martes, 11 de diciembre de 2012

     Después de tanto buscar casas durante seis meses al final me decidí por comprar la de mi amigo Jorge en el límite Pompeya y Boedo, aunque por media cuadra es pompeya. Pasó todo un año después de volver de Barcelona, España y otra vez se hizo el verano. El viernes pasado se cumplieron 365 días en que bajé del avión después de haber vivido más de cinco años allá y cuyo testimonio están en este diario o crónica que escribo desde mediados del 2007. Hace un año, lo recuerdo. Estaba contento por el reencuentro y aunque en el medio había vuelto varias veces, la última para el mundial de sudáfrica, miraba todo con nuevos ojos como cada vez que volvía; ya desde llegar al aeropuerto y empezar a escuchar el acento argentino cuando hablaban entre dos me entusiasmaba. Esta vez Sólo le había avisado a un amigo y a los demás los sorprendí ya que no me esperaban. Entré al pequeño departamento detrás de mi amigo jorge como si nada y todavía tengo en mi memoria la cara de sorpresa de mis amigos al verme llegar, el susto que le dí a tucho metido en su pieza con una sábana.     Me veía casi todos los días con ellos, tomábamos cerveza y escuchábamos música en el departamento que alquilaba Tucho en la calle maza en almagro, salíamos a caminar por el Parque Rivadavia o Centenario, jugábamos al tenis en el polideportivo de Parque Patricios y después nos juntábamos a fumar un porro en la casa de podi; fuimos a bailar varias veces a ese boliche del centro que se llamaba Bellapop si mal no recuerdo, 15 días vertiginosos que traté de aprovechar al máximo, como antes de irme, cuando promediaba los veinte. También me fui varios días hasta la costa de Vicente Lopez a vender libros, me iba en el 132 hasta retiro y desde ahí me tomaba el tren hasta la estación La Lucila desde donde caminaba hasta la costa a ofrecer, cuantas veces había hecho ese trayecto unos años antes.  Así terminó Diciembre y entonces Mar del Plata para trabajar en aquel bar de Punta Mogotes en la noche. Todos los días me tomaba el colectivo 522 en la puerta del Bosque Peralta Ramos hasta el faro donde enganchaba el 221 que venía por la costa, la mochila llena de libros y artesanías y el peso en la espalda al caminar. Bajaba en el viejo hotel de alfar donde había una garita policial y avanzaba por el camino de madera abandonado semicubierto cubrir de pasto.  Allí dejaba la mochila y extendía la lona . En ese camino de playa pública pasé todo el verano, hasta fines de febrero. Me acuerdo de la locura de los primeros días de enero, la gente no paraba de entrar como suele ser enero en Mardel. Gente de todos lados, Cordoba, Santa Fe, Mendoza, Tucuman todas las provincias, muchos con la camiseta de los cuadros de Fútbol representados. El primer día vendí bastantes libros, la verdad no me podía quejar, el verano pasaba y yo con la lona en el camino de entrada de la playa pública, al lado de unos chicos que vendían artesanías, una chica hippie muy linda que vivía en Mar del Plata desde hacía dos años, aunque era de Almagro, había ido al colegio histórico de corrientes 4200, donde doblaba el colectivo de la línea 26, pero ahora vivía en el Bosque Peralta Ramos. Así pasaba el verano. Más tarde llegó una vendedora de anteojos que vivía en un pequeño departamento en Miramar y me contaba de como era la vida en esa pequeña ciudad costera durante el año, yo le pedía detalles del invierno en Miramar, de las calles vacías en la noche y de como era el ambiente allí durante el año. Me acuerdo que me contó que cuidaba a una anciana de casi 90 años que vivía en el último piso del edificio de la costa donde el viento entraba y hacía volar todo mientras abajo el mar se agitaba con fuerza abajo, una imágen muy linda que me quedó grabada.