domingo, 14 de octubre de 2007

    Primer día de trabajo en "map 21", "servicios publicitarios". Me levanté a las siete de la mañana, muy temprano si lo comparo con el último tiempo en Argentina (cuando vendía libros) y en Barcelona donde por lo general me estaba despertando antes de las nueve, aunque un buen horario si lo comparo con todo el 2005, cuando atendía el puesto de Diarios de Saenz Peña y Estados Unidos y tenía que despertarme antes de las cinco, aunque después muchas veces dormía la siesta. Sin embargo, a pesar del horario, la época del Kiosco de diarios la recuerdo con cariño: la gente, el barrio, la insinuación a las chicas, los travestis, el café de la esquina atendido por Mariana. Espero que ahora a osvaldo le esté yendo bien con el pequeño puesto, todo eso es otro tema, ahora muy atrás, aunque haya sido nada más que en el 2005 y parte del 2006, menos de dos años de distancia que parecen mucho más.
Bueno, desayuné unas tostadas con manteca y miel, salí de mi casa rápido y enfilé por Argenterías hasta la estación Jaume 1. Me colé en el metro y en Verdaguer hice combinación hasta Cornellá, unos veinte minutos desde el centro; allí tomé el moderno y nuevo tranvía una sola parada, hasta la carretera Espugler donde quedaba el depósito de la empresa. Al cruzar la Avenida vi que el portón estaba abierto y había movimiento de personas y furgonetas. Desde lejos vi a un jóven que esperaba fumando y rápidamente me di cuenta de que era el mismo que había visto el jueves pasado cuando vine a hacer la entrevista. Era un Brasilero que estaba en Barcelona desde Julio, casi desde el mismo tiempo que yo. Aquel día habiamos hablado un poco y me había contado que era de Bahía y que su casa en Brasil se hallaba a 500 metros del mar. Se había casado con una chica de Zaragoza y se habían instalado en Barcelona hacía unos meses.
Entramos al depósito y me recibió la mujer que me había hecho la entrevista la semana anterior, creo que la dueña o una de ellas. En el trajín del momento me mostró el contrato y me hizo firmar unas hojas. Mi contrato era temporal, sólo duraba un mes. "ojalá dure un mes", pensé entre mí. Firmé rápidamente y fui hasta el fondo del taller. Allí me esperaba mi "jefe de equipo", un hombre de unos cuarenta años, con aspecto de profesor de gimnasia de escuela secundaria: flaco, móvil, flexible, con el pelo teñido de rubio y el metón sobresalido hacia afuera, como un hombre de Neandhertal o un Vikingo pacífico. Me dijo que lo siguiera y me llevó hasta un cuarto amplio, un especie de gabinete de educación física con una mesa redonda de madera en el centro y un espejo en la pared. En una esquina había una pequeña cocina y en un extremo, el baño. Me dijo: "esto lo cuidamos entre todos, cada día lo limpia uno de nosotros después del almuerzo". Luego volvimos y nos pusimos a cargar cajas en una de las furgonetas. Las cajas contenían publicidades de distintas empresas: sillones, electrodomésticos, muebles. Llenamos el vehículo hasta el tope, luego pusimos como pudimos las carretillas. Un momento después llegó el brasileño con otro chico de la empresa que era jefe de reparto; un ecuatoriano que parecía muy integrado a la vida catalana, era muy jóven, de menos de 25 años. El brasileño y yo nos subimos en los asientos de atrás mientras el rubio catalán manejaba; el ecuatoriano iba de acompañante y entre ellos hablaban de los partidos del domingo, especialmente del que había jugado el barca. El ecuatoriano hablaba con todos los giros españoles tío, joder, se le fue la olla... Salimos de la empresa casi a las 9 de la mañana y la calle estaba muy congestionada aunque la camioneta se abría paso entre la carretera llena de autos. La mañana era muy fría y a medida que avánzábamos el paisaje se abría: de un lado a lo lejos se veían las montañas, del otro antenas, torres, chimeneas, fábricas, un paisaje industrial. Nos alejábamos de la ciudad, creo que íbamos hacia Mataró donde debíamos repartir publicidad toda la mañana. Una vez yo había estado en Mataró simplemente por curiosidad. Recuerdo que había llegado en tren desde Barcelona y me había bajado en esa estación como me podría haber bajado en cualquier otra. Ese día me quedé mirando el mar más de dos horas y luego había caminado por sus calles durante toda la tarde y había terminado sentado en un parque observando el ritmo de la pequeña ciudad. Ahora no llegaba para pasear sino para repartir publicidad. Cuando el jefe de equipo me mostró el mapa de lo que tenía que repartir en 4 horas me asusté; era un cuadrado gigante que abarcaba gran parte de la ciudad. Cargué la carretilla y enfile hacia la zona donde debía empezar. Antes de comenzar a trabajar leí en un periódico que Wody Allen Filmaría en Barcelona en pocos días.
Febrero del 2007

