helado me parece que pienso mejor y se me ocurren mejores ideas además de que el viaje se hace más llevadero. Bueno, ese es mi capricho principal y también voy a decir que tengo un cerdito de esos que solo se rompen cuando ya no cabe ninguna moneda adentro, donde guardo mis ahorros pero nunca se me ocurrió romperlo para los helados sino que se las sigo pidiendo o "sacando" a mi madre. Bueno ya está, ya conté algunos de mis pecados.. ¿para qué voy a esconderlos ?.
Pero a pesar de todo, últimamente lo que me preocupa es la actitud de mi hermana ya que no puedo verla así tan pendiente de esos zapatos y tan triste porque no se los puede comprar. Cuando salimos a hacer las compras ya no es la misma y solo tiene en su cabeza a esos zapatos que no puede tener y cuando quiero cambiar de tema pareciera que casi no me escuchara. Yo soy el hermano, a mí me gusta pasear con ella y verla bien y contenta así que en estos días estuve pensando algunas ideas para sacarla de tal estado, estuve deliberando horas y horas la manera de que este problema se termine y vuelva a ser la de antes, sobretodo cuando salimos a caminar por el barrio que es un momento en que siempre hablamos. De tanto pensar y pensar solo llegué a una idea, que aunque me duela y cueste, es perfecta para solucionar todo su descontento y pensé que podría prestarle mis ahorros para completar el dinero que le falta, sé que es mucho dinero y que me costó ahorrar desde hace mucho , pero siempre y cuando me los devuelva a fin de año no tendría ningún problema. Estuve pensando durante un rato esta idea hasta que me decidí y fui corriendo a comentárselo y esperé su reacción; como yo preveía, mi hermana se puso muy contenta y me juró y juró que antes de fin de año me podría devolver el dinero. Entonces fue y le pidió el dinero que mi madre si podía prestarle, luego rompimos el chanchito y contamos todas las monedas sobre la cama, una por una. La alegría de mi hermana fue tal cuando se dio cuanta de que sumando las dos cifras hasta sobrababan unos céntimos que me abrazó como nunca antes lo había hecho. Yo no dije nada y también la abracé porque con tal de que mi hermana esté mejor cuando salimos a caminar por el barrio yo hubiese hecho cualquier cosa; ahora si va a volver a ser la misma de siempre cuando caminemos en el atardecer o en la noche; ahora si se van a acabar sus protestas en la mesa y sus embobamientos frente a la vidriera.
Un día después, por la tarde, luego de volver del colegio, observo que mi hermana tiene puesto sus zapatos combinados con un vestido muy azul lindo y la noto muy contenta y alegre mientras habla con mi madre y luego de un rato esta le pide que vaya a hacer las compras; como de costumbre quiero acompañarla pero al llegar a la puerta me dice que no quiere que vaya, que esta vez prefiere ir sola. Yo me quedo paralizado y sin entender pero me vuelve a decir lo mismo. La verdad que en ese momento no supe que pensar pero bueno, lo dejé pasar, supongo que tendrá sus razones y mañana no pondrá objeciones en que la acompañe, habrá tenido un día malo. Al otro día, a la hora de las compras, cuando me dispongo a acompañarla vuelve a pasar lo mismo y yo me pongo mal, le pregunto una y otra vez por que pero no me dice nada, luego le pregunto a mi madre si sabe que le pasa pero ella no sabe que decirme. Los demás días por la noche la situación es similar y empiezo a preguntarme que sentido tuvo haberle prestado mis ahorros para esos zapatos si ya no quiere que salgamos juntos, si ya no voy a poder pasear más con ella cuando se hace tarde.
