viernes, 28 de marzo de 2008

    Encuestas en el Prat, Hacía mucho que no venía. Hoy trabajé por el final de la calle Retalbes en los Blockes de la plaza La granja, bastante lejos de la estación de tren desde donde fui caminando. Blockes largos con una plaza gigante en el medio, típica construcción de barrio organizada. Debajo de los edificios había bares y negocios. El Prat, como cada lugar que descubro, es muy grande y hay cantidad de barrios. Siempre encuentro un lugar nuevo. Hoy empecé muy tarde, casi a las tres, pero terminé rápido, sólo paré diez minutos a tomar un café. Luego fui a las clases de inglés con los mormones, no mucho más. Hoy tuve frío por primera vez, el invierno se empieza a notar. Al llegar a mi casa leo en el diccionario que prat en catalán significa Prado.
Espero que llegue mi hermano a visitarme, hace muchos meses que no lo veo ni veo a nadie conocido. Extraño bastante a mis amigos y hermanos. El otro día mientras hacía una encuesta cerca del camp nou hablé con un señor argentino que vive hace veinte años en Barcelona y le conté como me sentía, sobretodo que extrañaba. El atinó a decir: "es el desarraigo" a lo que yo no supe responder pero realmente no sé si es desarraigo lo que siento, yo creo que es más soledad y tristeza. Luego me pregunté porque le conté a alguien que no conocía lo que me pasaba y me sentí ridículo por contarle cosas íntimas a alguien que no conocía.

martes, 25 de marzo de 2008

Las luces bajan oblicuas desde los edificios acristalados. A esta hora la ciudad respira con mas calma y un ritmo más sosegado se contagia a sus habitantes. Una brisa refrescante golpea las caras acaloradas de la gente en este julio barcelonés, el primer julio que vivo aquí. Al pasar por el metro donde la rambla empieza a bajar se mezclan voces de todo el mundo y no resulta fácil distinguir cual es el origen de quien habla. Voces de personas de distintas partes del mundo que convergen siempren en la misma zona. Unos van y otros vienen. Algunos viven aquí, muchos se quedan un tiempo indefinido, otros solo unos meses para estudiar, trabajar o simplemente conocer. Barcelona, segunda ciudad de España y principal de Cataluña, centro turístico principalmente de Europeos y ciudad de trabajo de españoles, Latinos, árabes y africanos. Gran luz del mediteráneo donde los barcos con mercancías y cruceros zarpan y descansan... ciudad que elegí también yo para vivir un tiempo indefinido desde hace dos meses que llegué desde Buenos Aires. A primera vista el panorama del centro se parece a cualquier ciudad turística o simplemente a cualquier ciudad. Como siempre hay que alejarse más del centro para conocer de forma más cabal esta ciudad y su gente; llegar hasta los barrios alejados, observar otros ritmos y otras formas de vida al confundirse con los demás. El centro no da la medida justa de las cosas sino que hoteles, centro comerciales, tiendas y palacios vuelven un tanto impersonal esta geografía. Pues bien, habrá que alejarse un poco del cento y entrar a las casas de la ciudad hablar con la gente y mucho más pero eso no se hace de un día para otro sino que llevará un tiempo considerable que sólo yo me sabré dar cuenta cuando se acaba. Me gustaría conocer a fondo esta ciudad, barrio por barrio, calle por calle, alejarme hasta los últimos barrios.
