lunes, 24 de agosto de 2009

Por un camino que serpenteaba levemente hacia la montaña, entre arbustos pequeños y secos distinguí a dos campesinos con ropas muy viejas, se escuchaba una conversación muy baja; los vi ocultarse bajo unos árboles más altos, no supe bien si del sol o de mí; se qué de repente desaparecieron y todo quedo vacío y en silencio otra vez. Al rato, un murmullo de nuevo y los veo partir a caballo...; en ningún momento me miraron. Más allá del camino, había unos arbóles altos de color verde claro, creo que eran álamos cosa que me llamo la atención en un paisaje no demasiado frondoso y por momentos desértico. El color de estos árboles contrastaba con el pasto seco del campo. Allí me quedé un momento y pude pensar. Más lejos, casi borrosas, entreví las altas montañas, algún pico conservaba todavía un poco de nieve con agugeros en el medio donde se veía la tierra seca. Cerré los ojos, no me preocupé de los campesinos estuvieran en la zona y agradecí de estar en ese lugar y a salvo. Por lo menos, por ahora, parecía no correr riesgo. La luz de a poco disminuía y la noche jugaba a mi favor. Me juré no dormir y y caminar hacia el oeste hasta que se hiciera de nuevo de día. Caminar y caminar con la luz como única luz y guía. Diez o más horas de caminata deberían transportarme bien lejos de donde estaba ahora, por los menos unos 40 kilómetros; alejarme lo máximo posible era la única consigna que centelleaba en mi cabeza. No me importaba no dormir, ya tendría tiempo más adelante, lo importante ahora era huir. Podría estar varios días despierto con tal de alejarme. No escuchar ruidos de helicopteros rastrillando la zona como unas horas atrás me infundía una indescriptible tranquilidad, aunque no me pensaba a salvo ni mucho menos. En un momento pensé que se habían equivocado, que creyeron que había salido para el este y me buscaban por otra zona. Quizás creyeron que había salido para la ciudad, la opción más coherente para un prófugo, aunque no para mí que entreví en los campos y montañas los mejores escondites antes de perderme anónimo en alguna ciudad. Primero tendría que curar mis heridas, quizás pasar unas horas por algún poblado aunque corriera el riesgo de ser delatado. No tenía mapa encima, solo la cordillera hacia la izquierda. Por suerte tenía agua y un río flaco pero con agua limpia parecía seguirme siempre en la escapada. Sin comer podría estar varios días pero antes tendría que encontrar algún poblado aunque pensar en esto me volvía a intranquilizar, era el miedo al contacto con la gente y a que me delataran. Lo importante era no llamar la atención, cosa difícil en los pueblo perdidos del campo. Al tiempo que hacía estas reflexiones me di cuenta que el día llegaba a su fin. Caminé un poco más aprisa en un campo que no se presentaba difícil; la maleza era muy baja y no tocaba mis heridas de las rodillas. La promesa de no quedarme dormido no se cumplió y creo que alrededor de las tres de la mañana descansé junto a un pequeño arbol al lado del río. Me desperté con las primeras claridades y cansado así que supuse que había dormido muy poco. El silencio era total y en un principio me sentí confuso, perdido, sin recuerdos. No sabía bien que hacía en ese lugar,y aunque sabía que huía no recordaba de que o de quienes. Sólo supe que tenía que continuar andando pero tuve miedo, temblé de frío, el silencio era total.