lunes, 24 de septiembre de 2007

    Vivo en el centro de Barcelona, alquilo una habitación en un departamento de la calle Mirallers número 7, barrio de "la Ribera", aunque más conocido como el Born por la calle de este nombre que desemboca en la Iglesia Santa María del Mar, uno de los punto turísticos de la ciudad y famosa ahora por el best seller "La catedral del mar". También donde empieza esta calle están las ruinas y estructuras del viejo mercado del born, actualmente cercado porque debajo se ha encontrado material arqueológico; es el casco antiguo de la ciudad, que se remonta a la edad media. La iglesia, según algunos historiadores, la empezaron a construir alrededor del año 1000 y si bien las casa del barrio no son tan viejas todas son anteriores a 1900, aunque la mayoría refaccionadas. El edificio en donde vivo se remonta a principios de 1700 y tuvo una gran reforma en 1850; esa fecha figura inscripta en el hierro de una ventana de las escaleras generales. Es una casa conocida por su historia y figura en algunos libros del barrio ya que según la leyenda aquí tuvo una de su viviendas el famoso cura y escritor catalán Jacinto Verdaguer. Se dice que en el piso de arriba del que vivo practicaba sesiones de exorcismo alla por 1920 tantos... y a veces grupos de turistas llegan por la mañana a ver la puerta de la entrada mientras el guía les cuenta un poco la historia de este famoso personaje catalán; en fin historias como tantas otras en pueblos y ciudades.
Las calles del barrio son medievales, estrechas y oscuras como muchos centros históricos de Europa, es la parte turística de la ciudad al lado del barro gótico donde sobresale la Plaza Real con sus galerías y su arquitectura simétrica y ornamentada. Es una zona donde viven muchos turistas y estudiantes de otras partes de Europa. En la casa donde vivo hay una chica italiana, una mexicana y un chico Holandes. Mi hermano y yo alquilamos una habitación doble, ellos viven cada uno sólo. En la casa somos cinco en total y si juntamos el dinero de todos estamos pagando más de 1500 euros. Conseguimos esta habitación casi de casualidad después de ir a ver dos o tres departamentos que no nos gustaban. Luego fuimos a un lugar llamado Barcelona houses, por la calle Torrente de la olla, cerca del metro de Lesseps pero había que ser estudiante para ingresar en el departamento, entonces le rogamos que no encontrábamos lugar y la chica que nos atendía nos dijo que no dependía de ella sino que era el dueño quien fijaba esos requisitos. Yo le dije que estaba escribiendo una novela y necesitaba tomar cursos de estilo pero que todavía no había decidido en que universidad inscribirme. Ella se quedó pensando un raro y nos dijo que había unos cursos de Catalán gratuitos que servían como comprobantes de que eramos estudiantes así que fui hasta Plaza Cataluña y me inscribí, aunque no comencé el curso en ese momento. Fuimos con la inscripción y por suerte nos alquilaron. Gastamos todo el dinero del que disponíamos en el alquiler. Nos quedaron 100 Euros a cada uno, ahora debíamos buscar trabajo para mantenernos y poder seguir viviendo. Mi hermano piensa quedarse por un año y luego volver a Argentina; yo no tengo nada definido, quizás me quede unos años más pero no creo que siempre en España; también me gustaría estar un tiempo en un país anglosajón o en cualquier otro donde la cultura sea diferente. Por ahora disfuto de estar en esta ciudad y abro los ojos bien grandes para guardar todo lo que veo de la vieja Europa. Vinieron tiempos de todo tipo, algunos duros y otros más divertidos de viajes y gente.

