Hoy chatié con mi viejo durante bastante tiempo. Me preguntó como estaba y le dije que me sentía un poco sólo, nada más; luego, no sé por que motivo empezamos a hablar de noticias y sucesos Argentinas. Le comenté que a veces suelo entrar a Clarín, Crítica y Página 12 por internet y que trato de mantenerme al tanto con algunas cosas. Me preguntó si había oído hablar del triple crimen de los "empresarios jóvenes" y le dije que claro, que en la última semana cada día salía algo. Entonces me comentó que él le había vendido un auto a Forza, uno de los asesinados y el principal investigado para averiguar las causas que motivaron el mafioso crimen ya que aparecieron en un zanjón de General Rodriguez con casi 20 tiros y maniatados después de haber estado tres días secuestrados. Hay indicios, por el tipo de asesinato, de que fueron los narcos por una mala entrega, una adulteración o una deuda que no pudo o no quiso pagar, también se especula que Forza fue quien denunció al grupo que fabricaba las drogas en Ingeniero Maswick, en fin muchas teorías. Al chatear mi viejo me contó un poco como fue la venta del auto en ese principios del 2005. Publicó un aviso en internet y Forza lo fue a buscar al negocio y de ahí fueron a casa. Mi mamá le sirvió un café. Mi viejo me dijo, "era un pibito con plata", "parecía macanudo" me dijo que se dedicaba a la distribución de medicamentos. No sé porque no puedo dejar de pensar en eso. Yo no me acuerdo donde estaría porque todavía vivía allí, quizás estaba en alguna clase del profesorado o en el puesto de Diarios, sólo sé que ese marzo del 2005 fue terrible para mí, comienzo terrible de un año, todavía más terrible; y ahora se me ocurre pensar en mis padres con Forza tomando un café en ese marzo. Luego el año terminó de la peor manera: en octubre a mi mamá le diagnosticaron cancer y y en diciembre murió; unos meses después decidí el viaje a España después de vender libros durante todo el verano en la costa para pagarme el viaje. Hoy no sé por que escribo todo esto y que tiene que ver, quizás tenga que escribir sobre algo, quizás en un momento distintas vidas se relacionan; Lo social con lo individual.
Otro día: Chatié con mi hermano, me cuenta que el hemano de Forza fue compañero suyo y que el asesinado fue también al Calasanz, dos años mayor que yo pero no me acuerdo de su cara. Si, en cambio me acuerdo de hermano, alguna vez estuvo en la casa de Bonifacio, un pibe alto, rubio, un poco dientudo me parece. Así que yo me cruzaba en el patio con el Forza asesinado.. pero la verdad no lo recuerdo. Bueno, basta de escribir sobre esto que tiene que ver con mi vida aunque me llama la atención tantas relaciones. El barrio, el colegio, mi viejo, mi hermano,todo conectado.