sábado, 8 de agosto de 2009

La vida nos da/ me da lo justo ( no sé como empezar este escrito si en primera o en tercera), nunca demasiado, nunca de más, sabe regatear muy bien, es su oficio, su vocación casi diaria y ahora sigo con el nos, ( quizás arbitrario, pero así empecé el texto ); a veces nos ilusiona y cuando estamos confiados y parece que vamos encarrilados nos golpea; así... una y otra vez... Pareciera que nos da un poco de esperanza o ilusión a propósito, para después enseñarse más y nosotros, siempre ilusos olvidamos las experiencias anteriores o pensamos que esta vez puede ser diferente. Por eso esperar lo peor de una situación es una manera de enfrentarse al dolor, de acolchonarlo y amortiguarlo; o quizás... no esperar nada.... Suena duro, claro, porque vaciarse no es nada fácil, siempre uno desea y quiere el fuego de la ilusión pero... que otra alternativa buscar para que no duela? Siempre movernos con desconfianza después de tan hirientes experiencias es el unico legado que nos deja de lección. Bien, acostumbrado/s al dolor. No está mal avanzar confiados pero el golpe al caer se hace demasiado duro y después hay que saber sobrellevarlo. ¿Por qué cuesta tanto que algo salga? Pareciera que la vida siempre nos diera una parte y nos quitara otra, nunca da todo junto. Alguna vez la balanza se alejará del todo del dolor. Es posible acercarse a la felicidad... pregunta tantas veces plateada en forma seria o chistosa, cínica o irónica que además puede sonar vana, pero válida al fin. No lo sé... A veces pienso (y ahora paso al yo directamente) que tendría que dejar de quejarme y ver lo que tengo en vez de mirar lo que me falta. "todas nuestras desgracias provienen de mirar lo que no tenemos o nos falta" dice Robinson Crusoe. Ahora me quejo pero no estoy preso ni enfermo, puedo mirar el mundo con los ojos, tengo un trabajo, un lugar para dormir tranquilo pero hay tanto que quisiera y no puedo obtener. ¿Conformismo o agradecimiento? No lo sé, y entre estas dos palabras mi duda crece.
Hay una frase muy repetida que dice "la confianza mata al hombre"; yo reflexiono y pienso que la confianza es buena, el problema está en mezclar confianza con arrogancia o soberbia, eso sí que puede hacernos caer. Una humilde confianza sería lo que necesito porque sin un poco de fe es difícil emprender cualquier camino, además que sin la fuerza necesaria que da la confianza ni podríamos empezar. Que las cosas después salgan... eso es otra cosa. Por eso pido confianza y humildad, aunque suene trillado. También dejar de compararme con los demás, ya que no existen puntos de comparación. Cual es la medida? El amor, la soledad, el sexo, la sabiduría, los viajes, el trabajo, el dinero, es realmente estúpido fijarme en los otros en relación conmigo, establecer puntos de comparación, fruto de una sociedad competitiva cuyos valores son el éxito, el poder, el dinero. ¿Todo es la misma nada?
Era una fiesta de Reggae en el parque Guell por la entrada del metro de Balkarka, luego de subir la interminable cuesta que en algunos trechos tiene escaleras mecánicas pero que después hay que subir a pie. Los jardines de una casa grande a la que se accede por unas viejas escalinatas de piedra. Desde una especie de galería terraza se puede observar casi toda barcelona, hay un dulce olor a marihuana, hay muchos chicos que sacan fotos y hablan en italiano bello, prego, piano, stanco guardare y demás. Yo miro todo desde un rincón de la galería y espero a Joan, mi amigo catalán. La fiesta estaba anunciada desde las 11 de la mañana pero lo cierto es que antes de la cinco había muy poca gente. Ahora a las seis yo miraba la ciudad de techos rojizos por el balcón, más allá el centro y luego el mar que se confunde en lontananza. Escuchaba las conversaciones en italiano, solamente eso, miraba a las chicas. Más tarde llegó Joan, se compró una cerveza y fuimos a caminar por el parque. Subimos a las cruces desde donde se veía la ciudad y nos quedamos mirando; Joan en un momento me dice: "mirá, desde aquí se ve la ventana de mi cuarto y me señala hacia la calle Rep. Argentina.. y si, se veía su balcón "yo siempre los puedo ver a ellos" en referencia a los turistas que miran al lado nuestro la ciudad". Miré hacia ese lado, ubiqué su ventana, más allá el parque Turot, después