sábado, 22 de septiembre de 2007

Empezaron las fiestas de La Merced. Ya a las diez de la mañana escuché sonidos de trompetas que venían desde la plaza S. Familia; es la fiesta más importante de Barcelona y recuerdo que el año pasado estuve por las ramblas y por Ferrán viendo los gigantes y dragones, los bailes, murgas y exposiciones, todo muy colorido y populoso, gente por todos lados. Me acuerdo que aquella vez mi hermano trabajaba de camarero en el bar de la esquina de Argenterías y Laietana y mientras yo miraba la fiesta por Ferrán lo vi servir una mesa pero no lo quise interrumpir y sentí un poco de culpa al verlo trabajar sin parar mientras yo miraba el despliegue festivo. Ahora mi hermano está en Buenos Aires y esta vez no creo que vaya a ver la fiesta, prefiero ir a un recital a la noche y nada más, creo que toca "Ojos de Brujo" en el Forum, me tengo que informar sobre la hora. Ahora son las dos de la tarde y recién volví de la Biblioteca Sagrada Familia después de mirar durante más de una hora los estantes sin decidirme por ningún libro; al final como no me podía ir con las manos vacías, viejo vicio de lector, elegí "El cuaderno gris" de Josep Pla pero en castellano. Es una obra clásica y mítica en forma de diario y me interesa porque escribe vivencias del día a día; tengo que observar como los grandes escritores construyen sus obras, a ver si puedo mejorar en mi forma de narrar. Ahora estoy en el locutorio y copié dos teléfonos de alquiler de pisos, voy a tratar de visitar por lo menos uno durante la tarde, esto de buscar habitación no me gusta para nada, encima algunos son superexigentes, piden nóminas, dos fianzas, no se quieren arriesgar en nada, en cambio, yo como inquilino, no les pido nada ; deberían fijarse más que nada en como es uno, observando es como mejor se conoce a la persona. Espero encontrar un buen lugar y no tener otra vez una mala experiencia y sentirme con plena libertad en la casa. Hoy también toca Miguel Cantilo en Badalona, me enteré ayer mientras escuchaba un programa de Radio argentino, es a las seis de la tarde en un bar o centro cultural, también tengo la idea de ir, sólo tengo que tomar el tren que tarda diez minutos, voy a ver si me animo. Bueno, "ojos de Brujo" y "Miguel Cantilo", no está nada mal el proyecto de recitales para el día de hoy.

Al final fui a ver a andrea Cor, mucha gente en plaza Cataluña, chicas adolescentes con cámaras digitales. Sólo escuché un par de canciones, luego bajé por la rambla a caminar, mucha gente por todos lados. En la explanada del puerto había un concierto de música latina.