domingo, 24 de agosto de 2008
viernes, 15 de agosto de 2008
Servilletas con migas en el plato del bar donde escribo después de terminar mi sandwich de jamón y queso, nadie en las mesas de afuera, yo solo adentro; muy poca gente por la calle. El empleado ordena la barra mientras su mujer barre, un viejo ventilador gira en un rincón y despide un poco de aire al acalorado local que se mezcla con el humo de la plancha donde cocina el dueño, el chino con el que siempre hablo. El televisor muestra las competencias de natación femenina de los juegos olímpicos y yo de nuevo en Barcelona recuerdo el viaje a Portugal que pasó demasiado rápido, más rápido de lo que podía pensar. Me parece ayer cuando estaba en este mismo bar bebiendo una cerveza y festejando en soledad que por más de 15 días no volvía al trabajo. Pero ya el viaje terminó. Fueron días en Lisboa, Porto y otras ciudades como Sintra, Aveiro, Coimbra y Braga. Recuerdo el primer día cuando llegué en el vuelo a Lisboa y vi toda la ciudad roja desde arriba, una vista espectacular de los dos lados del tajo; después de bajarme del bus que me tomé en el aeropuerto caminé por la "Plaza de Comercio" sin saber que hacer hasta que me decidí a buscar los hostels cuya direcciones tenía anotado en un pequeño papel en la riñonera. Caminé mucho esa media mañana pero por suerte la mochila no me pesaba como otras veces porque había decidido sólo cargar lo necesario. Me acuerdo que en el primer hostel no había lugar y después me costó un poco encontrar el old hostel pero al verlo me di cuenta de que era un buen lugar. En la entrada había una chica italiana que había estado un tiempo en Buenos Aires, muy simpática y cordial que me recibió y me encontró lugar en el repleto hostel, uno de los pocos que quedaban. Eran 20 euros por cada noche, un precio normal para este tipo de alojamientos. Fueron siete días en Lisboa donde caminé toda la ciudad desde un barrio a otro y anduve en muchos de sus viejos tranvías desvencijados y pintorescos que se desplazan por sus calles empedradas que suben y bajan en desnivel. Muchas veces viajaba en el 28 que tomaba en la plaza Camoes para cualquiera de los dos lados. Caminaba por el barrio de Alfama con sus pequeñas calles y la gente que se asomaba desde las ventanas abiertas, ropa tendida en los balcones, hombres que tomaban sus cervezas en las mesas de afuera. Algunos pequeños jugaban al fútbol en las calles. Después de mucho caminar me sentaba en algún bar y pedía un café. Recuerdo el mirador Santa Lucía desde donde se veía el Tajo y la parte histórica de la ciudad con sus tejas rojas y el panteón de color blanco. Del otro lado del río estaba la ota parte de Lisboa más olvidada y desconocida para los turistas a donde crucé en barco unos días después para ir a las playas de Caparica; a esa zona era la zona de Alamada donde en realidad vive más gente que en la misma Lisboa; el famoso puente 25de abril separa las dos zonas. Recuerdo también ahora la mañana en que estuve en el castillo San Jorge desde donde la visión era todavía más amplia del río y de la vieja ciudad con techos rojizos. Caminar por el centro y seguir derecho hacia la zona de Pombal, la ciudad subía poco a poco y más allá el museo Gundelkian y sus hermosos jardines con estanques, pequeños ríos artificiales y el sol que iluminaba los verdes parques con gente que se sentaba en el pasto. Caminar un poco más, seguir camino hasta campo pequeño, sacarle una foto desde afuera a la espectacular plaza de Toros Roja y circular con sus bares y paradas debajo. Luego volver ciudad abajo otra vez a pie hacia el barrio de Alfama; fueron tardes y tardes en que no paraba de caminar por muchas calles. La casa de pessoa hasta donde me acercó el tranvía 28 para el lado contrario del barrio de Alfama desde la plaza de camoes; luego un jardín grande y oscuro en el que paré a comer una manzana y después unas callecitas tranquilas hasta llegar al caserón del poeta. Por las noches muchas veces me iba al barrio alto tan cercano del hostel, desde la plaza Camoes hacia arriba, tomaba unas cervezas con amigos ocasionales del hostel y veía a la gente ir y venir por las calles oscuras e iluminadas por los bares; los primeros días había un grupo de irlandeses simpáticos pero después se fueron y la gente solía cambiar muy frecuentemente, nadie se quedaba más de dos días. Luego vinieron unos franceses y una chica Vietnamita que me dijo que la capital no era Saigón como creía yo. Todo un día dediqué para ir a Sintra. Primero el tren y luego el autobus que me subió hasta el Castillo. Desde allí una visión amplia del verde y suave paisaje de montañas. Más abajo se divisabaun castillo Musulmán, restos de la cultura árabe en la zona.