Una semana después de haberse comprado los zapatos, cuando voy camino al colegio con mi helado de fresa, veo a mi hermana sentada en la silla de un bar junto a un muchacho unos años mayor que ella y veo como se besan y se abrazan; mi hermana tiene puesto su zapatos azules pero no me ve pasar tan concentrada en el chico que la abraza. Yo como mi helado pero no me dan ganas de ir a la clase de Gimnasia y entonces me siento en una plaza y aunque triste porque comprendo todo, el helado de fresa me inspira para escribir esta historia. Sólo espero que mi hermana me devuelva los ahorros que tanto me costaron juntar.
domingo, 1 de febrero de 2009
Volví a Barcelona y al segundo día empecé a trabajar, miento al tercero porque el sábado hubo un temporal terrible y se cortaron las líneas de ferrocarril; en San Boi se cayó el techo de un gimnasio y mató a tres niños. Viento y lluvia en la calle, me quedé adentro, después la semana. Trabajé ocho días seguidos, algunos pocos en Barcelona ciudad, pero la mayoría en los pueblos cercanos como Cerdanyola, Viladecans o Gabá. Recuerdo especialmente un día, el viernes, que pasé en Cerdanyola desde las diez de la mañana hasta las ocho de la noche, una jornada muy larga para pasar en la calle durante el invierno pero dos o tres veces paré en algún café; ese día me quedé hablando con una chica Rumana que me hizo pasar a la casa, estaba buscando trabajo y me pidió el teléfono de la empresa., luego durante la semana no paró de llamarme para ver si yo podía hablar con la coordinadora y tratar de hacerla entrar. Le dije que llame ella misma y trate de hablar por su cuenta.
Ayer estuve en Gabá con frío y Lluvia; me levanté temprano pero entre el viaje y la ubicación de la zona tardé mucho en empezar. Nadie me abría la puerta en las zona del nuevo Ayuntamiento y a las dos de la tarde, desmoralizado, paré a comer en un bar un bocadillo de lomo y queso, tomé un agua mineral y después me pedí un café con leche. Desde la ventana se veía el pueblo vacío y la lluvia que caía en las calles desiertas y en la plaza frente a la avenida Diagonal. Al final, con mucho esfuerzo, logré hacer cinco encuestas aunque no cumplí con el grupo social que me pedían; cada vez me cuesta más encontrar las personas que me piden. A veces encuentro el sexo, la edad y el grupo familiar pero la persona no trabaja y no puedo hacerle a gente que no trabaje; otras veces trabaja y corresponde la edad y el sexo pero vive solo/a y no puedo hacerle encuestas a personas que vivan solas; así muchas veces que no coinciden exactamente lo que me piden pero no por eso las dejo de hacer y muchas veces las hago igual, aunque después la coordinadora me reproche que no cumplo y haya que escuchar lo que me dice, espero que no pase a mayores pero tampoco voy a trabajar 12 horas, ya es bastante con ocho y el viaje, además del frío, el viento y la lluvia en estos días de invierno. Hace un año este trabajo me resultaba mucho más fácil y siempre terminaba rápido ya que no había restricciones, se podía encuestar a cualquiera. Ayer terminé muy cansado, llegué a mi casa, tomé un té verde con galletitas y me bañé; no tuve ganas de cocinarme más tarde; después, por suerte miré la película "Zona Libre" que sucede en la zona de Jordania, Israel e Irak y empieza con una canción excelente que trata sobre la cadena de violencia social: el perro que se come al gato, el palo que le pega al perro, el fuego que incendia el palo, el agua que apaga el fuego y así, todo cantado en árabe o Hebreo con la música que cada vez aumenta en volúmen, velocidad y dramaticidad y se pregunta si alguna vez se terminará esto. En el transcurso de las película se tratan temas personales vinculados con la realidad de oriente medio.
Tengo que pensar que voy a hacer con mi trabajo porque cada vez tengo menos ganas de hacer esto pero dejar un trabajo así porque sí sería una locura, aunque también pienso que podría vivir un tiempo del paro, aunque la verdad que cuando llego por la noche me olvido del día laboral y me siento bien escuchando música o viendo videos o películas pero la noche se hace corta y pasa rápido. Desde la 20.00 0 21.00 hasta la 1.00 de la mañana es menos tiempo que de las diez de la mañana hasta las siete u ocho de la tarde pero las cosas son así aunque me gustaría que fueran al revés, cinco de trabajo y el resto libre pero bueno, me puedo levantar a las nueve de la mañana lo que no está mal, se que es un horario normal y que todos lo hacen pero a mí no me conforma, quizás es porque me siento solo, trabajo aislado y no tengo muchos amigos, pero no sé como aplacar la soledad.