viernes, 21 de septiembre de 2007

Salí de mi casa a las 12:00 del mediodía pero me equivoqué y fui hasta el Clot creyendo de que de ahí partían los trenes para Terrasa por lo que tuve que volver hasta Arco del triunfo. Por suerte no tuve que esperar para el viaje, el tren salía en ese momento. Me senté comodamente y viajé leyendo "al filo de la navaja" de maughan mientras el tren avanzaba por el tunel oscuro, después me dediqué a mirar el paisaje Catalán; me gustan ver las montañas verdes y los pueblos de casas rojizas, me gusta este paisaje con vegetación exhuberante y húmeda y cielo cargado que tapa los brillos del sol en este principio del otoño. El tren tardó en llegar casi 40 minutos aunque me hubiera gustado seguir viajando y leyendo, llegar hasta Francia y luego seguir hacia Suiza o Austria pero tuve que bajar en la Terrassa. Las calles de las encuestas por suerte eran cercanas a la estación del norte adonde llegué con el tren de renfe; Lo supe recién al llegar cuando desorientado le pregunté a una chica por la calle donde debía trabajar. Eran casi las dos de la tarde, hora de la comida así que decidí esperar a que pasara la hora del almuerzo y me senté en un bar en diagonal a la estación. Como nadie me atendía fui y le dije al hombre del mostrador, seguramente el dueño, que quería un café con leche y me volví a sentar. Estuve leyendo y como no me lo traía levanté las cosas y me fui, no sin antes ir al baño; me dió la impresión de que no quería molestarse en traerme el café y quería que yo fuese a la barra pero yo no iba porque había mucha gente, algunos observándome y esas situaciones no me gustan. Cuando me fui oí un murmullo acerca de mí pero no me importó. Empecé a tocar timbres pero se hacía difícil entrar en los edificios por la calle del Nord en terrasa centro. Eran buenos departamentos, clásicos y antiguos. Me quedé hablando con un hombre rapado a cero que bajaba a tirar la basura, no quiso hacerme la encuesta pero me sentía solo y la buena onda del tipo me dió ánimo aunque no haya accedido a la encuesta. Seguí caminando y encontré a una mujer que salía de un edificio, me dijo que me la hacía, era argentina pero no me di cuenta, hablaba catalán perfecto, hacía 31 años que estaba en españa, justo desde el 76, pensé que quizás había venido exiliada por la dictadura pero no le dije nada, por suerte cada vez soy menos curioso con ciertos temas, no como cuando era más chico que siempre me iba la boca. Tardé en hacer las encuestas y después de hacer la segunda, a eso de las cinco de la tarde, me senté en un bar a tomar el café que me debía desde temprano. Las tres encuestas restantes las hice una tras otra y a las 8 de la tarde- noche con cielo de color violeta estaba en los jardines de una plaza debajo del puente cantando una cancion de moris; me esperaba casi una hora de viaje entre metro y tren. Empecé a caminar; por suerte la estación estaba cerca; Volví leyendo "al filo de la navaja".