Julio 2007

lunes, 24 de marzo de 2008

   Eran otros años y tenía un mundo que descubrir. Hacía poco tiempo que había terminado el secundario y cursaba unas materias en la facultad a la que asistía 3 veces por semana. Allí fue que la vi por primera vez entrar al aula y ya mis pensamientos no pudieron concentrarse en ninguna otra dirección que no fuera ella. Creo que era una clase de filosofía, creo que leíamos a Foucalt pero el tiempo dentro del aula pasaba muy lentamente. Cuando terminó la clase se formó el revuelo clásico de los alumnos y todos levantaron sus cosas y se empezaron a ir. Yo no dejaba de mirarla en ningún momento pero ella permanecía sentada ordenando sus papeles con lentitud y metódo. Su tranquilidad me llamaba la atención, parecía moverse a un ritmo distinto que los demás, no urgida por grandes problemas ni preocupaciones. Desde atrás yo podía observar todo con detalles sin que ella me viera; cuando se decidió a salir, quedaban pocos estudiante en el aula además de nosotros . La seguí por todo el pasillo hasta las escaleras a una distancia prudencial. Estaba dispuesto a seguirla hasta donde fuera . A donde se subiera, colectivo, subte o caminara 50 cuadras la seguiría; si decidía tomar un micro hasta ota ciudad también iría tras sus pasos; sólo quería poder hablarle una palabras. La seguí por la avenida tres cuadras
a una distancia mínima hasta que dobló en una cortada y se paró en un poste a esperar el colectivo. Quedaba muy evidente pero me paré al lado de ella. La calle estaba muy oscura y sólo la luz tenue de un farol iluminaba algunas zonas del empedrado y los jirones de claridad que llegaban hacia nosotros iluminaban sus zapatillas botitas de tela cuya parte superior era tapado por el jean cortado. Ella no me miró en ningún momento; permanecía de espaldas a mí escrutando la negrura de la calle por donde algunos pocos autos pasaban a gran velocidad. Estaba nervioso porque no sabía que hacer, había llegado hasta allí y no podía hechar todo a perder así que debía hablarle si o sí. El colectivo no venía y no se me ocurrió otra cosa que preguntarle la hora y por suerte me respondió. Luego, antes de quedarme callado, le pregunté a que clase había asistido y le dije que habíamos estado en la misma materia pero que no me acordaba de haberla visto. Por suerte me habló y me dijo que "le había parecido verme". Me preguntó cuanto hacía que estudiaba y le volví a mentir, le dije que más años de los que realmente hacía. No sé porque le mentía, me salía sin querer. Intentaba ser más natural pero me costaba, ya que trataba de parecer mejor de lo que era. Cuando me preguntó donde vivía le contesté que ahora estaba en Parque Chacabuco y ella me respondío que vivía en las torres de Flores que están al lado del Piñeiro. Si, las conozco, le dije, tenía un amigo del secundario que vivía ahí. No estamos lejos le dije, por Eva Perón a pie es menos de media hora.

domingo, 23 de marzo de 2008

Podía ser verdad... ¿ A esta hora y en Barcelona? me refregué los ojos y volví a mirar bien pero era cierto, era ella que no me podía ver; ahí estaba, con su enterito amarillo y su gorro de Jean tajeado, los cabellos caídos a ambos lados de la cara, los labios púrpuras y su eterna sonrisa. Le toqué las espalda y al darse vuelta y mirarme unos segundos me abrazó emocionada mientras yo le preguntaba "¿qué buscas ahora en Barcelona?". Nos habíamos visto en Venecia por última vez, nos habíamos conocido en Bologna dos días antes y se había despedido muy pronto junto a su amiga dejándome mucho más sólo que antes de conocerla. De todo eso habían pasado unos meses.