Ayer estuve en Gabá con frío y Lluvia; me levanté temprano pero entre el viaje y la ubicación de la zona tardé mucho en empezar. Nadie me abría la puerta en las zona del nuevo Ayuntamiento y a las dos de la tarde, desmoralizado, paré a comer en un bar un bocadillo de lomo y queso, tomé un agua mineral y después me pedí un café con leche. Desde la ventana se veía el pueblo vacío y la lluvia que caía en las calles desiertas y en la plaza frente a la avenida Diagonal. Al final, con mucho esfuerzo, logré hacer cinco encuestas aunque no cumplí con el grupo social que me pedían; cada vez me cuesta más encontrar las personas que me piden. A veces encuentro el sexo, la edad y el grupo familiar pero la persona no trabaja y no puedo hacerle a gente que no trabaje; otras veces trabaja y corresponde la edad y el sexo pero vive solo/a y no puedo hacerle encuestas a personas que vivan solas; así muchas veces que no coinciden exactamente lo que me piden pero no por eso las dejo de hacer y muchas veces las hago igual, aunque después la coordinadora me reproche que no cumplo y haya que escuchar lo que me dice, espero que no pase a mayores pero tampoco voy a trabajar 12 horas, ya es bastante con ocho y el viaje, además del frío, el viento y la lluvia en estos días de invierno. Hace un año este trabajo me resultaba mucho más fácil y siempre terminaba rápido ya que no había restricciones, se podía encuestar a cualquiera. Ayer terminé muy cansado, llegué a mi casa, tomé un té verde con galletitas y me bañé; no tuve ganas de cocinarme más tarde; después, por suerte miré la película "Zona Libre" que sucede en la zona de Jordania, Israel e Irak y empieza con una canción excelente que trata sobre la cadena de violencia social: el perro que se come al gato, el palo que le pega al perro, el fuego que incendia el palo, el agua que apaga el fuego y así, todo cantado en árabe o Hebreo con la música que cada vez aumenta en volúmen, velocidad y dramaticidad y se pregunta si alguna vez se terminará esto. En el transcurso de las película se tratan temas personales vinculados con la realidad de oriente medio.
Tengo que pensar que voy a hacer con mi trabajo porque cada vez tengo menos ganas de hacer esto pero dejar un trabajo así porque sí sería una locura, aunque también pienso que podría vivir un tiempo del paro, aunque la verdad que cuando llego por la noche me olvido del día laboral y me siento bien escuchando música o viendo videos o películas pero la noche se hace corta y pasa rápido. Desde la 20.00 0 21.00 hasta la 1.00 de la mañana es menos tiempo que de las diez de la mañana hasta las siete u ocho de la tarde pero las cosas son así aunque me gustaría que fueran al revés, cinco de trabajo y el resto libre pero bueno, me puedo levantar a las nueve de la mañana lo que no está mal, se que es un horario normal y que todos lo hacen pero a mí no me conforma, quizás es porque me siento solo, trabajo aislado y no tengo muchos amigos, pero no sé como aplacar la soledad.