Hoy, como tantas veces, estoy frente el mar: Escribo estas líneas frente a arenas golpeadas por olas del atlántico que se estrellan contra el inicio de Europa en estas playas cerca de Porto. Más de una hora en llegar a pie desde el centro de la ciudad, luego de viajar de paseo en el tranvía marrón que me dejó a orillas del Duero. Estoy en una cafetería llamada "ondas de mar" y desde acá veo la costa y la playa. El día es espléndido, sólo algunas nubes pequeñas y débiles sobre el cielo azul; el sol gigantesco ilumina todo con claridad. Frente a mí hay una larga escollera que en su final tiene una torre vieja muy desgastada, las olas golpean, la espuma rebota alto y con fuerza para luego caer en el mar; afuera hace calor pero hay una brisa que ayuda a liberarse un poco de la alta temperatura. Desde la ventana del bar veo los autos que se dirigen a las playas, los niños que juegan en una hamacas al lado del café que de a poco se empieza a llenar; son casi las dos, la hora de almorzar. Por la puerta entra una pareja de unos sesenta años, la mujer está un poco pintarrajeada, el hombre calvo parece tranquilo, me miran y luego giran hacia la derecha. Escucho conversaciones en este raro y primer portugués, acostumbrado a escuchar el tono de Brasil más abierto y cantado. En la mesa tengo algunos libros que traje en la mochila: Pessoa, Hamsun, Cortázar, Cercas. Leo partes de cada uno pero no me puedo concentrar demasiado en ninguno. Leo alguna poesía corta de Pessoa o de alguno de sus heterónimos, nada más. Luego miro mucho tiempo por la ventana: la gente, los niños, el día, el sol, el mar, el despliegue playero de la gente que parece repetirse en todos los países. Me siento cansado, ayer dormí muy poco, desde las 6:00 hasta las 9:00. Por la noche me sentía insatisfecho y mal, siempre el deseo que no puedo evitar, lo que no puedo o no sé como hacer. Muchas chicas en el hostel, un poco de vino, caminata por la ciudad, la salida a una discoteca. Hablé mucho tiempo con una y la impresión de que no me daba la atención necesaria. Era polaca, de Cracavia y vino a estudiar portugués en Oporto en un curso intensivo de un mes, para luego volverse. Me contó un poco de su vida y de los sitios que conoció. Vivió en Finlandia más de un año, en una ciudad llamada Our donde completó su carrera de filóloga según entendí. Había unos chicos austríacos muy jóvenes, un holandes, tres chicas norteamericanas, una vasca y yo. Después de la discoteca salimos por la calle en busca de marihuana pero nadie nos sabe decir donde venden. Unos chicos negro en una esquina tienen, pero se nota que es de mala calidad. La muestran, la ofrecen, el holandés dice que no. Seguimos camino por las calles oscuras, el holandés y el austríaco mayor van adelante, las chicas los siguen. Nos paramos en una esquina donde hay una calle que baja hacia el centro de la ciudad y hablamos. Ellos quieren bajar hacia la zona del río y yo digo que prefiero ir a la zona de la rambla Santa Catarina, cerca del hostel, me parece que puede haber algunos bares abiertos. Entonces el grupo se divide. Las cuatro chicas se van con el austríaco y el holandés. Vuelvo a pie con los dos restantes austríacos, los más chicos, de unos veinte años. Deambulamos perdidos un rato por las calles oscuras y preguntamos dos o tres veces por la Rua de la Firmeza o por la Santa Caterina. Llegamos al hostel alrededor de las dos de la mañana. Los austríacos se van a dormir y yo me quedo en la computadora que en ese momento está libre. Escribo lo que me viene a la cabeza sin pensar demasiado, me descargo contra mi soledad y la imposibilidad de hacer lo necesario para lograr la atención de alguna chica, especialmente con la de Polonia que fue con la que intenté. Media hora después entran dos de las chicas norteamericanas. Entonces, me imagino las parejas, la vasca con el austríaco y la yankie con el