Después de encontrarnos salimos a caminar por el barrio en la mañana fría, dimos un par de vueltas por las mismas calles y compramos unas mandarinas en el único supermercado abierto que encontramos a esas horas. Esa vez que nos despedimos me quedé pensando en vos, le dije, pero esquivó el asunto rapidamente y cambió de tema. No había mucho que hacer, me replicó, María José me esperaba. María José era la chica con la que viajaba por italia y con quien se fue a Milan aquella mañana fría del 25 de enero en que yo la despedí en el andén y volví sólo al hostel. "Pasamos tanto esas tardes" me dijo, y eso me puso contento. Está bien pensé, y era verdad: la recuerdo cerca de la estatua de Neptuno haciendo malabares con unas pelotas que había sacado de su cartera mientras la gente hablaba por teléfonos moviles y se dirigía a sus trabajos. Más tarde caminamos mucho y nos mezclábamos con los estudiantes en las calles adyacentes a la universidad; me acuerdo que entramos a la sede de historia a fijarnos las materias que daban, luego anduvimos por un barrio cercano a la estación, sacamos fotos a las galerías y a las torres. Más tarde llegó tu amiga María José y quedé un poco aparte pero no excluído. Entramos a comer a un bar muy barato y hablaste de un libro de Malcom Lovry que yo no había leído pero si conocía. Su personaje era un consul torturado con culpa que deliraba en México. Le pregunté porqué leía eso y si le gustaba y me respondió que se lo habían prestado pero se estaba aburriendo bastante. Salimos del bar y seguimos caminando por callejones y galerías. María josé hablaba mucho más que vos pero me gustaba esa forma tuya de esuchar a las personas, no como tanta gente que sólo habla y pareciera que los demás fueran invisibles porque nunca los escuchan y hablan para sí. Cuando empezó a oscurecer compramos una botella de cerveza y nos quedamos tomando sentados debajo de una galería. Leías partes del libro salteadas y después me hablaste de una amiga tuya cuya vida, de peligros pasajeros se estaba tornando en algo oscuro y peligroso. Yo escuchaba lo que vos decías mientras María José compraba cerveza en el supermercado. Más tarde hicimos un cadaver de palabras mientras llovía y las gotas repiqueteaban en el asfalto junto al paso de los transeúntes que ahora volvían con prisa a sus casas. Leí lo que escribí y me dijiste que debía publicar con una expresión de entusiasmo. En ese momento me sentí tan avergonzado como ahora que lo escribo. Luego hizo una pausa y me dijo:eso sí, es un poco triste lo que contás. No tuve respuesta y sólo la miré a los ojos. Volvió María José, terminamos la cerveza, luego compramos más y seguimos caminando hacia la parada del bus para volver al hostel tan alejado del centro de Bologna. Pasaron muchas más cosas pero Marisa me siguió esquivando cuando me le insinuaba y yo pensaba porque para ella algunos de mis relatos eran tristes.
     Magda estaba muy triste porque se había muerto su perro Chaillot de una infección y ella lo había visto morir en el veterinario de la calle Forest. A mi Magda me gustaba mucho y esos días la acompañaba siempre en su casa de Ortuzar o en la de su hermana, un departamentito cerca del Parque Avellaneda donde también pasaba algunos días cuando se sentía sola. En esa época y por ese hecho en particular que le disparaban otros momentos amargos de su vida lloraba mucho y decía que todo lo que quería se le iba especialmente en referencia a su madre a quien extrañaba mucho desde el día en que se suicidó en 1990 cuando ella cursaba el segundo año del secundario en el colegio Nacional 17, el colegio de la calle Rivadavia frente al actual shopping caballito, que en esa época todavia no existía, aunque ya estaban los planes y planos; según ella me contó recordaba el "hogar obrero". Yo también recordaba haber ido al hogar obrero con mi madre a mediados de los ochenta.  