lunes, 19 de enero de 2009

Muchas veces me cuesta empezar un texto y no sé que escribir. Me encuentro ansioso pero no escribo, siento que tengo mucho que decir pero estoy vacío a la hora de empezar, no sé si es el síndrome del "terror a la página en blanco" o como le digan, o es que en realidad no tengo nada lo cierto es que quiero escribir pero no sé qué ni cómo pero a pesar de esto escribo lo que indica que la fuerza de la intención es a veces más que lo que quiero decir, lo que no está mal. Además de que muchas veces siento que no es demasiado importante lo que puedo contar, mi historia es una más entre las de millones pero quizás sea importante también por eso, es una de las miles de millones, es una de las que componen tantas y cada una es importante; aunque al fin y al cabo cuando escribo no suelo pensar en nadie sino que lo hago para mí, punto, por eso escribo. Ahora faltan dos días para volver a Barcelona y en este mes de estadía en Buenos Aires casi no escribí nada. Me había propuesto hacerlo pero fue pasando el tiempo y me dejé estar. Las primeras dos semanas me quedé en Buenos aires, me encontré con mis amigos (especialmente nos juntábamos en lo de Jorge en Pompeya que es el único que tiene casa propia) y además estuve mucho tiempo con mis hermanos en el departamento o en otros lugares. Las fiestas de navidad las pasamos en el galpón de Soldati que es un terreno grande, herencia de mi abuelo, con un jardín y parra en el fondo donde vive mi tío con mi prima que no estuvieron porque viajaron a Mar del Plata a pasarla con la tía y las primas que viven allá. Ese día entre mi hermano menor, mi primo Martín y mi tía preparamos la mesa y el fuego para las brasas del asado. Más tarde vinieron mis hermanos, mi padre, mi tío, su esposa y algún pariente lejano que no recuerdo. El asado resulto bueno y comimos en una mesa larga de madera al aire libre. A la noche Martín tocó la guitarra e interpretamos temas del rock nacional, ahora recuerdo "Dulce Navidad" de "Ataque 77" y "La puerta de al lado" de "Los Rodriguez"; tomé un poco pero no me emborraché y canté algunas canciones subido a una silla como si estuviera en el paravalanchas de la cancha de San Lorenzo. Al otro día y muy cansado viajé en buquebus al Uruguay, hacía tiempo que quería conocer Uruguay ya que nunca había estado. Me llevo mi viejo en el auto hasta el puerto. Estuve cinco días de viaje. Primero llegué a Colonia, luego dos días en Montevideo, después fui a Piriápolis y el último día estuve en "Punta del este" por la mañana y en "José Ignacio" por la tarde donde subí al faro y miré la costa, el mar y las casa blancas desde arriba, una zona muy hermosa aunque cara y exclusiva; ese día no me quedé a dormir porque el precio era imposible, además de que no había lugar y volví a Piriapolis. Pasé la noche allí, en el hostelling de la ciudad y por la mañana viaje a Colonia donde a la tarde regresé otra vez en el buquebus a Buenos Aires. Por ser el primer viaje a Uruguay estuvo bien, una entrada somera donde resaltan algunas anecdotas y compañíás de viaje. En Montevideo conocí a dos chicos Brasileros con los que alquilamos una bici y recorrimos toda la costa hasta la playa de pocitos. Luego viajé con ellos a Piriapolis donde fuimos a bailar una noche abajo del hotel Argentino pero después nos separamos. A la vuelta de Uruguay me quedé en Buenos Aires un día y después viajamos a Mar del Plata con mi padre, llegamos muy rápido, justo en cuatro horas. Pasamos las fiestas en Punta Mogotes. Estaba mi tía y mis primas Marplatenses con sus hijos y parejas, además de parientes de sus novios. Cenamos y después mis primos tiraron algunos cohetes y cañitas. Vino gente de otras casas y amigos de mis primas y primos algunos de Buenos Aires y otros de Mar del plata como tantas otras veces. Eramos muchos, aparecieron unos cuantos vecinos al ver tanta gente y la noche se alargó. Estuve cuatro días en Mar del Plata, mi padre alquiló carpas en distintos balnearios en Punta Mogotes y por el faro pero yo no los acompañaba siempre sino que muchas veces me iba a caminar solo por los acantilados o me metía en calles