holandés. No me equivoco, al rato aparecen sigilosamente. Me da la impresión que se besan detrás mío aunque no estoy seguro. Luego, suben las escaleras mientras yo sigo escribiendo en la computadora. Siento bronca, no porque me gustara especialmente alguna de ellas sino porque me da la sensación de estar perdiéndome algo y me pregunto por qué ellos sí y yo no. Hace unas horas ni se conocían y ahora ya están juntos. Pienso una y otra vez.. ¿qué es lo que yo no tengo? ¿cuál es la actitud?. En realidad creo que yo no puedo ir tan rápido. Me siento triste, esa sensación que tanto conozco de derrota y de soledad. Sigo escribiendo durante un rato más pero ya no se me ocurre que más y me parece que ya escribí todo lo que tenía adentro. Entonces busco en el you tube algunas canciones de Los Redondos, Rosendo, Calamaro, Bersuit, Los delincuentes y de a poco me empiezo a sentir mejor y muy de a poco salgo de esa horrible sensación de fracaso; pienso entonces que quizás el arte tenga ese efecto de ver el dolor del otro y sentirse amparado. No sé, pienso que no quiero sentirme más así pero no encuentro la forma de salir y de lograr la conexión suficiente, la atención, la onda necesaria. Ahora estoy de vacaciones, viajo por el norte de Portugal y el deseo de lo que no puedo obtener me hiere y me lastima una y otra vez. Desde la ventana sigo mirando el mar que golpea con fuerza a la torre de la escollera a unos kilómetros de oporto.
jueves, 31 de julio de 2008
Hace un dia que estoy en Porto, Portugal; llegue ayer por la noche en tren desde Lisboa despues de parar dos días en Coimbra y uno en Aveiro, un paisaje verde y calmo como la gente que la habita. Las gente de las ciudades en este Pais parecen moverse a un ritmo más sosegado que en otras ciudades de europa. Me hospedo en un hostel llamado Ãndharilo que se encuentra cerca de la Rambla Santa Catarina, en la calle de La Firmeza que es una calle en subida desde la rambla; tiene una pequeña puerta de metal color blanca en la entrada y luego una escalera que conduce a un jardín a la izquierda. A la derecha está la cocina y la sala de estar. El lugar lo administran unos chicos de mi edad que alquilan la propiedad y la trabajan en cooperativa, se turnan los horarios y se dividen el dinero. Esta calle es tranquila pero por La rambla se desplaza mucha gente durante la mañana y el mediodía según pude comprobar hoy cuando salí a caminar; van y vienen para hacer las compras cotidianas o pasear; desde arriba de la peatonal, cerca del gran teatro saqué algunas fotos de la gente abigarrada que caminaba calle arriba o abajo concentrada en sus pasos. Temprano salí a caminar por el centro, anduve en el tranvia de color marrón que me dejó junto al puente de cemento luego de recorrer gran parte del centro y después en el bus numero 500 que bordea el Duero de casa viejas y pintorescas con flores y plantas en sus ventanas; subi en el elevador hasta el puente Luis I que cruza el rio Duero, tan conocido por su estructura metálica semejante al de la torre Eiffel y del mismo grupo de arquitectos. Crucé el puente una y otra vez, me quede en la parte de enfrente donde hay una plaza con un mirador, le pedi a algunas personas que me tomaran fotografias con la ciudad vieja de techos rojos y anaranjados como fondo. Más tarde camine por la costa, el barrio de "La Ribeira" y anduve por las callejuelas y vi algunas iglesias. Entre en un cafe y pedi uno con leche y con media luna, pague 1, 30 mucho menos que en Barcelona; al rato empezó a llover y me refugié en los lugares que pude, cobertizos, zaguanes, techos de verdulerias de esas calles antiguas de piedra que bajan hacia el río junto al puente, algunos vecinos me miraban con extrañeza como si adivinaran que era un turista más. Vi durante mas de media hora como una vendedora de paraguas gritaba en portugues lo que ofrecia en la gran plaza de la torre de