Entonces, ante tanta desazón, le propuse ir hacia algún lugar de la costa para tratar de olvidarse un poco y nos conectamos a internet para ver varios sitios; recuerdo que para mí consultar una página digital me parecía algo muy novedoso en esa época. No sé porque motivo yo tenía en la cabeza a Monte Hermoso. Creo que Lucio había ido con su novia y me había hablado de tal lugar, especialmente de la zona del faro a unos kilómetros del centro caminando por la playa a la izquierda. Vimos imágenes, modos de llegar y decidimos el viaje en unas horas. Estábamos contentos y no parábamos de besarnos y de hablar sobre ese viaje. Me acuerdo que hacía mucho calor y tenía un vestido muy corto de color fuxia que me gustaba mucho. Lo más barato era ir en tren hasta Bahía Blanca y de ahí en un micro hasta la playa. Eran las dos de la tarde de un día de la primera semana de Febrero del 2001. Ella se fue a su casa a preparar el bolso y yo hice lo mismo en la mía. Antes tuve que ir a buscar la carpa a la casa de un amigo, Diego, pero como no estaba se la pedí a la madre, una mujer inválida que estuvo buscándóla mucho tiemo en un sucio altillo y no quería que yo la ayude. Volví a mi casa. Por la tarde escuché música, creo que moris, manal y Don Leopardo de la Bersuit, luego comí algo y en 10 minutos preparé el bolso... el tiempo pasó muy rápido. Con la mochila y la carpa me subí al 53 en la calle formosa hacia constitución. Habíamos quedado en la estación a las 8 de la noche porque el tren partía a las 9:30. Yo tenía miedo de que por algún motivo Magda no llegara pero por suerte la vi venir tan sólo unos minutos pasada la hora. Llegó en un taxi que se tomó desde la calle Guevara en Villa Ortuzar. Traía dos bolsos, uno a sus espaldas y otro de color azul marino colgado adelante pero que no le ocultaba sus mejores atributos. Esperamos un rato en la pequeña sala de espera y salimos hacia Bahia Blanca en el tren nocturno; de más está decir que yo estaba muy contento; ya dije que ella me gustaba mucho. Buenos Aires fue quedando atrás muy lentamente y  mirábamos a través de las ventanillas las luces de las casas y edificios que cada vez se alejaban más. Frente a nuestro asiento había un ex vecino mío de caballito que me contó que tenía una pequeña casa en Monte, yo le dije: en Monte Hermoso? a lo que respondió que no, en monte, a unos 100 km. de Buenos Aires. Magda miraba las estrellas con arrobamiento y decía que le parecía ver por momentos naves espaciales pero yo creo que era porque hacia tiempo que no miraba un cielo de campo o quizás simplemente estaba emocionada e inventaba cosas para condimentar la emoción. De noche hizo bastante frío pero se pudo soportar gracias a unas mantas que ellas traía y nos cubrieron. La madrugada fria pasó muy lentá pero en un momento las bajas temperaturas se acabaron. Por la mañana me dediqué a mirar el campo por la ventanilla mientras ella iba y venía por el vagón con evidente ansiedad. Iba muchas veces al baño. No sé porque un guardia le llamó la atención varias veces, realmente algo curioso, un tipo de seguridad en un mañana en un tren a Bahía Blanca pero el tipo cumplía su función. En el último tramo el tren avanzaba muy lentamente y paró en varios pueblos o estaciones perdidas del campo a cargar agua, combustible o a arreglar algún desperfecto. Magda estaba muy inquieta y quería llegar cuanto antes. Yo también ya quería salir del tren. No recuerdo porque motivo nos bajamos 20 minutos antes de llegar a la ciudad, creo que alguien nos dijo que ahí había un cruce donde solían levantar a mochileros. Bajamos en el campo y caminamos trescientos metros hasta una ruta; efectivamente ahí estaba el cruce pero después de más de dos horas de hacer dedo nos quedamos sentados en un montículo de tierra cansados y enojados uno con el otro; Luego de un tiempo, no recuerdo si fue mucho o poco, pasó una camioneta de la policía que por suerte se mostró amable y nos trasladó hasta una estación de micros antes del centro de la ciudad. No me gustaba como uno de los oficiales la miraba, evidentemente con deseo. Malgda llevaba la bolsita de cocaína en la mano pero los