lunes, 19 de enero de 2009
Muchas veces me cuesta empezar un texto y no sé que escribir. Me encuentro ansioso pero no escribo, siento que tengo mucho que decir pero estoy vacío a la hora de empezar, no sé si es el síndrome del "terror a la página en blanco" o como le digan, o es que en realidad no tengo nada lo cierto es que quiero escribir pero no sé qué ni cómo pero a pesar de esto escribo lo que indica que la fuerza de la intención es a veces más que lo que quiero decir, lo que no está mal. Además de que muchas veces siento que no es demasiado importante lo que puedo contar, mi historia es una más entre las de millones pero quizás sea importante también por eso, es una de las miles de millones, es una de las que componen tantas y cada una es importante; aunque al fin y al cabo cuando escribo no suelo pensar en nadie sino que lo hago para mí, punto, por eso escribo. Ahora faltan dos días para volver a Barcelona y en este mes de estadía en Buenos Aires casi no escribí nada. Me había propuesto hacerlo pero fue pasando el tiempo y me dejé estar. Las primeras dos semanas me quedé en Buenos aires, me encontré con mis amigos (especialmente nos juntábamos en lo de Jorge en Pompeya que es el único que tiene casa propia) y además estuve mucho tiempo con mis hermanos en el departamento o en otros lugares. Las fiestas de navidad las pasamos en el galpón de Soldati que es un terreno grande, herencia de mi abuelo, con un jardín y parra en el fondo donde vive mi tío con mi prima que no estuvieron porque viajaron a Mar del Plata a pasarla con la tía y las primas que viven allá. Ese día entre mi hermano menor, mi primo Martín y mi tía preparamos la mesa y el fuego para las brasas del asado. Más tarde vinieron mis hermanos, mi padre, mi tío, su esposa y algún pariente lejano que no recuerdo. El asado resulto bueno y comimos en una mesa larga de madera al aire libre. A la noche Martín tocó la guitarra e interpretamos temas del rock nacional, ahora recuerdo "Dulce Navidad" de "Ataque 77" y "La puerta de al lado" de "Los Rodriguez"; tomé un poco pero no me emborraché y canté algunas canciones subido a una silla como si estuviera en el paravalanchas de la cancha de San Lorenzo. Al otro día y muy cansado viajé en buquebus al Uruguay, hacía tiempo que quería conocer Uruguay ya que nunca había estado. Me llevo mi viejo en el auto hasta el puerto. Estuve cinco días de viaje. Primero llegué a Colonia, luego dos días en Montevideo, después fui a Piriápolis y el último día estuve en "Punta del este" por la mañana y en "José Ignacio" por la tarde donde subí al faro y miré la costa, el mar y las casa blancas desde arriba, una zona muy hermosa aunque cara y exclusiva; ese día no me quedé a dormir porque el precio era imposible, además de que no había lugar y volví a Piriapolis. Pasé la noche allí, en el hostelling de la ciudad y por la mañana viaje a Colonia donde a la tarde regresé otra vez en el buquebus a Buenos Aires. Por ser el primer viaje a Uruguay estuvo bien, una entrada somera donde resaltan algunas anecdotas y compañíás de viaje. En Montevideo conocí a dos chicos Brasileros con los que alquilamos una bici y recorrimos toda la costa hasta la playa de pocitos. Luego viajé con ellos a Piriapolis donde fuimos a bailar una noche abajo del hotel Argentino pero después nos separamos. A la vuelta de Uruguay me quedé en Buenos Aires un día y después viajamos a Mar del Plata con mi padre, llegamos muy rápido, justo en cuatro horas. Pasamos las fiestas en Punta Mogotes. Estaba mi tía y mis primas Marplatenses con sus hijos y parejas, además de parientes de sus novios. Cenamos y después mis primos tiraron algunos cohetes y cañitas. Vino gente de otras casas y amigos de mis primas y primos algunos de Buenos Aires y otros de Mar del plata como tantas otras veces. Eramos muchos, aparecieron unos cuantos vecinos al ver tanta gente y la noche se alargó. Estuve cuatro días en Mar del Plata, mi padre alquiló carpas en distintos balnearios en Punta Mogotes y por el faro pero yo no los acompañaba siempre sino que muchas veces me iba a caminar solo por los acantilados o me metía en calles extrañas de barrios como "La