miércoles, 19 de septiembre de 2007

Hace frío en Barcelona, es temprano y llovizna. Me levanté hace casi una hora. Miro el reloj redondo en la pared , son casi las 9:30. Mientras me visto pongo un disco color amarillo de Leonard Cohen. Me coloco dos pares de media y un joggin viejo debajo del pantalón. Intento encender la estufa del comedor pero es inútil porque necesita un butano especial que no tengo. Entonces enciendo un aparato que emana aire caliente y se utiliza especialmente para bañarse en días de invierno;tengo ganas de tomar té pero me acuerdo que se me acabó y bajo al supermercado Pakistaní a comprar. Luego de la compra doy una vuelta por el born; veo muy poca gente por Montcada en esta mañana, la puerta del museo Picasso está vacía. Cruzo Princesa y veo que un hombre le pega a un perro y lo hace entrar por la fuerza a un comercio, se ríe y le dice a su acompañante, una mujer jóven, " Hay que pegarle para que aprenda". Sigo caminando y veo que en bicicleta pasa una chica abrigada con un chal de colores, tiene puestos unos audífonos, la cara colorada y se la ve muy concentrada en la música que escucha. Doy otra vuelta a la manzana pero no hay nadie. A lo lejos veo un cura que camina con presteza, es una escena curiosa, un tanto surreal en esta mañana vacía de invierno. Vuelvo rápido al departamento, subo los cuatro pisos y pongo el agua a calentar. Saco el disco de Cohen y pongo el de Rosendo. Pienso que tengo que escribir y no lo hago. "pero no es una obligación, me digo", aunque sienta que tenga que hacerlo. Tomo el té con lentitud mientras escucho la guitarra rockera de Rosendo pero me siento mal, insatisfecho y trato de buscar algunas explicaciones a este malestar; de a poco las voy encontrando. En estos meses tengo que decidir cosas importantes y aunque trate de tomarmelo con calma tengo que decidir. 1) volver a la Argentina 2) cuando retornar a Europa y a qué lugar ? Barcelona? Ibiza? Italia? 3) Encontrar un trabajo que pueda hacer . Sin lo último no podré hacer nada de lo anterior porque no tengo un euro, apenas pude pagar el mes de la habitación y todavía le debo a mi hermano como 400 euros. Con respecto al trabajo hay otro problema y me di cuenta quizás demasiado tarde de que no sirvo para cualquier trabajo y por eso no duro nada. Todos los que no me gustaban los hacía a desgano, haciendo un sobreesfuerzo, evadiendome, a veces se soportaba más que otras veces y otras directamente no podía, como el último en el que dure 15 días. Hubo otros trabajos, en los que hubo esfuerzo, pero no sufrimiento y pude hacer con relativa tranquilidad. Lo ideal sería buscar este tipo de trabajos pero en tres meses se me vence el pasaje de vuelta a Argentina y no hay demasiado tiempo para elegir. Ayer dejé un curriculum en un bar que están a punto de abrir en la calle Argenterías, a cincuenta metros del piso que alquilo, es para camarero y me dijeron que pasara en dos días pero el problema es que no estoy demasiado convencido. En agosto, a dos meses de haber llegado, trabajé de camarero en el Gran vía 2, centro comercial gigante de Hospitalet y no fue una experiencia para nada gratificante pero así y todo lo pude hacer hasta que me hecharon pero no por mal desempeño sino por que otra empleado me acusó de robar 300 Euros. No tuve forma de defenderme pero es otra historia que no tengo ganas de desarrollar, algo más de la estupidez humana. Tal vez parezca una exageración pero la verdad que no puedo hacer cualquier trabajo pero inmediatamente me pregunto y si pruebo unos días? total, que pierdo? pero, no sé, me viene la duda inmediatamente. El trabajo de las encuestas era lo único que podía hacer sin problemas pero ahora en ninguna de las empresas que trabajé hay trabajo; Que hacer? lo primero que salga o empezar a que empiecen las encuestas? La verdad que no puedo darme el lujo de esperar demasiado y tengo que decidirme... Siempre igual, las mismas dudas, los mismos miedos y silencios....
febrero 2007

domingo, 16 de septiembre de 2007

El sol ilumina la casa y el jardín en un día claro y de esplendor, un día normal de la casa deshabitada pero hay un rumor entre las flores que de a poco empieza a correrse. Las flores y plantas lentamente empiezan a cumplir sus quehaceres, los que desde un principio debieron realizar pero para los que esperaron más de la cuenta. En los aleros las rosas rojas crecen, crecen y desbordan a los maceteros colocados en las cornisas para satisfacer a los antiguos visitantes. Las violetas y margaritas inundan la entrada del camino, antes cubierta por lajas y ladrillos. Desde la ventana crecen naranjos y limoneros redondos, brillantes. En el comedor girasoles y abetos se entremezclan extrañamente. La casa cruje y se desestabiliza, jadea pausadamente. En el techo azul las abejas construyen sus panales, indiferentes al calor de las tejas; su tarea es ardua y persistente; salen y entran por la blanca chimenea cubierta de orquídeas. Zanahorias, calabazas y hortalizas muy verdes se agigantan en los baños, encuentran su lugar en cada hueco vacío. Nada parece poder detener esta lenta vehemencia, ni siquiera el jardinero que atónito observa la curiosa e inexplicable situación..
Los pisos se levantan y la tierra cubre las habitaciones donde hormigas laboriosas trasladan a sus hormigueros las hojas de los álamos que crecen en la cocina. Los ciruelos y almendros se erigen en la sala de estar y la madre naturaleza organiza su festín acompasadamente, con ritmos sabios que vienen de un tiempo milenario y en soledad nace la belleza. El agua fresca y cristalina fluye por las cañerías que cortaron las raices y los cálidos rayos del sol ingresan por los espacios del techo que produjeron los manzanos. En las paredes exteriores las enredaderas escalan y escalan a pasos agigantados cubriéndolo todo. El pasto verde parece una alfombra prolija y en el jardín un palo borracho parece ser el nuevo rey. Todo se ve hermoso y la casa deja hacer sin ningún atisbo de rebelión, como si también gozara de tal florecimiento.
Mientras tanto los dueños nada saben de todo esto y contentos cuentan el dinero de sus rentas pero lentamente y sin pausa un malestar les subirá hasta sus gargantas cuando al llegar vean lo que pasa y no puedan hallar explicaciones del jardinero que yace asesinado junto al palo borracho, en la dulce fiesta de las plantas, la que desde un principio debieron realizar pero para lo que esperaron más por reservas que por temor.