policías no sospecharon de dos inocentes mochileros. Cuando hacíamos dedo Magda estaba molesta y ansiosa por llegar a algun lugar concreto y no estar en el campo o constantemente en transportes. Luego pasó a un estado agresivo y llegó a decir que se quería volver a Buenos Aires y que yo estaba loco, que no sabía nada y que no tenía experiencia en viajes. "Ya vamos a llegar", le decía yo con paciencia resignada. Luego de que nos dejara el camión celular, tuvimos que esperar en la estación a que se hicieran las tres de la tarde. Las horas pasaban un poco pegajosas y tuvimos más discusiones, ella se acercó a un grupo de unos 5 "heavies nacionales" con remeras de V8 y Hermética ( aunque uno tenía la remera de Flema, lo recuerdo bien) que estaban en la estación para darme celos pero yo ni la miraba. A las tres de la tarde pagamos 10 pesos cada uno y subimos al micro, que en realidad era una combi particular pintada de blanco. En el viaje la recuerdo con sus jeans rotos y gastados, su remera amarilla en topless y sus anteojos oscuros mientras miraba por la ventanilla y seguía hostil con movimientos de cabeza hacia ambos lados. Por fin después de casi una hora bajamos en la estación de micros al costado de la ruta; por suerte el camping estaba enfrente. Pensé: " una que sale bien" porque la verdad que yo estaba cansado de ella, de sus actitudes y dejé de hablarle por un tiempo así que me callé la boca y no dije nada más. Como cruzó la ruta sin mirar, un auto a toda velocidad casi la parte en dos y ella ni se percató aunque yo la putié durante unos minutos. Al llegar al camping armé todo con rapidez, pagué dos días en la oficina de la entrada y dejé las cosas adentro de la carpa. Tenía ganas de ver el mar después de casi veinte horas de traqueteo por la provincia de Buenos Aires, además hacía casi dos años que no iba a la playa. Cada uno se fue hacia un lado diferente. Caminé con lentitud hacia la costa y cuando llegué me recosté en una pared blanca para tomar sol y mirar el mar azul hasta que oscureció, quería descansar. Había un poco de viento, que suele ser normal en Monte Hermoso. Antes de volver al camping paré en un bar a tomar un té y a mirar la peatonal de la ciudad con el típico ambiente de verano después del sol; había muchas familias paseando, dentro de los bares, en heladerías y restaurantes. El pueblo estaba realmente hermoso. Luego seguí hasta el camping unas cuadras hacia adentro mientras pensaba en toda la situación: el viaje, su hostilidad, las peleas.... pero así y todo me gustaba mucho y mi decisión de no hablarle era una forma de mantener mi orgullo frente a su parquedad pero de ninguna manera quería separarme, sólo deseaba poder estar bien con ella pero era evidente que si seguía así iba a ser imposible y yo no iba a ceder.
Entrada la noche, ya en el camping, cada uno se ocupaba de algún asunto. Yo trataba de lavar unas ropas viejas que tenía y ella acomodaba su bolso. Así se hizo medianoche... y creo que fue ella quien primero me habló. Empezamos a hablar poco a poco, hicimos un fuego en la parrila y después cocinamos unos fideos a los que les pusimos una lata de atún y un huevo duro cortado, la comida estuvo muy bien bajo la luna redonda que iluminaba el camping. Nos levantábamos temprano e ibamos caminando hacia el mar, pasabamos toda la mañana en la playa tomando sol cada uno con un libro, cuando nos acalorabamos ibamos al mar, una y otra vez; al mediodía volvíamos hasta el camping y nos preparábamos unos sandwiches bajo la sombra de un tinglado. Nos quedamos unos días en ese lugar donde la pasamos muy bien, las discusiones parecían haber quedado atrás; un día, ya entrada la noche nos tomamos uno de los últimos colectivo hacia la zona del faro. Me acuerdo que llegamos y era de noche, no había ni un farol que iluminara la zona, armé la carpa como pude y nos dormimos escuchando las ramas de los árboles agitándose arriba nuestro y el murmullo de las olas al romper en la arena. Dormimos abrazados, esa noche fui feliz.