imaginé la coqueta Avenida Balmes que no se podía ver; luego volvimos a la casa de la fiesta. No quedamos en la zona de la galería, hablando un poco de fútbol y del ambiente de la fiesta. Luego Joan se compró una cerveza. Joan tiene que comprarse algo sino siente que no está haciendo nada, a mí ultimamente me da lo mismo, puedo salir sin dinero y disfruto igual, generalmente no necesito comprarme nada, además, cada vez tomo menos cerveza, no como antes, en Buenos Aires, que siempre terminaba borracho. Algunas personas, conocidos de Joan, habían quedado en venir más temprano pero eran las ocho de la noche y sólo estábamos nosotros. Yo quería mirar la ciudad y la gente mientras que Joan parecía aburrido de la situación y se fue para la casa en Rep. Argentina. Luego que él se fue, me llamó Juan Manuel, un chico argentino, conocido de unos amigos con el que había salido una vez y me dijo si quería hacer algo y le comenté de la fiesta; me contestó que vendría. Un rato después me llamó para decirme que estaba perdido en la estación de Balkarca y le dije que busque la calle "Baixada de la Gloria" que en realidad desde donde estaba él era una subida pero no la podía encontrar, así que tuve que ir a buscarlo. No tuve que bajar mucho cuando lo vi acercarse, nos saludamos y me explicó que estaba cansado porque a la mañana había jugado al fútbol en casteldefell y que mañana jugaría otra vez. Bajamos las escaleras de la casa, entramos a la fiesta y nos topamos con Joan y los demás chicos que ya habían llegado. Zara, una chica de Roma, Julio, un chico argentino de Mendoza y Laia, una chica de Terrassa que ahora vivía en Barcelona. Los presenté con Juan Manuel y nos quedamos un tiempo hablando. Después de un rato se hicieron distintos grupos y el chico de mendoza se quedó hablando con lara, la chica catalana, Joan estaba de mal caracter porque quería que estemos todos juntos y no que se hicieran diferentes grupos y separaciones como era evidente que habían hecho Laia y el chico mendocino. De golpe Joan empezó a gritar que eso no estaba bien, que habíamos venido todos juntos y que no había que hacer separaciones y los chicos no sabían que decir... Se fue para la casa bastante enojado, más tarde se fue Juan Manuel aduciendo que no se sentía muy bien.
Otro día en el museo Caixa Forum de Plaza España estuvimos hablando largo rato sobre la situación, me acuerdo que había una exposición de Maurice de Vlaminck uno de los iniciadores del estilo fauvista, una exposición de mucha calidad y gratuita como son todas en este museo y mientras mirábamos un video en la sala de proyecciones comentábamos lo que había pasado la noche anterior, yo no estaba de acuerdo con la reacción que había tenido pero estaba en el medio ya que era amigo de él y no de los demás chicos.
Otra noche: Tocó un grupo llamado manel en la fábrica de cerveza Dann, luego unos suecos, cuyo nombre no me acuerdo. Joan se encuentra con una chica conocida de su trabajo de encuestador y me la presenta hablamos un rato los tres pero soy yo quien más habla. Luego, vienen dos amigas más, yo trato de hablar, de integrarme pero Joan se queda callado. Mientras hablo con la chica veo que Joan me empieza a tocar y a decir que nos vayamos, molesto porque yo hablaba con ella. Veo que su actitud es cada vez peor, se lo ve muy nervioso y mal, con una cara desencajada. Le dejo de hablar a la chica, me doy vuelta y le pregunto "¿Que pasa?" a lo que me responde que lo estoy excluyendo, "que veo una chica y me vuelvo loco" y yo le digo que no, que él puede hablar si quiere pero me dice que soy yo quien acapara la conversación y que él siempre queda a un costado y que además pasa mucha gente y es imposible hablar. Le digo que hay otras chicas y me dice que no y empieza a decir que nos vayamos, que él me la había presentado y no tengo porque hablarle. Otra vez no entiendo esta actitud.. Dejo de hablarle a la chica y me empiezo a sentir mal y triste. Cuando nos vamos nos peleamos, tenemos puntos de vista muy diferentes sobre la situación. Se nota que tiene mucha bronca contenida, empieza a decirme un montón de cosas que nada tienen que ver con la situación, yo lo esucho pero no le respondo mucho, a pesar de que es hiriente en mucho de lo que dice. Que se revuelva en su mierda, cada uno tiene lo suyo.