serena" y "San Jacinto", esos barrios detrás de las playas donde termina Mardel, barrios donde de adolescente recorría con el ciclomotor buscando rincones extraños, barrios desde donde se veía el faro desde lejos. Después de unos días mi hermano menor se fue para Pinamar un fin de semana donde la familia de un amigo suyo había alquilado una casa. Lo despedí con un abrazo fuerte porque el lunes yo viajaba para la patagonia con mi amigo Tucho y después él se iba para villa Gesell donde hacía tres veranos que pasaba las vacaciones con sus amigos en una casa grande que alquilaban entre todos y era posible que no nos vieramos más por mucho tiempo porque el 21 de enero salía mi vuelo a Barcelona. Pasé dos días más en Mar del Plata y me encontré con Luis, mi primo segundo, que también estuvo trabajando un tiempo en España pero en Valencia donde conducía un autobús cerca de Castellón y a donde lo fui a visitar un largo fin de semana a fines del 2006 y con quien pasé esas navidades. Me contó que tenía intención de volver un tiempo más a trabajar pero esta vez a Barcelona porque le iban a pagar más y quedamos en alquilar algo juntos si venía, también le ofrecí estar un tiempo en mi habitación si se quedaba poco tiempo. Al otro día volvimos con mi padre a Buenos Aires; era lunes y llegamos antes del mediodía. A las tres de la tarde salía el micro "Vía Bariloche" para San Martín de los Andes. Preparé la mochila rápida, los documentos, 700 pesos y puse todo lo que pude incluyendo un libro de Henri Miller, otro de Daniel Guebel y la cámara de fotos digital y me tomé el 26 hacia retiro. Tardó cuarenta minutos y llegué sobre la hora de partida. Ahí estaba mi amigo Tucho esperandome con su mochila. Esperamos unos minutos, dejamos las mochilas en el guardaequipajes y subimos al micro de doble piso verde. Viajamos casi 24 hs.; apenas salimos nos dieron una merienda y luego, un poco más tarde la cena. Fue un viaje largo y a la altura de Cañuelas el micro paró porque había ocurrido un accidente fatal, había al costado de la ruta varios cuerpos cubiertos con sábanas blancas; los bomberos trataban de sacar otros de entre los hierros doblados de lo que había sido un auto. Todo ese espectáculo de horror y la lentitud del micro al pasar por ahí nos sumió en un estado de amargura y reflexión acerca del valor de la vida. Viajamos toda la noche. Al llegar a San Martín decidimos ir hacia Villa Traful en el micro que recorre los siete lagos. Tuvimos que esperar solo unas horas antes de salir. En ese tiempo anduvimos caminando por el centro y luego entramos al gran Supermercado del Sur, Anónimo para la gente de otras zonas. Compramos lo escencial y tuve que hacer un gasto extra ya que hacía más frío del que me imaginaba y no había llevado el abrigo suficiente. Tuve que gastar cincuenta pesos extras en un lindo pullover color beigge. Luego nos quedamos sentados en el pasto detrás de la estación, como siempre lleno de mochileros esperando las camionetas para sus respectivos destinos. Que jóvenes son los chicos, nadie parece sobrepasar los 25 años y me siento un poco viejo a mis treinta y poco. Claro, cuando vine en el 94, 96, 99, ¿2003? era como ellos, todavía estaba en la edad, ahora ya estoy muy por encima del promedio de los que van de mochila y con amigos pero bueno, nada de eso me importa demasiado en realidad. Fueron días de caminatas y noches de fogones como tantas otras veces. Primero estuvimos tres días en un camping en el comienzo de Villa Traful, luego en la villa propiamente dicha nos quedamos como cinco días. Recuerdo que a eso de las seis de la tarde hacíamos mates con galletitas y nos quedábamos frente al lago mucho tiempo hablando y también me acuerdo de que por la noche, mientras cocinábamos fideos o arroz con una olla en la parrilla solíamos escuchar a spinetta, el disco tester de violencia era uno de los principales. También escuchábamos un c.d. donde había temas de Sumo y de Los gardelitos: "Cuando eras joven soñaste con viajar, el tiempo fue pasando y hoy estás acá, todos tus sueños los dejaste muy atrás, todas las cosas que querías de verdad".
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