sábado, 22 de marzo de 2008

Estuvimos un rato por el palacio Chaillot y en la explanada frente a la torre observamos a unos cómicos mimos que jugaban con unos bastones con música de fondo de la pantera rosa; eran muy graciosos y expresivos y llevaban unos trajes azules y amarillos un poco ridículos. Hablamos un rato de esa tira de dibujitos, especialmente del inspector Dodó, aunque mi hermano no la recordaba, quizás porque es más chico que guillermo y yo. Luego seguimos caminando un poco más. En el museo de Rodin había más tranquilidad y se veían muchas de sus famosas obras. Adentro los pisos eran de madera. Los modelos de la estatua de Balzac llamaban mucho mi atención. El museo parece un lugar mágico para admirar las obras, sobretodo a esta hora, cuando el resplandor rojo del ocaso se filtra por la ventana en este día de invierno soleado. Nos quedamos un buen rato y casi al oscurecer caminamos otra vez hacia el sena y luego hacia la zona del Louvre. Fuimos bordeando el río y pasábamos por debajo de los puentes. Yo tenía muchas ganas de orinar pero no encontraba un baño cerca hasta que debajo de uno de los puentes pude liberarme sin antes vigilar que no anduviera la policía. Seguimos hacia las Tullerías y nos quedamos un rato en el jardín. Guillermo sacó un vino que tenía en la mochila y empezamos a tomar pausadamente. Guillermo se la pasa tomando en todos lados, especialmente en las noches del hostel, en una mesita que hay en una especie de bar improvisado. Desde donde estábamos veiamos el Louvre que supuestamente es el palacio más grande del mundo. Fue comenzado en el siglo Xlll lo que para mí fue una novedad ya que es un museo con historia además de contener tanta historia. Caminamos un poco más por el barrio latino. Nada más que recuerde.
Estoy en el centro cultural de Mirallers 7, debajo de la casa donde viví un año con mi hermano. Mauro, un músico brasileño que estudia en Barcelona, toca su repertorio de Bossa-Nova y un chico colombiano interpreta boleros y canciones folckloricas de su país. Hay muy poca gente, tres chicas, una pareja, Jorge que coordina el lugar y yo. Las chicas están en el rincón apoyadas contra la pared y la pareja detrás mío que estoy sobre la barra haciendo un dibujo de un hombre raro que dice palabras extrañas sobre este mundo loco y violento ( dice lo siguiente: "estoy arrobado de tanta locura mía y de este mundo... ¿qué es esto? ¿A dónde vamos?", un especie de comic ridículo y mal dibujado. Entra el famoso vendedor de rosas Arabe del Borne y Mauro interrumpe su canción, compra tres rosas y entregarle una a cada una de las chicas. Ellas se ríen y se ponen contentas, luego se sacan unas fotos. Se fotografían varias veces. Cambian de posiciones y yo observo todo desde la barra mientras escribo y hago el dibujo ridículo. Luego recomienza la música y Mauro toca una Guaraña mientras silba y toca la guitarra y así mi hoja se va llenando con lo que pasa alrededor. "Después que hayas perdido aquel amor", dice ahora la canción. Por la calle no pasa nadie y el barrio parece vacío; hoy la gente se va para Gracia donde son las fiestas de agosto de este barrio. Ahora el chico colombiano intenta con una canción de Maná, nada más. Hay unas pinturas de mujeres gordas alrededor y veo que el título de la exposición se llama "Gorditas". El chico colombiano empieza a tocar la canción "ojalá" y Jorge, el coordinador del centro cultural, me dice que está dedicada a Pinochet, aunque yo no estoy tan seguro; cantamos todos. La pareja paga las cervezas y se va y jorge le pide los mails para invitarlos a un nuevo recital. Es así como pasa la noche en Mirallers n. 7. Luego de cantar nos vamos las chicas, Mauro y Yo para el barrio de Gracia. Tomamos el metro en Liceu y nos bajamos en Fontana. En el trayecto del metro lleno le hablo a una de las chicas y me sigue la conversación, también me mira. Caminamos hasta la plaza del Sol donde hay un recital. Luego me quedo callado y veo que legan unos amigos de los chicos que se ponen a hablar. Un Italiano se pone a hablar con la que antes hablaba yo. Trato de captar su atención pero no puedo y siempre termina hablando con el otro. Decido irme caminando hacia Sagrada Familia donde estoy viviendo hace ya dos meses. Pasaje Mayol número 8.