los clérigos, al lado de una pequeña estatua de un cartero. Mientras estuve mirando creo que vendió tres paraguas; era una chica joven que gritaba para todas las direcciones con vehemencia. Tardé mucho en llegar al hostel, antes compré unos fideos y una manteca, pedí salsa pero no tenían. Cuando llegué habia muchos chicos coreanos preparando comida. Me quedé con ellos. Me convidaron con un poco de salsa y pan. Trataba de hacerme entender en mi rudimentario inglés. Una chica negra de origen holandes y padres congoleños empezó a tocar la guitarra, canciones románticas del sur norteamericano, blues, Soul y demás, realmente una pequeña artista con una actitud muy humilde. Tome varios vasos de vino oporto, intercambié bandas de rock con los chicos coreanos, nos anotabamos en los papeles los nombres de la bandas. Así fue pasando la tarde en este hostel de la rua Firmeza de la ciudad de porto a menos de un día de haber llegado. Más tarde pasaron muchas mãs cosas que sería muy largo de explicar ahora pero sin duda fue muy lindo conocer a dos chicas Gallegas llamadas Alba y Ana y a un chico Chileno llamado Erwin; con ellos anduve más de dos días sin parar y el sábado por la tarde fuimos a una exposición sobre derechos humanos y luego en la noche cenamos barato en la costa del río Duero, luego de buscar varios restaurantes . Justo antes de cenar, cuando nos bajamos en la estación de metro "Jardines de Morro" conocimos a un hombre llamado Serafín que nos empezó a contar la historia del convento y del centro histórico de la ciudad, dijo ser escritor y estar a punto de publicar un libro que le llevó cuatro años escribir, llamado "La duda" con un argumento sin duda muy extraño: Todo empezaba cuando el protagonista era abandonado de repente en un hotel de Milan por su mujer, con la que había convivido ocho años. A partir de allí el personaje sufre una gran crisis porque la mujer se va sin darle explicaciones en la madrugada de una noche. Entonces el hombre vuelve a oporto de donde también era oriunda la mujer a buscarla pero no la encuentra por ningún lado y la familia de esta tampoco sabe donde está. Creyendo que la había raptado una mafia de prostitutas, busca por todos los burdeles de oporto, habla con prostitutas, muestra sus fotos pero no logra dar con esta.
sábado, 12 de julio de 2008
Me debería haber bajado en la estación que sigue a San Boi pero no sabía que ahí estaba el barrio de la cooperación. Por eso llegué en un bus desde la estación de tren hasta los blockes donde tuve que encuestar. Estuve como una hora buscando el número en el que tenía que empezar, hasta que después de preguntar, un viejo habitante del barrio que iba para la estación me supo guíar. Me contó que había nacido en cáceres pero que vivía en este lugar desde la década del 60, cuando se empezó a construir el barrio. Bajamos unas escaleras y ahí estaban los edificios donde tenía que comenzar. Empecé alrededor de las dos de la tarde justo cuando la gente empieza a almorzar. Hice varias encuestas en el mismo edificio, luego, alrededor de las cuatro y media paré a comer en un bar. Había mucha gente de la zona que se conocía entre sí y hablaban por eso me sentía un poco inhibido, siempre me pasa lo mismo en los bares cuando entro y hay gente hablando. Me senté en una mesa y pedi un bocata de vegetal y para beber un agua. Justo por la puerta entraron dos policías y saludaron a varios de los hombres que tomaban cerveza en la barra, se quedaron hablando. Terminé de comer, pagué y volví a la zona a hacer más encuestas. Alrededor de la siete me llamó Isabel, la chica Dominicana con la que había estado dos semanas antes. Ya me había cansado de llamarla, casi me había olvidado. Quedamos en encontrarnos en Plaza Cataluña a las 9:30. Que milagro que me haya llamado y ahora que lo pienso, seguro que se debió a mi indiferencia. Hice algunas encuestas más, luego