extrañas de barrios como "La serena" y "San Jacinto", esos barrios detrás de las playas donde termina Mardel, barrios donde de adolescente recorría con el ciclomotor buscando rincones extraños, barrios desde donde se veía el faro desde lejos. Después de unos días mi hermano menor se fue para Pinamar un fin de semana donde la familia de un amigo suyo había alquilado una casa. Lo despedí con un abrazo fuerte porque el lunes yo viajaba para la patagonia con mi amigo Tucho y después él se iba para villa Gesell donde hacía tres veranos que pasaba las vacaciones con sus amigos en una casa grande que alquilaban entre todos y era posible que no nos vieramos más por mucho tiempo porque el 21 de enero salía mi vuelo a Barcelona. Pasé dos días más en Mar del Plata y me encontré con Luis, mi primo segundo, que también estuvo trabajando un tiempo en España pero en Valencia donde conducía un autobús cerca de Castellón y a donde lo fui a visitar un largo fin de semana a fines del 2006 y con quien pasé esas navidades. Me contó que tenía intención de volver un tiempo más a trabajar pero esta vez a Barcelona porque le iban a pagar más y quedamos en alquilar algo juntos si venía, también le ofrecí estar un tiempo en mi habitación si se quedaba poco tiempo. Al otro día volvimos con mi padre a Buenos Aires; era lunes y llegamos antes del mediodía. A las tres de la tarde salía el micro "Vía Bariloche" para San Martín de los Andes. Preparé la mochila rápida, los documentos, 700 pesos y puse todo lo que pude incluyendo un libro de Henri Miller, otro de Daniel Guebel y la cámara de fotos digital y me tomé el 26 hacia retiro. Tardó cuarenta minutos y llegué sobre la hora de partida. Ahí estaba mi amigo Tucho esperandome con su mochila. Esperamos unos minutos, dejamos las mochilas en el guardaequipajes y subimos al micro de doble piso verde. Viajamos casi 24 hs.; apenas salimos nos dieron una merienda y luego, un poco más tarde la cena. Fue un viaje largo y a la altura de Cañuelas el micro paró porque había ocurrido un accidente fatal, había al costado de la ruta varios cuerpos cubiertos con sábanas blancas; los bomberos trataban de sacar otros de entre los hierros doblados de lo que había sido un auto. Todo ese espectáculo de horror y la lentitud del micro al pasar por ahí nos sumió en un estado de amargura y reflexión acerca del valor de la vida. Viajamos toda la noche. Al llegar a San Martín decidimos ir hacia Villa Traful en el micro que recorre los siete lagos. Tuvimos que esperar solo unas horas antes de salir. En ese tiempo anduvimos caminando por el centro y luego entramos al gran Supermercado del Sur, Anónimo para la gente de otras zonas. Compramos lo escencial y tuve que hacer un gasto extra ya que hacía más frío del que me imaginaba y no había llevado el abrigo suficiente. Tuve que gastar cincuenta pesos extras en un lindo pullover color beigge. Luego nos quedamos sentados en el pasto detrás de la estación, como siempre lleno de mochileros esperando las camionetas para sus respectivos destinos. Que jóvenes son los chicos, nadie parece sobrepasar los 25 años y me siento un poco viejo a mis treinta y poco. Claro, cuando vine en el 94, 96, 99, ¿2003? era como ellos, todavía estaba en la edad, ahora ya estoy muy por encima del promedio de los que van de mochila y con amigos pero bueno, nada de eso me importa demasiado en realidad. Fueron días de caminatas y noches de fogones como tantas otras veces. Primero estuvimos tres días en un camping en el comienzo de Villa Traful, luego en la villa propiamente dicha nos quedamos como cinco días. Recuerdo que a eso de las seis de la tarde hacíamos mates con galletitas y nos quedábamos frente al lago mucho tiempo hablando y también me acuerdo de que por la noche, mientras cocinábamos fideos o arroz con una olla en la parrilla solíamos escuchar a spinetta, el disco tester de violencia era uno de los principales. También escuchábamos un c.d. donde había temas de Sumo y de Los gardelitos: "Cuando eras joven soñaste con viajar, el tiempo fue pasando y hoy estás acá, todos tus sueños los dejaste muy atrás, todas las cosas que querías de verdad".