martes, 11 de septiembre de 2007

   Yo vivo de mis sueños a quien nadie les cuento. Me refugio en mis fantasías y así puedo caminar más tranquilo después que golpeo una puerta y me niegan lo que hay detrás. Cada día mi imaginación me lleva a lugares muy lejanos en los que nunca estuve o a un lugar que visité y que ya mi memoria no lo recuerda con exactitud por lo cual se ve obligado inventarlo o exagerarlo agregando lo que le da placer a mi memoria . Soy yo mismo y los demás; cada vida cobra en mí más vida y de todas tomo la que mejor encaja con mi estado de ánimo del momento. Ahora pienso en el barriletero de claromecó y mis barriletes son hermosos e imbatibles, suben y bajan con sus colores brillantes, se alejan y traspasan el mar azul o los campos trigados de tres arroyos. Los chicos vienen hasta mis rodillas y me piden historias y yo entonces les cuento mis recuerdos de los años 30 y 40 cuando caminaba como un vagabundo por los terraplenes de Santa Fé. Era un croto libertario por los campos verdes y amarillos. Soles y estrellas en su esplendor, solamente para mí. Rico en mi pobreza y con sol o con tempestad tenía mis refugios entre malesas, casas y estaciones abandonadas. Cambiaba soledad por libertad y así fueron muchos años de mi vida por rieles y estaciones entre vagabundos Argentinos, Italianos, Rusos y polacos que profesaban una fe que asustaba a los burgueses y seguros del mundo. Fuego en las noches de los campos, refugio de vagones, pacifismo irónico frente al poder.
Luego dejé esa vida y trabajé durante mucho tiempo en una oficina central de la ciudad, no estaba mal, aunque era algo muy diferente a lo que había hecho antes pero con esfuerzo me pude ir adaptando. Trabajaba con traje y entre paredes con cajones y estanterías y hasta llegué a tener una secretaria que me ayudaba en mis tareas. En ese tiempo concurría a un taller donde aprendía poco a poco el oficio hoy tan olvidado de armar barriletes. Ahora, después de muchos años de práctica remonto los barriletes más grandes del país; son además los que llegan más lejos y las avionetas que fumigan el campo levantan vuelo cuando pasan por el pueblo por miedo a enredarse con el tenso hilo del barrilete y yo veo como el avión sube y se aleja más y más. Algunos envidian mi oficio y quisieran llegar a remontar barriletes tan alto y yo les digo que todo es cuestión de práctica. De todas formas yo creo que no hay nada que envidiarme y a veces me gustaría cambiar de vida y ser como los demás, es decir dejar de llevar cometas a los aires, pero no puedo; es por eso que mis barriletes son también gritos de soledad pero poca gente los comprende.