me quedé cinco minutos en una plaza desde donde veía unos edificios de pintura amarilla requebrajada con andamios sin obreros; una mujer con un vestido azul tendía la ropa en un blacón. En la plazoleta algunos viejos sentados, en el extremo un puesto de diario, enfrente la biblioteca, bajo la escalera la estación de tren. Veo a una chica que sale de un blocke con un bolso amarillo y azul y las siglas "C.N. de San Boi", un árabe bebe agua de una fuente. Pasadas las 8 camino hacia la estación de tren, cruzo una avenida y el puente elevado, alcanzo justo a subirme a un vagón desde donde veo el nombre de la estación: "Molin nou". LLego rápido a Plaza España, subo a mi casa, miro el reloj y eran las 9 me cambié rápido de ropa y me tomé el metro hasta Plaza Cataluña. Isabel parecía un poco borracha, tambaleaba al caminar y me contaba que había renunciado a su puesto de ayudante de cocina en un Bar de la calle Joan de Borbón en Barceloneta. Me dijo que fueron cinco meses en que no paraba. Empezaba a las diez de la mañana hasta las cuatro y luego tenía que volver a las siete, hasta las doce de la noche, así cada día durante tantos meses a un ritmo frenético. Una explotación total; le dije que había tomado la mejor decisión y que tenía que buscarse un trabajo con menos horas. Así me estuvo hablando del bar durante casi media hora mientras caminábamos por Hospital hacia la Rambla del Rabal, ella a veces se tambaleaba. Además me preguntaba hacia donde iba, a lo que yo no sabía que responderle. Primero tenía que encontrar un cajero para sacar 20 euros y luego un bar pero no cualquiera. Después de caminar un rato apareció un bar adecuado de luces rojas bajas y ella me esperó mientras yo iba a buscar el dinero hasta un cajero; Le dije que mientras para mí pidiera una clara. Crucé rápido, saqué la plata y volví. El bar estaba bien, había poca gente, sillones cómodos, nos sentamos atrás. Pasó un vendedor de Rosas árabe y le compré una rosa. Empecé a tomar cerveza, la necesitaba para entonarme un poco, después nos besamos aunque no por mucho tiempo. Nos quedamos un rato más en el bar, después tomamos un taxi hasta mi casa y la taxista resultó ser la misma que la había llevado desde su casa en Navas hasta Pza. Cataluña para encontrarse conmigo, casualidades, azares de la vida. Subimos a mi habitación. En mi casa escuchamos un poco de música, nos besamos, se quedó a dormir, estuvo muy bueno, alguna vez también a mí me toca, alguna vez, y doy las gracias.
domingo, 6 de julio de 2008
Fui a bailar al local que está arriba del Maremagnum. Luego de subir y bajar por la rambla varias veces, debajo del monumento a Colón me dieron una entrada libre. Para llegar tuve que dar una vuelta larga porque habían sacado el puente del puerto. Pasaban típicas canciones aburridas como "dame más gasolina" y todo eso; había algunas lindas chicas y bailé un rato con una rubia alta, extrangera, aunque no sé de donde porque se lo pregunté muchas veces y no me respondía; después se fue. Cuando trataba de hablarle decía que no me entendía. El resto del tiempo bailé sólo y apartado. No consumí ningún trago porque había tomado mucho el viernes y todavía me sentía un poco asquedado de tanta cerveza, además eran caros, salían 8 euros aunque el segundo te lo daban gratis pero en realidad no tenia ganas de tomar. La música no me gustaba pero mientras bailaba cantaba canciones que componía en el momento y otras del rock argentino, algunas de Las Pelotas, de Bersuit o Los Visitantes. A eso de las 2:30 me fui. Volví caminando por el puerto pero lo tuve que bordear otra vez porque el puente que da a Colon seguía levantado, luego por Paralel hasta mi casa, muy poco gente en la calle en la madrugada, algunos pocos en la zona del metro Paralel, en Nou de la rambla, cerca de la estatua de la chica con la canasta.
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